Cuando Jesús el Cristo exclamó desde la cruz del calvario “Consumado es” estaba poniendo punto final a la obra de expiación en esta tierra. Después de su resurrección y ascensión al cielo entonces fue posible la obra del Espíritu Santo en su derramamiento en el Pentecostés que dio inicio a la iglesia y la inspiración de la Escritura. El Espíritu divino habita en cada uno de lo que han creído y han sido bautizados conforme al evangelio de Cristo (Mr.16.16), es en este sentido que la iglesia vive una nueva era, la era del Espíritu, no como una influencia o energía sagrada, sino como una Persona de la Deidad igualmente merecedora de toda la adoración y gloria junto al Padre y al Hijo.
La encarnación o nacimiento de Jesús es obra del Espíritu como vinculo de unión entre Dios el Padre y el Hijo: “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc.1.35-36) Es el Espíritu Santo el encargado del gran misterio de la fe de fusionar lo no creado y preexistente con la naturaleza humana de María en la Persona del Hijo.
Durante el ministerio terrenal de Jesús fue su humanidad el templo del Espíritu Santo otorgado sin medida por Dios Padre, Jesús siempre ejerció su ministerio bajo la comunión y dirección del Espíritu “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Jn.3.34-35). Cuando Jesús entrega su sangre por nosotros y se produce su ascensión ya deja de estar bajo la guía del Espíritu y él a su vez se convierte en el dador de ese mismo Espíritu a su iglesia: “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hch.2.33) “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Jn.16.7-11)
Así como Jesús de Nazaret reveló definitivamente a Dios Padre a la humanidad entonces la obra del Espíritu va a consistir en revelar al Hijo a su iglesia para adorarlo y glorificar su Señorío: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Co.12.3)
En el nacimiento de la iglesia en Pentecostés el Espíritu Santo continúa la obra de Jesús ministrándola y dándola a conocer a su iglesia “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn.14.16-18). En Pentecostés los apóstoles fueron llenos del Espíritu Santo comenzando con capacitar a los discípulos con el don milagroso de poder anunciar el evangelio a los representantes de otras naciones y que lo oyeran en sus respectivas lenguas natales (Hch.2.4).
En Pentecostés ante la interrogante de “Varones hermanos, ¿qué haremos?” proveniente de la multitud arrepentida al serle anunciado el evangelio de Cristo por Pedro vemos como el apóstol responde: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. … Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hch.2.37-41) Esta ayuda del Espíritu solo es posible cumpliendo las enseñanzas de Jesús “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn.14.23-24) Como podemos apreciar la obra del Espíritu Santo como Persona de la Deidad está conectada directamente a la salvación del alma de cada individuo redimido por la sangre del Cordero, y en consecuencia directa con el establecimiento de la iglesia y como fuente insustituible de poder en su testimonio ante el mundo pecador. El Espíritu es el Paracleto o Consolador quien tiene como función enseñar y recordar las enseñanzas de Jesús: “Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn.14.25-27)
El Espíritu Santo una vez recibido por el creyente el momento de cumplir el mandamiento del bautismo va a ministrar en dos sentidos, capacitando al nuevo convertido tanto en relación a los frutos del Espíritu como en relación a los dones. El fruto del Espíritu es el AMOR como indicador que identifica al verdadero convertido como hijo de Dios y la madurez espiritual que ha alcanzado. En cuanto a los dones del Espíritu son las capacidades destinadas al servicio al prójimo y que son vitales para que la misión de la iglesia tenga éxito. Jesús hizo la provisión suficiente para nuestra salvación, al obedecer el mandamiento del bautismo el pecador recibe según la Escritura dos beneficios de la gracia divina: el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo. El llamamiento gratuito de Dios para la salvación del ser humano es por medio del Espíritu de manera directa por la Palabra convenciéndolo de su condición pecadora. El propósito de Cristo no solo es salvar al alma individual sino reunir a todos los redimidos en una organización espiritual que es su iglesia y es el Espíritu Santo el vinculo común que une a todos los miembros unos con otros y todos a su vez con la Cabeza que es Cristo Jesús.
jueves, 21 de enero de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
martes, 12 de enero de 2010
Sobre el Evangelio de Juan. Su autoría.
El argumento más contundente a favor de la legitimidad en la autoría de Juan se encuentran en las «evidencias internas», o sea, el argumento más convincente son las frases que se relacionan con el documento que ha escrito el mismo autor. La evidencia interna es la más importante.
En los escritos de Juan podemos comprobar que el estilo del lenguaje utilizado en el evangelio y las cartas es el mismo. A pesar de que los textos están escritos en griego (pudiera decirse el idioma internacional de aquel momento en esta parte del mundo), se nota el trasfondo de una mentalidad semita en el desarrollo de las ideas que expone. Otros elementos probatorios son:
1. El autor, Juan, evita en sus elaboraciones las frases largas.
2. Es recurrente en iniciar sus frases con la conjunción "y".
3. Utiliza el término “Logos”, y en Juan esto es un aporte teológico singular que no aparece en los otros evangelios.
El término “Logos” es utilizado por el autor partiendo desde dos posibilidades (a) es una categoría del pensamiento filosófico helenista y Juan lo redimensiona desde la teología y el pensamiento cristiano: Designa a Jesús como Deidad, - Como Dios hecho carne, (no un semi-dios o una apariencia fantasmal) -Su pre-existencia, (no es una creación), -Su acción creadora (por medio de El todo ha sido creado, y a su vez sustenta dicha creación). (b) El apóstol escoge esta palabra porque la idea es afín a la acción creadora de Dios descrita en el A.T., recordemos Gn.1-3 donde la “Palabra del Señor” ejerce una función creadora. En Heb.1:1-5 tenemos la respuesta: el Logos creador es Cristo, Palabra encarnada.
Juan sitúa el concepto de “Logos” más allá de toda especulación humana, tal como Cristo sobrepasa todo entendimiento humano. Cristo, para Juan, es el Verbo hecho carne “Palabra de vida que proclamamos”. Creo que es necesario anotar también que Juan trata el tema del Logos desde sus raíces como judío, al fin y al cabo, utilizando ideas ya expresadas en la literatura sapiencial del Antiguo Testamento.
En los textos de Juan vamos a encontrar una peculiar fraseología y palabras que algunos llaman “vocabulario joánico”, este vocabulario consiste en palabras que se repiten constantemente en sus textos tanto en el evangelio y las cartas confirmando un estilo que legitima su paternidad literaria, las más típicas son: Vida, luz, Amor, testigo, mundo, verdad. Se nota en el procedimiento de estilo característico en Juan el uso frecuente del paralelismo, las antítesis, las fórmulas binarias, la inclusión y la concatenación.
En las tres cartas podemos apreciar una continuidad temática y orgánica del discurso teológico: Tanto en el evangelio como en las cartas de Juan hay una ilación o continuidad del argumento, es más, hay una sistematicidad teológica que se da en el marco de combatir las ideas gnósticas en su propio terreno y con su propio vocabulario. Esta organización y concatenación de las ideas finalmente la podemos apreciar en cómo Juan concluye puntualmente con la verdadera doctrina cristiana de significar la existencia de un Dios triuno y dar testimonio de la persona de Jesús como Dios encarnado y como el Cristo o Mesías prometido desde al antiguo pacto, que a su vez es verdadero Dios y verdadero hombre.
La forma de exponer los conceptos o ideas fundamentales. Otra prueba indiscutible de la autoría de Juan es la forma utilizada en la exposición de las ideas y conceptos teológicos presentes en el evangelio y las cartas: Dios es luz, es amor, es verdad, es Padre de Jesús y nuestro, Jesús es su Hijo hecho hombre y es el Mesías o Cristo que expió y deshace constantemente el pecado en nosotros después de la conversión, la existencia cristiana es y depende de una relación vital con Dios, el cristiano está en comunión con Dios, ha sido regenerado de Dios, tiene a Dios, permanece en él, le conoce. Se puede constatar después de leer el evangelio y las cartas que no hay ninguna contradicción conceptual o fisuras en el desarrollo de estas ideas, Juan mantiene esta uniformidad en las significaciones en todos los textos utilizando mucho la concatenación.
En los escritos de Juan podemos comprobar que el estilo del lenguaje utilizado en el evangelio y las cartas es el mismo. A pesar de que los textos están escritos en griego (pudiera decirse el idioma internacional de aquel momento en esta parte del mundo), se nota el trasfondo de una mentalidad semita en el desarrollo de las ideas que expone. Otros elementos probatorios son:
1. El autor, Juan, evita en sus elaboraciones las frases largas.
2. Es recurrente en iniciar sus frases con la conjunción "y".
3. Utiliza el término “Logos”, y en Juan esto es un aporte teológico singular que no aparece en los otros evangelios.
El término “Logos” es utilizado por el autor partiendo desde dos posibilidades (a) es una categoría del pensamiento filosófico helenista y Juan lo redimensiona desde la teología y el pensamiento cristiano: Designa a Jesús como Deidad, - Como Dios hecho carne, (no un semi-dios o una apariencia fantasmal) -Su pre-existencia, (no es una creación), -Su acción creadora (por medio de El todo ha sido creado, y a su vez sustenta dicha creación). (b) El apóstol escoge esta palabra porque la idea es afín a la acción creadora de Dios descrita en el A.T., recordemos Gn.1-3 donde la “Palabra del Señor” ejerce una función creadora. En Heb.1:1-5 tenemos la respuesta: el Logos creador es Cristo, Palabra encarnada.
Juan sitúa el concepto de “Logos” más allá de toda especulación humana, tal como Cristo sobrepasa todo entendimiento humano. Cristo, para Juan, es el Verbo hecho carne “Palabra de vida que proclamamos”. Creo que es necesario anotar también que Juan trata el tema del Logos desde sus raíces como judío, al fin y al cabo, utilizando ideas ya expresadas en la literatura sapiencial del Antiguo Testamento.
En los textos de Juan vamos a encontrar una peculiar fraseología y palabras que algunos llaman “vocabulario joánico”, este vocabulario consiste en palabras que se repiten constantemente en sus textos tanto en el evangelio y las cartas confirmando un estilo que legitima su paternidad literaria, las más típicas son: Vida, luz, Amor, testigo, mundo, verdad. Se nota en el procedimiento de estilo característico en Juan el uso frecuente del paralelismo, las antítesis, las fórmulas binarias, la inclusión y la concatenación.
En las tres cartas podemos apreciar una continuidad temática y orgánica del discurso teológico: Tanto en el evangelio como en las cartas de Juan hay una ilación o continuidad del argumento, es más, hay una sistematicidad teológica que se da en el marco de combatir las ideas gnósticas en su propio terreno y con su propio vocabulario. Esta organización y concatenación de las ideas finalmente la podemos apreciar en cómo Juan concluye puntualmente con la verdadera doctrina cristiana de significar la existencia de un Dios triuno y dar testimonio de la persona de Jesús como Dios encarnado y como el Cristo o Mesías prometido desde al antiguo pacto, que a su vez es verdadero Dios y verdadero hombre.
La forma de exponer los conceptos o ideas fundamentales. Otra prueba indiscutible de la autoría de Juan es la forma utilizada en la exposición de las ideas y conceptos teológicos presentes en el evangelio y las cartas: Dios es luz, es amor, es verdad, es Padre de Jesús y nuestro, Jesús es su Hijo hecho hombre y es el Mesías o Cristo que expió y deshace constantemente el pecado en nosotros después de la conversión, la existencia cristiana es y depende de una relación vital con Dios, el cristiano está en comunión con Dios, ha sido regenerado de Dios, tiene a Dios, permanece en él, le conoce. Se puede constatar después de leer el evangelio y las cartas que no hay ninguna contradicción conceptual o fisuras en el desarrollo de estas ideas, Juan mantiene esta uniformidad en las significaciones en todos los textos utilizando mucho la concatenación.
lunes, 4 de enero de 2010
Textos para estudio y meditación.
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Sal.42.1-2)
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal.73.25-26)
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” (Sal.1.1-2)
Salmos 42:1-2; 63:1-2 – La sed de Dios: señal de crecimiento espiritual. Aquí vemos un elemento constitutivo del crecimiento espiritual: el de la sed del hombre por Dios, podemos describirla como el anhelo de nuestra alma de saciar su sed en la única fuente que puede llenar esta necesidad: Dios mismo. Es en esencia el impulso intenso en el ser humano de buscar a Dios y presentarse delante de Él con la misma urgencia con que necesitamos del agua como elemento vital. El alma se compara al ciervo que brama por calmar su sed, el cristiano solo puede calmar esa sed en el rio del Espíritu divino para refrescar su alma, lo cual implica renovación y restauración tanto espiritual, como física. Aquí se expresa claramente el ansia por la comunión con Dios como fuente de agua viva. Otro elemento a tener en cuenta en este salmo es que la sed y la sequedad significan en el contexto bíblico cansancio y miseria moral ante la incapacidad de enfrentar situaciones adversas y hostiles. El objetivo final es alcanzar a ver el poder y la majestad de Dios en medio de estas circunstancias.
Salmo 73:25-26 – Dios es el único bien que satisface al cristiano: el ser humano como criatura está destinado para Dios. Es feliz aquel cuyo propósito descansa en la Roca eterna e inconmovible sobre la cual echamos los cimientos de nuestro nuevo estilo de vivir. Dios es nuestra única fuente de vida abundante. Cuando en momentos de crisis y soledad llegamos al desfallecimiento espiritual solo en El y en su cercana presencia encontramos el único asidero firme y refugio seguro.
Salmo 1:1-2 – La meditación en la ley de Dios santifica al hijo de Dios y lo aparta de la conducta de los impíos: por tanto es imprescindible en el crecimiento espiritual para llevar a la aplicación práctica y personal la ley de Dios. El hábito de reflexionar sobre la Palabra de Dios preserva la bondad y rectitud de nuestro corazón y nos hace crecer y madurar espiritualmente.
Romanos 8:26-27 –La obra intercesora del Espíritu Santo: por todos los cristianos en la práctica de la oración. En el momento de la oración también contamos con la ayuda de Dios, quien por medio de su Espíritu nos auxilia para pedir “como se debe” ya que somos incapaces en este sentido producto de nuestras debilidades espirituales.
I Juan 5:14-15 – La confianza en la oración conforme a la voluntad divina: Si pedimos en nuestras oraciones dejando a un lado nuestra voluntad y que sea la voluntad de Dios la que se finalmente se imponga solo entonces El nos oirá y podemos por fe considerarlas concedidas.
Filipenses 4:8-9 –Los valores o virtudes de la espiritualidad: La prioridad del crecimiento espiritual en el cristiano es ejercitar la piedad como máximo valor o virtud intrínseco a su espiritualidad. La piedad es el amor incondicional hacia Dios; la dimensión moral se concreta en el amor en relación al prójimo. Los valores o virtudes que caracterizan nuestro crecimiento espiritual deben ocupar el primer lugar contra los valores y virtudes según los patrones del mundo, por tanto no debemos despreciar nada que sea bueno en sí porque todo lo bueno y agradable procede de Dios; de tal manera que cada valor o virtud ocupe su debido lugar. La piedad y la moral verdadera son inseparables por tanto son autenticas joyas de nuestra espiritualidad cuando son llevadas a la práctica, de esta manera no sólo experimentaremos “la paz de Dios”, sino que ese mismo Dios de paz estará con nosotros.
Mateo 6:19-21 –La sencillez: una disciplina espiritual donde una actitud interna se refleja en un modo externo de vivir donde las riquezas están controladas solo por Dios. El hombre debe servirse de las cosas que son perecederas, pero no convertirse en esclavo de las cosas. El consumismo es un problema que golpea la espiritualidad del hombre moderno y aun de aquellos que dicen ser cristianos. Cuando nos ocupamos en la trivialidad de hacer “…tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,..” entonces optamos por el lado humano de la perspectiva de la riqueza y olvidamos que Dios es el dueño de todo. Al confiar en las riquezas no buscamos primeramente el reino de Dios, porque no confiamos en El. Solo debemos servir a Dios y no a las riquezas.
Juan 13:13-14 –El servicio: ser más humildes. Dios nos ha creado los unos para los otros, tenemos el ejemplo en Jesucristo, aprendiendo de él esa capacidad suya de vaciarse para servir a los demás es que realmente llegaremos a una libertad plena y por ende alcanzaremos la felicidad a la que aspira todo ser humano.
Isaías 6:1, 5-8 –La purificación y santificación: necesidad de reconocer nuestros pecados ante la santidad divina y ser purificados y santificados para poder servirle.
Romanos 12:1-2 – La santificación y consagración de todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo al Creador que nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo lo que implica una transformación espiritual de tal manera que la renovación interna sea un proceso del cual toda nuestra vida sea nueva en sus motivos y fines.
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal.73.25-26)
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” (Sal.1.1-2)
Salmos 42:1-2; 63:1-2 – La sed de Dios: señal de crecimiento espiritual. Aquí vemos un elemento constitutivo del crecimiento espiritual: el de la sed del hombre por Dios, podemos describirla como el anhelo de nuestra alma de saciar su sed en la única fuente que puede llenar esta necesidad: Dios mismo. Es en esencia el impulso intenso en el ser humano de buscar a Dios y presentarse delante de Él con la misma urgencia con que necesitamos del agua como elemento vital. El alma se compara al ciervo que brama por calmar su sed, el cristiano solo puede calmar esa sed en el rio del Espíritu divino para refrescar su alma, lo cual implica renovación y restauración tanto espiritual, como física. Aquí se expresa claramente el ansia por la comunión con Dios como fuente de agua viva. Otro elemento a tener en cuenta en este salmo es que la sed y la sequedad significan en el contexto bíblico cansancio y miseria moral ante la incapacidad de enfrentar situaciones adversas y hostiles. El objetivo final es alcanzar a ver el poder y la majestad de Dios en medio de estas circunstancias.
Salmo 73:25-26 – Dios es el único bien que satisface al cristiano: el ser humano como criatura está destinado para Dios. Es feliz aquel cuyo propósito descansa en la Roca eterna e inconmovible sobre la cual echamos los cimientos de nuestro nuevo estilo de vivir. Dios es nuestra única fuente de vida abundante. Cuando en momentos de crisis y soledad llegamos al desfallecimiento espiritual solo en El y en su cercana presencia encontramos el único asidero firme y refugio seguro.
Salmo 1:1-2 – La meditación en la ley de Dios santifica al hijo de Dios y lo aparta de la conducta de los impíos: por tanto es imprescindible en el crecimiento espiritual para llevar a la aplicación práctica y personal la ley de Dios. El hábito de reflexionar sobre la Palabra de Dios preserva la bondad y rectitud de nuestro corazón y nos hace crecer y madurar espiritualmente.
Romanos 8:26-27 –La obra intercesora del Espíritu Santo: por todos los cristianos en la práctica de la oración. En el momento de la oración también contamos con la ayuda de Dios, quien por medio de su Espíritu nos auxilia para pedir “como se debe” ya que somos incapaces en este sentido producto de nuestras debilidades espirituales.
I Juan 5:14-15 – La confianza en la oración conforme a la voluntad divina: Si pedimos en nuestras oraciones dejando a un lado nuestra voluntad y que sea la voluntad de Dios la que se finalmente se imponga solo entonces El nos oirá y podemos por fe considerarlas concedidas.
Filipenses 4:8-9 –Los valores o virtudes de la espiritualidad: La prioridad del crecimiento espiritual en el cristiano es ejercitar la piedad como máximo valor o virtud intrínseco a su espiritualidad. La piedad es el amor incondicional hacia Dios; la dimensión moral se concreta en el amor en relación al prójimo. Los valores o virtudes que caracterizan nuestro crecimiento espiritual deben ocupar el primer lugar contra los valores y virtudes según los patrones del mundo, por tanto no debemos despreciar nada que sea bueno en sí porque todo lo bueno y agradable procede de Dios; de tal manera que cada valor o virtud ocupe su debido lugar. La piedad y la moral verdadera son inseparables por tanto son autenticas joyas de nuestra espiritualidad cuando son llevadas a la práctica, de esta manera no sólo experimentaremos “la paz de Dios”, sino que ese mismo Dios de paz estará con nosotros.
Mateo 6:19-21 –La sencillez: una disciplina espiritual donde una actitud interna se refleja en un modo externo de vivir donde las riquezas están controladas solo por Dios. El hombre debe servirse de las cosas que son perecederas, pero no convertirse en esclavo de las cosas. El consumismo es un problema que golpea la espiritualidad del hombre moderno y aun de aquellos que dicen ser cristianos. Cuando nos ocupamos en la trivialidad de hacer “…tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,..” entonces optamos por el lado humano de la perspectiva de la riqueza y olvidamos que Dios es el dueño de todo. Al confiar en las riquezas no buscamos primeramente el reino de Dios, porque no confiamos en El. Solo debemos servir a Dios y no a las riquezas.
Juan 13:13-14 –El servicio: ser más humildes. Dios nos ha creado los unos para los otros, tenemos el ejemplo en Jesucristo, aprendiendo de él esa capacidad suya de vaciarse para servir a los demás es que realmente llegaremos a una libertad plena y por ende alcanzaremos la felicidad a la que aspira todo ser humano.
Isaías 6:1, 5-8 –La purificación y santificación: necesidad de reconocer nuestros pecados ante la santidad divina y ser purificados y santificados para poder servirle.
Romanos 12:1-2 – La santificación y consagración de todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo al Creador que nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo lo que implica una transformación espiritual de tal manera que la renovación interna sea un proceso del cual toda nuestra vida sea nueva en sus motivos y fines.
EL NACIMIENTO DE JESUS Y LA NAVIDAD SECULAR DE NUESTROS TIEMPOS
Es necesario saber distinguir entre una actividad religiosa y una actividad o festividad de carácter netamente nacional que puede enmarcar el encuentro familiar dentro de una serie de actos puramente sociales, e incluso de sano entretenimiento, y digo “sano” porque obviamente el cristiano y su familia están sujetos al comportamiento que corresponde a la ley de Dios que prohíbe una actitud carnal o pecadora tal como la ingestión de bebidas alcohólicas, orgias, etc.
En estos momentos a nivel mundial la celebración de la navidad como actividad no está vinculada a ningún tipo de enseñanza religiosa, esto se debe a la secularización de la sociedad humana. Eso lo podemos percibir más claramente en la utilización de la temporada navideña en los mercados y la promoción de las ventas por los grandes centros comerciales, e inclusive en este aspecto también hay excepciones, pues en nuestro país no sucede así.
Lo único que puede convertir determinada actividad u acto en algo religioso o no, es nuestra conciencia, eso es lo que enseña el Nuevo Testamento.
También es muy bueno aclarar que hay actividades que corresponden a la cultura e idiosincrasia de cada nación o grupo étnico y al momento histórico que le toque vivir. En Cuba todas las familias e individuos celebran el 24 y el 31de Diciembre como la “noche buena” y “fin de año” y desde hace décadas estas festividades están despojadas de su significado religioso original proveniente del catolicismo, sencillamente para todos los cubanos por igual (creyentes o ateos, materialistas o idealistas) es simplemente una ocasión especial en nuestra sociedad donde el objetivo primero es reunirse la familia y comer los alimentos que nos son tradicionales. El arbolito tampoco está vinculado a una celebración religiosa, nada que ver con lo católico, es un adorno más que alegra el ambiente de cada hogar cubano no importa su condición social o ideología política.
Por supuesto que todo lo que nos rodea tuvo en su origen un significado pagano en su gran totalidad, el cristianismo solo cuenta con alrededor de 2,000 años de antigüedad a partir de Pentecostés. Las bodas tienen un significado pagano, los días de la semana, la celebración de cumpleaños, los nombres de los meses del año, las constelaciones, los nombres personales, y seria infinita la lista de todas las cosas que hacemos y decimos diariamente que poseen un origen pagano y que las asumimos de forma natural porque inevitablemente forman parte de nuestra herencia cultural, incluso de nuestros idiomas y sus modismos.
Una vez que ha sido aclarada esta diferencia entre lo que hace que una actividad o práctica sea religiosa o no, se van aclarando muchas dudas. Retomando estrictamente lo que nos enseñe la Biblia sobre el nacimiento de Jesús solo nos quedaría preguntarnos:
1. ¿Tiene la “navidad” en su estricto significado semántico (nacimiento) un fundamento bíblico? Por supuesto aquí no estamos hablando de fechas pues no existen ni son necesarias, así lo consideró el Espíritu santo que inspiró las Escrituras. El Nuevo Testamento es explicito en narrar el nacimiento de Jesucristo en Mt.1:18 y Lc.1:14 únicamente como un evento en la historia de la salvación pero no se menciona ninguna fecha específica de cuando ocurrió. Entonces todo el debate gira en torno a la decisión de la iglesia católica romana de observar el día 25 de Diciembre para la celebración del nacimiento de Cristo.
De ninguna manera estamos de acuerdo con el calendario católico porque no somos católicos, somos solamente cristianos, y por tanto solo obedecemos lo que la Palabra de Dios nos enseña, por tanto las iglesias de Cristo no deben celebrar el 25 de Diciembre como el nacimiento de nuestro Salvador, realmente es un pecado hacer algo que no aparece aprobado ni sustentado por la Palabra de Dios.
2. Pero si encontramos que el evento del nacimiento de Cristo nuestro Señor posee un fundamento bíblico ¿Podemos afirmar seriamente que no posee ninguna importancia este hecho, aunque no exista un mandamiento directo de que sea celebrado o recordado?, ¿Entonces no tiene la iglesia del Señor la responsabilidad de enseñar sobre lo que nos dice la Biblia sobre el nacimiento de Jesús? Si. Por supuesto que sí
He tenido la oportunidad de leer otros artículos donde se plantea que enseñar sobre el nacimiento distrae y deja en segundo lugar la muerte en la cruz, este planteamiento es incorrecto todos sabemos que ninguna doctrina bíblica se contradice y todas se complementan. Y en ese sentido se está cometiendo un grave error.
El apóstol Pedro no dejó de enseñar sobre el nacimiento de Jesús según la carne como parte de las buenas nuevas de salvación (Hch.2:22-36), y nada más ni nada menos que lo hizo en la primera predicación de la naciente iglesia de Cristo en Pentecostés:
“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono Hch.2.29-30
A simple vista tenemos la primera predicación del evangelio, el apóstol Pedro no hace otra cosa que proclamar el mensaje acerca del nacimiento (encarnación del Logos), ministerio terrenal, muerte en la cruz, resurrección y ascensión de Cristo y posteriormente hace el llamado al arrepentimiento y la necesidad de ser bautizados en el nombre de Jesús para recibir el don del Espíritu Santo y el perdón de pecados (Hch.2:38-40).
El apóstol Juan en su evangelio no se prodiga en detalles en la narración del nacimiento tal como lo hacen Mateo y Lucas, porque cada evangelista lo hace con un propósito definido en este caso decirnos que aunque concebido por el Espíritu Jesús es humano 100% , sin embargo consciente de la importancia del evento del nacimiento según el plan salvífico Juan nos aclara con más profundidad el milagro del nacimiento de Jesús como la encarnación del Verbo (el Logos), el apóstol completa la doctrina bíblica de que Jesús es divino 100% “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”… “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” … “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:1-15).
Aunque no exista un mandamiento directo, porque tampoco es necesario, el nacimiento de Jesús no está excluido del anuncio de salvación, todo lo contrario forma parte del evangelio de nuestro Señor Jesucristo, nunca podríamos entender el nacimiento sin la cruz, ni mucho menos entender la cruz sin el nacimiento en Belén y el apóstol Juan que ha ido testigo de todo esto explica a sus oyentes que con la encarnación del Logos se confirman las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento de que Jesús era el Mesías predicho por David. Cuando restamos importancia a un aspecto de la doctrina y resaltamos otro es un grave error, sobre todo a la hora de enseñar sobre la divinidad y la humanidad de Jesucristo.
Por ese motivo los cristianos no podemos excluir el evento del nacimiento bajo ningún concepto porque es una doctrina bíblica de vital importancia para el plan de salvación divina, no podemos agregar nada a la Escritura, pero tampoco podemos omitir nada de lo que nos enseña la Palabra de Dios.
En estos momentos a nivel mundial la celebración de la navidad como actividad no está vinculada a ningún tipo de enseñanza religiosa, esto se debe a la secularización de la sociedad humana. Eso lo podemos percibir más claramente en la utilización de la temporada navideña en los mercados y la promoción de las ventas por los grandes centros comerciales, e inclusive en este aspecto también hay excepciones, pues en nuestro país no sucede así.
Lo único que puede convertir determinada actividad u acto en algo religioso o no, es nuestra conciencia, eso es lo que enseña el Nuevo Testamento.
También es muy bueno aclarar que hay actividades que corresponden a la cultura e idiosincrasia de cada nación o grupo étnico y al momento histórico que le toque vivir. En Cuba todas las familias e individuos celebran el 24 y el 31de Diciembre como la “noche buena” y “fin de año” y desde hace décadas estas festividades están despojadas de su significado religioso original proveniente del catolicismo, sencillamente para todos los cubanos por igual (creyentes o ateos, materialistas o idealistas) es simplemente una ocasión especial en nuestra sociedad donde el objetivo primero es reunirse la familia y comer los alimentos que nos son tradicionales. El arbolito tampoco está vinculado a una celebración religiosa, nada que ver con lo católico, es un adorno más que alegra el ambiente de cada hogar cubano no importa su condición social o ideología política.
Por supuesto que todo lo que nos rodea tuvo en su origen un significado pagano en su gran totalidad, el cristianismo solo cuenta con alrededor de 2,000 años de antigüedad a partir de Pentecostés. Las bodas tienen un significado pagano, los días de la semana, la celebración de cumpleaños, los nombres de los meses del año, las constelaciones, los nombres personales, y seria infinita la lista de todas las cosas que hacemos y decimos diariamente que poseen un origen pagano y que las asumimos de forma natural porque inevitablemente forman parte de nuestra herencia cultural, incluso de nuestros idiomas y sus modismos.
Una vez que ha sido aclarada esta diferencia entre lo que hace que una actividad o práctica sea religiosa o no, se van aclarando muchas dudas. Retomando estrictamente lo que nos enseñe la Biblia sobre el nacimiento de Jesús solo nos quedaría preguntarnos:
1. ¿Tiene la “navidad” en su estricto significado semántico (nacimiento) un fundamento bíblico? Por supuesto aquí no estamos hablando de fechas pues no existen ni son necesarias, así lo consideró el Espíritu santo que inspiró las Escrituras. El Nuevo Testamento es explicito en narrar el nacimiento de Jesucristo en Mt.1:18 y Lc.1:14 únicamente como un evento en la historia de la salvación pero no se menciona ninguna fecha específica de cuando ocurrió. Entonces todo el debate gira en torno a la decisión de la iglesia católica romana de observar el día 25 de Diciembre para la celebración del nacimiento de Cristo.
De ninguna manera estamos de acuerdo con el calendario católico porque no somos católicos, somos solamente cristianos, y por tanto solo obedecemos lo que la Palabra de Dios nos enseña, por tanto las iglesias de Cristo no deben celebrar el 25 de Diciembre como el nacimiento de nuestro Salvador, realmente es un pecado hacer algo que no aparece aprobado ni sustentado por la Palabra de Dios.
2. Pero si encontramos que el evento del nacimiento de Cristo nuestro Señor posee un fundamento bíblico ¿Podemos afirmar seriamente que no posee ninguna importancia este hecho, aunque no exista un mandamiento directo de que sea celebrado o recordado?, ¿Entonces no tiene la iglesia del Señor la responsabilidad de enseñar sobre lo que nos dice la Biblia sobre el nacimiento de Jesús? Si. Por supuesto que sí
He tenido la oportunidad de leer otros artículos donde se plantea que enseñar sobre el nacimiento distrae y deja en segundo lugar la muerte en la cruz, este planteamiento es incorrecto todos sabemos que ninguna doctrina bíblica se contradice y todas se complementan. Y en ese sentido se está cometiendo un grave error.
El apóstol Pedro no dejó de enseñar sobre el nacimiento de Jesús según la carne como parte de las buenas nuevas de salvación (Hch.2:22-36), y nada más ni nada menos que lo hizo en la primera predicación de la naciente iglesia de Cristo en Pentecostés:
“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono Hch.2.29-30
A simple vista tenemos la primera predicación del evangelio, el apóstol Pedro no hace otra cosa que proclamar el mensaje acerca del nacimiento (encarnación del Logos), ministerio terrenal, muerte en la cruz, resurrección y ascensión de Cristo y posteriormente hace el llamado al arrepentimiento y la necesidad de ser bautizados en el nombre de Jesús para recibir el don del Espíritu Santo y el perdón de pecados (Hch.2:38-40).
El apóstol Juan en su evangelio no se prodiga en detalles en la narración del nacimiento tal como lo hacen Mateo y Lucas, porque cada evangelista lo hace con un propósito definido en este caso decirnos que aunque concebido por el Espíritu Jesús es humano 100% , sin embargo consciente de la importancia del evento del nacimiento según el plan salvífico Juan nos aclara con más profundidad el milagro del nacimiento de Jesús como la encarnación del Verbo (el Logos), el apóstol completa la doctrina bíblica de que Jesús es divino 100% “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”… “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” … “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:1-15).
Aunque no exista un mandamiento directo, porque tampoco es necesario, el nacimiento de Jesús no está excluido del anuncio de salvación, todo lo contrario forma parte del evangelio de nuestro Señor Jesucristo, nunca podríamos entender el nacimiento sin la cruz, ni mucho menos entender la cruz sin el nacimiento en Belén y el apóstol Juan que ha ido testigo de todo esto explica a sus oyentes que con la encarnación del Logos se confirman las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento de que Jesús era el Mesías predicho por David. Cuando restamos importancia a un aspecto de la doctrina y resaltamos otro es un grave error, sobre todo a la hora de enseñar sobre la divinidad y la humanidad de Jesucristo.
Por ese motivo los cristianos no podemos excluir el evento del nacimiento bajo ningún concepto porque es una doctrina bíblica de vital importancia para el plan de salvación divina, no podemos agregar nada a la Escritura, pero tampoco podemos omitir nada de lo que nos enseña la Palabra de Dios.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Textos para estudio y meditación.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt.11.28–30).
“Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (Heb.4.3)
El apartar tiempo para Dios, estudiar tranquilamente su Palabra y meditar concienzudamente en sus enseñanzas constituyen disciplinas espirituales que nos hacen crecer interiormente, sosegando y descansando nuestra mente y alimentando nuestra fe y saturando de lo divino nuestras almas sedientas. Por la fe en nuestro Redentor los cristianos podemos acceder al reposo prometido por Dios, porque El es nuestra paz. El reposo del cristiano, según la doctrina bíblica significa alivio al cansancio espiritual, plena libertad para el alma, satisfacción y gozo después de batallar duramente contra los retos que enfrentamos en este mundo y que nos afectan en el plano emocional, intelectual y volitivo.
Cuando dialogamos con Dios (orar) mediante su Palabra el pone un espejo ante nosotros donde se refleja nuestro verdadero rostro, el revela nuestro interior iluminando los rincones más oscuros de nuestra alma, nuestras flaquezas y debilidades. Yendo aún más lejos pudiéramos describir este tiempo como el tiempo en que Dios desnuda nuestras almas, con el propósito esencial de facilitar el re-descubrirnos a nosotros mismos para enseñarnos sin ningún tipo de tapujo las miserias de nuestro espíritu y la necesidad de ser transformados en la persona que El realmente desea que seamos.
El cristiano debe anhelar escuchar a Dios, oír su voluntad.
“Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones” (Heb.4.7)
“a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír” (Is.28.12)
“En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor” (1 Co.14.21).
Queremos que El hable a nuestras vidas y nos guie en esta transformación. Nuestro Creador conoce cada corazón y actuará en conformidad a los propósitos más íntimos para que seamos transformados. Con la lectura y meditación de la Palabra adquirimos no solamente información, sino que incorporamos a nuestra visión de la vida una cultura bíblica que nos ayudará a confrontar los retos de este mundo. Esta visión a través de las doctrinas escriturales es lo que marca el significado de nuestro proyecto de vida, de nuestro nuevo estilo de vivir y lo necesario que es poder percibir el actuar de Dios en la historia. Lo mejor de este tiempo que nos ha tocado vivir es que esta nueva forma de asimilar la vida es un regalo de Dios imprescindible para nuestra transformación, porque no es una visión particular, a partir del seguimiento de Cristo empezamos a hablar y obrar desde la visión de Dios.
El principal provecho que se deriva del estudio y la meditación de la Palabra, y de la oración y el ayuno es principalmente la capacidad de poder re-ordenar, re-direccionar nuevamente nuestra manera de pensar y actuar conforme a la mente de Dios La palabra de Dios que se atesora en nuestros corazones nos proporcionan una guía inmejorable junto con la inapreciable ayuda del Espíritu Santo en la tarea de lograr una mejor calidad vida espiritual, paz mental, confianza, sosiego, incluso gozo.
Control en el área emocional.
Generalmente reaccionamos mal ante determinadas situaciones existenciales que pueden demandar un extra de nuestra paciencia y dominio propio, por ejemplo tendemos a responder apresuradamente y no calculamos bien las consecuencias que esto nos pueda traer en las relaciones con los demás. La Biblia nos brinda su ayuda de forma efectiva, primeramente enseñándonos que el responder apresuradamente y no poseer dominio propio representan debilidades en nuestro carácter, por tanto constituyen pecados que deben ser desarraigados de nuestras mentes y de nuestras bocas. En la epístola de Santiago (3:2) encontramos la siguiente pauta de comportamiento: “…Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto,…” la Palabra de Dios tiene el poder de actuar en nuestro intelecto, en nuestra conciencia y en nuestra voluntad, por tanto debemos de asumir esta enseñanza primeramente identificando el origen de los problemas que entorpecen nuestras relaciones inter-personales y apreciar en su justa magnitud las consecuencias altamente negativas de hablar sin tomar en cuenta las palabras que escogemos y el sentido de las mismas, así como el lugar y momento apropiados de pronunciarlas.
“Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (Heb.4.3)
El apartar tiempo para Dios, estudiar tranquilamente su Palabra y meditar concienzudamente en sus enseñanzas constituyen disciplinas espirituales que nos hacen crecer interiormente, sosegando y descansando nuestra mente y alimentando nuestra fe y saturando de lo divino nuestras almas sedientas. Por la fe en nuestro Redentor los cristianos podemos acceder al reposo prometido por Dios, porque El es nuestra paz. El reposo del cristiano, según la doctrina bíblica significa alivio al cansancio espiritual, plena libertad para el alma, satisfacción y gozo después de batallar duramente contra los retos que enfrentamos en este mundo y que nos afectan en el plano emocional, intelectual y volitivo.
Cuando dialogamos con Dios (orar) mediante su Palabra el pone un espejo ante nosotros donde se refleja nuestro verdadero rostro, el revela nuestro interior iluminando los rincones más oscuros de nuestra alma, nuestras flaquezas y debilidades. Yendo aún más lejos pudiéramos describir este tiempo como el tiempo en que Dios desnuda nuestras almas, con el propósito esencial de facilitar el re-descubrirnos a nosotros mismos para enseñarnos sin ningún tipo de tapujo las miserias de nuestro espíritu y la necesidad de ser transformados en la persona que El realmente desea que seamos.
El cristiano debe anhelar escuchar a Dios, oír su voluntad.
“Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones” (Heb.4.7)
“a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír” (Is.28.12)
“En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor” (1 Co.14.21).
Queremos que El hable a nuestras vidas y nos guie en esta transformación. Nuestro Creador conoce cada corazón y actuará en conformidad a los propósitos más íntimos para que seamos transformados. Con la lectura y meditación de la Palabra adquirimos no solamente información, sino que incorporamos a nuestra visión de la vida una cultura bíblica que nos ayudará a confrontar los retos de este mundo. Esta visión a través de las doctrinas escriturales es lo que marca el significado de nuestro proyecto de vida, de nuestro nuevo estilo de vivir y lo necesario que es poder percibir el actuar de Dios en la historia. Lo mejor de este tiempo que nos ha tocado vivir es que esta nueva forma de asimilar la vida es un regalo de Dios imprescindible para nuestra transformación, porque no es una visión particular, a partir del seguimiento de Cristo empezamos a hablar y obrar desde la visión de Dios.
El principal provecho que se deriva del estudio y la meditación de la Palabra, y de la oración y el ayuno es principalmente la capacidad de poder re-ordenar, re-direccionar nuevamente nuestra manera de pensar y actuar conforme a la mente de Dios La palabra de Dios que se atesora en nuestros corazones nos proporcionan una guía inmejorable junto con la inapreciable ayuda del Espíritu Santo en la tarea de lograr una mejor calidad vida espiritual, paz mental, confianza, sosiego, incluso gozo.
Control en el área emocional.
Generalmente reaccionamos mal ante determinadas situaciones existenciales que pueden demandar un extra de nuestra paciencia y dominio propio, por ejemplo tendemos a responder apresuradamente y no calculamos bien las consecuencias que esto nos pueda traer en las relaciones con los demás. La Biblia nos brinda su ayuda de forma efectiva, primeramente enseñándonos que el responder apresuradamente y no poseer dominio propio representan debilidades en nuestro carácter, por tanto constituyen pecados que deben ser desarraigados de nuestras mentes y de nuestras bocas. En la epístola de Santiago (3:2) encontramos la siguiente pauta de comportamiento: “…Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto,…” la Palabra de Dios tiene el poder de actuar en nuestro intelecto, en nuestra conciencia y en nuestra voluntad, por tanto debemos de asumir esta enseñanza primeramente identificando el origen de los problemas que entorpecen nuestras relaciones inter-personales y apreciar en su justa magnitud las consecuencias altamente negativas de hablar sin tomar en cuenta las palabras que escogemos y el sentido de las mismas, así como el lugar y momento apropiados de pronunciarlas.
Textos básicos para estudio y meditación
“Orará a Dios, y éste le amará, Y verá su faz con júbilo; Y restaurará al hombre su justicia” (Job.33.26)
“y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Ap.22.3-5)
“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones…” (1 Ped.3.12)
“…Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento;…” (1 Cor.14.15)
“si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crón.7.14)
“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Stg.5.15)
“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mt.14.23)
“Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Tim.4.4-5)
Este es un posible modelo de un día oración, es simplemente una proposición. La oración debe constituir un hábito arraigado en el cristiano y tanto la disposición como la forma de orar a Dios es un privilegio personal.
UN DIA DE ORACIÓN.
1-Condicionamiento: Comenzamos nuestro día de oración teniendo en mente que es el momento en que llegaremos a una relación significativamente profunda de amor con nuestro Padre celestial. Por ese motivo es obligatorio apartar un tiempo de alrededor de una hora, nunca menos, para este propósito. Este tiempo preferiblemente debe ser temprano en la mañana, o bien entrada la noche, lo que se busca es que haya silencio y privacidad. Ante el llamado de Dios comenzamos a orar dándole gracias por querer que busquemos su rostro, sentir su amor y su presencia en nuestra existencia.
2-Momento de respuesta: En la oración primero nos identificamos con Dios, por eso reconocemos nuestra dependencia total hacia el Creador porque es el único y verdadero Dios, como señal de respeto y reverencia le llamamos por sus atributos, específicamente adorándolo y alabándolo por Su santidad y su amor, esto nos hace sentirnos como pecadores que somos ante El. Reconociendo que somos impuros y que aún necesitamos día a día de su ayuda para perfeccionarnos en su voluntad mediante su gracia y misericordia, en este primer momento de la oración hay una respuesta de parte nuestra a la iniciativa divina.
3-Momento de confianza: También le damos a conocer a nuestro Padre la confianza en que El va a contestar nuestras oraciones, porque estamos conscientes de su fidelidad e inmutabilidad, otro de sus atributos que producen en los hijos de Dios la fe y la convicción de poseer una nueva filiación y porque su ley y su perfecta justicia forma parte de nuestro proyecto de vida. Depositar nuestra plena confianza al llamado amoroso de Dios es reconocer que es el mismo Dios quien siempre toma la iniciativa de motivar con su Espíritu a entablar este diálogo de amor.
4- Humildad: Pedimos también a Dios que nos ayude a ser cada día más humildes y mansos, y reconocer formalmente que sin El no podemos hacer nada. Que renueve nuestras fuerzas y nos transforme en la persona que Él desea. Sabemos que hemos pecado voluntaria o involuntariamente y necesitamos de su perdón, de su gracia y su misericordia, por eso pasamos a confesarle todos nuestros errores y la falta de humildad en algunas áreas de nuestro ser interior, en nuestro carácter todavía nos resistimos a entregarle el control total de nuestras emociones al Espíritu divino. Le pedimos con sinceridad y devoción que el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros nos ayude a vencer las flaquezas y debilidades propias de nuestra naturaleza caída.
5- Pautas y modelos bíblicos de oración: Mientras oramos llega un momento en que es necesario comenzar a leer nuestras Biblias buscando un pasaje que se ajuste a nuestras necesidades espirituales del momento. La mejor oración es la que se realiza sobre la base de la Palabra de Dios. Orar con la Biblia es orar conforme a la voluntad divina y nos ayuda a enfocarnos y encauzar nuestras acciones de gracias y peticiones. Preferiblemente el libro de los Salmos es muy adecuado porque sus oraciones expresan las emociones más hondas del alma humana en su trato con Dios, oraciones que se convierten en pautas y modelos una vez que son reinterpretadas desde la ley y el espíritu del nuevo pacto y que nos guían certeramente en la oración a desarrollar una profunda intimidad y desenvolvimiento de gracia y de verdad en aquel que es centro de nuestra espiritualidad: Jesucristo.
6- Orar con la Palabra: el así hacerlo también ordena y clarifica nuestros pensamientos en la intimidad con Dios, porque la mente ha de estar clara, ya que no solamente vamos a entablar un diálogo con Dios, sino que vamos a entrar en su presencia pidiéndole una unión espiritual, una unión de afecto, una unión de mente con Su mente, y sobre todo una unión de propósito: asimilarnos como adoradores a semejanza del objeto de nuestra adoración: Dios mediante Jesucristo, en el poder del Espíritu. Siempre debemos cuidar de que nuestras peticiones y acciones de gracias sean sinceras y que el Espíritu de Dios limpie de nuestros corazones cualquier pensamiento negativo u hostil ya que el Consolador intercede por nosotros. También le pedimos a Dios que ponga en nuestro espíritu el deseo de perseverar en la oración y no descuidarla, porque a veces sucede.
7- Momento de intercesión: Los primeros agradecimientos, peticiones e intercesiones no deben estar dirigidas a nuestros intereses particulares, sino que debemos agradecer y pedir por nuestra familia, por la iglesia, por las necesidades espirituales de los hermanos de nuestra congregación, su salud, su fidelidad y su crecimiento, es una manera efectiva de que nuestra oración sea verdadera y agradable a Dios, porque estaremos orando en el Espíritu y no guiados por intereses puramente personales. Por ese motivo en este día de oración es recomendable escribir en una hoja una lista de peticiones de la familia, de nuestros hermanos de la fe, que son los motivos de oración que se recogen en la iglesia cada domingo. Es voluntad de Dios que oremos los unos por los otros, este sentir no puede estar ausente en la oración cristiana. Igualmente debemos velar y ser celosos en cuanto que las peticiones y la de nuestros hermanos y familiares no tengan un carácter egoísta, en este caso el filtro que nos permite decantar lo que no es voluntad de Dios son la vida y las enseñanzas de Jesucristo, nuestro único Maestro.
8-Conforme a su voluntad: Sabemos que hay poder en la oración, tenemos la convicción de que muchas cosas van a cambiar después de este primer tiempo de oración, no a causa nuestra, sino que ese poder se genera en la confianza de que los ojos de Dios están sobre nosotros y que El escucha atentamente todo lo que le estamos diciendo, pero que no se limita solo a vernos y escucharnos sino que también responde nuestras oraciones. Ante los problemas y dificultades siempre debemos pedir a Dios, no porque cambie nuestra posición, sino que cambie la situación a la cual estamos enfrentando y nos fortalezca para enfrentarla o aceptarla con dignidad y confianza en la providencia divina, pero que finalmente todo lo que El decida hacer con nuestras vidas lo haga conforme a Su voluntad, y no la nuestra.
9- La oración familiar: Meditar y orar en familia. Es imprescindible en nuestro día de oración incluir el devocional familiar. Abrimos este tiempo de oración pidiéndole invariablemente a nuestro Padre que nos mantenga unidos, tal como El nos escogió y conformó, que nos fortalezca cada día más como núcleo familiar de una familia más grande: la familia de la fe, que nos haga crecer en la gracia y el conocimiento de Dios para poder ser, como familia unida por Dios, un testimonio vivo y agradable a nuestros hermanos en el desempeño de la obra. Nuestras familias constituyen por su naturaleza una pequeña iglesia, si no funcionamos como iglesia nuclear, adorando, dando gracias a Dios, alabándolo, pidiéndole por nuestras necesidades y por las de nuestros hermanos y amigos, entonces el trabajo pastoral en la gran iglesia del Señor no marchará sobre terreno firme, el terreno de Dios.
“y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Ap.22.3-5)
“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones…” (1 Ped.3.12)
“…Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento;…” (1 Cor.14.15)
“si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crón.7.14)
“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Stg.5.15)
“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mt.14.23)
“Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Tim.4.4-5)
Este es un posible modelo de un día oración, es simplemente una proposición. La oración debe constituir un hábito arraigado en el cristiano y tanto la disposición como la forma de orar a Dios es un privilegio personal.
UN DIA DE ORACIÓN.
1-Condicionamiento: Comenzamos nuestro día de oración teniendo en mente que es el momento en que llegaremos a una relación significativamente profunda de amor con nuestro Padre celestial. Por ese motivo es obligatorio apartar un tiempo de alrededor de una hora, nunca menos, para este propósito. Este tiempo preferiblemente debe ser temprano en la mañana, o bien entrada la noche, lo que se busca es que haya silencio y privacidad. Ante el llamado de Dios comenzamos a orar dándole gracias por querer que busquemos su rostro, sentir su amor y su presencia en nuestra existencia.
2-Momento de respuesta: En la oración primero nos identificamos con Dios, por eso reconocemos nuestra dependencia total hacia el Creador porque es el único y verdadero Dios, como señal de respeto y reverencia le llamamos por sus atributos, específicamente adorándolo y alabándolo por Su santidad y su amor, esto nos hace sentirnos como pecadores que somos ante El. Reconociendo que somos impuros y que aún necesitamos día a día de su ayuda para perfeccionarnos en su voluntad mediante su gracia y misericordia, en este primer momento de la oración hay una respuesta de parte nuestra a la iniciativa divina.
3-Momento de confianza: También le damos a conocer a nuestro Padre la confianza en que El va a contestar nuestras oraciones, porque estamos conscientes de su fidelidad e inmutabilidad, otro de sus atributos que producen en los hijos de Dios la fe y la convicción de poseer una nueva filiación y porque su ley y su perfecta justicia forma parte de nuestro proyecto de vida. Depositar nuestra plena confianza al llamado amoroso de Dios es reconocer que es el mismo Dios quien siempre toma la iniciativa de motivar con su Espíritu a entablar este diálogo de amor.
4- Humildad: Pedimos también a Dios que nos ayude a ser cada día más humildes y mansos, y reconocer formalmente que sin El no podemos hacer nada. Que renueve nuestras fuerzas y nos transforme en la persona que Él desea. Sabemos que hemos pecado voluntaria o involuntariamente y necesitamos de su perdón, de su gracia y su misericordia, por eso pasamos a confesarle todos nuestros errores y la falta de humildad en algunas áreas de nuestro ser interior, en nuestro carácter todavía nos resistimos a entregarle el control total de nuestras emociones al Espíritu divino. Le pedimos con sinceridad y devoción que el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros nos ayude a vencer las flaquezas y debilidades propias de nuestra naturaleza caída.
5- Pautas y modelos bíblicos de oración: Mientras oramos llega un momento en que es necesario comenzar a leer nuestras Biblias buscando un pasaje que se ajuste a nuestras necesidades espirituales del momento. La mejor oración es la que se realiza sobre la base de la Palabra de Dios. Orar con la Biblia es orar conforme a la voluntad divina y nos ayuda a enfocarnos y encauzar nuestras acciones de gracias y peticiones. Preferiblemente el libro de los Salmos es muy adecuado porque sus oraciones expresan las emociones más hondas del alma humana en su trato con Dios, oraciones que se convierten en pautas y modelos una vez que son reinterpretadas desde la ley y el espíritu del nuevo pacto y que nos guían certeramente en la oración a desarrollar una profunda intimidad y desenvolvimiento de gracia y de verdad en aquel que es centro de nuestra espiritualidad: Jesucristo.
6- Orar con la Palabra: el así hacerlo también ordena y clarifica nuestros pensamientos en la intimidad con Dios, porque la mente ha de estar clara, ya que no solamente vamos a entablar un diálogo con Dios, sino que vamos a entrar en su presencia pidiéndole una unión espiritual, una unión de afecto, una unión de mente con Su mente, y sobre todo una unión de propósito: asimilarnos como adoradores a semejanza del objeto de nuestra adoración: Dios mediante Jesucristo, en el poder del Espíritu. Siempre debemos cuidar de que nuestras peticiones y acciones de gracias sean sinceras y que el Espíritu de Dios limpie de nuestros corazones cualquier pensamiento negativo u hostil ya que el Consolador intercede por nosotros. También le pedimos a Dios que ponga en nuestro espíritu el deseo de perseverar en la oración y no descuidarla, porque a veces sucede.
7- Momento de intercesión: Los primeros agradecimientos, peticiones e intercesiones no deben estar dirigidas a nuestros intereses particulares, sino que debemos agradecer y pedir por nuestra familia, por la iglesia, por las necesidades espirituales de los hermanos de nuestra congregación, su salud, su fidelidad y su crecimiento, es una manera efectiva de que nuestra oración sea verdadera y agradable a Dios, porque estaremos orando en el Espíritu y no guiados por intereses puramente personales. Por ese motivo en este día de oración es recomendable escribir en una hoja una lista de peticiones de la familia, de nuestros hermanos de la fe, que son los motivos de oración que se recogen en la iglesia cada domingo. Es voluntad de Dios que oremos los unos por los otros, este sentir no puede estar ausente en la oración cristiana. Igualmente debemos velar y ser celosos en cuanto que las peticiones y la de nuestros hermanos y familiares no tengan un carácter egoísta, en este caso el filtro que nos permite decantar lo que no es voluntad de Dios son la vida y las enseñanzas de Jesucristo, nuestro único Maestro.
8-Conforme a su voluntad: Sabemos que hay poder en la oración, tenemos la convicción de que muchas cosas van a cambiar después de este primer tiempo de oración, no a causa nuestra, sino que ese poder se genera en la confianza de que los ojos de Dios están sobre nosotros y que El escucha atentamente todo lo que le estamos diciendo, pero que no se limita solo a vernos y escucharnos sino que también responde nuestras oraciones. Ante los problemas y dificultades siempre debemos pedir a Dios, no porque cambie nuestra posición, sino que cambie la situación a la cual estamos enfrentando y nos fortalezca para enfrentarla o aceptarla con dignidad y confianza en la providencia divina, pero que finalmente todo lo que El decida hacer con nuestras vidas lo haga conforme a Su voluntad, y no la nuestra.
9- La oración familiar: Meditar y orar en familia. Es imprescindible en nuestro día de oración incluir el devocional familiar. Abrimos este tiempo de oración pidiéndole invariablemente a nuestro Padre que nos mantenga unidos, tal como El nos escogió y conformó, que nos fortalezca cada día más como núcleo familiar de una familia más grande: la familia de la fe, que nos haga crecer en la gracia y el conocimiento de Dios para poder ser, como familia unida por Dios, un testimonio vivo y agradable a nuestros hermanos en el desempeño de la obra. Nuestras familias constituyen por su naturaleza una pequeña iglesia, si no funcionamos como iglesia nuclear, adorando, dando gracias a Dios, alabándolo, pidiéndole por nuestras necesidades y por las de nuestros hermanos y amigos, entonces el trabajo pastoral en la gran iglesia del Señor no marchará sobre terreno firme, el terreno de Dios.
viernes, 18 de diciembre de 2009
PLANIFICACIÓN DE LA DISCIPLINA ESPIRITUAL
Textos básicos para estudio y meditación. Resaltadas las frases claves.
“vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Ped.2.5)
“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col 1.9)
“desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Ped.2.2)
“Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hch.6.3)
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Ef.5.18)
El cristiano debe estar constantemente enfocado en su crecimiento espiritual y aplicar todas las prácticas propias de las disciplinas bíblicas que le permitan avanzar en el perfeccionamiento de su santidad. Un importante lugar ocupan los devocionales y la planificación de más espacios de silencio y soledad tal como los procuraba Jesús en su ministerio terrenal, conjuntamente debe acompañar estos momentos de intima comunión con la lectura, estudio y meditación de la Palabra, ayuno y oración. Objetivo: El objetivo de este enfoque es el lograr una transformación conforme a la imagen de Cristo en las siguientes áreas de su vida: tanto la Espiritual como la Emocional.
En este primer intento de planificación la intención es crear un hábito, el cual la mayoría de los cristianos no tienen. Hay muchos temas que afectan nuestra vida espiritual y que obviamente se presentan en el desarrollo de la vida cristiana. Debemos en todo momento dar gracias a Dios por su Palabra pues nos son muy útiles las enseñanzas recibidas. Las enseñanzas bíblicas nos permiten acceder a un nuevo panorama del significado de la formación espiritual en el cristiano, pero ya no a partir de nuestros criterios particulares, o quizás empíricos, sino que ahora cada cristiano tiene en sus manos los recursos que nos ofrece la Biblia para lograr una comunión mas intima y orgánica con Dios conforme a su voluntad.
Las primeras interrogantes que debemos hacernos antes de proseguir con este estudio son las siguientes: 1) ¿Realmente yo conocía o explotaba todos los recursos que me brindaba la Biblia en el plano de la adoración personal? 2) ¿Tenía yo un enfoque preciso, o tan siquiera un proyecto bien definido sobre mis devocionales particulares, mis objetivos y metas? 3) ¿Asumía bien claro el significado bíblico y teológico de estas disciplinas espirituales, tan necesarias para el crecimiento y fortalecimiento de mi espiritualidad? Indudablemente que la respuesta es negativa en todos los casos. En la vida real carecemos de todo este conocimiento y de una perspectiva netamente bíblica sobre el proceso y desarrollo de nuestra espiritualidad, producto de esta ignorancia rápidamente la mayoría de los cristianos se sienten muy agotados y degastadas sus fuerzas mientras realizan sus tareas específicas en la obra de Dios. Hay que dedicar todas nuestras energías para la obra que demanda la predicación del evangelio, pero solo en Dios recuperaremos y renovaremos nuestras energías espirituales para poder servirle más, y mejor.
Como parte del enfoque y planificación de nuestras disciplinas espirituales la congregación de ser instruida en la santidad de Dios y también de la santidad que El exige a su pueblo, pero también debe ser enseñada sobre el tema de la búsqueda de Dios en el silencio y la soledad, y la práctica del ayuno. Un resultado positivo e inmediato producto de la adquisición de estos nuevos conocimientos es incorporar este tema en la instrucción de la iglesia local y rápidamente veremos los beneficios en el fortalecimiento de la espiritualidad en cada creyente. Tenemos que insistir en que paralelamente a la instrucción de la congregación es necesario previamente comenzar a incorporar y aplicar en nuestros devocionales todas estas disciplinas tales como el silencio y la privacidad, la meditación de la Palabra para de esta forma cumplir la voluntad de Dios no solo a partir del conocimiento “per se”, sino mediado por una experiencia práctica y personal con resultados que pueden medibles y de carácter testimonial.
La condición primera del desarrollo de una espiritualidad en el hijo de Dios es el seguimiento de Cristo en todas las cosas, si nuestro Señor despedía a las multitudes que lo seguían para recogerse en un tiempo de oración, ayuno, soledad y silencio en búsqueda de la intimidad con Dios Padre, entonces con más razón nosotros debemos seguir fielmente sus pasos en el cumplimiento de nuestro ministerio, y en este sentido desarraigar los conceptos errados que a veces nos llevan al punto de dedicar más tiempo a la obra del Señor que al Señor de la obra, por tanto el no asumir desde una perspectiva bíblica este asunto de dialogar en soledad con Dios puede convertirse en un serio problema. La segunda condición del enfoque en la vida devocional del cristiano es la búsqueda de la soledad y el silencio para lograr una efectividad plena en este propósito de crecer y andar conforme a las cosas espirituales.
La tercera condición es rescatar de la cultura o visión bíblica el concepto de ser “lleno del Espíritu Santo” e incorporarlo de una manera vital en nuestra vida devocional. Ser “lleno” del Espíritu desde la perspectiva bíblica es un imperativo del crecimiento espiritual, este término en griego y enmarcado en la intención del autor en la transmisión del mensaje divino significa: llenarse, hincharse, ser terminado, cumplirse, ser empapados, alcanzar la plenitud hasta arder en una fiebre de pasión por nuestro Señor, lo cual no deja margen de dudas con respecto a que se refiere al proceso de nuestro crecimiento espiritual y/o transformación a semejanza de Cristo, implícito en la santificación y perfeccionamiento de la vida cristiana, requisitos que son indispensables para la consumación de nuestra salvación.
Es importante entender que el ser “llenos del Espíritu” es una experiencia que debe repetirse momento a momento en la vida el cristiano, o sea, está directamente relacionado con la perseverancia y la continuidad de una íntima y vivificante comunión con Dios y su Palabra. Los textos del Nuevo Testamento siempre enseñan que para ser llenos del Espíritu es necesario primero vaciarse de aquellas cosas que no agradan a Dios para llenarnos de Dios y que su Espíritu sea el centro rector de todo nuestro ser interior y no nuestro ego.
Conclusiones
-Como combatientes de la milicia de Cristo estamos inmersos en una dura batalla espiritual, pero Dios nos ha equipado con su armadura y su poderoso armamento. También el nos enseña, como a todo combatiente, la disciplina necesaria para prepararnos para lograr la victoria y en la Biblia encontramos todo lo relacionado a esta disciplina.
-Factores importantes de esta disciplina propia de la espiritualidad del hijo de Dios son: la lectura y meditación, el ayuno, la oración, la sencillez y el procurar espacios de silencio y soledad para acercarnos a dialogar con nuestro Padre celestial.
-Un cristiano indisciplinado no se estará preparando para enfrentar esta guerra espiritual, su armadura se desgastará y al no descansar en su Señor irá perdiendo fuerzas, porque no podrá escuchar su voz de guía y consuelo y en esta condición no podrá renovar sus fuerzas. Esto inevitablemente traerá como consecuencia su debilitamiento, por ende la derrota y finalmente la muerte espiritual.
-Jesús es nuestro paradigma. Tenemos que reproducir en nuestras vidas devocionales todos sus pasos y lo primero es la comunión con Dios. Para lograr una comunión efectiva y genuina con nuestro Padre debemos apartar tiempo para El. Por tanto estamos siguiendo su voluntad si en medio de nuestra labor despedimos momentáneamente a nuestros hermanos para dedicar tiempo a buscar la presencia del Señor. Debemos recordar que también somos mayordomos de su tiempo.
-El silencio y la soledad son hábitos indispensables y que deben ser cultivados en la vida devocional. En el silencio y la soledad encontraremos un ambiente cien por ciento propicio para echar mano de recursos tales como: la lectura y meditación de la Palabra, el ayuno y la oración para buscar del rostro del Señor, oír sin distracciones su voz y así poder ser renovados, restaurados, transformados y fortalecidos.
-El buscar el silencio y la soledad también redundará en el dominio propio y control de nuestras emociones, la biblia nos enseña que es más sabio el que escucha, que el que habla.
“vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Ped.2.5)
“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col 1.9)
“desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Ped.2.2)
“Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hch.6.3)
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Ef.5.18)
El cristiano debe estar constantemente enfocado en su crecimiento espiritual y aplicar todas las prácticas propias de las disciplinas bíblicas que le permitan avanzar en el perfeccionamiento de su santidad. Un importante lugar ocupan los devocionales y la planificación de más espacios de silencio y soledad tal como los procuraba Jesús en su ministerio terrenal, conjuntamente debe acompañar estos momentos de intima comunión con la lectura, estudio y meditación de la Palabra, ayuno y oración. Objetivo: El objetivo de este enfoque es el lograr una transformación conforme a la imagen de Cristo en las siguientes áreas de su vida: tanto la Espiritual como la Emocional.
En este primer intento de planificación la intención es crear un hábito, el cual la mayoría de los cristianos no tienen. Hay muchos temas que afectan nuestra vida espiritual y que obviamente se presentan en el desarrollo de la vida cristiana. Debemos en todo momento dar gracias a Dios por su Palabra pues nos son muy útiles las enseñanzas recibidas. Las enseñanzas bíblicas nos permiten acceder a un nuevo panorama del significado de la formación espiritual en el cristiano, pero ya no a partir de nuestros criterios particulares, o quizás empíricos, sino que ahora cada cristiano tiene en sus manos los recursos que nos ofrece la Biblia para lograr una comunión mas intima y orgánica con Dios conforme a su voluntad.
Las primeras interrogantes que debemos hacernos antes de proseguir con este estudio son las siguientes: 1) ¿Realmente yo conocía o explotaba todos los recursos que me brindaba la Biblia en el plano de la adoración personal? 2) ¿Tenía yo un enfoque preciso, o tan siquiera un proyecto bien definido sobre mis devocionales particulares, mis objetivos y metas? 3) ¿Asumía bien claro el significado bíblico y teológico de estas disciplinas espirituales, tan necesarias para el crecimiento y fortalecimiento de mi espiritualidad? Indudablemente que la respuesta es negativa en todos los casos. En la vida real carecemos de todo este conocimiento y de una perspectiva netamente bíblica sobre el proceso y desarrollo de nuestra espiritualidad, producto de esta ignorancia rápidamente la mayoría de los cristianos se sienten muy agotados y degastadas sus fuerzas mientras realizan sus tareas específicas en la obra de Dios. Hay que dedicar todas nuestras energías para la obra que demanda la predicación del evangelio, pero solo en Dios recuperaremos y renovaremos nuestras energías espirituales para poder servirle más, y mejor.
Como parte del enfoque y planificación de nuestras disciplinas espirituales la congregación de ser instruida en la santidad de Dios y también de la santidad que El exige a su pueblo, pero también debe ser enseñada sobre el tema de la búsqueda de Dios en el silencio y la soledad, y la práctica del ayuno. Un resultado positivo e inmediato producto de la adquisición de estos nuevos conocimientos es incorporar este tema en la instrucción de la iglesia local y rápidamente veremos los beneficios en el fortalecimiento de la espiritualidad en cada creyente. Tenemos que insistir en que paralelamente a la instrucción de la congregación es necesario previamente comenzar a incorporar y aplicar en nuestros devocionales todas estas disciplinas tales como el silencio y la privacidad, la meditación de la Palabra para de esta forma cumplir la voluntad de Dios no solo a partir del conocimiento “per se”, sino mediado por una experiencia práctica y personal con resultados que pueden medibles y de carácter testimonial.
La condición primera del desarrollo de una espiritualidad en el hijo de Dios es el seguimiento de Cristo en todas las cosas, si nuestro Señor despedía a las multitudes que lo seguían para recogerse en un tiempo de oración, ayuno, soledad y silencio en búsqueda de la intimidad con Dios Padre, entonces con más razón nosotros debemos seguir fielmente sus pasos en el cumplimiento de nuestro ministerio, y en este sentido desarraigar los conceptos errados que a veces nos llevan al punto de dedicar más tiempo a la obra del Señor que al Señor de la obra, por tanto el no asumir desde una perspectiva bíblica este asunto de dialogar en soledad con Dios puede convertirse en un serio problema. La segunda condición del enfoque en la vida devocional del cristiano es la búsqueda de la soledad y el silencio para lograr una efectividad plena en este propósito de crecer y andar conforme a las cosas espirituales.
La tercera condición es rescatar de la cultura o visión bíblica el concepto de ser “lleno del Espíritu Santo” e incorporarlo de una manera vital en nuestra vida devocional. Ser “lleno” del Espíritu desde la perspectiva bíblica es un imperativo del crecimiento espiritual, este término en griego y enmarcado en la intención del autor en la transmisión del mensaje divino significa: llenarse, hincharse, ser terminado, cumplirse, ser empapados, alcanzar la plenitud hasta arder en una fiebre de pasión por nuestro Señor, lo cual no deja margen de dudas con respecto a que se refiere al proceso de nuestro crecimiento espiritual y/o transformación a semejanza de Cristo, implícito en la santificación y perfeccionamiento de la vida cristiana, requisitos que son indispensables para la consumación de nuestra salvación.
Es importante entender que el ser “llenos del Espíritu” es una experiencia que debe repetirse momento a momento en la vida el cristiano, o sea, está directamente relacionado con la perseverancia y la continuidad de una íntima y vivificante comunión con Dios y su Palabra. Los textos del Nuevo Testamento siempre enseñan que para ser llenos del Espíritu es necesario primero vaciarse de aquellas cosas que no agradan a Dios para llenarnos de Dios y que su Espíritu sea el centro rector de todo nuestro ser interior y no nuestro ego.
Conclusiones
-Como combatientes de la milicia de Cristo estamos inmersos en una dura batalla espiritual, pero Dios nos ha equipado con su armadura y su poderoso armamento. También el nos enseña, como a todo combatiente, la disciplina necesaria para prepararnos para lograr la victoria y en la Biblia encontramos todo lo relacionado a esta disciplina.
-Factores importantes de esta disciplina propia de la espiritualidad del hijo de Dios son: la lectura y meditación, el ayuno, la oración, la sencillez y el procurar espacios de silencio y soledad para acercarnos a dialogar con nuestro Padre celestial.
-Un cristiano indisciplinado no se estará preparando para enfrentar esta guerra espiritual, su armadura se desgastará y al no descansar en su Señor irá perdiendo fuerzas, porque no podrá escuchar su voz de guía y consuelo y en esta condición no podrá renovar sus fuerzas. Esto inevitablemente traerá como consecuencia su debilitamiento, por ende la derrota y finalmente la muerte espiritual.
-Jesús es nuestro paradigma. Tenemos que reproducir en nuestras vidas devocionales todos sus pasos y lo primero es la comunión con Dios. Para lograr una comunión efectiva y genuina con nuestro Padre debemos apartar tiempo para El. Por tanto estamos siguiendo su voluntad si en medio de nuestra labor despedimos momentáneamente a nuestros hermanos para dedicar tiempo a buscar la presencia del Señor. Debemos recordar que también somos mayordomos de su tiempo.
-El silencio y la soledad son hábitos indispensables y que deben ser cultivados en la vida devocional. En el silencio y la soledad encontraremos un ambiente cien por ciento propicio para echar mano de recursos tales como: la lectura y meditación de la Palabra, el ayuno y la oración para buscar del rostro del Señor, oír sin distracciones su voz y así poder ser renovados, restaurados, transformados y fortalecidos.
-El buscar el silencio y la soledad también redundará en el dominio propio y control de nuestras emociones, la biblia nos enseña que es más sabio el que escucha, que el que habla.
Metas Espirituales bien definidas y alcanzables.
Textos básicos para estudio y meditación. Resaltadas las frases claves.
“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2 Ts.1.3)
“para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col.1.10)
“a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad” (Col.1.5-7)
“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Ped.3.18)
“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros” (1 Ts.3.12)
Las áreas de carencias más urgentes en el crecimiento espiritual son: el área espiritual y el área emocional. Conforme a la voluntad divina y a nuestra finita y humana comprensión de la misma juega un papel vital el estudio perseverante y meditación de su Palabra y una plena confianza en el poder transformador del Espíritu Santo. Por ese motivo es necesario trazarnos las siguientes metas.
En el área espiritual:
- No descuidar mi vida espiritual: significa no descuidar el seguimiento al Señor. No se puede pensar en un seguimiento de Cristo sin sumergirnos en la vida de Cristo, que es el tema central de la formación o crecimiento espiritual. En este sentido debemos cumplir fielmente el mandamiento bíblico de crecer y madurar para poder ejercitar la piedad, o sea, ser transformado a la semejanza de Cristo ¿Cómo? por medio del aprendizaje de la Palabra y un autentico servicio al prójimo.
- Encauzar correctamente mi pasión hacia Dios: utilizando todas las disciplinas y recursos que nos brinda su Palabra para buscar la intimidad con El. Para alcanzar este propósito debemos invertir mucho más tiempo en buscar la comunión de manera que esta relación intima y vivificante impacte intensamente en nuestras vidas hasta el punto de transformarla hasta tal punto que los demás noten este cambio.
- El camino hacia los otros: Tener en cuenta en el cultivo de la espiritualidad el camino necesario y correcto hacia los otros desde el mandamiento de amar al prójimo, que es la ley suprema de Cristo. El servicio a los demás va a constituir el termómetro y la evidencia práctica que indique hasta que punto asciende la calidad del conocimiento adquirido sobre Dios mediante nuestra experiencia personal, y hasta qué punto hemos sido capaz de asumir el amor que el Creador ha derramado en el corazón de sus hijos paran que puedan relacionarse e interactuar con sus semejantes y desarrollar un determinado ministerio en la obra del Señor. El crecimiento espiritual auténtico debe ser una experiencia personal de fe y como una experiencia vivida en comunión con Dios, una fe que debe ser verificada con la presencia de las buenas obras y de los frutos del Espíritu Santo.
- Tener la mente de Cristo: Empezar a pensar y reaccionar en los momentos de crisis como lo hizo Cristo y seguir fielmente sus enseñanzas. Para pensar y reaccionar como Cristo debo poseer el carácter de Dios, por tanto es importante que los demás vean en mí los frutos del Espíritu que es la comunicación de las gracias que manan de la naturaleza de Dios y hacen referencia al carácter que debemos cultivar y que resultan de un contacto vital y continuo con la vid: Jesucristo, imagen de Dios. La palabra divina va a ser nuestra guía certera de fe y practica de cómo nuestro Creador quiere que nos comportemos porque tiene la capacidad de penetrar hasta el corazón. La Biblia se va a encargar del control de mi mente: La Escritura es la espada del Espíritu, ella nos confronta en todo momento y evalúa cada uno de nuestros pensamientos y acciones, nos convence de pecado, revela nuestras fallas de carácter y debilidades, esta confrontación con la Palabra es el proceso mediante el cual podemos poseer la mente de Cristo.
- Examinar y evaluar nuestro crecimiento espiritual: La efectividad de este examen radica en la naturaleza y calidad de nuestras relaciones con los demás y en el poder del Espíritu Santo para empezar a dirigir nuestra vida devocional en función de cambiar los aspectos negativos que podamos identificar con auxilio de la Palabra.
- Guardar nuestros corazones para Dios: Es un requisito indispensable para conservar la pureza y rectitud como condición personal para la maduración espiritual.
- Planificar eficientemente nuestro tiempo: Es indispensable separar tiempo para la lectura, meditación, ayuno y oración. Dándole prioridad a las cosas más importantes que nos ayuden a buscar el rostro del Señor y sentir su presencia.
- Ser en todo momento honesto y crítico: no debemos auto-engañarnos en la evaluación de nuestra formación espiritual.
- Procurar ser lleno del Espíritu Santo: como un ejercicio constante en mi vida, vaciarme de todo aquello que impida una relación intima y de compañerismo con Dios para que El ocupe todo mi ser.
- La oración. La oración en comunión con nuestro Padre es la fuente de poder para crecer espiritualmente, para cambiar. Si no cambiamos antes de ir a la batalla no creceremos, ni alcanzaremos la madurez propia del hijo de Dios y seremos derrotados en este enfrentamiento espiritual contra el mundo, la carne y el diablo.
Área emocional:
- Lograr un mayor conocimiento de nuestra interioridad, las reales posibilidades o debilidades presentes en nuestro carácter. Para lograr este fin debemos estar dispuestos a ser obedientes, debemos actuar conforme a la palabra de Dios, nos guste o no. La desobediencia es otra faceta del egoísmo en nuestro carácter.
- Debemos saber controlar nuestros deseos y exabruptos y desarrollar la habilidad necesaria para mediante la ayuda del Espíritu Santo y la guía de las pautas bíblicas poder llegar a tener dominio propio y en este sentido la oración va a constituir un factor insustituible.
- Conocer y ser crítico con nuestras emociones, sin sentir ningún tipo de temor o deseo de ser alabado o censurado por nuestros hermanos, según sea el caso. El dominio de sí mismo también se logra desde la posición de una persona moralmente justificada por la sangre de Cristo, este es la única vía para lograr una paz mental.
- Control de la lengua. Ser gentil va a representar el suavizar y facilitar beneficiosamente nuestras relaciones interpersonales.
- La auto-disciplina: invocando el nombre del Señor y la ayuda del Espíritu Santo debemos mantener alejados los fuertes deseos que tratan de seducirnos y apartarnos del camino de Dios. Para que nuestra espiritualidad triunfe es necesario mantener estos deseos bajo el control de Cristo. La auto-disciplina tiene como principal objetivo eliminar todas las desemejanzas con nuestro Señor, es querer dejar de hacer todo aquello que perjudique la comunión con el Dios viviente y decidir alcanzar la disciplina que nuestro Creador quiere. La Palabra me enseña que la espiritualidad es sinónimo de vivir bajo la acción del Espíritu Santo que tiene el poder de integrar toda mi persona desde la fe, la esperanza y el amor.
- Alimentar nuestra fe, el crecimiento espiritual es un proceso lento y doloroso, pero si confiamos en Dios, en su Espíritu y en la Palabra como seres espirituales que somos será más fácil transitar esta senda de perfeccionamiento. Esto también nos va a ayudar a ser el guía o líder que Dios quiere que seamos.
“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2 Ts.1.3)
“para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col.1.10)
“a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad” (Col.1.5-7)
“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Ped.3.18)
“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros” (1 Ts.3.12)
Las áreas de carencias más urgentes en el crecimiento espiritual son: el área espiritual y el área emocional. Conforme a la voluntad divina y a nuestra finita y humana comprensión de la misma juega un papel vital el estudio perseverante y meditación de su Palabra y una plena confianza en el poder transformador del Espíritu Santo. Por ese motivo es necesario trazarnos las siguientes metas.
En el área espiritual:
- No descuidar mi vida espiritual: significa no descuidar el seguimiento al Señor. No se puede pensar en un seguimiento de Cristo sin sumergirnos en la vida de Cristo, que es el tema central de la formación o crecimiento espiritual. En este sentido debemos cumplir fielmente el mandamiento bíblico de crecer y madurar para poder ejercitar la piedad, o sea, ser transformado a la semejanza de Cristo ¿Cómo? por medio del aprendizaje de la Palabra y un autentico servicio al prójimo.
- Encauzar correctamente mi pasión hacia Dios: utilizando todas las disciplinas y recursos que nos brinda su Palabra para buscar la intimidad con El. Para alcanzar este propósito debemos invertir mucho más tiempo en buscar la comunión de manera que esta relación intima y vivificante impacte intensamente en nuestras vidas hasta el punto de transformarla hasta tal punto que los demás noten este cambio.
- El camino hacia los otros: Tener en cuenta en el cultivo de la espiritualidad el camino necesario y correcto hacia los otros desde el mandamiento de amar al prójimo, que es la ley suprema de Cristo. El servicio a los demás va a constituir el termómetro y la evidencia práctica que indique hasta que punto asciende la calidad del conocimiento adquirido sobre Dios mediante nuestra experiencia personal, y hasta qué punto hemos sido capaz de asumir el amor que el Creador ha derramado en el corazón de sus hijos paran que puedan relacionarse e interactuar con sus semejantes y desarrollar un determinado ministerio en la obra del Señor. El crecimiento espiritual auténtico debe ser una experiencia personal de fe y como una experiencia vivida en comunión con Dios, una fe que debe ser verificada con la presencia de las buenas obras y de los frutos del Espíritu Santo.
- Tener la mente de Cristo: Empezar a pensar y reaccionar en los momentos de crisis como lo hizo Cristo y seguir fielmente sus enseñanzas. Para pensar y reaccionar como Cristo debo poseer el carácter de Dios, por tanto es importante que los demás vean en mí los frutos del Espíritu que es la comunicación de las gracias que manan de la naturaleza de Dios y hacen referencia al carácter que debemos cultivar y que resultan de un contacto vital y continuo con la vid: Jesucristo, imagen de Dios. La palabra divina va a ser nuestra guía certera de fe y practica de cómo nuestro Creador quiere que nos comportemos porque tiene la capacidad de penetrar hasta el corazón. La Biblia se va a encargar del control de mi mente: La Escritura es la espada del Espíritu, ella nos confronta en todo momento y evalúa cada uno de nuestros pensamientos y acciones, nos convence de pecado, revela nuestras fallas de carácter y debilidades, esta confrontación con la Palabra es el proceso mediante el cual podemos poseer la mente de Cristo.
- Examinar y evaluar nuestro crecimiento espiritual: La efectividad de este examen radica en la naturaleza y calidad de nuestras relaciones con los demás y en el poder del Espíritu Santo para empezar a dirigir nuestra vida devocional en función de cambiar los aspectos negativos que podamos identificar con auxilio de la Palabra.
- Guardar nuestros corazones para Dios: Es un requisito indispensable para conservar la pureza y rectitud como condición personal para la maduración espiritual.
- Planificar eficientemente nuestro tiempo: Es indispensable separar tiempo para la lectura, meditación, ayuno y oración. Dándole prioridad a las cosas más importantes que nos ayuden a buscar el rostro del Señor y sentir su presencia.
- Ser en todo momento honesto y crítico: no debemos auto-engañarnos en la evaluación de nuestra formación espiritual.
- Procurar ser lleno del Espíritu Santo: como un ejercicio constante en mi vida, vaciarme de todo aquello que impida una relación intima y de compañerismo con Dios para que El ocupe todo mi ser.
- La oración. La oración en comunión con nuestro Padre es la fuente de poder para crecer espiritualmente, para cambiar. Si no cambiamos antes de ir a la batalla no creceremos, ni alcanzaremos la madurez propia del hijo de Dios y seremos derrotados en este enfrentamiento espiritual contra el mundo, la carne y el diablo.
Área emocional:
- Lograr un mayor conocimiento de nuestra interioridad, las reales posibilidades o debilidades presentes en nuestro carácter. Para lograr este fin debemos estar dispuestos a ser obedientes, debemos actuar conforme a la palabra de Dios, nos guste o no. La desobediencia es otra faceta del egoísmo en nuestro carácter.
- Debemos saber controlar nuestros deseos y exabruptos y desarrollar la habilidad necesaria para mediante la ayuda del Espíritu Santo y la guía de las pautas bíblicas poder llegar a tener dominio propio y en este sentido la oración va a constituir un factor insustituible.
- Conocer y ser crítico con nuestras emociones, sin sentir ningún tipo de temor o deseo de ser alabado o censurado por nuestros hermanos, según sea el caso. El dominio de sí mismo también se logra desde la posición de una persona moralmente justificada por la sangre de Cristo, este es la única vía para lograr una paz mental.
- Control de la lengua. Ser gentil va a representar el suavizar y facilitar beneficiosamente nuestras relaciones interpersonales.
- La auto-disciplina: invocando el nombre del Señor y la ayuda del Espíritu Santo debemos mantener alejados los fuertes deseos que tratan de seducirnos y apartarnos del camino de Dios. Para que nuestra espiritualidad triunfe es necesario mantener estos deseos bajo el control de Cristo. La auto-disciplina tiene como principal objetivo eliminar todas las desemejanzas con nuestro Señor, es querer dejar de hacer todo aquello que perjudique la comunión con el Dios viviente y decidir alcanzar la disciplina que nuestro Creador quiere. La Palabra me enseña que la espiritualidad es sinónimo de vivir bajo la acción del Espíritu Santo que tiene el poder de integrar toda mi persona desde la fe, la esperanza y el amor.
- Alimentar nuestra fe, el crecimiento espiritual es un proceso lento y doloroso, pero si confiamos en Dios, en su Espíritu y en la Palabra como seres espirituales que somos será más fácil transitar esta senda de perfeccionamiento. Esto también nos va a ayudar a ser el guía o líder que Dios quiere que seamos.
El tema del Ayuno en el Nuevo Testamento
Ahora estudiaremos detenidamente las enseñanzas del Nuevo Testamento. Si somos seguidores de Cristo y él es el paradigma de nuestras vidas todo aquel que se llame cristiano debe vivir como él vivió. Si el Nuevo Testamento nos enseña que debemos practicar el ayuno, entonces es mandato para su iglesia.
Mateo 4:2. ¿Quién ayunó? Ayunó Jesús. ¿Por qué ayunó? Porque Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para que fuera tentado por el Diablo, porque en su calidad de Mediador era necesario que fuera probado, era necesario que El venciera personalmente sobre la posibilidad del pecado, y no solamente debía triunfar sobre la tentación, sino dejar bien sentado la dignidad y fortaleza espiritual de su reinado para poder ser dador de vida eterna a los demás. Es importante resaltar que el bautismo y las tentaciones del Diablo en el desierto constituyen el umbral del ministerio mesiánico de Jesús. Este ayuno significó para Jesús lo que habría sido para Abraham el pedido de sacrificar a su hijo, para Moisés la rebelión del pueblo sediento, o el asunto del ternero de oro, indudablemente es un momento de dura prueba. En la total lucidez en que Jesús se sentía fortalecido espiritualmente por su ayuno el Diablo trató de convencerlo de que era imposible cumplir su misión por los medios que Dios le proponía y hacerle dudar de su misión y de su bautismo. Jesús utilizó este tiempo de ayuno para ejercitar su fe y fortalecerla en comunión íntima con su Padre, orando y meditando.
Hechos 13:2-3. ¿Cuántas veces ayunaron? Ayunaron una sola vez ¿Quiénes ayunaron? Profetas y maestros de la iglesia en Antioquia: Bernabé, Simón, Lucio, Manaen y Saulo ¿Por qué ayunaron? La iglesia del Señor es una iglesia en constante misión y ellos estaban trabajando en la obra del Señor y pedían su dirección espiritual en el desempeño de sus ministerios en la misión de la iglesia, ayuda y preparación ¿Qué esperaban lograr? Con la práctica del ayuno estos maestros buscaba la voluntad de Dios, el pasaje nos muestra sobre la persistencia, seriedad e intensidad del ayuno que habían declarado, su máximo logro era buscar la presencia de Dios, pedir con urgente necesidad su dirección con la cual deseaban obedecer al Señor ¿Cuál era su motivo? Implorar la guía y la gracia de Dios para los dos misioneros ¿Qué sucedió? No hay misión si no se es enviado, pero la iniciativa vino del Espíritu Santo que responde a la vida ferviente de la iglesia. Una vez convencidos de lo que Dios quería de ellos, les impusieron las manos y despidieron a Bernabé y Saulo.
Hechos 14:23. ¿Quiénes ayunaron? Bernabé y Saulo y cada iglesia donde se nombraron ancianos ¿Por qué ayunaron? Porque querían pedir la dirección y la ayuda de Dios para realizar la misión de organizar la iglesia y constituir a los ancianos.
¿Qué es el ayuno? El ayuno es un medio, una disciplina espiritual que nos ayuda a centrar y enfocar toda nuestra atención en Dios y son necesarias condiciones o actitudes como la fe, humildad, el reconocimiento y confesión de nuestras faltas, el arrepentimiento sincero y un deseo auténtico de enmendar nuestros errores y no volver a practicarlas.
Es necesario aclarar que de nada vale declarar un ayuno si no existe en nuestro corazón la necesidad de entrar en la presencia de Dios, y consecuentemente para entrar en la presencia del Señor es necesario partir del reconocimiento de nuestros pecados, nuestras debilidades y arrepentirnos de haber sido infieles a Dios, si hacemos esto entonces podemos declarar un ayuno porque hay un propósito determinado. Podemos abstenernos de alimentos para propiciar un acercamiento a Dios, pero, sin el arrepentimiento dicho ayuno no tiene validez alguna porque todavía el pecado está arraigado en nuestras consciencias, no hay un sentido de culpabilidad, entonces no hay nada que transformar. Por tanto, sin esta actitud o sentimiento pasaremos hambre, pero no estaremos en la presencia de Dios tal como El quiere. Sin embargo si vamos al ayuno con esta actitud de humildad, arrepentimiento, dependencia y sed de Dios, entonces el ayuno es un recurso que puede potencializar nuestra búsqueda de Dios como medio o vía espiritual de concentrarnos y enfocarnos en la intensidad que requiere este encuentro.
¿Cuál es el propósito del ayuno en el Nuevo Testamento?
En los versículos estudiados que pertenecen al Antiguo Testamento, el ayuno es un recurso, un medio, una vía más que nos enseña la Biblia para acercarnos a Dios, prepararnos espiritualmente y procurar su presencia, existe en todos los casos un fin común: Dios. En su contexto histórico y cultural ya hemos visto que en estos textos el ayuno casi invariablemente iba acompañado de otras acciones como el rasgar los vestidos, cubrirse o sentarse en cenizas, etc., lo cual no necesariamente tiene que ser así en otras culturas como la occidental y no por eso su naturaleza deja de ser más auténtica. Para el judío, y en términos más generales para el oriental, el ayuno además de ser un ejercicio es también un símbolo para expresar externa y visiblemente su lamento, su arrepentimiento, su humildad ante Dios.
En los tiempos de Jesús era una práctica muy extrema en los fariseos el hacer énfasis de lo externo sobre lo interno, y ese es el mismo sentir en las denuncias de los profetas como Isaías y Amós, pero este es un peligro que está latente en todos los tiempos, hemisferios y culturas. El propósito del ayuno esencialmente no cambia en forma alguna en el Nuevo Testamento, para la iglesia del Señor sigue siendo un medio o disciplina de fortalecimiento o crecimiento espiritual de preparación, conjuntamente con la lectura y meditación de la Palabra, la oración, la alabanza, etc. y el fin es el mismo: adorar a Dios y procurar su presencia en íntima comunión.
Mateo 6:16-18 (El Ayuno en el Sermón del Monte) ¿Esperaba Jesús que sus discípulos ayunaran? ¿Cómo quiere que ayunemos?
Si, por supuesto, Jesús anhelaba que sus discípulos ayunaran, y esto es algo que también El espera de los discípulos de ahora. Si seguimos a Jesús debemos seguir todos sus mandamientos. Jesús como único Señor y cabeza de su iglesia quiere que ayunemos, pero en el estudio y meditación de este texto vemos que establece, no un molde fijo porque las condiciones y desarrollo del mismo ya sean colectivos o particulares debe ser regulados individualmente, pero sí establece principios básicos e inviolables para que nuestro ayuno sea practicado en “espíritu y verdad”. En este texto resaltan fácilmente cuatro de ellos, son:
1-El ayuno no es un espectáculo. Como todos nuestros actos de piedad el ayuno debe estar sellado con la humildad, la paz y dominio propio que caracterizan al seguidor de Cristo. 2- La disposición del corazón es fundamental para declarar cualquier tipo de ayuno, ya sea comunitario, o individual, tenemos que llegar a la convicción de que el ayuno es una necesidad o disciplina espiritual, por eso la sinceridad, que es lo contrario de la hipocresía debe ser la actitud primera de nuestro corazón al prepararnos para nuestro encuentro con Dios. 3- La espiritualidad es el camino de la interioridad en el crecimiento del cristiano, por tanto las señales externas deben ser atenuadas y si es posible eliminadas. El ayuno no es para “demostrar” quiénes somos, sino para ayudarnos a “ser” como Dios quiere que seamos, mediante el constante compañerismo con El. 4- No debemos ayunar para agradar a los hombres, el objeto de toda nuestra adoración es Dios. En este pasaje se reafirma lo ya estudiado anteriormente, el ayuno es un medio, no un fin en sí mismo, el fin último y supremo del ayuno como recurso espiritual es Dios.
Mateo 4:2. ¿Quién ayunó? Ayunó Jesús. ¿Por qué ayunó? Porque Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para que fuera tentado por el Diablo, porque en su calidad de Mediador era necesario que fuera probado, era necesario que El venciera personalmente sobre la posibilidad del pecado, y no solamente debía triunfar sobre la tentación, sino dejar bien sentado la dignidad y fortaleza espiritual de su reinado para poder ser dador de vida eterna a los demás. Es importante resaltar que el bautismo y las tentaciones del Diablo en el desierto constituyen el umbral del ministerio mesiánico de Jesús. Este ayuno significó para Jesús lo que habría sido para Abraham el pedido de sacrificar a su hijo, para Moisés la rebelión del pueblo sediento, o el asunto del ternero de oro, indudablemente es un momento de dura prueba. En la total lucidez en que Jesús se sentía fortalecido espiritualmente por su ayuno el Diablo trató de convencerlo de que era imposible cumplir su misión por los medios que Dios le proponía y hacerle dudar de su misión y de su bautismo. Jesús utilizó este tiempo de ayuno para ejercitar su fe y fortalecerla en comunión íntima con su Padre, orando y meditando.
Hechos 13:2-3. ¿Cuántas veces ayunaron? Ayunaron una sola vez ¿Quiénes ayunaron? Profetas y maestros de la iglesia en Antioquia: Bernabé, Simón, Lucio, Manaen y Saulo ¿Por qué ayunaron? La iglesia del Señor es una iglesia en constante misión y ellos estaban trabajando en la obra del Señor y pedían su dirección espiritual en el desempeño de sus ministerios en la misión de la iglesia, ayuda y preparación ¿Qué esperaban lograr? Con la práctica del ayuno estos maestros buscaba la voluntad de Dios, el pasaje nos muestra sobre la persistencia, seriedad e intensidad del ayuno que habían declarado, su máximo logro era buscar la presencia de Dios, pedir con urgente necesidad su dirección con la cual deseaban obedecer al Señor ¿Cuál era su motivo? Implorar la guía y la gracia de Dios para los dos misioneros ¿Qué sucedió? No hay misión si no se es enviado, pero la iniciativa vino del Espíritu Santo que responde a la vida ferviente de la iglesia. Una vez convencidos de lo que Dios quería de ellos, les impusieron las manos y despidieron a Bernabé y Saulo.
Hechos 14:23. ¿Quiénes ayunaron? Bernabé y Saulo y cada iglesia donde se nombraron ancianos ¿Por qué ayunaron? Porque querían pedir la dirección y la ayuda de Dios para realizar la misión de organizar la iglesia y constituir a los ancianos.
¿Qué es el ayuno? El ayuno es un medio, una disciplina espiritual que nos ayuda a centrar y enfocar toda nuestra atención en Dios y son necesarias condiciones o actitudes como la fe, humildad, el reconocimiento y confesión de nuestras faltas, el arrepentimiento sincero y un deseo auténtico de enmendar nuestros errores y no volver a practicarlas.
Es necesario aclarar que de nada vale declarar un ayuno si no existe en nuestro corazón la necesidad de entrar en la presencia de Dios, y consecuentemente para entrar en la presencia del Señor es necesario partir del reconocimiento de nuestros pecados, nuestras debilidades y arrepentirnos de haber sido infieles a Dios, si hacemos esto entonces podemos declarar un ayuno porque hay un propósito determinado. Podemos abstenernos de alimentos para propiciar un acercamiento a Dios, pero, sin el arrepentimiento dicho ayuno no tiene validez alguna porque todavía el pecado está arraigado en nuestras consciencias, no hay un sentido de culpabilidad, entonces no hay nada que transformar. Por tanto, sin esta actitud o sentimiento pasaremos hambre, pero no estaremos en la presencia de Dios tal como El quiere. Sin embargo si vamos al ayuno con esta actitud de humildad, arrepentimiento, dependencia y sed de Dios, entonces el ayuno es un recurso que puede potencializar nuestra búsqueda de Dios como medio o vía espiritual de concentrarnos y enfocarnos en la intensidad que requiere este encuentro.
¿Cuál es el propósito del ayuno en el Nuevo Testamento?
En los versículos estudiados que pertenecen al Antiguo Testamento, el ayuno es un recurso, un medio, una vía más que nos enseña la Biblia para acercarnos a Dios, prepararnos espiritualmente y procurar su presencia, existe en todos los casos un fin común: Dios. En su contexto histórico y cultural ya hemos visto que en estos textos el ayuno casi invariablemente iba acompañado de otras acciones como el rasgar los vestidos, cubrirse o sentarse en cenizas, etc., lo cual no necesariamente tiene que ser así en otras culturas como la occidental y no por eso su naturaleza deja de ser más auténtica. Para el judío, y en términos más generales para el oriental, el ayuno además de ser un ejercicio es también un símbolo para expresar externa y visiblemente su lamento, su arrepentimiento, su humildad ante Dios.
En los tiempos de Jesús era una práctica muy extrema en los fariseos el hacer énfasis de lo externo sobre lo interno, y ese es el mismo sentir en las denuncias de los profetas como Isaías y Amós, pero este es un peligro que está latente en todos los tiempos, hemisferios y culturas. El propósito del ayuno esencialmente no cambia en forma alguna en el Nuevo Testamento, para la iglesia del Señor sigue siendo un medio o disciplina de fortalecimiento o crecimiento espiritual de preparación, conjuntamente con la lectura y meditación de la Palabra, la oración, la alabanza, etc. y el fin es el mismo: adorar a Dios y procurar su presencia en íntima comunión.
Mateo 6:16-18 (El Ayuno en el Sermón del Monte) ¿Esperaba Jesús que sus discípulos ayunaran? ¿Cómo quiere que ayunemos?
Si, por supuesto, Jesús anhelaba que sus discípulos ayunaran, y esto es algo que también El espera de los discípulos de ahora. Si seguimos a Jesús debemos seguir todos sus mandamientos. Jesús como único Señor y cabeza de su iglesia quiere que ayunemos, pero en el estudio y meditación de este texto vemos que establece, no un molde fijo porque las condiciones y desarrollo del mismo ya sean colectivos o particulares debe ser regulados individualmente, pero sí establece principios básicos e inviolables para que nuestro ayuno sea practicado en “espíritu y verdad”. En este texto resaltan fácilmente cuatro de ellos, son:
1-El ayuno no es un espectáculo. Como todos nuestros actos de piedad el ayuno debe estar sellado con la humildad, la paz y dominio propio que caracterizan al seguidor de Cristo. 2- La disposición del corazón es fundamental para declarar cualquier tipo de ayuno, ya sea comunitario, o individual, tenemos que llegar a la convicción de que el ayuno es una necesidad o disciplina espiritual, por eso la sinceridad, que es lo contrario de la hipocresía debe ser la actitud primera de nuestro corazón al prepararnos para nuestro encuentro con Dios. 3- La espiritualidad es el camino de la interioridad en el crecimiento del cristiano, por tanto las señales externas deben ser atenuadas y si es posible eliminadas. El ayuno no es para “demostrar” quiénes somos, sino para ayudarnos a “ser” como Dios quiere que seamos, mediante el constante compañerismo con El. 4- No debemos ayunar para agradar a los hombres, el objeto de toda nuestra adoración es Dios. En este pasaje se reafirma lo ya estudiado anteriormente, el ayuno es un medio, no un fin en sí mismo, el fin último y supremo del ayuno como recurso espiritual es Dios.
El tema del ayuno.
Entre las iglesias de Cristo de nuestro país hay diferentes puntos de vista sobre la práctica del ayuno, hay predicadores que opinan que el cristiano no debe ayunar, que eso es cosa del Antiguo Testamento, además opinan que no es necesario para el crecimiento espiritual. Otros opinan que si acaso se ayuna es algo que el creyente debe hacer de forma individual, en su casa, y creen que es un error convocar en la iglesia a un ayuno para un determinado propósito pues es lo mismo que hacen las denominaciones, en fin, hay una gran resistencia al tema del ayuno, sobre todo en la región occidental del país, y en alguna regiones del Oriente. Queremos tratar este asunto a partir de la enseñanza general que nos da la Biblia y de las instrucciones que nos ha dejado nuestro Maestro.
Comenzaremos estudiando lo que nos enseña el Antiguo Testamento sobre la práctica del ayuno:
Levítico 16:29-30. ¿Por qué ayunaban? Porque en el tiempo fijado se celebraba el día de expiación. ¿Qué esperaban lograr? Ser purificados, o sea, limpios de todos sus pecados delante de Dios ¿Cuál era su motivo? Precisamente “afligir sus almas” expresa un lamento, un arrepentimiento experimentado en el ser interno, en la conciencia, por los pecados cometidos por haber faltado a la ley de Dios, por tanto el ayuno tenía un motivo religioso propio de la ley en referencia a la purificación, en este sentido una preparación espiritual cuya motivación se enfocaba a la reconciliación con Dios haciendo énfasis en la conservación de la pureza que demanda Jehová cuya esencia y naturaleza es la santidad.
1 Samuel 7:6. ¿Quiénes ayunaron? Toda la casa de Israel ¿Por qué? El pueblo volvía a Israel y a su Dios después de haberle sido infiel con “dioses ajenos y a Astarot” ¿Qué esperaban lograr? Preparar sus corazones, ya que existía en ellos una fuerte convicción de haber pecado como pueblo de la Alianza. Hay en el pueblo un sincero deseo de reconciliarse con Dios producto de su sentido de culpabilidad y el logro fundamental del ayuno es enfocarse, concentrarse espiritualmente como dirección y guía espiritual en el acercamiento a Dios. ¿Cuál era su motivo? Su principal motivación: su arrepentimiento, la necesidad espiritual de restablecer su relación con El, pero esto solo puede ser viable derramando sus corazones, vaciándose delante de Dios y de esta forma reconocer su debilidad e incompetencia ante el pecado y la corrupción, declarando por tanto su dependencia total del Señor como individuos y como nación.
2 Samuel 1:12. ¿Quiénes ayunaron? David y los hombres que lo acompañaban. ¿Por qué? Había recibido la noticia de la derrota de los israelitas y la muerte de Saúl y Jonatán su hijo. ¿Qué esperaban lograr? Mostrar respeto y dolor ante la muerte de Saúl y procurar en este momento angustioso para la nación ayuda y guía para el pueblo de Dios ¿Cuál era su motivo? Todas las acciones de David, incluyendo el ayuno constituyen un lamento y una demostración de profundo dolor y duelo ante esta tragedia nacional que afectó duramente a los líderes y el pueblo de Jehová. Por tanto en su motivación hay una necesidad urgente de protección, guía y restauración espiritual de Israel.
2 Samuel 12:16. ¿Quiénes ayunaron? Solamente David ¿Por qué? Porque fue voluntad de Dios que el hijo de David enfermara gravemente y David quería la ayuda de Dios, ¿Qué esperaban lograr? David esperaba que su hijo se salvara, por eso rogó y ayunó ¿Cuál era su motivo? v22. Lo que motivó a David a ayunar fue alzar hacia Dios su petición de misericordia y compasión por él y por su hijo, porque David sabía que era un fruto de su pecado. Sin embargo en David se manifestó el reconocimiento de sus pecados y un sincero arrepentimiento, Dios mostró por él misericordia y lo perdonó ¿Tuvieron éxito? David no tuvo éxito con el ayuno y la rogativa que hizo por su hijo, porque Dios es infinitamente misericordioso pero también un Dios de justicia y recibió el justo castigo implícito en las consecuencias de su error. Sin embargo comprendió David cuando murió el niño que esa era la voluntad de Dios. Con la práctica del ayuno no podemos burlar la justicia divina, con el ayuno podemos volver a enfocarnos en Dios y encontrar fuerzas y paz espiritual.
2 Crónicas 20:3. ¿Quiénes ayunaron? Ayunaron Josafat y todo el pueblo de Judá ¿Por qué? Contra él venía una gran multitud de enemigos ¿Qué esperaban lograr? Josafat quería contar con la ayuda y la dirección de Dios ¿Cuál era su motivo? El sintió pánico, terror ante esta noticia, inmediatamente supo que estaba perdido. Josafat sabía que dependía totalmente de Dios pues él supo instantáneamente reconocer humildemente que no tenía fuerzas y poder para enfrentar esta enorme invasión por sus propios medios, esto lo motivó a buscar la presencia de Dios en humildad, adoración y confianza absoluta en el Omnipotente ¿Tuvieron éxito? v 14. Sí, Dios acudió en su ayuda e hizo que sus enemigos se matasen entre sí.
Esdras 8:21-23. ¿Quiénes ayunaron? Ayunaron Esdras y sus compañeros ¿Por qué? Esdras era un hombre que confiaba plenamente en Dios y el viaje que debía realizar era muy peligroso, él no confió o no quiso confiar en la protección que le pudieran brindar los hombres y prefirió depositar su confianza y seguridad en Jehová. Esta decisión de Esdras se convirtió inmediatamente ante el rey en un testimonio de la fe en el Dios de Israel ¿Qué esperaban lograr? Esdras, al igual que sus compañeros, quería lograr que su petición de ayuda llegara a Dios, por tanto su objetivo era llegar a una intimidad con Dios propia de la magnitud y urgencia de este pedido, y para lograrlo se dieron a la tarea de prepararse espiritualmente declarando ayuno ¿Cuál era su motivo? Indudablemente Esdras fue motivado al ayuno por su gran fe en Jehová de los ejércitos, y por un sentido bien arraigado en él de humildad y dependencia del Señor, por eso el ayuno tenía un propósito bien definido de preparación espiritual ante la expectativa de su encuentro con Dios y el doble propósito de su viaje: obtener la protección divina y dar testimonio de la providencia y poder del único Dios ¿Tuvieron éxito? v 31. Sí, porque Esdras y sus compañeros se prepararon espiritualmente para entrar en la presencia de Dios e invocar su ayuda y protección. Por la fe y la confianza que demostraron Esdras y sus compañeros, Dios los mantuvo a salvo de cualquier peligro durante el camino y pudo glorificar y testimoniar del Poder del Altísimo.
Nehemías 1:3-4. ¿Quiénes ayunaron? Ayunó Nehemías ¿Por qué? A los oídos de Nehemías llegó la dolorosa noticia de que el remanente que había quedado de la cautividad había recibido grandes afrentas y males y el muro de Jerusalén derribado ¿Qué esperaban lograr? Nehemías necesitaba la dirección y la ayuda de Dios. Esperaba lograr un permiso del rey al cual servía para poder partir a Jerusalén y reedificarla Para que Dios lo ayudara en su propósito él acudió a la oración y el ayuno con el corazón humillado, reconociendo los pecados de Israel y experimentando el arrepentimiento por la infidelidad del pueblo judío ¿Cuál era su motivo? La noticia sobre el dolor de su pueblo y lo indefensa que había quedado Jerusalén afligió hondamente a Nehemías, esta tribulación lo hizo volverse a Dios y reconocer primeramente que el pueblo elegido había roto el pacto violando la ley divina y como consecuencia esto le acarreó todo este mal. Pero Nehemías sabía que Dios sí era fiel a sus promesas y si el pueblo se volvía a Él y era obediente entonces Dios estaría atento y acudiría en su socorro.
Daniel 9:2-3 ¿Quién ayunó? Ayunó Daniel ¿Por qué? Daniel es impactado por las profecías sobre el cercano cumplimiento de la desolación en Jerusalén. Daniel levanta su lamento ante Dios, en actitud de humildad hace confesión por sus pecados y los de su pueblo para acercarse al Señor, intercediendo por Israel en búsqueda de la reconciliación y el perdón divino ¿Qué esperaba lograr? Ante la presencia de Dios Daniel quería lograr que su oración fuera escuchada para pedir al Señor su intervención y ayuda y que Dios le respondiera ¿Cuál era su motivo? Daniel ayunó motivado por el deseo de su corazón humillado, y usó este recurso para concentrarse intensamente en la oración, él se enfocó en presentar un ruego específico en su tiempo de comunión ante el Señor: que Jehová restaurara de nuevo a su pueblo y lo purificara.
Jonás 3:5. ¿Quiénes ayunaron? El pueblo de Nínive ¿Por qué? Porque creyeron a Jehová, se arrepintieron de sus malos caminos y se volvieron a Dios. Esto fue posible porque el pueblo oyó y creyó el mensaje de Jonás de parte de Dios. Todos, sin excepción, incluyendo al rey reconocieron a Jehová como el Dios único y verdadero ¿Qué esperaban lograr? Lograr el perdón de Dios y evitar que su ira destruyera a toda Nínive ¿Cuál era su motivo? Ellos ayunaron motivados por su arrepentimiento en la búsqueda de la misericordia de Dios y depositaron su fe en El.
-¿Cree usted que existe alguna relación entre el arrepentimiento y el ayuno?
Evidentemente según los textos bíblicos que hemos examinado existe una relación entre el arrepentimiento y el ayuno, ya que en el medio oriente y específicamente en el pueblo hebreo el ayunar y otros actos como el cubrirse con cilicio, rasgarse las vestiduras y sentarse sobre cenizas constituían signos o señales externas de sentimientos internos en sus tratos con Dios en momentos de tribulación nacional e individual, el dolor, la desesperación, impotencia, humillación, luto y tristeza.
Comenzaremos estudiando lo que nos enseña el Antiguo Testamento sobre la práctica del ayuno:
Levítico 16:29-30. ¿Por qué ayunaban? Porque en el tiempo fijado se celebraba el día de expiación. ¿Qué esperaban lograr? Ser purificados, o sea, limpios de todos sus pecados delante de Dios ¿Cuál era su motivo? Precisamente “afligir sus almas” expresa un lamento, un arrepentimiento experimentado en el ser interno, en la conciencia, por los pecados cometidos por haber faltado a la ley de Dios, por tanto el ayuno tenía un motivo religioso propio de la ley en referencia a la purificación, en este sentido una preparación espiritual cuya motivación se enfocaba a la reconciliación con Dios haciendo énfasis en la conservación de la pureza que demanda Jehová cuya esencia y naturaleza es la santidad.
1 Samuel 7:6. ¿Quiénes ayunaron? Toda la casa de Israel ¿Por qué? El pueblo volvía a Israel y a su Dios después de haberle sido infiel con “dioses ajenos y a Astarot” ¿Qué esperaban lograr? Preparar sus corazones, ya que existía en ellos una fuerte convicción de haber pecado como pueblo de la Alianza. Hay en el pueblo un sincero deseo de reconciliarse con Dios producto de su sentido de culpabilidad y el logro fundamental del ayuno es enfocarse, concentrarse espiritualmente como dirección y guía espiritual en el acercamiento a Dios. ¿Cuál era su motivo? Su principal motivación: su arrepentimiento, la necesidad espiritual de restablecer su relación con El, pero esto solo puede ser viable derramando sus corazones, vaciándose delante de Dios y de esta forma reconocer su debilidad e incompetencia ante el pecado y la corrupción, declarando por tanto su dependencia total del Señor como individuos y como nación.
2 Samuel 1:12. ¿Quiénes ayunaron? David y los hombres que lo acompañaban. ¿Por qué? Había recibido la noticia de la derrota de los israelitas y la muerte de Saúl y Jonatán su hijo. ¿Qué esperaban lograr? Mostrar respeto y dolor ante la muerte de Saúl y procurar en este momento angustioso para la nación ayuda y guía para el pueblo de Dios ¿Cuál era su motivo? Todas las acciones de David, incluyendo el ayuno constituyen un lamento y una demostración de profundo dolor y duelo ante esta tragedia nacional que afectó duramente a los líderes y el pueblo de Jehová. Por tanto en su motivación hay una necesidad urgente de protección, guía y restauración espiritual de Israel.
2 Samuel 12:16. ¿Quiénes ayunaron? Solamente David ¿Por qué? Porque fue voluntad de Dios que el hijo de David enfermara gravemente y David quería la ayuda de Dios, ¿Qué esperaban lograr? David esperaba que su hijo se salvara, por eso rogó y ayunó ¿Cuál era su motivo? v22. Lo que motivó a David a ayunar fue alzar hacia Dios su petición de misericordia y compasión por él y por su hijo, porque David sabía que era un fruto de su pecado. Sin embargo en David se manifestó el reconocimiento de sus pecados y un sincero arrepentimiento, Dios mostró por él misericordia y lo perdonó ¿Tuvieron éxito? David no tuvo éxito con el ayuno y la rogativa que hizo por su hijo, porque Dios es infinitamente misericordioso pero también un Dios de justicia y recibió el justo castigo implícito en las consecuencias de su error. Sin embargo comprendió David cuando murió el niño que esa era la voluntad de Dios. Con la práctica del ayuno no podemos burlar la justicia divina, con el ayuno podemos volver a enfocarnos en Dios y encontrar fuerzas y paz espiritual.
2 Crónicas 20:3. ¿Quiénes ayunaron? Ayunaron Josafat y todo el pueblo de Judá ¿Por qué? Contra él venía una gran multitud de enemigos ¿Qué esperaban lograr? Josafat quería contar con la ayuda y la dirección de Dios ¿Cuál era su motivo? El sintió pánico, terror ante esta noticia, inmediatamente supo que estaba perdido. Josafat sabía que dependía totalmente de Dios pues él supo instantáneamente reconocer humildemente que no tenía fuerzas y poder para enfrentar esta enorme invasión por sus propios medios, esto lo motivó a buscar la presencia de Dios en humildad, adoración y confianza absoluta en el Omnipotente ¿Tuvieron éxito? v 14. Sí, Dios acudió en su ayuda e hizo que sus enemigos se matasen entre sí.
Esdras 8:21-23. ¿Quiénes ayunaron? Ayunaron Esdras y sus compañeros ¿Por qué? Esdras era un hombre que confiaba plenamente en Dios y el viaje que debía realizar era muy peligroso, él no confió o no quiso confiar en la protección que le pudieran brindar los hombres y prefirió depositar su confianza y seguridad en Jehová. Esta decisión de Esdras se convirtió inmediatamente ante el rey en un testimonio de la fe en el Dios de Israel ¿Qué esperaban lograr? Esdras, al igual que sus compañeros, quería lograr que su petición de ayuda llegara a Dios, por tanto su objetivo era llegar a una intimidad con Dios propia de la magnitud y urgencia de este pedido, y para lograrlo se dieron a la tarea de prepararse espiritualmente declarando ayuno ¿Cuál era su motivo? Indudablemente Esdras fue motivado al ayuno por su gran fe en Jehová de los ejércitos, y por un sentido bien arraigado en él de humildad y dependencia del Señor, por eso el ayuno tenía un propósito bien definido de preparación espiritual ante la expectativa de su encuentro con Dios y el doble propósito de su viaje: obtener la protección divina y dar testimonio de la providencia y poder del único Dios ¿Tuvieron éxito? v 31. Sí, porque Esdras y sus compañeros se prepararon espiritualmente para entrar en la presencia de Dios e invocar su ayuda y protección. Por la fe y la confianza que demostraron Esdras y sus compañeros, Dios los mantuvo a salvo de cualquier peligro durante el camino y pudo glorificar y testimoniar del Poder del Altísimo.
Nehemías 1:3-4. ¿Quiénes ayunaron? Ayunó Nehemías ¿Por qué? A los oídos de Nehemías llegó la dolorosa noticia de que el remanente que había quedado de la cautividad había recibido grandes afrentas y males y el muro de Jerusalén derribado ¿Qué esperaban lograr? Nehemías necesitaba la dirección y la ayuda de Dios. Esperaba lograr un permiso del rey al cual servía para poder partir a Jerusalén y reedificarla Para que Dios lo ayudara en su propósito él acudió a la oración y el ayuno con el corazón humillado, reconociendo los pecados de Israel y experimentando el arrepentimiento por la infidelidad del pueblo judío ¿Cuál era su motivo? La noticia sobre el dolor de su pueblo y lo indefensa que había quedado Jerusalén afligió hondamente a Nehemías, esta tribulación lo hizo volverse a Dios y reconocer primeramente que el pueblo elegido había roto el pacto violando la ley divina y como consecuencia esto le acarreó todo este mal. Pero Nehemías sabía que Dios sí era fiel a sus promesas y si el pueblo se volvía a Él y era obediente entonces Dios estaría atento y acudiría en su socorro.
Daniel 9:2-3 ¿Quién ayunó? Ayunó Daniel ¿Por qué? Daniel es impactado por las profecías sobre el cercano cumplimiento de la desolación en Jerusalén. Daniel levanta su lamento ante Dios, en actitud de humildad hace confesión por sus pecados y los de su pueblo para acercarse al Señor, intercediendo por Israel en búsqueda de la reconciliación y el perdón divino ¿Qué esperaba lograr? Ante la presencia de Dios Daniel quería lograr que su oración fuera escuchada para pedir al Señor su intervención y ayuda y que Dios le respondiera ¿Cuál era su motivo? Daniel ayunó motivado por el deseo de su corazón humillado, y usó este recurso para concentrarse intensamente en la oración, él se enfocó en presentar un ruego específico en su tiempo de comunión ante el Señor: que Jehová restaurara de nuevo a su pueblo y lo purificara.
Jonás 3:5. ¿Quiénes ayunaron? El pueblo de Nínive ¿Por qué? Porque creyeron a Jehová, se arrepintieron de sus malos caminos y se volvieron a Dios. Esto fue posible porque el pueblo oyó y creyó el mensaje de Jonás de parte de Dios. Todos, sin excepción, incluyendo al rey reconocieron a Jehová como el Dios único y verdadero ¿Qué esperaban lograr? Lograr el perdón de Dios y evitar que su ira destruyera a toda Nínive ¿Cuál era su motivo? Ellos ayunaron motivados por su arrepentimiento en la búsqueda de la misericordia de Dios y depositaron su fe en El.
-¿Cree usted que existe alguna relación entre el arrepentimiento y el ayuno?
Evidentemente según los textos bíblicos que hemos examinado existe una relación entre el arrepentimiento y el ayuno, ya que en el medio oriente y específicamente en el pueblo hebreo el ayunar y otros actos como el cubrirse con cilicio, rasgarse las vestiduras y sentarse sobre cenizas constituían signos o señales externas de sentimientos internos en sus tratos con Dios en momentos de tribulación nacional e individual, el dolor, la desesperación, impotencia, humillación, luto y tristeza.
Crecimiento Espiritual 2
A.¿Quién verdaderamente conoce a Dios? ¿Por qué? El que verdaderamente conoce a Dios es el que lo hace mediante su Hijo, en el poder del Espíritu divino recibido por gracia y don inmerecido, porque solo en Jesucristo es posible conocer al Padre. Pero conocerle no es una mera aceptación intelectual/emocional de que existe Dios y que Jesús es la plena y perfecta revelación de Dios para la humanidad, este conocimiento intelectual (sabiduría o ciencia) solamente no basta para conocer a Dios. Para conocer a Dios es necesario que primeramente seamos hechos conforme a la imagen de Cristo, el cual es la imagen de Dios y llevar su yugo en sumisión y obediencia total, entonces sí podemos conocer al Padre y conocer a Dios implica adorarle y convertirnos como El quiere en verdaderos adoradores en espíritu y en verdad. Este es un largo y difícil proceso que comienza con la crisis de la conversión y prosigue en la imitación y seguimiento de Cristo.
B.¿Qué quiere decir Jesús cuando habla de su “yugo”? Llevar el yugo, en los tiempos de Jesús significaba convertirse en discípulo, un discípulo no es alguien que solamente se dedica a aprender, sino que se compromete con dicha enseñanza y con su Maestro, es alguien que es imitador de su maestro. Jesús no solo nos coloca su yugo también lo comparte con nosotros, es una metáfora utilizada para decir que nos hemos sometido incondicionalmente a su autoridad. Cuando nos rendimos a Cristo, somos unidos en yugo con El, “enlazados”, “amarrados” con nuestro Salvador. La palabra "fácil" no significa una postura cómoda y holgada, sino “bien ajustado”; solo Cristo posee el yugo perfecto, hecho a la medida para nuestro proyecto de vida y necesidades espirituales, "... y sus mandamientos no son gravosos." (I Jn.5:3). El yugo del que habla Cristo es la definición exacta del concepto de libertad para el ser humano, es la libertad que nos ofrece Cristo para servir a Dios y a nuestro prójimo (Stg.1:25). Pablo se refiere a ella como la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, que nos hace libres de la ley del pecado y de la muerte (Ro.8:2). Ante tanto amor divino solo es posible responder con humildad y paciencia a todos los retos que se hagan presentes en nuestra formación espiritual
C.¿Cuál es el “descanso prometido”? Cuando venimos a Cristo por fe, El nos da descanso. Cuando llevamos su yugo y aprendemos, hallamos descanso en nuestro ser interior, este descanso espiritual es producto de la rendición y la obediencia a nuestro Señor. Para el pecador lo primero es la reconciliación, buscar la "paz con Dios" (Ro.5:1) donde la ley externa cesa de ser ley de pecado y de muerte, porque nuestros pecados son perdonados en la justificación; ya recibido el Espíritu lo siguiente es "la paz de Dios" que se obtiene con el crecimiento espiritual, es el descanso que nos promete en su Palabra al cumplir el mandamiento de crecer en la gracia y el conocimiento del Hijo de Dios (Filipenses 4:6-8). Cuando aprendemos de Cristo entonces la ley interna de la vida por el Espíritu proporciona el motivo y la fuerza de la obediencia para seguirlo, imitarlo y andar como El anduvo.
En el Nuevo Pacto, la ley divina guía nuestra alma y estará escrita sobre el corazón (Heb.8:10). En tanto que la ley dentro del cristiano es sobrenatural, es, en un sentido verdadero, la restauración de la imagen divina en nosotros y por tanto de la ley de la razón, y algo más que una restauración, significa arraigarnos en la persona de nuestro Salvador, hacernos uno con El en constante comunión, sin descuidar de buscar su presencia vivificante y confortadora que nos libera de todas las cargas que vamos acumulando mediante la obra del Espíritu Santo. En esta meditación he rumiado largamente sobre las leyes de Dios: El Espíritu divino que he recibido trata de obrar la obediencia a la ley de la justicia en mi corazón partiendo de la regeneración y justificación del seguidor de Jesús.
Desde este punto es que el cristiano desarrolla una nueva vida y comienza su crecimiento espiritual de acuerdo con la propia naturaleza nueva que he recibido, y no por medio de compulsión externa -tal como sucedió con el pueblo judío- que no efectúa ninguna justificación ni transformación en las vidas humanas. Es la regla del Espíritu de Dios en un “yo renovado”, de acuerdo con la idea original del Creador para con el hombre. Por tanto en la nueva naturaleza, el creyente está bajo la autoridad del Espíritu Santo. El cristiano puede afirmar: soy ley a mí mismo, (I Co.9:21), soy libre del pecado y de la muerte, pero esta libertad no lo excluye del mandamiento de formarme y crecer espiritualmente sujeto a la ley de la santidad y siendo imitador de la vida de Jesús.
Para el cristiano la ley está escrita en su corazón, pero es una ley todavía, y por tanto necesita la dignidad de una norma externa recogida en los textos inspirados del Nuevo Testamento. Habiendo recibido el Espíritu del Señor el seguidor de Cristo guarda su ley por el desarrollo de su propia naturaleza interna que está ahora en armonía con Dios y en estado de constante crecimiento espiritual. En otras palabras, los cristianos hacemos lo recto porque queremos hacerlo, no porque somos compelidos a hacerlo. La nota principal de esta nueva naturaleza interna es el amor, así que el amor es el cumplimiento de la las enseñanzas del Maestro en nuestra formación espiritual.
D. Ya que un yugo sirve para unir dos animales en un trabajo común, ¿Qué implica esto acerca del discipulado? Ser discipulado implica estar uncido a su yugo y a la vez estar unidos a nuestros hermanos, porque es mandamiento del propio Maestro. Esto implica que el discipulado no se hace en solitario ni tampoco es útil hacerlo así ya que dentro del Cuerpo necesitamos los unos de los otros, el discipulado es una tarea en común, para todos y en beneficio de todos. El desarrollo de nuestra espiritualidad es una experiencia que es auténtica y posible dentro de nuestra comunidad de la fe que es la iglesia, el discípulo está unido en yugo con el Cuerpo de nuestro Señor porque la formación espiritual requiere de la hermandad, las oraciones mutuas, la comunión y la práctica del amor fraterno como testimonio corporal de una adoración verdadera frente al mundo y las fuerzas del mal.
E.¿Cómo es que descansamos en el camino de Cristo? La única forma de descansar en el camino de Cristo es precisamente yendo a Él y depositando todas nuestras cargas en sus hombros ¿Cómo? Siendo yo un verdadero discípulo de Cristo, arraigándonos en El como el pámpano a la vid, imitándolo en todo, confiar en sus manos todas nuestras miserias, sueños, y problemas, dejando que su yugo descanse en nuestras vidas porque sus enseñanzas pueden ser llevadas a la práctica, solo es cuestión de que rindamos completamente nuestra voluntad a sus pies.
B.¿Qué quiere decir Jesús cuando habla de su “yugo”? Llevar el yugo, en los tiempos de Jesús significaba convertirse en discípulo, un discípulo no es alguien que solamente se dedica a aprender, sino que se compromete con dicha enseñanza y con su Maestro, es alguien que es imitador de su maestro. Jesús no solo nos coloca su yugo también lo comparte con nosotros, es una metáfora utilizada para decir que nos hemos sometido incondicionalmente a su autoridad. Cuando nos rendimos a Cristo, somos unidos en yugo con El, “enlazados”, “amarrados” con nuestro Salvador. La palabra "fácil" no significa una postura cómoda y holgada, sino “bien ajustado”; solo Cristo posee el yugo perfecto, hecho a la medida para nuestro proyecto de vida y necesidades espirituales, "... y sus mandamientos no son gravosos." (I Jn.5:3). El yugo del que habla Cristo es la definición exacta del concepto de libertad para el ser humano, es la libertad que nos ofrece Cristo para servir a Dios y a nuestro prójimo (Stg.1:25). Pablo se refiere a ella como la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, que nos hace libres de la ley del pecado y de la muerte (Ro.8:2). Ante tanto amor divino solo es posible responder con humildad y paciencia a todos los retos que se hagan presentes en nuestra formación espiritual
C.¿Cuál es el “descanso prometido”? Cuando venimos a Cristo por fe, El nos da descanso. Cuando llevamos su yugo y aprendemos, hallamos descanso en nuestro ser interior, este descanso espiritual es producto de la rendición y la obediencia a nuestro Señor. Para el pecador lo primero es la reconciliación, buscar la "paz con Dios" (Ro.5:1) donde la ley externa cesa de ser ley de pecado y de muerte, porque nuestros pecados son perdonados en la justificación; ya recibido el Espíritu lo siguiente es "la paz de Dios" que se obtiene con el crecimiento espiritual, es el descanso que nos promete en su Palabra al cumplir el mandamiento de crecer en la gracia y el conocimiento del Hijo de Dios (Filipenses 4:6-8). Cuando aprendemos de Cristo entonces la ley interna de la vida por el Espíritu proporciona el motivo y la fuerza de la obediencia para seguirlo, imitarlo y andar como El anduvo.
En el Nuevo Pacto, la ley divina guía nuestra alma y estará escrita sobre el corazón (Heb.8:10). En tanto que la ley dentro del cristiano es sobrenatural, es, en un sentido verdadero, la restauración de la imagen divina en nosotros y por tanto de la ley de la razón, y algo más que una restauración, significa arraigarnos en la persona de nuestro Salvador, hacernos uno con El en constante comunión, sin descuidar de buscar su presencia vivificante y confortadora que nos libera de todas las cargas que vamos acumulando mediante la obra del Espíritu Santo. En esta meditación he rumiado largamente sobre las leyes de Dios: El Espíritu divino que he recibido trata de obrar la obediencia a la ley de la justicia en mi corazón partiendo de la regeneración y justificación del seguidor de Jesús.
Desde este punto es que el cristiano desarrolla una nueva vida y comienza su crecimiento espiritual de acuerdo con la propia naturaleza nueva que he recibido, y no por medio de compulsión externa -tal como sucedió con el pueblo judío- que no efectúa ninguna justificación ni transformación en las vidas humanas. Es la regla del Espíritu de Dios en un “yo renovado”, de acuerdo con la idea original del Creador para con el hombre. Por tanto en la nueva naturaleza, el creyente está bajo la autoridad del Espíritu Santo. El cristiano puede afirmar: soy ley a mí mismo, (I Co.9:21), soy libre del pecado y de la muerte, pero esta libertad no lo excluye del mandamiento de formarme y crecer espiritualmente sujeto a la ley de la santidad y siendo imitador de la vida de Jesús.
Para el cristiano la ley está escrita en su corazón, pero es una ley todavía, y por tanto necesita la dignidad de una norma externa recogida en los textos inspirados del Nuevo Testamento. Habiendo recibido el Espíritu del Señor el seguidor de Cristo guarda su ley por el desarrollo de su propia naturaleza interna que está ahora en armonía con Dios y en estado de constante crecimiento espiritual. En otras palabras, los cristianos hacemos lo recto porque queremos hacerlo, no porque somos compelidos a hacerlo. La nota principal de esta nueva naturaleza interna es el amor, así que el amor es el cumplimiento de la las enseñanzas del Maestro en nuestra formación espiritual.
D. Ya que un yugo sirve para unir dos animales en un trabajo común, ¿Qué implica esto acerca del discipulado? Ser discipulado implica estar uncido a su yugo y a la vez estar unidos a nuestros hermanos, porque es mandamiento del propio Maestro. Esto implica que el discipulado no se hace en solitario ni tampoco es útil hacerlo así ya que dentro del Cuerpo necesitamos los unos de los otros, el discipulado es una tarea en común, para todos y en beneficio de todos. El desarrollo de nuestra espiritualidad es una experiencia que es auténtica y posible dentro de nuestra comunidad de la fe que es la iglesia, el discípulo está unido en yugo con el Cuerpo de nuestro Señor porque la formación espiritual requiere de la hermandad, las oraciones mutuas, la comunión y la práctica del amor fraterno como testimonio corporal de una adoración verdadera frente al mundo y las fuerzas del mal.
E.¿Cómo es que descansamos en el camino de Cristo? La única forma de descansar en el camino de Cristo es precisamente yendo a Él y depositando todas nuestras cargas en sus hombros ¿Cómo? Siendo yo un verdadero discípulo de Cristo, arraigándonos en El como el pámpano a la vid, imitándolo en todo, confiar en sus manos todas nuestras miserias, sueños, y problemas, dejando que su yugo descanse en nuestras vidas porque sus enseñanzas pueden ser llevadas a la práctica, solo es cuestión de que rindamos completamente nuestra voluntad a sus pies.
Crecimiento Espiritual 1
Meditación sobre Mateo 11:25-30
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” Mt 11.25-30
Una meditación efectiva para nuestro crecimiento espiritual está condicionada a una estrecha e íntima convivencia con Dios y con la imprescindible ayuda del Espíritu Santo debemos realizar una correcta exégesis filológica, histórica, existencial y/o teológica pastoral del texto que utilizaremos.
¿Por qué está escondido el evangelio “de los sabios y los entendidos”?
Exégesis filológica (¿qué dice el texto?): expresiones y términos claves-
1) “…escondiste estas cosas a los sabios… y las revelaste a los niños”
Dios mantiene en secreto el misterio de la fe, el misterio del evangelio (I Tim.3:16), que es un misterio no imposible de llegar a conocer, sino que se está revelando conforme a Su voluntad. El texto no nos está diciendo que los sabios y entendidos están excluidos de la fe, por supuesto, pero la presencia de Dios requiere que la fe nunca aparezca como un privilegio de los sabios, pues la sabiduría humana no proporciona lo que es esencial para el espíritu, sino que más bien lo oculta. En los vv.26-27 Jesús está prácticamente declarando: -Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos-. Los hombres en su ceguera de corazón y falta de discernimiento espiritual han dispuesto de mil caminos para ir hacia El, pero sólo con Jesús tenemos la revelación plena del Padre ya en la vida presente.
Dios ha dicho todo en su Verbo, no hay otra sabiduría o conocimiento como ésta: en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre está manifestada la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre, en Jesús lo dice todo, no habrá otra palabra, conocimiento o entendimiento que en el Verbo hecho carne.
El término “revelaste” significa: descubrir, quitar el velo, manifestación. Dios, invisible a los hombres, pero movido por su intenso amor se manifiesta a sus criaturas y habita entre ellas despojándose del velo que cubre su rostro y la plenitud de esta manifestación divina se realiza en Jesucristo: El Padre revela al Hijo, el Hijo se revela a sí mismo como la imagen de Dios, y revela a Dios Padre a los que están dispuestos a venir a El mediante su Hijo por medio de la fe y la obediencia al evangelio. Estos versículos indican a la vez la soberanía del Padre y la responsabilidad del pecador ante la invitación amorosa y gratuita de Dios. En el v.28 Jesús está extendiendo una invitación: “Venid a mí” en este texto significa: No les quitaré la carga, sino que, al imponerles mi yugo, les daré el medio de llevar su carga. Jesús juega con las palabras yugo y carga, pues los judíos llamaban “carga” a la enseñanza de la ley que se transmite a los alumnos, y “yugo” al balanceo de las sentencias del maestro, que memorizaban.
En el v.29 “aprended de mí…”, significa: Aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón. Los primeros mandamientos representan una crisis (entendida como conversión) al venir y someternos a la voluntad de Cristo, pero “aprender” de Cristo es un paso que constituye todo un proceso de formación espiritual en busca de un crecimiento enmarcado en el perfeccionamiento de nuestra santidad. Mientras más aprendemos de él entonces seremos conformados a su imagen. La humildad de Jesús nos revela la de Dios mismo, tenemos un Dios que nunca busca rebajarnos o intimidarnos, pero por el contrario quiere restaurarnos a su imagen y así elevarnos hacia El. La humildad de Jesús no le impide que sea Dios, y puede exigírnosla porque no nos fuerza desde afuera, sino que su influencia alcanza a lo más profundo del corazón. Las palabras descansar/descanso que emplea Jesús en los vv.28 y 29 significan que está prometiéndonos un reposo momentáneo a fin de recobrar fuerzas y seguir adelante, no es un descanso de carácter físico, sino espiritual para poder seguir adelante con las cargas producidas por las responsabilidades pesadas y difíciles de llevar y que causan sufrimiento, angustias, ansiedades y tribulaciones
Exégesis histórica (¿Qué quiso decir el autor?): Al mismo tiempo que el pueblo judío sufría bajo el poder de Roma y la ocupación de su patria por el ejército imperial, también se sumaba a esto el estar bajo el yugo insoportable de la religiosidad judía a partir de una interpretación extremadamente legalista y externa de la ley mosaica. La fe verdadera del pueblo elegido había cedido el paso a la rigurosidad de los preceptos mosaicos a tal extremo que después del exilio el cumplimiento de la ley se había convertido en la esencia misma del judaísmo. La ley, que debía jugar el papel de ayudar, de guiar e instruir al hombre en la búsqueda de su camino hacia Dios se había corrompido y era invalidada al ser manipulada por los sacerdotes por medio de interpretaciones absurdas y tradiciones de hombres. La ley al perder el Espíritu divino que la alentaba y sustentaba se convirtió en un instrumento de opresión y esclavitud -por demás impuesta en nombre de Dios- en manos de la jerarquía sacerdotal, que en su gran mayoría habían perdido el camino de la fe y la misericordia.
Es una regla general encontrar muchos “sabios” y “entendidos” sobre quien es Dios, pero siempre pocos seguidores de su voluntad. Había entonces en Palestina muchos sabios en cuanto al conocimiento de Dios, pero no abundaban los seguidores de Jesús, a pesar de que el significado de sus palabras era muy claro y fácil de comprender ¿A qué se debía la dureza de corazón de los líderes religiosos judíos contra la predicación de Juan y las enseñanzas de Jesús? Estos líderes eran soberbios espiritual e intelectualmente y no querían ser como niños en humildad y sinceridad, la cuestión está no en cuánto conocimiento tenemos sobre la ley de Dios, sino en practicar la voluntad de Dios como niños pequeños y sumisos. Jesús en ese momento está estableciendo la diferencia entre la religiosidad del legalismo fariseo y la verdadera voluntad divina.
Mientras que Jesús ofrece una invitación "Venid" se manifiesta el duro contraste: los fariseos decían "¡Haz!" y trataban de obligar a la gente a que siguiera a Moisés y las tradiciones, las cuales invalidaron la ley divina (Mt.23:4), (Lc.11:46) y (Mr.7:7-9). Pero la verdadera salvación se halla sólo en una persona: Jesucristo. Venir a él significa creer, confiar en él y seguirlo. Esta invitación está abierta a todos los cansados y cargados de todos los tiempos. Así era exactamente como se sentía la gente bajo el yugo del legalismo farisaico, una religiosidad que hacía énfasis en los rituales externos pero que era incapaz de transformar el alma de los pecadores (Mateo 23:4; Hechos 15: 10). "Llevad", esta palabra indica una experiencia más profunda que consiste en llevar o seguir continuamente las enseñanzas del Maestro, sus mandamientos, los cuales tienen el poder de ir transformando nuestras vidas. Este verbo hace referencia al ser interno, al corazón del hombre y su renovación, no a las apariencias ni cargas externas.
Exégesis existencial o teológica (¿Cómo me afecta?) La enseñanza de este texto y la meditación del mismo afecta directa y sensiblemente la vida espiritual del cristiano y en especial el ministerio para el cual ha sido llamado, ¿de qué forma le afecta?: El cristiano no debe confiar en sus propias fuerzas e ignorar que Dios tiene el control y su propio tiempo para cada cosa.
Jesús, el maestro paciente y humilde, nos hace descubrir en la vida y en la cruz la misericordia y la gracia del Señor. Sólo Dios es bueno, y buena es la autoridad de Cristo y posible de cumplir es su ley. En la medida en que abramos nuestro corazón a Dios su Espíritu Santo tendrá el dominio total de nuestras acciones y pensamientos. El camino con Cristo es difícil pero debemos confiar en que El estará con nosotros en cada esfuerzo ¿Cómo debo realizar cambios? Lo primero es apartar más tiempo de oración, ayuno y meditación, profundizar en la relación personal con Jesús y así poder depositar nuestras cargas y ansiedades en El y que Su Espíritu nos ayude a transformar estas áreas, aumentar nuestra fe y ser más obedientes, más humildes y mucho más pacientes.
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” Mt 11.25-30
Una meditación efectiva para nuestro crecimiento espiritual está condicionada a una estrecha e íntima convivencia con Dios y con la imprescindible ayuda del Espíritu Santo debemos realizar una correcta exégesis filológica, histórica, existencial y/o teológica pastoral del texto que utilizaremos.
¿Por qué está escondido el evangelio “de los sabios y los entendidos”?
Exégesis filológica (¿qué dice el texto?): expresiones y términos claves-
1) “…escondiste estas cosas a los sabios… y las revelaste a los niños”
Dios mantiene en secreto el misterio de la fe, el misterio del evangelio (I Tim.3:16), que es un misterio no imposible de llegar a conocer, sino que se está revelando conforme a Su voluntad. El texto no nos está diciendo que los sabios y entendidos están excluidos de la fe, por supuesto, pero la presencia de Dios requiere que la fe nunca aparezca como un privilegio de los sabios, pues la sabiduría humana no proporciona lo que es esencial para el espíritu, sino que más bien lo oculta. En los vv.26-27 Jesús está prácticamente declarando: -Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos-. Los hombres en su ceguera de corazón y falta de discernimiento espiritual han dispuesto de mil caminos para ir hacia El, pero sólo con Jesús tenemos la revelación plena del Padre ya en la vida presente.
Dios ha dicho todo en su Verbo, no hay otra sabiduría o conocimiento como ésta: en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre está manifestada la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre, en Jesús lo dice todo, no habrá otra palabra, conocimiento o entendimiento que en el Verbo hecho carne.
El término “revelaste” significa: descubrir, quitar el velo, manifestación. Dios, invisible a los hombres, pero movido por su intenso amor se manifiesta a sus criaturas y habita entre ellas despojándose del velo que cubre su rostro y la plenitud de esta manifestación divina se realiza en Jesucristo: El Padre revela al Hijo, el Hijo se revela a sí mismo como la imagen de Dios, y revela a Dios Padre a los que están dispuestos a venir a El mediante su Hijo por medio de la fe y la obediencia al evangelio. Estos versículos indican a la vez la soberanía del Padre y la responsabilidad del pecador ante la invitación amorosa y gratuita de Dios. En el v.28 Jesús está extendiendo una invitación: “Venid a mí” en este texto significa: No les quitaré la carga, sino que, al imponerles mi yugo, les daré el medio de llevar su carga. Jesús juega con las palabras yugo y carga, pues los judíos llamaban “carga” a la enseñanza de la ley que se transmite a los alumnos, y “yugo” al balanceo de las sentencias del maestro, que memorizaban.
En el v.29 “aprended de mí…”, significa: Aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón. Los primeros mandamientos representan una crisis (entendida como conversión) al venir y someternos a la voluntad de Cristo, pero “aprender” de Cristo es un paso que constituye todo un proceso de formación espiritual en busca de un crecimiento enmarcado en el perfeccionamiento de nuestra santidad. Mientras más aprendemos de él entonces seremos conformados a su imagen. La humildad de Jesús nos revela la de Dios mismo, tenemos un Dios que nunca busca rebajarnos o intimidarnos, pero por el contrario quiere restaurarnos a su imagen y así elevarnos hacia El. La humildad de Jesús no le impide que sea Dios, y puede exigírnosla porque no nos fuerza desde afuera, sino que su influencia alcanza a lo más profundo del corazón. Las palabras descansar/descanso que emplea Jesús en los vv.28 y 29 significan que está prometiéndonos un reposo momentáneo a fin de recobrar fuerzas y seguir adelante, no es un descanso de carácter físico, sino espiritual para poder seguir adelante con las cargas producidas por las responsabilidades pesadas y difíciles de llevar y que causan sufrimiento, angustias, ansiedades y tribulaciones
Exégesis histórica (¿Qué quiso decir el autor?): Al mismo tiempo que el pueblo judío sufría bajo el poder de Roma y la ocupación de su patria por el ejército imperial, también se sumaba a esto el estar bajo el yugo insoportable de la religiosidad judía a partir de una interpretación extremadamente legalista y externa de la ley mosaica. La fe verdadera del pueblo elegido había cedido el paso a la rigurosidad de los preceptos mosaicos a tal extremo que después del exilio el cumplimiento de la ley se había convertido en la esencia misma del judaísmo. La ley, que debía jugar el papel de ayudar, de guiar e instruir al hombre en la búsqueda de su camino hacia Dios se había corrompido y era invalidada al ser manipulada por los sacerdotes por medio de interpretaciones absurdas y tradiciones de hombres. La ley al perder el Espíritu divino que la alentaba y sustentaba se convirtió en un instrumento de opresión y esclavitud -por demás impuesta en nombre de Dios- en manos de la jerarquía sacerdotal, que en su gran mayoría habían perdido el camino de la fe y la misericordia.
Es una regla general encontrar muchos “sabios” y “entendidos” sobre quien es Dios, pero siempre pocos seguidores de su voluntad. Había entonces en Palestina muchos sabios en cuanto al conocimiento de Dios, pero no abundaban los seguidores de Jesús, a pesar de que el significado de sus palabras era muy claro y fácil de comprender ¿A qué se debía la dureza de corazón de los líderes religiosos judíos contra la predicación de Juan y las enseñanzas de Jesús? Estos líderes eran soberbios espiritual e intelectualmente y no querían ser como niños en humildad y sinceridad, la cuestión está no en cuánto conocimiento tenemos sobre la ley de Dios, sino en practicar la voluntad de Dios como niños pequeños y sumisos. Jesús en ese momento está estableciendo la diferencia entre la religiosidad del legalismo fariseo y la verdadera voluntad divina.
Mientras que Jesús ofrece una invitación "Venid" se manifiesta el duro contraste: los fariseos decían "¡Haz!" y trataban de obligar a la gente a que siguiera a Moisés y las tradiciones, las cuales invalidaron la ley divina (Mt.23:4), (Lc.11:46) y (Mr.7:7-9). Pero la verdadera salvación se halla sólo en una persona: Jesucristo. Venir a él significa creer, confiar en él y seguirlo. Esta invitación está abierta a todos los cansados y cargados de todos los tiempos. Así era exactamente como se sentía la gente bajo el yugo del legalismo farisaico, una religiosidad que hacía énfasis en los rituales externos pero que era incapaz de transformar el alma de los pecadores (Mateo 23:4; Hechos 15: 10). "Llevad", esta palabra indica una experiencia más profunda que consiste en llevar o seguir continuamente las enseñanzas del Maestro, sus mandamientos, los cuales tienen el poder de ir transformando nuestras vidas. Este verbo hace referencia al ser interno, al corazón del hombre y su renovación, no a las apariencias ni cargas externas.
Exégesis existencial o teológica (¿Cómo me afecta?) La enseñanza de este texto y la meditación del mismo afecta directa y sensiblemente la vida espiritual del cristiano y en especial el ministerio para el cual ha sido llamado, ¿de qué forma le afecta?: El cristiano no debe confiar en sus propias fuerzas e ignorar que Dios tiene el control y su propio tiempo para cada cosa.
Jesús, el maestro paciente y humilde, nos hace descubrir en la vida y en la cruz la misericordia y la gracia del Señor. Sólo Dios es bueno, y buena es la autoridad de Cristo y posible de cumplir es su ley. En la medida en que abramos nuestro corazón a Dios su Espíritu Santo tendrá el dominio total de nuestras acciones y pensamientos. El camino con Cristo es difícil pero debemos confiar en que El estará con nosotros en cada esfuerzo ¿Cómo debo realizar cambios? Lo primero es apartar más tiempo de oración, ayuno y meditación, profundizar en la relación personal con Jesús y así poder depositar nuestras cargas y ansiedades en El y que Su Espíritu nos ayude a transformar estas áreas, aumentar nuestra fe y ser más obedientes, más humildes y mucho más pacientes.
Evangelio Social En Una Cuba Socialista ?
En las páginas de este Blog aparece una foto donde se refleja uno de los ministerios que dos miembros de la iglesia han implementado de forma individual, voluntaria y gratuitamente para auxiliar exclusivamente a sus hermanas cristianas aprovechando la sala de mi casa donde se reúne la iglesia. Estas hermanas en su tiempo libre cortan el cabello a otras hermanas miembros de la iglesia, ahorrándole el gastar el importe de este servicio. Es una actividad muy apreciada por los miembros de la iglesia, ya que redunda en bien de un ahorro en la economía de nuestras hermanas, la mayoría de ellas de la tercera edad, enfermas, amas de casa o jubiladas. Es un servicio a la comunidad , entiéndase la iglesia.
Pues bien, quiero contarles que hemos recibido un infeliz mensaje recriminatorio, la acusación en cuestión se trata de calificar este servicio como algo propio del llamado “Evangelio Social”, argumentación falsa y si no fuera porque una acusación inconsistente es siempre es un hecho tan triste la cosa seria como para morirse de risa, o pensar benignamente que el acusador está loco de remate. De ahí el título de esta respuesta o refutación: “¿Evangelio Social en una Cuba socialista?”.
Es hora ya de que este tema sea aclarado de una vez y por todas a todos los hermanos de otras latitudes que manejan este criterio de forma errónea e infundada.
No existe, ni puede existir el “Evangelio Social” en un país el cual precisamente ha edificado durante 50 años en el plano político, económico y legislativo un sistema socialista, porque sería lo mismo que afirmar por parte de un trasnochado o alucinado que ha nevado abundantemente en la Habana, o que nuestro clima es desértico como el Medio Oriente, o que ya podemos sembrar directamente las manzanas de California en la Ciénaga de Zapata.
Indudablemente estamos ante un problema hermenéutico: extrapolar una situación propia de un contexto a otro contexto ignorando las diferencias en el orden económico-político en que las iglesias trabajan, solo ignorando estas diferencias alguien puede argumentar que en nuestro país, un país socialista, las iglesias de Cristo practique un Evangelio de este tipo.
La iglesia no es un partido político, ni una institución filosófica, o benéfica. Por eso es que en ese sentido la iglesia está separada del Estado. La iglesia, tal como hizo Cristo, vino a servir, no para ser servida, su misión en este mundo es únicamente espiritual: la predicación del evangelio, la adoración y la instrucción del pueblo del nuevo pacto en su Palabra.
¿Qué le queda por hacer al cristiano fiel a la Palabra?
Al cristiano en cualquier sistema social solo le resta ser: un cabal ejemplo de ciudadano y obedecer todo lo dispuesto por las autoridades de su país en la vida civil, no por obligación, sino motivados por su conciencia y para poder evangelizar en paz
Al cristiano en cualquier sistema social solo le resta ser: un cabal ejemplo de ciudadano y obedecer todo lo dispuesto por las autoridades de su país en la vida civil, no por obligación, sino motivados por su conciencia y para poder evangelizar en paz
El financiamiento para la construcción y mantenimiento de hospitales, medios de esparcimiento y demás funciones sociales responde al marco de relaciones político-económicas existentes en cada país y las características especificas de su Legislación y Constitución. La violación por lo dispuesto en las legislaciones de una nación de las normas sociales constituyen un delito, y por lo menos nosotros como individuos y como iglesia no queremos ni vamos a incumplir las leyes de nuestro país, eso afectaría nuestro testimonio ante el mundo y dificultaría nuestra sagrada tarea espiritual de predicar al Evangelio de Jesucristo.
¿Todos los contextos donde las iglesias de Cristo trabajan son iguales?
Por supuesto que no. Siguiendo esta definición podemos entonces valorar desde el sistema de relaciones económicas de nuestra sociedad el contexto correcto donde las iglesias en Cuba desempeñan su misión espiritual.
Si alguien no la conoce, aquí le citamos el Primer Artículo de la Constitución del Estado Cubano:
Constitución
Capítulo I. Fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado
Constitución
Capítulo I. Fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado
Artículo 1
Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana.
Artículo 5
El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacía los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacía la sociedad comunista.
Artículo 8
El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa.
En la República de Cuba, las instituciones religiosas están separadas del Estado.
Cualquiera con un conocimiento político-histórico básico y sobre todo que valore y que sienta el debido respeto a los hermanos que predicamos la fe cristiana en otro sistema social puede llegar a entender sin grandes dificultades que en un estado Socialista como Cuba es imposible practicar un “evangelio social” porque no aplica a la iglesia en el contexto jurídico tal misión, ni tampoco aplica en la esfera política por parte de la iglesia (que está separada del Estado) hacer algo que por si es la esencia de este sistema de relaciones sociales. También administrativamente es el Partido Comunista de Cuba quien constitucionalmente tiene el poder y las estructuras necesarias para el organizar y orientar las obras sociales que pretenda querer realizar un “evangelio social”
Por favor, las iglesias de Cristo en Cuba y las ubicadas en otros países desempeñan su labor en contextos y en sistema político-económicos no solamente diferentes, sino por añadidura antagónicos, un cristiano, un predicador, un evangelista sabe perfectamente que el contexto es un aspecto inviolable para comprender y asumir correctamente las peculiaridades propias de cada situación y juzgarlas mediante el juicio moral de Dios contenido en la Biblia. La Palabra divina es eterna y aplica en todas las culturas, tiempos y sociedades, pero no podemos acusar a alguien de hacer algo que sencillamente no desea hacer, ni puede hacer.
La iglesia de Cristo en la Habana Vieja cree firmemente en lo que la Biblia nos dice sobre la ofrenda: es solamente para los santos, y también destinada para la predicación del evangelio, por tanto todas las actividades donde participamos los hermanos de la congregación, son costeadas individual y libremente de sus particulares bolsillos.
Para los cristianos cubanos es de mucha complacencia reunirnos en medio de las aflicciones propias y las escaseces que estamos padeciendo, pero con la alegría y el optimismo propio de los hijos de Dios. Cuando nos reunimos también lo hacemos con un objetivo espiritual que es fomentar la comunión sobre todo días entre semanas y no dejar el amor fraternal “para los domingos”. Hay que vivir aquí y ver con que devoción y amor los hermanos a pesar de sus estrecheces económicas aportan de su dinero individualmente cuando decidimos de forma libre y voluntaria reunirnos para hablar del amor de Cristo, leer sus palabras y consolarnos y exhortarnos unos a otros.
Tienen que aprender mucho de nuestra vida diaria, nuestras luchas y cotidianeidad para hacer una verdadera hermenéutica de nuestro trabajo y recordar que el mejor y más justo criterio es el que respalda la humildad, la convivencia diaria con nuestras particulares dificultades, y la fidelidad a la Palabra de Dios.
En la República de Cuba, las instituciones religiosas están separadas del Estado.
Cualquiera con un conocimiento político-histórico básico y sobre todo que valore y que sienta el debido respeto a los hermanos que predicamos la fe cristiana en otro sistema social puede llegar a entender sin grandes dificultades que en un estado Socialista como Cuba es imposible practicar un “evangelio social” porque no aplica a la iglesia en el contexto jurídico tal misión, ni tampoco aplica en la esfera política por parte de la iglesia (que está separada del Estado) hacer algo que por si es la esencia de este sistema de relaciones sociales. También administrativamente es el Partido Comunista de Cuba quien constitucionalmente tiene el poder y las estructuras necesarias para el organizar y orientar las obras sociales que pretenda querer realizar un “evangelio social”
Por favor, las iglesias de Cristo en Cuba y las ubicadas en otros países desempeñan su labor en contextos y en sistema político-económicos no solamente diferentes, sino por añadidura antagónicos, un cristiano, un predicador, un evangelista sabe perfectamente que el contexto es un aspecto inviolable para comprender y asumir correctamente las peculiaridades propias de cada situación y juzgarlas mediante el juicio moral de Dios contenido en la Biblia. La Palabra divina es eterna y aplica en todas las culturas, tiempos y sociedades, pero no podemos acusar a alguien de hacer algo que sencillamente no desea hacer, ni puede hacer.
La iglesia de Cristo en la Habana Vieja cree firmemente en lo que la Biblia nos dice sobre la ofrenda: es solamente para los santos, y también destinada para la predicación del evangelio, por tanto todas las actividades donde participamos los hermanos de la congregación, son costeadas individual y libremente de sus particulares bolsillos.
Para los cristianos cubanos es de mucha complacencia reunirnos en medio de las aflicciones propias y las escaseces que estamos padeciendo, pero con la alegría y el optimismo propio de los hijos de Dios. Cuando nos reunimos también lo hacemos con un objetivo espiritual que es fomentar la comunión sobre todo días entre semanas y no dejar el amor fraternal “para los domingos”. Hay que vivir aquí y ver con que devoción y amor los hermanos a pesar de sus estrecheces económicas aportan de su dinero individualmente cuando decidimos de forma libre y voluntaria reunirnos para hablar del amor de Cristo, leer sus palabras y consolarnos y exhortarnos unos a otros.
Tienen que aprender mucho de nuestra vida diaria, nuestras luchas y cotidianeidad para hacer una verdadera hermenéutica de nuestro trabajo y recordar que el mejor y más justo criterio es el que respalda la humildad, la convivencia diaria con nuestras particulares dificultades, y la fidelidad a la Palabra de Dios.
Que Dios los bendiga.
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