
martes, 2 de marzo de 2010
Creemos en la doctrina bíblica sobre el sacrificio expiatorio efectuado por Cristo
Creemos en la doctrina bíblica sobre el sacrificio expiatorio efectuado por Cristo
“Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque yerro es; y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus expiaciones delante de Jehová por sus yerros” (Nm.15:25)
“Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley)” (Heb.10:8)
“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,… porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Heb.10:12-16)
Al igual que las demás verdades bíblicas la doctrina sobre la expiación fue revelada por el Espíritu Santo de forma gradual por medio de los sacrificios según la ley como tipo o sombra del sacrificio de Cristo y las profecías del Antiguo Testamento. En la etapa patriarcal tanto el altar como los sacrificios fueron los elementos básicos de la adoración como expresión de la dependencia a nuestro Creador. Al quedar instituida la ley mosaica los sacrificios sangrientos tenían un doble propósito: representaban la purificación y perdón de los pecados cometidos por el pueblo de Israel y que esta expiación solo podía ser aceptable a Dios mediante la muerte. La disposición de efectuar sacrificios de animales apuntaba desde el antiguo pacto hacia el sacrificio sangriento de Jesús en el Calvario como ante-tipo del Cordero de Dios (Jn.1:29) inmolado eficazmente de una vez y para siempre para limpiar los pecados de toda la humanidad y satisfacer la santidad de Dios y su ley.
En el Antiguo Testamento para expresar la idea de la expiación en la Biblia se utiliza la palabra hebrea “kaphar” (cubrir) que significa procurar la propiciación de Dios mediante un sacrificio sangriento para lograr el perdón y purificación del pecador desagraviando la justicia divina, de esta forma se llegaba a la reconciliación con Dios. En el Nuevo Testamento se produce el perfecto completamiento de la doctrina tal como lo expresa el termino griego “ilaskomai” que significa el ser propicio a Dios mediante el sufrimiento cruento y la muerte como ofrenda viva. Es el profeta Isaías quien mediante su profecía del siervo de Jehová describe más ampliamente el tipo del sacrificio expiatorio de Jesús en la cruz: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Is.53:4-5).
Jesucristo murió conforme a lo profetizado en las Escrituras, al morir voluntariamente por nosotros su sacrificio no fue producto únicamente de las circunstancias que rodearon su vida, su muerte tiene un claro propósito sacrificial y propiciatorio según la voluntad divina (Jn.3:16-17) tal como lo enseña el Nuevo Testamento, los pasajes análogos que confirman esta profecía son:
(Mt.8:17) “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”,
(Lc.24:27) “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”
(Lc.24.46-47) “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones”
(1 Ped.1:1)1 “escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo”
(1 Ped.2:24) “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”
(Ro.4:25) “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.
Como podemos constatar en estos pasajes los sufrimientos y muerte expiatorios de Jesús son considerados doctrinalmente por los siguientes términos que abarcan sus beneficios al pecador sinceramente arrepentido y obediente: propiciación: obtener el favor de Dios mediante la satisfacción de la injusticia que constituye el pecado ante la naturaleza santa de Dios (1 Jn.2:2, 4:10), redención: pagar precio por rescate, comprar de nuevo al pecador de la esclavitud de Satanás y de la condenación (Ro.3:24, 1 Co.6:20, Gá.3:13, Mt.20:28, 1 Tim.2:26) y reconciliación: cambiar de un estado de enemistad a uno de amistad con Dios (Ro.5:10-11, Col.1:20-22). El alcance del sacrificio expiatorio de Jesucristo es universal por pura gracia como provisión para toda la humanidad pecadora, pero no significa que todos alcancen la redención en Cristo ya que la salvación y la promesa de vida eterna en el Reino de los cielos es de un carácter especialmente condicionado a cada individuo de acuerdo al cumplimiento o no de las exigencias bíblicas del evangelio: Fe, Arrepentimiento, Confesión, Bautismo, Santidad, Perseverancia, Crecimiento y Fidelidad hasta la muerte física.
“Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque yerro es; y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus expiaciones delante de Jehová por sus yerros” (Nm.15:25)
“Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley)” (Heb.10:8)
“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,… porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Heb.10:12-16)
Al igual que las demás verdades bíblicas la doctrina sobre la expiación fue revelada por el Espíritu Santo de forma gradual por medio de los sacrificios según la ley como tipo o sombra del sacrificio de Cristo y las profecías del Antiguo Testamento. En la etapa patriarcal tanto el altar como los sacrificios fueron los elementos básicos de la adoración como expresión de la dependencia a nuestro Creador. Al quedar instituida la ley mosaica los sacrificios sangrientos tenían un doble propósito: representaban la purificación y perdón de los pecados cometidos por el pueblo de Israel y que esta expiación solo podía ser aceptable a Dios mediante la muerte. La disposición de efectuar sacrificios de animales apuntaba desde el antiguo pacto hacia el sacrificio sangriento de Jesús en el Calvario como ante-tipo del Cordero de Dios (Jn.1:29) inmolado eficazmente de una vez y para siempre para limpiar los pecados de toda la humanidad y satisfacer la santidad de Dios y su ley.
En el Antiguo Testamento para expresar la idea de la expiación en la Biblia se utiliza la palabra hebrea “kaphar” (cubrir) que significa procurar la propiciación de Dios mediante un sacrificio sangriento para lograr el perdón y purificación del pecador desagraviando la justicia divina, de esta forma se llegaba a la reconciliación con Dios. En el Nuevo Testamento se produce el perfecto completamiento de la doctrina tal como lo expresa el termino griego “ilaskomai” que significa el ser propicio a Dios mediante el sufrimiento cruento y la muerte como ofrenda viva. Es el profeta Isaías quien mediante su profecía del siervo de Jehová describe más ampliamente el tipo del sacrificio expiatorio de Jesús en la cruz: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Is.53:4-5).
Jesucristo murió conforme a lo profetizado en las Escrituras, al morir voluntariamente por nosotros su sacrificio no fue producto únicamente de las circunstancias que rodearon su vida, su muerte tiene un claro propósito sacrificial y propiciatorio según la voluntad divina (Jn.3:16-17) tal como lo enseña el Nuevo Testamento, los pasajes análogos que confirman esta profecía son:
(Mt.8:17) “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”,
(Lc.24:27) “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”
(Lc.24.46-47) “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones”
(1 Ped.1:1)1 “escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo”
(1 Ped.2:24) “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”
(Ro.4:25) “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.
Como podemos constatar en estos pasajes los sufrimientos y muerte expiatorios de Jesús son considerados doctrinalmente por los siguientes términos que abarcan sus beneficios al pecador sinceramente arrepentido y obediente: propiciación: obtener el favor de Dios mediante la satisfacción de la injusticia que constituye el pecado ante la naturaleza santa de Dios (1 Jn.2:2, 4:10), redención: pagar precio por rescate, comprar de nuevo al pecador de la esclavitud de Satanás y de la condenación (Ro.3:24, 1 Co.6:20, Gá.3:13, Mt.20:28, 1 Tim.2:26) y reconciliación: cambiar de un estado de enemistad a uno de amistad con Dios (Ro.5:10-11, Col.1:20-22). El alcance del sacrificio expiatorio de Jesucristo es universal por pura gracia como provisión para toda la humanidad pecadora, pero no significa que todos alcancen la redención en Cristo ya que la salvación y la promesa de vida eterna en el Reino de los cielos es de un carácter especialmente condicionado a cada individuo de acuerdo al cumplimiento o no de las exigencias bíblicas del evangelio: Fe, Arrepentimiento, Confesión, Bautismo, Santidad, Perseverancia, Crecimiento y Fidelidad hasta la muerte física.
Reflexiones Biblicas
UN MAESTRO DESLENGUADO.
“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” (Stg.3:13-15)
“La boca del justo habla sabiduría, Y su lengua habla justicia” (Sal.37:30)
“La boca del justo habla sabiduría, Y su lengua habla justicia” (Sal.37:30)
Un maestro es aquel que posee el don dado por el Espíritu Santo que lo capacita para instruir al pueblo de Dios, por tanto el oficio de maestro en la iglesia no es dado por los hombres, ni por criterios e intereses particulares, ni por la ambición de enseñar que pueda experimentar aquel que aspire a tan noble tarea, es un don o capacidad que solo puede propiciar Dios. Hace poco tuve la oportunidad de presenciar como un supuesto “predicador” de la Palabra con ínfulas de ser maestro afirmó con su lengua, sin temblarle la voz, que “la doctrina de la autonomía no existía, que era puro cuento y bobería” (cita literal), pero esto es de esperarse, después de todo estas cosas pasan con un propósito, en este caso particular para mí fue el de poder comprobar en la práctica el porqué del empeño del apóstol Santiago de conectar a aquellos que ambicionan el ser maestros y el gobierno de la lengua.
Entre las calificaciones y requisitos para el oficio de maestro en la iglesia es indispensable que el que haya sido verdaderamente agraciado por este don o atributo divino y llamado por Dios a ejercerlo sea ante todo un hombre sabio, humilde y fiel a la Palabra que pretende enseñar. Les invito a que analicemos juntos estos tres requisitos básicos que adornan a un autentico maestro en la congregación. La sabiduría no tiene su asiento en la capacidad intelectual, ni en pomposos títulos académicos, ni en sabiduría de palabras que por cierto hacen vana la cruz de Cristo (1 Cor.1:17) la sabiduría para el cristiano tiene su principio en el temor de Dios, que se manifiesta en el cumplimiento de sus mandamientos, eso es lo que nos define como verdaderos hombres de Dios (Ecl.12: 13)
¿Cómo es posible que uno que pretenda ser maestro de la Palabra divina no crea en ella? ¿Cómo es posible que dude, censure, y juzgue la Palabra que está destinado a juzgarle en el día final?, el que hace tales cosas conforme a su pervertida sabiduría humana y quiere “hacerse maestro” atrae sobre si doble condenación (Stg.3:1), el apóstol Santiago nos enseña que el hombre que duda y reniega de la Palabra donde ha depositado su fe es un hombre de doble animo e inconstante en todo lo que emprende (Stg.1:1-8), el término “doble animo” es sinónimo de insinceridad, de hipocresía, su doblez moral consiste en aparentar una vana religiosidad y a la vez conducirse según sus intereses mundanos en búsqueda de gloria y reconocimiento personal aunque entren en contradicción flagrante con los mandamientos de Dios. La única gloria del cristiano en su condición de servidor de Dios es la sencillez y la sinceridad no conforme a la sabiduría humana sino a la divina (2 Cor.1:12) “Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros”.
Para Santiago Sabiduría y Humildad constituyen un binomio indispensable para el oficio de maestro, sabiduría/humildad son dos virtudes inseparables que se retroalimentan entre si, a medida que adquirimos sabiduría por medio del conocimiento de Dios seremos más humildes y reverentes ante la revelación bíblica y estas virtudes garantizaran a su vez nuestra fidelidad incondicional a la Palabra que como maestros debemos transmitir íntegramente a nuestras congregaciones.
Los que afrentan con su lengua de iniquidad a la Palabra de Dios queriendo hacer maestros e ignorar y despreciar las doctrinas que el Verdadero Señor de la iglesia a instituido como patrón de organización para su pueblo no persiguen otros fines que el lucro, gloria personal y el enriquecimiento mediante el monopolio del poder que solo tiene Cristo ganado con su sangre, ¡que Dios se apiade de sus almas y que algún día puedan encontrar el primer amor, …. Si es que alguna vez lo experimentaron…!
viernes, 26 de febrero de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
Curso de Metodología de la investigación Bíblica
Metodología de la investigación Bíblica. Este Curso de metodología tiene como objetivo motivar la necesidad en el predicador de alcanzar y desarrollar una competencia comunicativa, como expresarse y escribir correctamente como factor clave en su ministerio, todo ministro de la Palabra divina debe alcanzar un buen desarrollo comunicativo en cuanto a la investigación, redacción y análisis de sus estudios bíblicos, clases o sermones. Este curso está concebido para que el alumno aprenda: A conocer los pasos previos en el proceso de la escritura: generación de ideas, definición del tema y correcta organización del texto, ya sea para un fin oral o escrito en estudio de la Palabra de Dios. Conocer las claves básicas a seguir en la composición de un texto. A seguir los principios elementales a la hora de elaborar un texto de investigación, el uso de las citas literales, notas al pie, y bibliografía utilizada.
1er. Seminario. EL PREDICADOR COMO COMUNICADOR
CAPÍTULO I. EL PROCESO DE LA ESCRITURA.
1. Los pasos previos: Investigar, leer y escribir a) Generación de ideas y su organización. b) Definición del tema.
2. La mente que quiere Dios.
3. El arte de Clasificar y Ordenar las ideas. a) Tomar notas.
CAPÍTULO II. EL TEXTO
1. Composición del texto. a) La introducción. b) Exposición o desarrollo. c) La conclusión.
2. Principios a seguir a la hora de elaborar el texto de investigación.
Segundo Seminario. PROCESO DE LA INVESTIGACIÓN
CAPÍTULO I. EL MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN
1. Trazo o itinerario de la investigación. a) Problema/ objeto/ objetivo/ campo de acción.
CAPÍTULO II. LA NECESIDAD DEL SABER Y SU FUNDAMENTO BÍBLICO
1. La Sabiduría de Dios. a) La Ciencia. b) El Conocer.
CAPÍTULO III. LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y LOS DISTINTOS TIPOS DE CONOCIMIENTO
1. Distintos tipos de razonamiento o conocimientos existentes. a) Razonamiento especulativo. b) Razonamiento empírico.
CAPÍTULO IV. PASOS QUE CONFORMAN EL PROCESO DE LA INVESTIGACIÓN
1. El problema (el ¿por qué?). a) Primera característica del proceso de investigación: el concepto del problema. b) Ejemplos prácticos. c) Elección del tema a partir de una necesidad espiritual y universal.
2. El objeto de estudio (el ¿qué?). a) Ejemplos prácticos. b) Totalidad/especificidad.
3. Marco teórico de la investigación y contextual de la investigación.
5. El Objetivo del proceso de investigación (el ¿para qué?).
6. Campo de acción.
7. La hipótesis. a) Un posible modelo estructural de un informe investigativo.
CAPÍTULO V. MÉTODOS DE INVESTIGACIÓN
1. Los métodos teóricos. a) El análisis. b) La síntesis. c) La inducción y la deducción. 2. Los métodos histórico y lógico. 3. Método de la observación. a) La entrevista. b) Algunas reglas básicas para la construcción del cuestionario.
CAPÍTULO VI. PROCESAMIENTO Y ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN
1. Localización y búsqueda de la información. a) Fichas catalográficas. b) Fichas bibliográficas. c) Fichas de contenido. D) La exposición. E) Documentación. F) Organización de materia. c) Elaboración f) Recomendaciones para preparar una exposición oral.
GLOSARIO
ANEXO. Norma de Asiento Bibliográfico por tipo de Documentos.
Las credenciales académicas que legitiman y dan autoridad a estos textos no pueden ni deben ser otras que las que soberanamente otorga Dios por medio de Jesucristo a los que fielmente hablan y enseñan conforme a su Palabra. Por tanto, como iglesia de Cristo, no reconocemos otra jurisdicción o institución humana como referencia última y aprobatoria para el ejercicio pleno de los ministerios que solo Dios constituye para su iglesia según los dones que el Espíritu imparte y que están aprobados por la Biblia. Como la Escritura es única Regla de Fe y Practica para la iglesia de Cristo y fundamento del perfeccionamiento del conocimiento para el cristiano invitamos a cada hermano o hermana que Biblia en mano, que siempre compruebe que las ideas, conceptos bíblicos y teológicos que conforman estos textos educativos tienen, o no, un sólido basamento en la Escritura y están en perfecta armonía con el espíritu de las enseñanzas de nuestro único Maestro, Jesucristo. A El toda la potestad, gloria y honra en los cielos como en la tierra.
1er. Seminario. EL PREDICADOR COMO COMUNICADOR
CAPÍTULO I. EL PROCESO DE LA ESCRITURA.
1. Los pasos previos: Investigar, leer y escribir a) Generación de ideas y su organización. b) Definición del tema.
2. La mente que quiere Dios.
3. El arte de Clasificar y Ordenar las ideas. a) Tomar notas.
CAPÍTULO II. EL TEXTO
1. Composición del texto. a) La introducción. b) Exposición o desarrollo. c) La conclusión.
2. Principios a seguir a la hora de elaborar el texto de investigación.
Segundo Seminario. PROCESO DE LA INVESTIGACIÓN
CAPÍTULO I. EL MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN
1. Trazo o itinerario de la investigación. a) Problema/ objeto/ objetivo/ campo de acción.
CAPÍTULO II. LA NECESIDAD DEL SABER Y SU FUNDAMENTO BÍBLICO
1. La Sabiduría de Dios. a) La Ciencia. b) El Conocer.
CAPÍTULO III. LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y LOS DISTINTOS TIPOS DE CONOCIMIENTO
1. Distintos tipos de razonamiento o conocimientos existentes. a) Razonamiento especulativo. b) Razonamiento empírico.
CAPÍTULO IV. PASOS QUE CONFORMAN EL PROCESO DE LA INVESTIGACIÓN
1. El problema (el ¿por qué?). a) Primera característica del proceso de investigación: el concepto del problema. b) Ejemplos prácticos. c) Elección del tema a partir de una necesidad espiritual y universal.
2. El objeto de estudio (el ¿qué?). a) Ejemplos prácticos. b) Totalidad/especificidad.
3. Marco teórico de la investigación y contextual de la investigación.
5. El Objetivo del proceso de investigación (el ¿para qué?).
6. Campo de acción.
7. La hipótesis. a) Un posible modelo estructural de un informe investigativo.
CAPÍTULO V. MÉTODOS DE INVESTIGACIÓN
1. Los métodos teóricos. a) El análisis. b) La síntesis. c) La inducción y la deducción. 2. Los métodos histórico y lógico. 3. Método de la observación. a) La entrevista. b) Algunas reglas básicas para la construcción del cuestionario.
CAPÍTULO VI. PROCESAMIENTO Y ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN
1. Localización y búsqueda de la información. a) Fichas catalográficas. b) Fichas bibliográficas. c) Fichas de contenido. D) La exposición. E) Documentación. F) Organización de materia. c) Elaboración f) Recomendaciones para preparar una exposición oral.
GLOSARIO
ANEXO. Norma de Asiento Bibliográfico por tipo de Documentos.
Las credenciales académicas que legitiman y dan autoridad a estos textos no pueden ni deben ser otras que las que soberanamente otorga Dios por medio de Jesucristo a los que fielmente hablan y enseñan conforme a su Palabra. Por tanto, como iglesia de Cristo, no reconocemos otra jurisdicción o institución humana como referencia última y aprobatoria para el ejercicio pleno de los ministerios que solo Dios constituye para su iglesia según los dones que el Espíritu imparte y que están aprobados por la Biblia. Como la Escritura es única Regla de Fe y Practica para la iglesia de Cristo y fundamento del perfeccionamiento del conocimiento para el cristiano invitamos a cada hermano o hermana que Biblia en mano, que siempre compruebe que las ideas, conceptos bíblicos y teológicos que conforman estos textos educativos tienen, o no, un sólido basamento en la Escritura y están en perfecta armonía con el espíritu de las enseñanzas de nuestro único Maestro, Jesucristo. A El toda la potestad, gloria y honra en los cielos como en la tierra.
Curso de Teología Cristiana y sus fundamentos.
Teología Cristiana y sus fundamentos. Este estudio va dirigido especialmente a predicadores. Todo ministro de la Palabra debe conocer básicamente las doctrinas bíblicas que sustentan el contenido de nuestra fe. Este es el más profundo de nuestros cursos.
CONTENIDO.
■ ASIGNATURA: INTRODUCCION A LA TEOLOGIA.
Capítulo I. Naturaleza y alcance del pensamiento cristiano.
Capítulo II. La Biblia: Fuente primaria e insustituible de nuestra predicación.
Capítulo III. La Revelación cristiana.
Capítulo IV. La inspiración de las Escrituras.
Capítulo V. El Canon de las Sagradas Escrituras.
■ ASIGNATURA: TEOLOGIA, LA DOCTRINA SOBRE DIOS.
Capítulo I. La existencia y naturaleza de Dios.
Capítulo II. Los atributos de Dios.
Capítulo III. La Deidad: Dios Padre, su Hijo Jesucristo, el Espíritu Santo
■ ASIGNATURA: LA DOCTRINA ACERCA DEL HOMBRE Y EL PECADO.
Capítulo I. Relato de la Creación.
Capítulo II. La creación espiritual: los ángeles y el mundo inmaterial.
Capítulo III. Antropología bíblica: el origen del hombre.
Capítulo IV. La doctrina sobre el pecado y el origen del mal.
Capítulo V. Terminología escritural del pecado.
■ ASIGNATURA: LA DOCTRINA ACERCA DE JESUCRISTO.
Capítulo I. Cristología: la doctrina sobre Jesucristo.
Capítulo II. El ministerio de Cristo.
Capítulo III. La expiación.
Capítulo IV. La Ley de Cristo: El Nuevo Testamento.
Capítulo V. El advenimiento de Cristo y la doctrina sobre el fin de los tiempos.
Capítulo VI. Las teorías milenaristas que contradicen la enseñanza escritural.
■ ASIGNATURA: LA DOCRINA DE LA SALVACION.
Capítulo I. La doctrina de la Redención.
Capítulo II. El evangelio de Cristo y la fe salvadora.
Capítulo III. El Espíritu Santo y la obra de salvación.
Capítulo IV. El testimonio del Espíritu y su fruto en el creyente.
■ ASIGNATURA: LA ETICA CRISTIANA
Capítulo I. La libertad y el libre albedrío.
Capítulo II. La base escritural de la ética.
Capítulo III. Función de la conciencia en la experiencia cristiana.
Capítulo IV. Ética práctica: deberes para con Dios y el prójimo, y sus instituciones: el matrimonio, la Familia, la Iglesia, la Sociedad civil y el Estado.
■ ASIGNATURA: ECLESIOLOGIA: LA IGLESIA. DE CRISTO
Capítulo I. Naturaleza de la Iglesia Cristiana.
Capítulo II. El liderazgo de servicio en la iglesia: pastores, ancianos, obispos y diáconos.
Capítulo III. La Disciplina en la Iglesia.
Capítulo IV. La Gran Comisión de la iglesia: La Evangelización y la Enseñanza.
Capítulo V. La adoración en la iglesia primitiva y los medios de gracia.
CONTENIDO.
■ ASIGNATURA: INTRODUCCION A LA TEOLOGIA.
Capítulo I. Naturaleza y alcance del pensamiento cristiano.
Capítulo II. La Biblia: Fuente primaria e insustituible de nuestra predicación.
Capítulo III. La Revelación cristiana.
Capítulo IV. La inspiración de las Escrituras.
Capítulo V. El Canon de las Sagradas Escrituras.
■ ASIGNATURA: TEOLOGIA, LA DOCTRINA SOBRE DIOS.
Capítulo I. La existencia y naturaleza de Dios.
Capítulo II. Los atributos de Dios.
Capítulo III. La Deidad: Dios Padre, su Hijo Jesucristo, el Espíritu Santo
■ ASIGNATURA: LA DOCTRINA ACERCA DEL HOMBRE Y EL PECADO.
Capítulo I. Relato de la Creación.
Capítulo II. La creación espiritual: los ángeles y el mundo inmaterial.
Capítulo III. Antropología bíblica: el origen del hombre.
Capítulo IV. La doctrina sobre el pecado y el origen del mal.
Capítulo V. Terminología escritural del pecado.
■ ASIGNATURA: LA DOCTRINA ACERCA DE JESUCRISTO.
Capítulo I. Cristología: la doctrina sobre Jesucristo.
Capítulo II. El ministerio de Cristo.
Capítulo III. La expiación.
Capítulo IV. La Ley de Cristo: El Nuevo Testamento.
Capítulo V. El advenimiento de Cristo y la doctrina sobre el fin de los tiempos.
Capítulo VI. Las teorías milenaristas que contradicen la enseñanza escritural.
■ ASIGNATURA: LA DOCRINA DE LA SALVACION.
Capítulo I. La doctrina de la Redención.
Capítulo II. El evangelio de Cristo y la fe salvadora.
Capítulo III. El Espíritu Santo y la obra de salvación.
Capítulo IV. El testimonio del Espíritu y su fruto en el creyente.
■ ASIGNATURA: LA ETICA CRISTIANA
Capítulo I. La libertad y el libre albedrío.
Capítulo II. La base escritural de la ética.
Capítulo III. Función de la conciencia en la experiencia cristiana.
Capítulo IV. Ética práctica: deberes para con Dios y el prójimo, y sus instituciones: el matrimonio, la Familia, la Iglesia, la Sociedad civil y el Estado.
■ ASIGNATURA: ECLESIOLOGIA: LA IGLESIA. DE CRISTO
Capítulo I. Naturaleza de la Iglesia Cristiana.
Capítulo II. El liderazgo de servicio en la iglesia: pastores, ancianos, obispos y diáconos.
Capítulo III. La Disciplina en la Iglesia.
Capítulo IV. La Gran Comisión de la iglesia: La Evangelización y la Enseñanza.
Capítulo V. La adoración en la iglesia primitiva y los medios de gracia.
Cursos que ofrecemos ...
CAMINO DE SALVACIÓN. Este curso tiene un marcado propósito evangelístico
Contenido:
LECCION 1. LA SALVACION
¿Qué significa ser salvo?
¿Qué hizo Cristo para salvar al pecador?
¿Qué significa aceptar a Cristo como único Salvador y suficiente mediador entre Dios y los hombres?
¿Constituye la salvación un nuevo nacimiento?
¿Qué significa para nuestra salvación ser nacidos del agua y del Espíritu?
¿Es la salvación una experiencia continua?
¿Se puede perder la salvación?
¿Cuáles condiciones debe cumplir el pecador para ser salvo?
¿Puedo estar seguro de mi salvación?
LECCION 2. TROPIEZOS Y PELIGROS QUE EL CREYENTE PUEDE ENCONTRAR
¿Se enfrenta a problemas el nuevo convertido?
¿Puede la nueva criatura caer en pecado?
¿Cuáles son las pruebas que enfrentará el cristiano?
LECCION 3. LA IGLESIA DE CRISTO
¿Qué es la iglesia?
¿Quién es el fundador de la iglesia?
¿Quiénes pueden ser miembros de la iglesia?
¿Cuál es la misión primera de la iglesia?
¿Por qué “las iglesias de Cristo”?
¿Cuáles son los líderes en la iglesia?
¿Cuál es la forma de gobierno en la iglesia?
LECCION 4. EL BAUTISMO
¿Qué es el bautismo?
¿Cuál es el significado bíblico y teológico del bautismo?
¿Quiénes pueden ser bautizados?
¿Cuándo debe ser bautizado el creyente?
¿Cuál es la fórmula bíblica del bautismo?
LECCION 5. LA NUEVA VIDA EN CRISTO: EL CRECIMIENTO
¿Qué es la nueva vida en Cristo?
¿Qué significa crecer para el cristiano?
¿Qué papel juega el Espíritu Santo en el crecimiento del discípulo?
¿Qué es lo que el Señor espera de nosotros?
¿Cuáles cosas ayudan al cristiano a vivir una vida floreciente?
LECCION 6. LA SANTIDAD
· ¿Qué significa la santidad del cristiano?
· ¿Cuándo y cómo somos santificados?
· ¿Qué cosa es posible por medio de la santificación?
· ¿Qué significa andar según la carne y andar en el Espíritu?
LECCION 7. COMPAÑERISMO CRISTIANO
· ¿Qué cosas pueden contribuir a la comunión entre los hermanos?
· ¿Es posible que surjan fricciones entre los miembros de la iglesia?
· ¿Qué consecuencias trae a la iglesia los conflictos entre hermanos?
· ¿Cómo deben ser solucionados estos conflictos?
LECCION 8. CONSAGRACION AL SERVICIO
· ¿Está llamado el cristiano a la consagración en la obra del Señor?
· ¿De qué forma es capacitado el cristiano para consagrarse a la obra?
· ¿A quién consagramos nuestros ministerios?
LECCION 9. LA SANTA CENA
· ¿Qué es la Cena del Señor?
· ¿Qué significa la Cena del Señor?
· ¿Quiénes deben y pueden participar en la Cena del Señor?
· ¿Con que regularidad se debe ministrar la Santa Cena?
· ¿Debe el miembro de la iglesia privarse voluntariamente de participar de la mesa del Señor?
LECCION 10. LA OFRENDA DE LOS SANTOS.
· ¿Qué se entiende como ofrendar?
· ¿Se justifica que el cristiano contribuya con su dinero?
· ¿En qué espíritu el cristiano debe ofrendar?
· ¿Qué cantidad debemos ofrendar?
· ¿Qué destino tiene la ofrenda?
LECCION 11. LA ADORACION.
· ¿Qué es adorar?
· ¿Qué es el servicio de adoración cristiano?
· ¿Qué significa ser un adorador en espíritu y en verdad?
· ¿Cuáles son los principios básicos en la nueva alianza que rigen el culto cristiano?
LECCION 1. LA SALVACION
¿Qué significa ser salvo?
¿Qué hizo Cristo para salvar al pecador?
¿Qué significa aceptar a Cristo como único Salvador y suficiente mediador entre Dios y los hombres?
¿Constituye la salvación un nuevo nacimiento?
¿Qué significa para nuestra salvación ser nacidos del agua y del Espíritu?
¿Es la salvación una experiencia continua?
¿Se puede perder la salvación?
¿Cuáles condiciones debe cumplir el pecador para ser salvo?
¿Puedo estar seguro de mi salvación?
LECCION 2. TROPIEZOS Y PELIGROS QUE EL CREYENTE PUEDE ENCONTRAR
¿Se enfrenta a problemas el nuevo convertido?
¿Puede la nueva criatura caer en pecado?
¿Cuáles son las pruebas que enfrentará el cristiano?
LECCION 3. LA IGLESIA DE CRISTO
¿Qué es la iglesia?
¿Quién es el fundador de la iglesia?
¿Quiénes pueden ser miembros de la iglesia?
¿Cuál es la misión primera de la iglesia?
¿Por qué “las iglesias de Cristo”?
¿Cuáles son los líderes en la iglesia?
¿Cuál es la forma de gobierno en la iglesia?
LECCION 4. EL BAUTISMO
¿Qué es el bautismo?
¿Cuál es el significado bíblico y teológico del bautismo?
¿Quiénes pueden ser bautizados?
¿Cuándo debe ser bautizado el creyente?
¿Cuál es la fórmula bíblica del bautismo?
LECCION 5. LA NUEVA VIDA EN CRISTO: EL CRECIMIENTO
¿Qué es la nueva vida en Cristo?
¿Qué significa crecer para el cristiano?
¿Qué papel juega el Espíritu Santo en el crecimiento del discípulo?
¿Qué es lo que el Señor espera de nosotros?
¿Cuáles cosas ayudan al cristiano a vivir una vida floreciente?
LECCION 6. LA SANTIDAD
· ¿Qué significa la santidad del cristiano?
· ¿Cuándo y cómo somos santificados?
· ¿Qué cosa es posible por medio de la santificación?
· ¿Qué significa andar según la carne y andar en el Espíritu?
LECCION 7. COMPAÑERISMO CRISTIANO
· ¿Qué cosas pueden contribuir a la comunión entre los hermanos?
· ¿Es posible que surjan fricciones entre los miembros de la iglesia?
· ¿Qué consecuencias trae a la iglesia los conflictos entre hermanos?
· ¿Cómo deben ser solucionados estos conflictos?
LECCION 8. CONSAGRACION AL SERVICIO
· ¿Está llamado el cristiano a la consagración en la obra del Señor?
· ¿De qué forma es capacitado el cristiano para consagrarse a la obra?
· ¿A quién consagramos nuestros ministerios?
LECCION 9. LA SANTA CENA
· ¿Qué es la Cena del Señor?
· ¿Qué significa la Cena del Señor?
· ¿Quiénes deben y pueden participar en la Cena del Señor?
· ¿Con que regularidad se debe ministrar la Santa Cena?
· ¿Debe el miembro de la iglesia privarse voluntariamente de participar de la mesa del Señor?
LECCION 10. LA OFRENDA DE LOS SANTOS.
· ¿Qué se entiende como ofrendar?
· ¿Se justifica que el cristiano contribuya con su dinero?
· ¿En qué espíritu el cristiano debe ofrendar?
· ¿Qué cantidad debemos ofrendar?
· ¿Qué destino tiene la ofrenda?
LECCION 11. LA ADORACION.
· ¿Qué es adorar?
· ¿Qué es el servicio de adoración cristiano?
· ¿Qué significa ser un adorador en espíritu y en verdad?
· ¿Cuáles son los principios básicos en la nueva alianza que rigen el culto cristiano?
En qué Creemos…
Creemos en la doctrina bíblica de la regeneración o nuevo nacimiento según el plan de salvación.
“nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit.3:5)
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn.3:5)
“nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”
(1 P. 1:3).
El termino regeneración tal como se utiliza en el Nuevo Testamento significa “ser otra vez”- “recreación”- “rehacer”, las palabras de Jesús indican un renacer, una restauración espiritual en el sentido de cambio moral en la naturaleza humana producto de la aceptación y obediencia al evangelio de Cristo, este nuevo nacimiento tiene como objetivo el llegar a ser partícipes de la naturaleza divina (2 Ped.1:4) y es una condición incluida por Dios para nuestra salvación.
La enseñanza general de esta doctrina se encuentra principalmente fundamentada en los siguientes pasajes:
● (Jn.3:3-7) “nacer de nuevo” -“del agua y del Espíritu”-son condiciones indispensables para entrar al reino de Dios, es necesario cumplir el plan de salvación trazado por Dios en su Santa Palabra.
● (1 Ped.1:23) “siendo renacidos” –este renacer se debe por la predicación del Evangelio y la obediencia al mismo.
● (Stg.1:18) “nacer por la palabra de verdad” –por su propia iniciativa y voluntad la Palabra de Dios es implantada para vivir la nueva vida en santidad.
● (Jn.1:13, 1 Jn.3:9, 4:7, 5:1-18) “nacido del Espíritu” - “nacido de Dios” -la idea central es que en el nuevo nacimiento no somos engendrados por la carne sino por la Deidad, por tanto el cristiano es portador de una nueva naturaleza que ya no permite que practique el pecado sino que es capaz de sentir el amor que proviene de la divinidad, por tanto conoce a Dios y es a su vez reconocido por su Creador
● (2 Cor.5:17) “nueva criatura” -por la fe somos recreados a la imagen de Cristo, quien a su vez es la imagen de Dios, producto de la reconciliación toda enemistad con el Creador queda en el pasado y el cristiano entra a una plena novedad de vida con un corazón purificado por la sangre del Cordero.
● (Gá.6:15) “nueva creación” -esta novedad de vida ya no está regida por la religión judía y la ley de Moisés “no por obras de justicia”, el cristiano está bajo la perfecta ley de la libertad, la ley de Cristo, es una nueva ley dada en la mente restaurada del cristiano y escrita en su corazón.
No hay ninguna duda de que quien efectúa la Regeneración o Nuevo nacimiento es la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que inspiró esta palabra divina. Todas estas evidencias bíblicas nos confirman que los seres humano alcanzamos la salvación por el lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo y que la salvación está íntimamente ligada a la santificación. La regeneración o nuevo nacimiento del creyente abarca tanto el sentido de la restauración del pecador a la imagen moral de Dios con la que originalmente fue creado, como también la renovación del proyecto original de vida humana en santidad a su Creador, el apóstol Pablo así lo resume: “y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef.4:23-24)
“nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit.3:5)
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn.3:5)
“nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”
(1 P. 1:3).
El termino regeneración tal como se utiliza en el Nuevo Testamento significa “ser otra vez”- “recreación”- “rehacer”, las palabras de Jesús indican un renacer, una restauración espiritual en el sentido de cambio moral en la naturaleza humana producto de la aceptación y obediencia al evangelio de Cristo, este nuevo nacimiento tiene como objetivo el llegar a ser partícipes de la naturaleza divina (2 Ped.1:4) y es una condición incluida por Dios para nuestra salvación.
La enseñanza general de esta doctrina se encuentra principalmente fundamentada en los siguientes pasajes:
● (Jn.3:3-7) “nacer de nuevo” -“del agua y del Espíritu”-son condiciones indispensables para entrar al reino de Dios, es necesario cumplir el plan de salvación trazado por Dios en su Santa Palabra.
● (1 Ped.1:23) “siendo renacidos” –este renacer se debe por la predicación del Evangelio y la obediencia al mismo.
● (Stg.1:18) “nacer por la palabra de verdad” –por su propia iniciativa y voluntad la Palabra de Dios es implantada para vivir la nueva vida en santidad.
● (Jn.1:13, 1 Jn.3:9, 4:7, 5:1-18) “nacido del Espíritu” - “nacido de Dios” -la idea central es que en el nuevo nacimiento no somos engendrados por la carne sino por la Deidad, por tanto el cristiano es portador de una nueva naturaleza que ya no permite que practique el pecado sino que es capaz de sentir el amor que proviene de la divinidad, por tanto conoce a Dios y es a su vez reconocido por su Creador
● (2 Cor.5:17) “nueva criatura” -por la fe somos recreados a la imagen de Cristo, quien a su vez es la imagen de Dios, producto de la reconciliación toda enemistad con el Creador queda en el pasado y el cristiano entra a una plena novedad de vida con un corazón purificado por la sangre del Cordero.
● (Gá.6:15) “nueva creación” -esta novedad de vida ya no está regida por la religión judía y la ley de Moisés “no por obras de justicia”, el cristiano está bajo la perfecta ley de la libertad, la ley de Cristo, es una nueva ley dada en la mente restaurada del cristiano y escrita en su corazón.
No hay ninguna duda de que quien efectúa la Regeneración o Nuevo nacimiento es la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que inspiró esta palabra divina. Todas estas evidencias bíblicas nos confirman que los seres humano alcanzamos la salvación por el lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo y que la salvación está íntimamente ligada a la santificación. La regeneración o nuevo nacimiento del creyente abarca tanto el sentido de la restauración del pecador a la imagen moral de Dios con la que originalmente fue creado, como también la renovación del proyecto original de vida humana en santidad a su Creador, el apóstol Pablo así lo resume: “y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef.4:23-24)
Fe y Cultura
Alberto Menéndez Enríquez (Ciudad de La Habana, 1960). Doctor en Ciencias médicas.
Prefiere el género de mini-cuentos, cortas historias que expresan con fino humor y poesía la fragilidad del ser humano enlazado en su propia historia de eternos cuestionamientos y reflexiones ante un Dios que si bien rebasa nuestro raciocinio, también nos ama más allá de todo entendimiento. Hoy le presentamos una muestra de los más acertados en su colección.
BABEL
“…allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra” (Gn.11.9)
Se alzaba la torre. Cada quien en su lengua emitía algún mensaje. Inesperadamente uno de los constructores se precipitó al vacío desde la alta cúpula. Fragmentado en el suelo, manaba el líquido viscoso que acredita la vida. Entonces todos comprendieron. Había un solo idioma universal e inequívoco: el silencio.
EVANGELIOS
“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn.1.11)
Los observo a diario martillándose las entendederas. Si pudiera acudir en su auxilio. ¿Cuántas veces tendré que morir para justificar sus necedades?
RAICES
“Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo” (Ecl.3.20)
He vagado por todo el planeta buscando mi lugar y me afirman que no pertenezco a sitio alguno. Decidí ampliar mis horizontes a través de las lunas, supernovas, satélites; lo mismo: no perteneces. Me entrevisté con Dios. Algo más explícito me argumentó: “Tú sí perteneces, estás, eres… polvo”. Y me arrojó al firmamento.
CONSTRUCTOR
“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Sal.127.1)
Mi sueño fue siempre el calor de un hogar, para ello fundí los cimientos de la nueva casa, levanté las columnas hasta el capitel y el techo pulgada a pulgada. Al cabo de unos meses solo el humo de la chimenea permanece íntegro, aunque persisto en mi determinación de poseer un hogar y continúo alimentando la hoguera con los últimos leños del jardín.
ESTRATEGIA
“Amad a vuestros enemigos” (Mt.5.44)
La guerra arrasó con el país. Los sobrevivientes reunidos en torno a un arbusto carbonizado esbozan la estrategia de contraofensiva.
Prefiere el género de mini-cuentos, cortas historias que expresan con fino humor y poesía la fragilidad del ser humano enlazado en su propia historia de eternos cuestionamientos y reflexiones ante un Dios que si bien rebasa nuestro raciocinio, también nos ama más allá de todo entendimiento. Hoy le presentamos una muestra de los más acertados en su colección.
BABEL
“…allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra” (Gn.11.9)
Se alzaba la torre. Cada quien en su lengua emitía algún mensaje. Inesperadamente uno de los constructores se precipitó al vacío desde la alta cúpula. Fragmentado en el suelo, manaba el líquido viscoso que acredita la vida. Entonces todos comprendieron. Había un solo idioma universal e inequívoco: el silencio.
EVANGELIOS
“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn.1.11)
Los observo a diario martillándose las entendederas. Si pudiera acudir en su auxilio. ¿Cuántas veces tendré que morir para justificar sus necedades?
RAICES
“Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo” (Ecl.3.20)
He vagado por todo el planeta buscando mi lugar y me afirman que no pertenezco a sitio alguno. Decidí ampliar mis horizontes a través de las lunas, supernovas, satélites; lo mismo: no perteneces. Me entrevisté con Dios. Algo más explícito me argumentó: “Tú sí perteneces, estás, eres… polvo”. Y me arrojó al firmamento.
CONSTRUCTOR
“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Sal.127.1)
Mi sueño fue siempre el calor de un hogar, para ello fundí los cimientos de la nueva casa, levanté las columnas hasta el capitel y el techo pulgada a pulgada. Al cabo de unos meses solo el humo de la chimenea permanece íntegro, aunque persisto en mi determinación de poseer un hogar y continúo alimentando la hoguera con los últimos leños del jardín.
ESTRATEGIA
“Amad a vuestros enemigos” (Mt.5.44)
La guerra arrasó con el país. Los sobrevivientes reunidos en torno a un arbusto carbonizado esbozan la estrategia de contraofensiva.
viernes, 19 de febrero de 2010
Creemos en la doctrina bíblica sobre el testimonio del Espíritu Santo.

Creemos en la doctrina bíblica sobre el testimonio del Espíritu Santo.
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch.2:38-39)
“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,… porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo;…” (Heb.10:12-16)
“nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hch.5:32)
La iglesia del primer siglo siempre reconoció la tremenda importancia del testimonio del Espíritu, la iglesia de nuestros tiempos debe ser fiel a este legado. Una de las tantas obras del Espíritu Santo es atestiguar o dar testimonio de la realidad de la expiación y del ministerio intercesor de Jesucristo. Esta es una de las doctrinas bíblicas fundamentales para el cristiano, a tal punto que el apóstol Pablo declara que la incredulidad o falta de fe ante la suprema revelación de Cristo es producto de rechazar el Espíritu Santo: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Cor.12:3)
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch.2:38-39)
“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,… porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo;…” (Heb.10:12-16)
“nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hch.5:32)
La iglesia del primer siglo siempre reconoció la tremenda importancia del testimonio del Espíritu, la iglesia de nuestros tiempos debe ser fiel a este legado. Una de las tantas obras del Espíritu Santo es atestiguar o dar testimonio de la realidad de la expiación y del ministerio intercesor de Jesucristo. Esta es una de las doctrinas bíblicas fundamentales para el cristiano, a tal punto que el apóstol Pablo declara que la incredulidad o falta de fe ante la suprema revelación de Cristo es producto de rechazar el Espíritu Santo: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Cor.12:3)
El Espíritu divino ahora habita en la iglesia del Señor como fiel testimonio de la adopción, de la filiación con nuestro Padre Celestial desde el mismo corazón del cristiano lo cual amplía de forma efectiva la obra salvífica comenzada en la encarnación del Verbo, pasando por el evento de la cruz y la exaltación y ascensión de Cristo a la diestra de Dios “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn.16:7-8) “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Jn.16:14-15)
Según las Escrituras el testimonio del Espíritu es la evidencia interna de la aceptación de Dios por parte de aquellos que han creído y obedecido el evangelio de Cristo, es el testimonio de que mediante la fe en su Hijo y por pura gracia Dios nos ofrece la vida eterna. El Espíritu Santo testifica de forma efectiva a nuestro espíritu que tenemos redención por la sangre de Jesús derramada en la cruz del Calvario, que nuestros pecados han sido perdonados, que hemos sido reconciliados con Dios porque Jesús se ha dado en ofrenda perfecta por todos nosotros.
Los fundamentos bíblicos que sustentan esta doctrina están clara y directamente expresados, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (Heb.11.4) “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Heb.11:5)
Otros pasajes que sostienen irrebatiblemente esta doctrina son: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Ro.8.16-17) “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” (Jn.5:10-11) “Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad” (1 Jn.5:6-7).
Estas bases escriturales nos demuestran que el testimonio del Espíritu Santo a nuestras vidas está íntimamente ligado con el espíritu de adopción dándonos la certeza espiritual de que somos hijos de Dios adoptados en la gran familia de la fe y que por tanto nuestros nombres están escritos en el libro de la vida, como podemos ver en estos hermosos pasajes: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Ro.8:15-17)
jueves, 21 de enero de 2010
Textos para estudio y meditación.
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Sal.42.1-2)
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal.73.25-26)
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” (Sal.1.1-2)
Salmos 42:1-2; 63:1-2 – La sed de Dios: señal de crecimiento espiritual. Aquí vemos un elemento constitutivo del crecimiento espiritual: la sed del hombre por Dios, podemos describirla como el anhelo de nuestra alma de saciar su sed en la única fuente que puede llenar esta necesidad: Dios mismo. Es en esencia el impulso intenso en el ser humano de buscar a Dios y presentarse delante de Él con la misma urgencia con que necesitamos del agua como elemento vital. El alma se compara al ciervo que brama por calmar su sed, el cristiano solo puede calmar esa sed en el rio del Espíritu divino para refrescar su alma, lo cual implica renovación y restauración tanto espiritual, como física. Aquí se expresa claramente el ansia por la comunión con Dios como fuente de agua viva. Otro elemento a tener en cuenta en este salmo es que la sed y la sequedad significan en el contexto bíblico cansancio y miseria moral ante la incapacidad de enfrentar situaciones adversas y hostiles. El objetivo final es alcanzar a ver el poder y la majestad de Dios en medio de estas circunstancias.
Salmo 73:25-26 – Dios es el único bien que satisface al cristiano: el ser humano como criatura está destinado para Dios. Es feliz aquel cuyo propósito descansa en la Roca eterna e inconmovible sobre la cual echamos los cimientos de nuestro nuevo estilo de vivir. Dios es nuestra única fuente de vida abundante. Cuando en momentos de crisis y soledad llegamos al desfallecimiento espiritual solo en El y en su cercana presencia encontramos el único asidero firme y refugio seguro.
Salmo 1:1-2 – La meditación en la ley de Dios santifica al hijo de Dios y lo aparta de la conducta de los impíos: por tanto es imprescindible en el crecimiento espiritual para llevar a la aplicación práctica y personal la ley de Dios. El hábito de reflexionar sobre la Palabra de Dios preserva la bondad y rectitud de nuestro corazón y nos hace crecer y madurar espiritualmente.
Romanos 8:26-27 –La obra intercesora del Espíritu Santo: por todos los cristianos en la práctica de la oración. En el momento de la oración también contamos con la ayuda de Dios, quien por medio de su Espíritu nos auxilia para pedir “como se debe” ya que somos incapaces en este sentido producto de nuestras debilidades espirituales.
I Juan 5:14-15 – La confianza en la oración conforme a la voluntad divina: Si pedimos en nuestras oraciones dejando a un lado nuestra voluntad y que sea la voluntad de Dios la que se finalmente se imponga solo entonces El nos oirá y podemos por fe considerarlas concedidas.
Filipenses 4:8-9 –Los valores o virtudes de la espiritualidad: La prioridad del crecimiento espiritual en el cristiano es ejercitar la piedad como máximo valor o virtud intrínseca a su espiritualidad. La piedad es el amor incondicional hacia Dios; la dimensión moral se concreta en el amor en relación al prójimo. Los valores o virtudes que caracterizan nuestro crecimiento espiritual deben ocupar el primer lugar contra los valores y virtudes según los patrones del mundo, por tanto no debemos despreciar nada que sea bueno en sí porque todo lo bueno y agradable procede de Dios; de tal manera que cada valor o virtud ocupe su debido lugar. La piedad y la moral verdadera son inseparables por tanto son autenticas joyas de nuestra espiritualidad cuando son llevadas a la práctica, de esta manera no sólo experimentaremos “la paz de Dios”, sino que ese mismo Dios de paz estará con nosotros.
Mateo 6:19-21 –La sencillez: una disciplina espiritual donde una actitud interna se refleja en un modo externo de vivir donde las riquezas están controladas solo por Dios. El hombre debe servirse de las cosas que son perecederas, pero no convertirse en esclavo de las cosas. El consumismo es un problema que golpea la espiritualidad del hombre moderno y aun de aquellos que dicen ser cristianos. Cuando nos ocupamos en la trivialidad de hacer “…tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,..” entonces optamos por el lado humano de la perspectiva de la riqueza y olvidamos que Dios es el dueño de todo. Al confiar en las riquezas no buscamos primeramente el reino de Dios, porque no confiamos en El. Solo debemos servir a Dios y no a las riquezas.
Juan 13:13-14 –El servicio: ser más humildes. Dios nos ha creado los unos para los otros, tenemos el ejemplo en Jesucristo, aprendiendo de él esa capacidad suya de vaciarse para servir a los demás es que realmente llegaremos a una libertad plena y por ende alcanzaremos la felicidad a la que aspira todo ser humano.
Isaías 6:1, 5-8 –La purificación y santificación: necesidad de reconocer nuestros pecados ante la santidad divina y ser purificados y santificados para poder servirle.
Romanos 12:1-2 – La santificación y consagración de todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo al Creador que nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo lo que implica una transformación espiritual de tal manera que la renovación interna sea un proceso del cual toda nuestra vida sea nueva en sus motivos y fines.
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal.73.25-26)
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” (Sal.1.1-2)
Salmos 42:1-2; 63:1-2 – La sed de Dios: señal de crecimiento espiritual. Aquí vemos un elemento constitutivo del crecimiento espiritual: la sed del hombre por Dios, podemos describirla como el anhelo de nuestra alma de saciar su sed en la única fuente que puede llenar esta necesidad: Dios mismo. Es en esencia el impulso intenso en el ser humano de buscar a Dios y presentarse delante de Él con la misma urgencia con que necesitamos del agua como elemento vital. El alma se compara al ciervo que brama por calmar su sed, el cristiano solo puede calmar esa sed en el rio del Espíritu divino para refrescar su alma, lo cual implica renovación y restauración tanto espiritual, como física. Aquí se expresa claramente el ansia por la comunión con Dios como fuente de agua viva. Otro elemento a tener en cuenta en este salmo es que la sed y la sequedad significan en el contexto bíblico cansancio y miseria moral ante la incapacidad de enfrentar situaciones adversas y hostiles. El objetivo final es alcanzar a ver el poder y la majestad de Dios en medio de estas circunstancias.
Salmo 73:25-26 – Dios es el único bien que satisface al cristiano: el ser humano como criatura está destinado para Dios. Es feliz aquel cuyo propósito descansa en la Roca eterna e inconmovible sobre la cual echamos los cimientos de nuestro nuevo estilo de vivir. Dios es nuestra única fuente de vida abundante. Cuando en momentos de crisis y soledad llegamos al desfallecimiento espiritual solo en El y en su cercana presencia encontramos el único asidero firme y refugio seguro.
Salmo 1:1-2 – La meditación en la ley de Dios santifica al hijo de Dios y lo aparta de la conducta de los impíos: por tanto es imprescindible en el crecimiento espiritual para llevar a la aplicación práctica y personal la ley de Dios. El hábito de reflexionar sobre la Palabra de Dios preserva la bondad y rectitud de nuestro corazón y nos hace crecer y madurar espiritualmente.
Romanos 8:26-27 –La obra intercesora del Espíritu Santo: por todos los cristianos en la práctica de la oración. En el momento de la oración también contamos con la ayuda de Dios, quien por medio de su Espíritu nos auxilia para pedir “como se debe” ya que somos incapaces en este sentido producto de nuestras debilidades espirituales.
I Juan 5:14-15 – La confianza en la oración conforme a la voluntad divina: Si pedimos en nuestras oraciones dejando a un lado nuestra voluntad y que sea la voluntad de Dios la que se finalmente se imponga solo entonces El nos oirá y podemos por fe considerarlas concedidas.
Filipenses 4:8-9 –Los valores o virtudes de la espiritualidad: La prioridad del crecimiento espiritual en el cristiano es ejercitar la piedad como máximo valor o virtud intrínseca a su espiritualidad. La piedad es el amor incondicional hacia Dios; la dimensión moral se concreta en el amor en relación al prójimo. Los valores o virtudes que caracterizan nuestro crecimiento espiritual deben ocupar el primer lugar contra los valores y virtudes según los patrones del mundo, por tanto no debemos despreciar nada que sea bueno en sí porque todo lo bueno y agradable procede de Dios; de tal manera que cada valor o virtud ocupe su debido lugar. La piedad y la moral verdadera son inseparables por tanto son autenticas joyas de nuestra espiritualidad cuando son llevadas a la práctica, de esta manera no sólo experimentaremos “la paz de Dios”, sino que ese mismo Dios de paz estará con nosotros.
Mateo 6:19-21 –La sencillez: una disciplina espiritual donde una actitud interna se refleja en un modo externo de vivir donde las riquezas están controladas solo por Dios. El hombre debe servirse de las cosas que son perecederas, pero no convertirse en esclavo de las cosas. El consumismo es un problema que golpea la espiritualidad del hombre moderno y aun de aquellos que dicen ser cristianos. Cuando nos ocupamos en la trivialidad de hacer “…tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,..” entonces optamos por el lado humano de la perspectiva de la riqueza y olvidamos que Dios es el dueño de todo. Al confiar en las riquezas no buscamos primeramente el reino de Dios, porque no confiamos en El. Solo debemos servir a Dios y no a las riquezas.
Juan 13:13-14 –El servicio: ser más humildes. Dios nos ha creado los unos para los otros, tenemos el ejemplo en Jesucristo, aprendiendo de él esa capacidad suya de vaciarse para servir a los demás es que realmente llegaremos a una libertad plena y por ende alcanzaremos la felicidad a la que aspira todo ser humano.
Isaías 6:1, 5-8 –La purificación y santificación: necesidad de reconocer nuestros pecados ante la santidad divina y ser purificados y santificados para poder servirle.
Romanos 12:1-2 – La santificación y consagración de todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo al Creador que nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo lo que implica una transformación espiritual de tal manera que la renovación interna sea un proceso del cual toda nuestra vida sea nueva en sus motivos y fines.
Creemos en la Persona y Obra del Espíritu Santo
Cuando Jesús el Cristo exclamó desde la cruz del calvario “Consumado es” estaba poniendo punto final a la obra de expiación en esta tierra. Después de su resurrección y ascensión al cielo entonces fue posible la obra del Espíritu Santo en su derramamiento en el Pentecostés que dio inicio a la iglesia y la inspiración de la Escritura. El Espíritu divino habita en cada uno de lo que han creído y han sido bautizados conforme al evangelio de Cristo (Mr.16.16), es en este sentido que la iglesia vive una nueva era, la era del Espíritu, no como una influencia o energía sagrada, sino como una Persona de la Deidad igualmente merecedora de toda la adoración y gloria junto al Padre y al Hijo.
La encarnación o nacimiento de Jesús es obra del Espíritu como vinculo de unión entre Dios el Padre y el Hijo: “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc.1.35-36) Es el Espíritu Santo el encargado del gran misterio de la fe de fusionar lo no creado y preexistente con la naturaleza humana de María en la Persona del Hijo.
Durante el ministerio terrenal de Jesús fue su humanidad el templo del Espíritu Santo otorgado sin medida por Dios Padre, Jesús siempre ejerció su ministerio bajo la comunión y dirección del Espíritu “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Jn.3.34-35). Cuando Jesús entrega su sangre por nosotros y se produce su ascensión ya deja de estar bajo la guía del Espíritu y él a su vez se convierte en el dador de ese mismo Espíritu a su iglesia: “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hch.2.33) “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Jn.16.7-11)
Así como Jesús de Nazaret reveló definitivamente a Dios Padre a la humanidad entonces la obra del Espíritu va a consistir en revelar al Hijo a su iglesia para adorarlo y glorificar su Señorío: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Co.12.3)
En el nacimiento de la iglesia en Pentecostés el Espíritu Santo continúa la obra de Jesús ministrándola y dándola a conocer a su iglesia “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn.14.16-18). En Pentecostés los apóstoles fueron llenos del Espíritu Santo comenzando con capacitar a los discípulos con el don milagroso de poder anunciar el evangelio a los representantes de otras naciones y que lo oyeran en sus respectivas lenguas natales (Hch.2.4).
En Pentecostés ante la interrogante de “Varones hermanos, ¿qué haremos?” proveniente de la multitud arrepentida al serle anunciado el evangelio de Cristo por Pedro vemos como el apóstol responde: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. … Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hch.2.37-41) Esta ayuda del Espíritu solo es posible cumpliendo las enseñanzas de Jesús “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn.14.23-24) Como podemos apreciar la obra del Espíritu Santo como Persona de la Deidad está conectada directamente a la salvación del alma de cada individuo redimido por la sangre del Cordero, y en consecuencia directa con el establecimiento de la iglesia y como fuente insustituible de poder en su testimonio ante el mundo pecador. El Espíritu es el Paracleto o Consolador quien tiene como función enseñar y recordar las enseñanzas de Jesús: “Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn.14.25-27)
El Espíritu Santo una vez recibido por el creyente el momento de cumplir el mandamiento del bautismo va a ministrar en dos sentidos, capacitando al nuevo convertido tanto en relación a los frutos del Espíritu como en relación a los dones. El fruto del Espíritu es el AMOR como indicador que identifica al verdadero convertido como hijo de Dios y la madurez espiritual que ha alcanzado. En cuanto a los dones del Espíritu son las capacidades destinadas al servicio al prójimo y que son vitales para que la misión de la iglesia tenga éxito. Jesús hizo la provisión suficiente para nuestra salvación, al obedecer el mandamiento del bautismo el pecador recibe según la Escritura dos beneficios de la gracia divina: el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo. El llamamiento gratuito de Dios para la salvación del ser humano es por medio del Espíritu de manera directa por la Palabra convenciéndolo de su condición pecadora. El propósito de Cristo no solo es salvar al alma individual sino reunir a todos los redimidos en una organización espiritual que es su iglesia y es el Espíritu Santo el vinculo común que une a todos los miembros unos con otros y todos a su vez con la Cabeza que es Cristo Jesús.
La encarnación o nacimiento de Jesús es obra del Espíritu como vinculo de unión entre Dios el Padre y el Hijo: “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc.1.35-36) Es el Espíritu Santo el encargado del gran misterio de la fe de fusionar lo no creado y preexistente con la naturaleza humana de María en la Persona del Hijo.
Durante el ministerio terrenal de Jesús fue su humanidad el templo del Espíritu Santo otorgado sin medida por Dios Padre, Jesús siempre ejerció su ministerio bajo la comunión y dirección del Espíritu “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Jn.3.34-35). Cuando Jesús entrega su sangre por nosotros y se produce su ascensión ya deja de estar bajo la guía del Espíritu y él a su vez se convierte en el dador de ese mismo Espíritu a su iglesia: “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hch.2.33) “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Jn.16.7-11)
Así como Jesús de Nazaret reveló definitivamente a Dios Padre a la humanidad entonces la obra del Espíritu va a consistir en revelar al Hijo a su iglesia para adorarlo y glorificar su Señorío: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Co.12.3)
En el nacimiento de la iglesia en Pentecostés el Espíritu Santo continúa la obra de Jesús ministrándola y dándola a conocer a su iglesia “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn.14.16-18). En Pentecostés los apóstoles fueron llenos del Espíritu Santo comenzando con capacitar a los discípulos con el don milagroso de poder anunciar el evangelio a los representantes de otras naciones y que lo oyeran en sus respectivas lenguas natales (Hch.2.4).
En Pentecostés ante la interrogante de “Varones hermanos, ¿qué haremos?” proveniente de la multitud arrepentida al serle anunciado el evangelio de Cristo por Pedro vemos como el apóstol responde: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. … Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hch.2.37-41) Esta ayuda del Espíritu solo es posible cumpliendo las enseñanzas de Jesús “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn.14.23-24) Como podemos apreciar la obra del Espíritu Santo como Persona de la Deidad está conectada directamente a la salvación del alma de cada individuo redimido por la sangre del Cordero, y en consecuencia directa con el establecimiento de la iglesia y como fuente insustituible de poder en su testimonio ante el mundo pecador. El Espíritu es el Paracleto o Consolador quien tiene como función enseñar y recordar las enseñanzas de Jesús: “Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn.14.25-27)
El Espíritu Santo una vez recibido por el creyente el momento de cumplir el mandamiento del bautismo va a ministrar en dos sentidos, capacitando al nuevo convertido tanto en relación a los frutos del Espíritu como en relación a los dones. El fruto del Espíritu es el AMOR como indicador que identifica al verdadero convertido como hijo de Dios y la madurez espiritual que ha alcanzado. En cuanto a los dones del Espíritu son las capacidades destinadas al servicio al prójimo y que son vitales para que la misión de la iglesia tenga éxito. Jesús hizo la provisión suficiente para nuestra salvación, al obedecer el mandamiento del bautismo el pecador recibe según la Escritura dos beneficios de la gracia divina: el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo. El llamamiento gratuito de Dios para la salvación del ser humano es por medio del Espíritu de manera directa por la Palabra convenciéndolo de su condición pecadora. El propósito de Cristo no solo es salvar al alma individual sino reunir a todos los redimidos en una organización espiritual que es su iglesia y es el Espíritu Santo el vinculo común que une a todos los miembros unos con otros y todos a su vez con la Cabeza que es Cristo Jesús.
jueves, 14 de enero de 2010
martes, 12 de enero de 2010
Sobre el Evangelio de Juan. Su autoría.
El argumento más contundente a favor de la legitimidad en la autoría de Juan se encuentran en las «evidencias internas», o sea, el argumento más convincente son las frases que se relacionan con el documento que ha escrito el mismo autor. La evidencia interna es la más importante.
En los escritos de Juan podemos comprobar que el estilo del lenguaje utilizado en el evangelio y las cartas es el mismo. A pesar de que los textos están escritos en griego (pudiera decirse el idioma internacional de aquel momento en esta parte del mundo), se nota el trasfondo de una mentalidad semita en el desarrollo de las ideas que expone. Otros elementos probatorios son:
1. El autor, Juan, evita en sus elaboraciones las frases largas.
2. Es recurrente en iniciar sus frases con la conjunción "y".
3. Utiliza el término “Logos”, y en Juan esto es un aporte teológico singular que no aparece en los otros evangelios.
El término “Logos” es utilizado por el autor partiendo desde dos posibilidades (a) es una categoría del pensamiento filosófico helenista y Juan lo redimensiona desde la teología y el pensamiento cristiano: Designa a Jesús como Deidad, - Como Dios hecho carne, (no un semi-dios o una apariencia fantasmal) -Su pre-existencia, (no es una creación), -Su acción creadora (por medio de El todo ha sido creado, y a su vez sustenta dicha creación). (b) El apóstol escoge esta palabra porque la idea es afín a la acción creadora de Dios descrita en el A.T., recordemos Gn.1-3 donde la “Palabra del Señor” ejerce una función creadora. En Heb.1:1-5 tenemos la respuesta: el Logos creador es Cristo, Palabra encarnada.
Juan sitúa el concepto de “Logos” más allá de toda especulación humana, tal como Cristo sobrepasa todo entendimiento humano. Cristo, para Juan, es el Verbo hecho carne “Palabra de vida que proclamamos”. Creo que es necesario anotar también que Juan trata el tema del Logos desde sus raíces como judío, al fin y al cabo, utilizando ideas ya expresadas en la literatura sapiencial del Antiguo Testamento.
En los textos de Juan vamos a encontrar una peculiar fraseología y palabras que algunos llaman “vocabulario joánico”, este vocabulario consiste en palabras que se repiten constantemente en sus textos tanto en el evangelio y las cartas confirmando un estilo que legitima su paternidad literaria, las más típicas son: Vida, luz, Amor, testigo, mundo, verdad. Se nota en el procedimiento de estilo característico en Juan el uso frecuente del paralelismo, las antítesis, las fórmulas binarias, la inclusión y la concatenación.
En las tres cartas podemos apreciar una continuidad temática y orgánica del discurso teológico: Tanto en el evangelio como en las cartas de Juan hay una ilación o continuidad del argumento, es más, hay una sistematicidad teológica que se da en el marco de combatir las ideas gnósticas en su propio terreno y con su propio vocabulario. Esta organización y concatenación de las ideas finalmente la podemos apreciar en cómo Juan concluye puntualmente con la verdadera doctrina cristiana de significar la existencia de un Dios triuno y dar testimonio de la persona de Jesús como Dios encarnado y como el Cristo o Mesías prometido desde al antiguo pacto, que a su vez es verdadero Dios y verdadero hombre.
La forma de exponer los conceptos o ideas fundamentales. Otra prueba indiscutible de la autoría de Juan es la forma utilizada en la exposición de las ideas y conceptos teológicos presentes en el evangelio y las cartas: Dios es luz, es amor, es verdad, es Padre de Jesús y nuestro, Jesús es su Hijo hecho hombre y es el Mesías o Cristo que expió y deshace constantemente el pecado en nosotros después de la conversión, la existencia cristiana es y depende de una relación vital con Dios, el cristiano está en comunión con Dios, ha sido regenerado de Dios, tiene a Dios, permanece en él, le conoce. Se puede constatar después de leer el evangelio y las cartas que no hay ninguna contradicción conceptual o fisuras en el desarrollo de estas ideas, Juan mantiene esta uniformidad en las significaciones en todos los textos utilizando mucho la concatenación.
En los escritos de Juan podemos comprobar que el estilo del lenguaje utilizado en el evangelio y las cartas es el mismo. A pesar de que los textos están escritos en griego (pudiera decirse el idioma internacional de aquel momento en esta parte del mundo), se nota el trasfondo de una mentalidad semita en el desarrollo de las ideas que expone. Otros elementos probatorios son:
1. El autor, Juan, evita en sus elaboraciones las frases largas.
2. Es recurrente en iniciar sus frases con la conjunción "y".
3. Utiliza el término “Logos”, y en Juan esto es un aporte teológico singular que no aparece en los otros evangelios.
El término “Logos” es utilizado por el autor partiendo desde dos posibilidades (a) es una categoría del pensamiento filosófico helenista y Juan lo redimensiona desde la teología y el pensamiento cristiano: Designa a Jesús como Deidad, - Como Dios hecho carne, (no un semi-dios o una apariencia fantasmal) -Su pre-existencia, (no es una creación), -Su acción creadora (por medio de El todo ha sido creado, y a su vez sustenta dicha creación). (b) El apóstol escoge esta palabra porque la idea es afín a la acción creadora de Dios descrita en el A.T., recordemos Gn.1-3 donde la “Palabra del Señor” ejerce una función creadora. En Heb.1:1-5 tenemos la respuesta: el Logos creador es Cristo, Palabra encarnada.
Juan sitúa el concepto de “Logos” más allá de toda especulación humana, tal como Cristo sobrepasa todo entendimiento humano. Cristo, para Juan, es el Verbo hecho carne “Palabra de vida que proclamamos”. Creo que es necesario anotar también que Juan trata el tema del Logos desde sus raíces como judío, al fin y al cabo, utilizando ideas ya expresadas en la literatura sapiencial del Antiguo Testamento.
En los textos de Juan vamos a encontrar una peculiar fraseología y palabras que algunos llaman “vocabulario joánico”, este vocabulario consiste en palabras que se repiten constantemente en sus textos tanto en el evangelio y las cartas confirmando un estilo que legitima su paternidad literaria, las más típicas son: Vida, luz, Amor, testigo, mundo, verdad. Se nota en el procedimiento de estilo característico en Juan el uso frecuente del paralelismo, las antítesis, las fórmulas binarias, la inclusión y la concatenación.
En las tres cartas podemos apreciar una continuidad temática y orgánica del discurso teológico: Tanto en el evangelio como en las cartas de Juan hay una ilación o continuidad del argumento, es más, hay una sistematicidad teológica que se da en el marco de combatir las ideas gnósticas en su propio terreno y con su propio vocabulario. Esta organización y concatenación de las ideas finalmente la podemos apreciar en cómo Juan concluye puntualmente con la verdadera doctrina cristiana de significar la existencia de un Dios triuno y dar testimonio de la persona de Jesús como Dios encarnado y como el Cristo o Mesías prometido desde al antiguo pacto, que a su vez es verdadero Dios y verdadero hombre.
La forma de exponer los conceptos o ideas fundamentales. Otra prueba indiscutible de la autoría de Juan es la forma utilizada en la exposición de las ideas y conceptos teológicos presentes en el evangelio y las cartas: Dios es luz, es amor, es verdad, es Padre de Jesús y nuestro, Jesús es su Hijo hecho hombre y es el Mesías o Cristo que expió y deshace constantemente el pecado en nosotros después de la conversión, la existencia cristiana es y depende de una relación vital con Dios, el cristiano está en comunión con Dios, ha sido regenerado de Dios, tiene a Dios, permanece en él, le conoce. Se puede constatar después de leer el evangelio y las cartas que no hay ninguna contradicción conceptual o fisuras en el desarrollo de estas ideas, Juan mantiene esta uniformidad en las significaciones en todos los textos utilizando mucho la concatenación.
lunes, 4 de enero de 2010
Textos para estudio y meditación.
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Sal.42.1-2)
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal.73.25-26)
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” (Sal.1.1-2)
Salmos 42:1-2; 63:1-2 – La sed de Dios: señal de crecimiento espiritual. Aquí vemos un elemento constitutivo del crecimiento espiritual: el de la sed del hombre por Dios, podemos describirla como el anhelo de nuestra alma de saciar su sed en la única fuente que puede llenar esta necesidad: Dios mismo. Es en esencia el impulso intenso en el ser humano de buscar a Dios y presentarse delante de Él con la misma urgencia con que necesitamos del agua como elemento vital. El alma se compara al ciervo que brama por calmar su sed, el cristiano solo puede calmar esa sed en el rio del Espíritu divino para refrescar su alma, lo cual implica renovación y restauración tanto espiritual, como física. Aquí se expresa claramente el ansia por la comunión con Dios como fuente de agua viva. Otro elemento a tener en cuenta en este salmo es que la sed y la sequedad significan en el contexto bíblico cansancio y miseria moral ante la incapacidad de enfrentar situaciones adversas y hostiles. El objetivo final es alcanzar a ver el poder y la majestad de Dios en medio de estas circunstancias.
Salmo 73:25-26 – Dios es el único bien que satisface al cristiano: el ser humano como criatura está destinado para Dios. Es feliz aquel cuyo propósito descansa en la Roca eterna e inconmovible sobre la cual echamos los cimientos de nuestro nuevo estilo de vivir. Dios es nuestra única fuente de vida abundante. Cuando en momentos de crisis y soledad llegamos al desfallecimiento espiritual solo en El y en su cercana presencia encontramos el único asidero firme y refugio seguro.
Salmo 1:1-2 – La meditación en la ley de Dios santifica al hijo de Dios y lo aparta de la conducta de los impíos: por tanto es imprescindible en el crecimiento espiritual para llevar a la aplicación práctica y personal la ley de Dios. El hábito de reflexionar sobre la Palabra de Dios preserva la bondad y rectitud de nuestro corazón y nos hace crecer y madurar espiritualmente.
Romanos 8:26-27 –La obra intercesora del Espíritu Santo: por todos los cristianos en la práctica de la oración. En el momento de la oración también contamos con la ayuda de Dios, quien por medio de su Espíritu nos auxilia para pedir “como se debe” ya que somos incapaces en este sentido producto de nuestras debilidades espirituales.
I Juan 5:14-15 – La confianza en la oración conforme a la voluntad divina: Si pedimos en nuestras oraciones dejando a un lado nuestra voluntad y que sea la voluntad de Dios la que se finalmente se imponga solo entonces El nos oirá y podemos por fe considerarlas concedidas.
Filipenses 4:8-9 –Los valores o virtudes de la espiritualidad: La prioridad del crecimiento espiritual en el cristiano es ejercitar la piedad como máximo valor o virtud intrínseco a su espiritualidad. La piedad es el amor incondicional hacia Dios; la dimensión moral se concreta en el amor en relación al prójimo. Los valores o virtudes que caracterizan nuestro crecimiento espiritual deben ocupar el primer lugar contra los valores y virtudes según los patrones del mundo, por tanto no debemos despreciar nada que sea bueno en sí porque todo lo bueno y agradable procede de Dios; de tal manera que cada valor o virtud ocupe su debido lugar. La piedad y la moral verdadera son inseparables por tanto son autenticas joyas de nuestra espiritualidad cuando son llevadas a la práctica, de esta manera no sólo experimentaremos “la paz de Dios”, sino que ese mismo Dios de paz estará con nosotros.
Mateo 6:19-21 –La sencillez: una disciplina espiritual donde una actitud interna se refleja en un modo externo de vivir donde las riquezas están controladas solo por Dios. El hombre debe servirse de las cosas que son perecederas, pero no convertirse en esclavo de las cosas. El consumismo es un problema que golpea la espiritualidad del hombre moderno y aun de aquellos que dicen ser cristianos. Cuando nos ocupamos en la trivialidad de hacer “…tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,..” entonces optamos por el lado humano de la perspectiva de la riqueza y olvidamos que Dios es el dueño de todo. Al confiar en las riquezas no buscamos primeramente el reino de Dios, porque no confiamos en El. Solo debemos servir a Dios y no a las riquezas.
Juan 13:13-14 –El servicio: ser más humildes. Dios nos ha creado los unos para los otros, tenemos el ejemplo en Jesucristo, aprendiendo de él esa capacidad suya de vaciarse para servir a los demás es que realmente llegaremos a una libertad plena y por ende alcanzaremos la felicidad a la que aspira todo ser humano.
Isaías 6:1, 5-8 –La purificación y santificación: necesidad de reconocer nuestros pecados ante la santidad divina y ser purificados y santificados para poder servirle.
Romanos 12:1-2 – La santificación y consagración de todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo al Creador que nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo lo que implica una transformación espiritual de tal manera que la renovación interna sea un proceso del cual toda nuestra vida sea nueva en sus motivos y fines.
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal.73.25-26)
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” (Sal.1.1-2)
Salmos 42:1-2; 63:1-2 – La sed de Dios: señal de crecimiento espiritual. Aquí vemos un elemento constitutivo del crecimiento espiritual: el de la sed del hombre por Dios, podemos describirla como el anhelo de nuestra alma de saciar su sed en la única fuente que puede llenar esta necesidad: Dios mismo. Es en esencia el impulso intenso en el ser humano de buscar a Dios y presentarse delante de Él con la misma urgencia con que necesitamos del agua como elemento vital. El alma se compara al ciervo que brama por calmar su sed, el cristiano solo puede calmar esa sed en el rio del Espíritu divino para refrescar su alma, lo cual implica renovación y restauración tanto espiritual, como física. Aquí se expresa claramente el ansia por la comunión con Dios como fuente de agua viva. Otro elemento a tener en cuenta en este salmo es que la sed y la sequedad significan en el contexto bíblico cansancio y miseria moral ante la incapacidad de enfrentar situaciones adversas y hostiles. El objetivo final es alcanzar a ver el poder y la majestad de Dios en medio de estas circunstancias.
Salmo 73:25-26 – Dios es el único bien que satisface al cristiano: el ser humano como criatura está destinado para Dios. Es feliz aquel cuyo propósito descansa en la Roca eterna e inconmovible sobre la cual echamos los cimientos de nuestro nuevo estilo de vivir. Dios es nuestra única fuente de vida abundante. Cuando en momentos de crisis y soledad llegamos al desfallecimiento espiritual solo en El y en su cercana presencia encontramos el único asidero firme y refugio seguro.
Salmo 1:1-2 – La meditación en la ley de Dios santifica al hijo de Dios y lo aparta de la conducta de los impíos: por tanto es imprescindible en el crecimiento espiritual para llevar a la aplicación práctica y personal la ley de Dios. El hábito de reflexionar sobre la Palabra de Dios preserva la bondad y rectitud de nuestro corazón y nos hace crecer y madurar espiritualmente.
Romanos 8:26-27 –La obra intercesora del Espíritu Santo: por todos los cristianos en la práctica de la oración. En el momento de la oración también contamos con la ayuda de Dios, quien por medio de su Espíritu nos auxilia para pedir “como se debe” ya que somos incapaces en este sentido producto de nuestras debilidades espirituales.
I Juan 5:14-15 – La confianza en la oración conforme a la voluntad divina: Si pedimos en nuestras oraciones dejando a un lado nuestra voluntad y que sea la voluntad de Dios la que se finalmente se imponga solo entonces El nos oirá y podemos por fe considerarlas concedidas.
Filipenses 4:8-9 –Los valores o virtudes de la espiritualidad: La prioridad del crecimiento espiritual en el cristiano es ejercitar la piedad como máximo valor o virtud intrínseco a su espiritualidad. La piedad es el amor incondicional hacia Dios; la dimensión moral se concreta en el amor en relación al prójimo. Los valores o virtudes que caracterizan nuestro crecimiento espiritual deben ocupar el primer lugar contra los valores y virtudes según los patrones del mundo, por tanto no debemos despreciar nada que sea bueno en sí porque todo lo bueno y agradable procede de Dios; de tal manera que cada valor o virtud ocupe su debido lugar. La piedad y la moral verdadera son inseparables por tanto son autenticas joyas de nuestra espiritualidad cuando son llevadas a la práctica, de esta manera no sólo experimentaremos “la paz de Dios”, sino que ese mismo Dios de paz estará con nosotros.
Mateo 6:19-21 –La sencillez: una disciplina espiritual donde una actitud interna se refleja en un modo externo de vivir donde las riquezas están controladas solo por Dios. El hombre debe servirse de las cosas que son perecederas, pero no convertirse en esclavo de las cosas. El consumismo es un problema que golpea la espiritualidad del hombre moderno y aun de aquellos que dicen ser cristianos. Cuando nos ocupamos en la trivialidad de hacer “…tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,..” entonces optamos por el lado humano de la perspectiva de la riqueza y olvidamos que Dios es el dueño de todo. Al confiar en las riquezas no buscamos primeramente el reino de Dios, porque no confiamos en El. Solo debemos servir a Dios y no a las riquezas.
Juan 13:13-14 –El servicio: ser más humildes. Dios nos ha creado los unos para los otros, tenemos el ejemplo en Jesucristo, aprendiendo de él esa capacidad suya de vaciarse para servir a los demás es que realmente llegaremos a una libertad plena y por ende alcanzaremos la felicidad a la que aspira todo ser humano.
Isaías 6:1, 5-8 –La purificación y santificación: necesidad de reconocer nuestros pecados ante la santidad divina y ser purificados y santificados para poder servirle.
Romanos 12:1-2 – La santificación y consagración de todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo al Creador que nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo lo que implica una transformación espiritual de tal manera que la renovación interna sea un proceso del cual toda nuestra vida sea nueva en sus motivos y fines.
EL NACIMIENTO DE JESUS Y LA NAVIDAD SECULAR DE NUESTROS TIEMPOS
Es necesario saber distinguir entre una actividad religiosa y una actividad o festividad de carácter netamente nacional que puede enmarcar el encuentro familiar dentro de una serie de actos puramente sociales, e incluso de sano entretenimiento, y digo “sano” porque obviamente el cristiano y su familia están sujetos al comportamiento que corresponde a la ley de Dios que prohíbe una actitud carnal o pecadora tal como la ingestión de bebidas alcohólicas, orgias, etc.
En estos momentos a nivel mundial la celebración de la navidad como actividad no está vinculada a ningún tipo de enseñanza religiosa, esto se debe a la secularización de la sociedad humana. Eso lo podemos percibir más claramente en la utilización de la temporada navideña en los mercados y la promoción de las ventas por los grandes centros comerciales, e inclusive en este aspecto también hay excepciones, pues en nuestro país no sucede así.
Lo único que puede convertir determinada actividad u acto en algo religioso o no, es nuestra conciencia, eso es lo que enseña el Nuevo Testamento.
También es muy bueno aclarar que hay actividades que corresponden a la cultura e idiosincrasia de cada nación o grupo étnico y al momento histórico que le toque vivir. En Cuba todas las familias e individuos celebran el 24 y el 31de Diciembre como la “noche buena” y “fin de año” y desde hace décadas estas festividades están despojadas de su significado religioso original proveniente del catolicismo, sencillamente para todos los cubanos por igual (creyentes o ateos, materialistas o idealistas) es simplemente una ocasión especial en nuestra sociedad donde el objetivo primero es reunirse la familia y comer los alimentos que nos son tradicionales. El arbolito tampoco está vinculado a una celebración religiosa, nada que ver con lo católico, es un adorno más que alegra el ambiente de cada hogar cubano no importa su condición social o ideología política.
Por supuesto que todo lo que nos rodea tuvo en su origen un significado pagano en su gran totalidad, el cristianismo solo cuenta con alrededor de 2,000 años de antigüedad a partir de Pentecostés. Las bodas tienen un significado pagano, los días de la semana, la celebración de cumpleaños, los nombres de los meses del año, las constelaciones, los nombres personales, y seria infinita la lista de todas las cosas que hacemos y decimos diariamente que poseen un origen pagano y que las asumimos de forma natural porque inevitablemente forman parte de nuestra herencia cultural, incluso de nuestros idiomas y sus modismos.
Una vez que ha sido aclarada esta diferencia entre lo que hace que una actividad o práctica sea religiosa o no, se van aclarando muchas dudas. Retomando estrictamente lo que nos enseñe la Biblia sobre el nacimiento de Jesús solo nos quedaría preguntarnos:
1. ¿Tiene la “navidad” en su estricto significado semántico (nacimiento) un fundamento bíblico? Por supuesto aquí no estamos hablando de fechas pues no existen ni son necesarias, así lo consideró el Espíritu santo que inspiró las Escrituras. El Nuevo Testamento es explicito en narrar el nacimiento de Jesucristo en Mt.1:18 y Lc.1:14 únicamente como un evento en la historia de la salvación pero no se menciona ninguna fecha específica de cuando ocurrió. Entonces todo el debate gira en torno a la decisión de la iglesia católica romana de observar el día 25 de Diciembre para la celebración del nacimiento de Cristo.
De ninguna manera estamos de acuerdo con el calendario católico porque no somos católicos, somos solamente cristianos, y por tanto solo obedecemos lo que la Palabra de Dios nos enseña, por tanto las iglesias de Cristo no deben celebrar el 25 de Diciembre como el nacimiento de nuestro Salvador, realmente es un pecado hacer algo que no aparece aprobado ni sustentado por la Palabra de Dios.
2. Pero si encontramos que el evento del nacimiento de Cristo nuestro Señor posee un fundamento bíblico ¿Podemos afirmar seriamente que no posee ninguna importancia este hecho, aunque no exista un mandamiento directo de que sea celebrado o recordado?, ¿Entonces no tiene la iglesia del Señor la responsabilidad de enseñar sobre lo que nos dice la Biblia sobre el nacimiento de Jesús? Si. Por supuesto que sí
He tenido la oportunidad de leer otros artículos donde se plantea que enseñar sobre el nacimiento distrae y deja en segundo lugar la muerte en la cruz, este planteamiento es incorrecto todos sabemos que ninguna doctrina bíblica se contradice y todas se complementan. Y en ese sentido se está cometiendo un grave error.
El apóstol Pedro no dejó de enseñar sobre el nacimiento de Jesús según la carne como parte de las buenas nuevas de salvación (Hch.2:22-36), y nada más ni nada menos que lo hizo en la primera predicación de la naciente iglesia de Cristo en Pentecostés:
“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono Hch.2.29-30
A simple vista tenemos la primera predicación del evangelio, el apóstol Pedro no hace otra cosa que proclamar el mensaje acerca del nacimiento (encarnación del Logos), ministerio terrenal, muerte en la cruz, resurrección y ascensión de Cristo y posteriormente hace el llamado al arrepentimiento y la necesidad de ser bautizados en el nombre de Jesús para recibir el don del Espíritu Santo y el perdón de pecados (Hch.2:38-40).
El apóstol Juan en su evangelio no se prodiga en detalles en la narración del nacimiento tal como lo hacen Mateo y Lucas, porque cada evangelista lo hace con un propósito definido en este caso decirnos que aunque concebido por el Espíritu Jesús es humano 100% , sin embargo consciente de la importancia del evento del nacimiento según el plan salvífico Juan nos aclara con más profundidad el milagro del nacimiento de Jesús como la encarnación del Verbo (el Logos), el apóstol completa la doctrina bíblica de que Jesús es divino 100% “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”… “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” … “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:1-15).
Aunque no exista un mandamiento directo, porque tampoco es necesario, el nacimiento de Jesús no está excluido del anuncio de salvación, todo lo contrario forma parte del evangelio de nuestro Señor Jesucristo, nunca podríamos entender el nacimiento sin la cruz, ni mucho menos entender la cruz sin el nacimiento en Belén y el apóstol Juan que ha ido testigo de todo esto explica a sus oyentes que con la encarnación del Logos se confirman las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento de que Jesús era el Mesías predicho por David. Cuando restamos importancia a un aspecto de la doctrina y resaltamos otro es un grave error, sobre todo a la hora de enseñar sobre la divinidad y la humanidad de Jesucristo.
Por ese motivo los cristianos no podemos excluir el evento del nacimiento bajo ningún concepto porque es una doctrina bíblica de vital importancia para el plan de salvación divina, no podemos agregar nada a la Escritura, pero tampoco podemos omitir nada de lo que nos enseña la Palabra de Dios.
En estos momentos a nivel mundial la celebración de la navidad como actividad no está vinculada a ningún tipo de enseñanza religiosa, esto se debe a la secularización de la sociedad humana. Eso lo podemos percibir más claramente en la utilización de la temporada navideña en los mercados y la promoción de las ventas por los grandes centros comerciales, e inclusive en este aspecto también hay excepciones, pues en nuestro país no sucede así.
Lo único que puede convertir determinada actividad u acto en algo religioso o no, es nuestra conciencia, eso es lo que enseña el Nuevo Testamento.
También es muy bueno aclarar que hay actividades que corresponden a la cultura e idiosincrasia de cada nación o grupo étnico y al momento histórico que le toque vivir. En Cuba todas las familias e individuos celebran el 24 y el 31de Diciembre como la “noche buena” y “fin de año” y desde hace décadas estas festividades están despojadas de su significado religioso original proveniente del catolicismo, sencillamente para todos los cubanos por igual (creyentes o ateos, materialistas o idealistas) es simplemente una ocasión especial en nuestra sociedad donde el objetivo primero es reunirse la familia y comer los alimentos que nos son tradicionales. El arbolito tampoco está vinculado a una celebración religiosa, nada que ver con lo católico, es un adorno más que alegra el ambiente de cada hogar cubano no importa su condición social o ideología política.
Por supuesto que todo lo que nos rodea tuvo en su origen un significado pagano en su gran totalidad, el cristianismo solo cuenta con alrededor de 2,000 años de antigüedad a partir de Pentecostés. Las bodas tienen un significado pagano, los días de la semana, la celebración de cumpleaños, los nombres de los meses del año, las constelaciones, los nombres personales, y seria infinita la lista de todas las cosas que hacemos y decimos diariamente que poseen un origen pagano y que las asumimos de forma natural porque inevitablemente forman parte de nuestra herencia cultural, incluso de nuestros idiomas y sus modismos.
Una vez que ha sido aclarada esta diferencia entre lo que hace que una actividad o práctica sea religiosa o no, se van aclarando muchas dudas. Retomando estrictamente lo que nos enseñe la Biblia sobre el nacimiento de Jesús solo nos quedaría preguntarnos:
1. ¿Tiene la “navidad” en su estricto significado semántico (nacimiento) un fundamento bíblico? Por supuesto aquí no estamos hablando de fechas pues no existen ni son necesarias, así lo consideró el Espíritu santo que inspiró las Escrituras. El Nuevo Testamento es explicito en narrar el nacimiento de Jesucristo en Mt.1:18 y Lc.1:14 únicamente como un evento en la historia de la salvación pero no se menciona ninguna fecha específica de cuando ocurrió. Entonces todo el debate gira en torno a la decisión de la iglesia católica romana de observar el día 25 de Diciembre para la celebración del nacimiento de Cristo.
De ninguna manera estamos de acuerdo con el calendario católico porque no somos católicos, somos solamente cristianos, y por tanto solo obedecemos lo que la Palabra de Dios nos enseña, por tanto las iglesias de Cristo no deben celebrar el 25 de Diciembre como el nacimiento de nuestro Salvador, realmente es un pecado hacer algo que no aparece aprobado ni sustentado por la Palabra de Dios.
2. Pero si encontramos que el evento del nacimiento de Cristo nuestro Señor posee un fundamento bíblico ¿Podemos afirmar seriamente que no posee ninguna importancia este hecho, aunque no exista un mandamiento directo de que sea celebrado o recordado?, ¿Entonces no tiene la iglesia del Señor la responsabilidad de enseñar sobre lo que nos dice la Biblia sobre el nacimiento de Jesús? Si. Por supuesto que sí
He tenido la oportunidad de leer otros artículos donde se plantea que enseñar sobre el nacimiento distrae y deja en segundo lugar la muerte en la cruz, este planteamiento es incorrecto todos sabemos que ninguna doctrina bíblica se contradice y todas se complementan. Y en ese sentido se está cometiendo un grave error.
El apóstol Pedro no dejó de enseñar sobre el nacimiento de Jesús según la carne como parte de las buenas nuevas de salvación (Hch.2:22-36), y nada más ni nada menos que lo hizo en la primera predicación de la naciente iglesia de Cristo en Pentecostés:
“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono Hch.2.29-30
A simple vista tenemos la primera predicación del evangelio, el apóstol Pedro no hace otra cosa que proclamar el mensaje acerca del nacimiento (encarnación del Logos), ministerio terrenal, muerte en la cruz, resurrección y ascensión de Cristo y posteriormente hace el llamado al arrepentimiento y la necesidad de ser bautizados en el nombre de Jesús para recibir el don del Espíritu Santo y el perdón de pecados (Hch.2:38-40).
El apóstol Juan en su evangelio no se prodiga en detalles en la narración del nacimiento tal como lo hacen Mateo y Lucas, porque cada evangelista lo hace con un propósito definido en este caso decirnos que aunque concebido por el Espíritu Jesús es humano 100% , sin embargo consciente de la importancia del evento del nacimiento según el plan salvífico Juan nos aclara con más profundidad el milagro del nacimiento de Jesús como la encarnación del Verbo (el Logos), el apóstol completa la doctrina bíblica de que Jesús es divino 100% “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”… “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” … “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:1-15).
Aunque no exista un mandamiento directo, porque tampoco es necesario, el nacimiento de Jesús no está excluido del anuncio de salvación, todo lo contrario forma parte del evangelio de nuestro Señor Jesucristo, nunca podríamos entender el nacimiento sin la cruz, ni mucho menos entender la cruz sin el nacimiento en Belén y el apóstol Juan que ha ido testigo de todo esto explica a sus oyentes que con la encarnación del Logos se confirman las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento de que Jesús era el Mesías predicho por David. Cuando restamos importancia a un aspecto de la doctrina y resaltamos otro es un grave error, sobre todo a la hora de enseñar sobre la divinidad y la humanidad de Jesucristo.
Por ese motivo los cristianos no podemos excluir el evento del nacimiento bajo ningún concepto porque es una doctrina bíblica de vital importancia para el plan de salvación divina, no podemos agregar nada a la Escritura, pero tampoco podemos omitir nada de lo que nos enseña la Palabra de Dios.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Textos para estudio y meditación.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt.11.28–30).
“Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (Heb.4.3)
El apartar tiempo para Dios, estudiar tranquilamente su Palabra y meditar concienzudamente en sus enseñanzas constituyen disciplinas espirituales que nos hacen crecer interiormente, sosegando y descansando nuestra mente y alimentando nuestra fe y saturando de lo divino nuestras almas sedientas. Por la fe en nuestro Redentor los cristianos podemos acceder al reposo prometido por Dios, porque El es nuestra paz. El reposo del cristiano, según la doctrina bíblica significa alivio al cansancio espiritual, plena libertad para el alma, satisfacción y gozo después de batallar duramente contra los retos que enfrentamos en este mundo y que nos afectan en el plano emocional, intelectual y volitivo.
Cuando dialogamos con Dios (orar) mediante su Palabra el pone un espejo ante nosotros donde se refleja nuestro verdadero rostro, el revela nuestro interior iluminando los rincones más oscuros de nuestra alma, nuestras flaquezas y debilidades. Yendo aún más lejos pudiéramos describir este tiempo como el tiempo en que Dios desnuda nuestras almas, con el propósito esencial de facilitar el re-descubrirnos a nosotros mismos para enseñarnos sin ningún tipo de tapujo las miserias de nuestro espíritu y la necesidad de ser transformados en la persona que El realmente desea que seamos.
El cristiano debe anhelar escuchar a Dios, oír su voluntad.
“Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones” (Heb.4.7)
“a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír” (Is.28.12)
“En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor” (1 Co.14.21).
Queremos que El hable a nuestras vidas y nos guie en esta transformación. Nuestro Creador conoce cada corazón y actuará en conformidad a los propósitos más íntimos para que seamos transformados. Con la lectura y meditación de la Palabra adquirimos no solamente información, sino que incorporamos a nuestra visión de la vida una cultura bíblica que nos ayudará a confrontar los retos de este mundo. Esta visión a través de las doctrinas escriturales es lo que marca el significado de nuestro proyecto de vida, de nuestro nuevo estilo de vivir y lo necesario que es poder percibir el actuar de Dios en la historia. Lo mejor de este tiempo que nos ha tocado vivir es que esta nueva forma de asimilar la vida es un regalo de Dios imprescindible para nuestra transformación, porque no es una visión particular, a partir del seguimiento de Cristo empezamos a hablar y obrar desde la visión de Dios.
El principal provecho que se deriva del estudio y la meditación de la Palabra, y de la oración y el ayuno es principalmente la capacidad de poder re-ordenar, re-direccionar nuevamente nuestra manera de pensar y actuar conforme a la mente de Dios La palabra de Dios que se atesora en nuestros corazones nos proporcionan una guía inmejorable junto con la inapreciable ayuda del Espíritu Santo en la tarea de lograr una mejor calidad vida espiritual, paz mental, confianza, sosiego, incluso gozo.
Control en el área emocional.
Generalmente reaccionamos mal ante determinadas situaciones existenciales que pueden demandar un extra de nuestra paciencia y dominio propio, por ejemplo tendemos a responder apresuradamente y no calculamos bien las consecuencias que esto nos pueda traer en las relaciones con los demás. La Biblia nos brinda su ayuda de forma efectiva, primeramente enseñándonos que el responder apresuradamente y no poseer dominio propio representan debilidades en nuestro carácter, por tanto constituyen pecados que deben ser desarraigados de nuestras mentes y de nuestras bocas. En la epístola de Santiago (3:2) encontramos la siguiente pauta de comportamiento: “…Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto,…” la Palabra de Dios tiene el poder de actuar en nuestro intelecto, en nuestra conciencia y en nuestra voluntad, por tanto debemos de asumir esta enseñanza primeramente identificando el origen de los problemas que entorpecen nuestras relaciones inter-personales y apreciar en su justa magnitud las consecuencias altamente negativas de hablar sin tomar en cuenta las palabras que escogemos y el sentido de las mismas, así como el lugar y momento apropiados de pronunciarlas.
“Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (Heb.4.3)
El apartar tiempo para Dios, estudiar tranquilamente su Palabra y meditar concienzudamente en sus enseñanzas constituyen disciplinas espirituales que nos hacen crecer interiormente, sosegando y descansando nuestra mente y alimentando nuestra fe y saturando de lo divino nuestras almas sedientas. Por la fe en nuestro Redentor los cristianos podemos acceder al reposo prometido por Dios, porque El es nuestra paz. El reposo del cristiano, según la doctrina bíblica significa alivio al cansancio espiritual, plena libertad para el alma, satisfacción y gozo después de batallar duramente contra los retos que enfrentamos en este mundo y que nos afectan en el plano emocional, intelectual y volitivo.
Cuando dialogamos con Dios (orar) mediante su Palabra el pone un espejo ante nosotros donde se refleja nuestro verdadero rostro, el revela nuestro interior iluminando los rincones más oscuros de nuestra alma, nuestras flaquezas y debilidades. Yendo aún más lejos pudiéramos describir este tiempo como el tiempo en que Dios desnuda nuestras almas, con el propósito esencial de facilitar el re-descubrirnos a nosotros mismos para enseñarnos sin ningún tipo de tapujo las miserias de nuestro espíritu y la necesidad de ser transformados en la persona que El realmente desea que seamos.
El cristiano debe anhelar escuchar a Dios, oír su voluntad.
“Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones” (Heb.4.7)
“a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír” (Is.28.12)
“En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor” (1 Co.14.21).
Queremos que El hable a nuestras vidas y nos guie en esta transformación. Nuestro Creador conoce cada corazón y actuará en conformidad a los propósitos más íntimos para que seamos transformados. Con la lectura y meditación de la Palabra adquirimos no solamente información, sino que incorporamos a nuestra visión de la vida una cultura bíblica que nos ayudará a confrontar los retos de este mundo. Esta visión a través de las doctrinas escriturales es lo que marca el significado de nuestro proyecto de vida, de nuestro nuevo estilo de vivir y lo necesario que es poder percibir el actuar de Dios en la historia. Lo mejor de este tiempo que nos ha tocado vivir es que esta nueva forma de asimilar la vida es un regalo de Dios imprescindible para nuestra transformación, porque no es una visión particular, a partir del seguimiento de Cristo empezamos a hablar y obrar desde la visión de Dios.
El principal provecho que se deriva del estudio y la meditación de la Palabra, y de la oración y el ayuno es principalmente la capacidad de poder re-ordenar, re-direccionar nuevamente nuestra manera de pensar y actuar conforme a la mente de Dios La palabra de Dios que se atesora en nuestros corazones nos proporcionan una guía inmejorable junto con la inapreciable ayuda del Espíritu Santo en la tarea de lograr una mejor calidad vida espiritual, paz mental, confianza, sosiego, incluso gozo.
Control en el área emocional.
Generalmente reaccionamos mal ante determinadas situaciones existenciales que pueden demandar un extra de nuestra paciencia y dominio propio, por ejemplo tendemos a responder apresuradamente y no calculamos bien las consecuencias que esto nos pueda traer en las relaciones con los demás. La Biblia nos brinda su ayuda de forma efectiva, primeramente enseñándonos que el responder apresuradamente y no poseer dominio propio representan debilidades en nuestro carácter, por tanto constituyen pecados que deben ser desarraigados de nuestras mentes y de nuestras bocas. En la epístola de Santiago (3:2) encontramos la siguiente pauta de comportamiento: “…Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto,…” la Palabra de Dios tiene el poder de actuar en nuestro intelecto, en nuestra conciencia y en nuestra voluntad, por tanto debemos de asumir esta enseñanza primeramente identificando el origen de los problemas que entorpecen nuestras relaciones inter-personales y apreciar en su justa magnitud las consecuencias altamente negativas de hablar sin tomar en cuenta las palabras que escogemos y el sentido de las mismas, así como el lugar y momento apropiados de pronunciarlas.
Textos básicos para estudio y meditación
“Orará a Dios, y éste le amará, Y verá su faz con júbilo; Y restaurará al hombre su justicia” (Job.33.26)
“y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Ap.22.3-5)
“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones…” (1 Ped.3.12)
“…Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento;…” (1 Cor.14.15)
“si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crón.7.14)
“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Stg.5.15)
“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mt.14.23)
“Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Tim.4.4-5)
Este es un posible modelo de un día oración, es simplemente una proposición. La oración debe constituir un hábito arraigado en el cristiano y tanto la disposición como la forma de orar a Dios es un privilegio personal.
UN DIA DE ORACIÓN.
1-Condicionamiento: Comenzamos nuestro día de oración teniendo en mente que es el momento en que llegaremos a una relación significativamente profunda de amor con nuestro Padre celestial. Por ese motivo es obligatorio apartar un tiempo de alrededor de una hora, nunca menos, para este propósito. Este tiempo preferiblemente debe ser temprano en la mañana, o bien entrada la noche, lo que se busca es que haya silencio y privacidad. Ante el llamado de Dios comenzamos a orar dándole gracias por querer que busquemos su rostro, sentir su amor y su presencia en nuestra existencia.
2-Momento de respuesta: En la oración primero nos identificamos con Dios, por eso reconocemos nuestra dependencia total hacia el Creador porque es el único y verdadero Dios, como señal de respeto y reverencia le llamamos por sus atributos, específicamente adorándolo y alabándolo por Su santidad y su amor, esto nos hace sentirnos como pecadores que somos ante El. Reconociendo que somos impuros y que aún necesitamos día a día de su ayuda para perfeccionarnos en su voluntad mediante su gracia y misericordia, en este primer momento de la oración hay una respuesta de parte nuestra a la iniciativa divina.
3-Momento de confianza: También le damos a conocer a nuestro Padre la confianza en que El va a contestar nuestras oraciones, porque estamos conscientes de su fidelidad e inmutabilidad, otro de sus atributos que producen en los hijos de Dios la fe y la convicción de poseer una nueva filiación y porque su ley y su perfecta justicia forma parte de nuestro proyecto de vida. Depositar nuestra plena confianza al llamado amoroso de Dios es reconocer que es el mismo Dios quien siempre toma la iniciativa de motivar con su Espíritu a entablar este diálogo de amor.
4- Humildad: Pedimos también a Dios que nos ayude a ser cada día más humildes y mansos, y reconocer formalmente que sin El no podemos hacer nada. Que renueve nuestras fuerzas y nos transforme en la persona que Él desea. Sabemos que hemos pecado voluntaria o involuntariamente y necesitamos de su perdón, de su gracia y su misericordia, por eso pasamos a confesarle todos nuestros errores y la falta de humildad en algunas áreas de nuestro ser interior, en nuestro carácter todavía nos resistimos a entregarle el control total de nuestras emociones al Espíritu divino. Le pedimos con sinceridad y devoción que el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros nos ayude a vencer las flaquezas y debilidades propias de nuestra naturaleza caída.
5- Pautas y modelos bíblicos de oración: Mientras oramos llega un momento en que es necesario comenzar a leer nuestras Biblias buscando un pasaje que se ajuste a nuestras necesidades espirituales del momento. La mejor oración es la que se realiza sobre la base de la Palabra de Dios. Orar con la Biblia es orar conforme a la voluntad divina y nos ayuda a enfocarnos y encauzar nuestras acciones de gracias y peticiones. Preferiblemente el libro de los Salmos es muy adecuado porque sus oraciones expresan las emociones más hondas del alma humana en su trato con Dios, oraciones que se convierten en pautas y modelos una vez que son reinterpretadas desde la ley y el espíritu del nuevo pacto y que nos guían certeramente en la oración a desarrollar una profunda intimidad y desenvolvimiento de gracia y de verdad en aquel que es centro de nuestra espiritualidad: Jesucristo.
6- Orar con la Palabra: el así hacerlo también ordena y clarifica nuestros pensamientos en la intimidad con Dios, porque la mente ha de estar clara, ya que no solamente vamos a entablar un diálogo con Dios, sino que vamos a entrar en su presencia pidiéndole una unión espiritual, una unión de afecto, una unión de mente con Su mente, y sobre todo una unión de propósito: asimilarnos como adoradores a semejanza del objeto de nuestra adoración: Dios mediante Jesucristo, en el poder del Espíritu. Siempre debemos cuidar de que nuestras peticiones y acciones de gracias sean sinceras y que el Espíritu de Dios limpie de nuestros corazones cualquier pensamiento negativo u hostil ya que el Consolador intercede por nosotros. También le pedimos a Dios que ponga en nuestro espíritu el deseo de perseverar en la oración y no descuidarla, porque a veces sucede.
7- Momento de intercesión: Los primeros agradecimientos, peticiones e intercesiones no deben estar dirigidas a nuestros intereses particulares, sino que debemos agradecer y pedir por nuestra familia, por la iglesia, por las necesidades espirituales de los hermanos de nuestra congregación, su salud, su fidelidad y su crecimiento, es una manera efectiva de que nuestra oración sea verdadera y agradable a Dios, porque estaremos orando en el Espíritu y no guiados por intereses puramente personales. Por ese motivo en este día de oración es recomendable escribir en una hoja una lista de peticiones de la familia, de nuestros hermanos de la fe, que son los motivos de oración que se recogen en la iglesia cada domingo. Es voluntad de Dios que oremos los unos por los otros, este sentir no puede estar ausente en la oración cristiana. Igualmente debemos velar y ser celosos en cuanto que las peticiones y la de nuestros hermanos y familiares no tengan un carácter egoísta, en este caso el filtro que nos permite decantar lo que no es voluntad de Dios son la vida y las enseñanzas de Jesucristo, nuestro único Maestro.
8-Conforme a su voluntad: Sabemos que hay poder en la oración, tenemos la convicción de que muchas cosas van a cambiar después de este primer tiempo de oración, no a causa nuestra, sino que ese poder se genera en la confianza de que los ojos de Dios están sobre nosotros y que El escucha atentamente todo lo que le estamos diciendo, pero que no se limita solo a vernos y escucharnos sino que también responde nuestras oraciones. Ante los problemas y dificultades siempre debemos pedir a Dios, no porque cambie nuestra posición, sino que cambie la situación a la cual estamos enfrentando y nos fortalezca para enfrentarla o aceptarla con dignidad y confianza en la providencia divina, pero que finalmente todo lo que El decida hacer con nuestras vidas lo haga conforme a Su voluntad, y no la nuestra.
9- La oración familiar: Meditar y orar en familia. Es imprescindible en nuestro día de oración incluir el devocional familiar. Abrimos este tiempo de oración pidiéndole invariablemente a nuestro Padre que nos mantenga unidos, tal como El nos escogió y conformó, que nos fortalezca cada día más como núcleo familiar de una familia más grande: la familia de la fe, que nos haga crecer en la gracia y el conocimiento de Dios para poder ser, como familia unida por Dios, un testimonio vivo y agradable a nuestros hermanos en el desempeño de la obra. Nuestras familias constituyen por su naturaleza una pequeña iglesia, si no funcionamos como iglesia nuclear, adorando, dando gracias a Dios, alabándolo, pidiéndole por nuestras necesidades y por las de nuestros hermanos y amigos, entonces el trabajo pastoral en la gran iglesia del Señor no marchará sobre terreno firme, el terreno de Dios.
“y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Ap.22.3-5)
“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones…” (1 Ped.3.12)
“…Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento;…” (1 Cor.14.15)
“si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crón.7.14)
“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Stg.5.15)
“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mt.14.23)
“Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Tim.4.4-5)
Este es un posible modelo de un día oración, es simplemente una proposición. La oración debe constituir un hábito arraigado en el cristiano y tanto la disposición como la forma de orar a Dios es un privilegio personal.
UN DIA DE ORACIÓN.
1-Condicionamiento: Comenzamos nuestro día de oración teniendo en mente que es el momento en que llegaremos a una relación significativamente profunda de amor con nuestro Padre celestial. Por ese motivo es obligatorio apartar un tiempo de alrededor de una hora, nunca menos, para este propósito. Este tiempo preferiblemente debe ser temprano en la mañana, o bien entrada la noche, lo que se busca es que haya silencio y privacidad. Ante el llamado de Dios comenzamos a orar dándole gracias por querer que busquemos su rostro, sentir su amor y su presencia en nuestra existencia.
2-Momento de respuesta: En la oración primero nos identificamos con Dios, por eso reconocemos nuestra dependencia total hacia el Creador porque es el único y verdadero Dios, como señal de respeto y reverencia le llamamos por sus atributos, específicamente adorándolo y alabándolo por Su santidad y su amor, esto nos hace sentirnos como pecadores que somos ante El. Reconociendo que somos impuros y que aún necesitamos día a día de su ayuda para perfeccionarnos en su voluntad mediante su gracia y misericordia, en este primer momento de la oración hay una respuesta de parte nuestra a la iniciativa divina.
3-Momento de confianza: También le damos a conocer a nuestro Padre la confianza en que El va a contestar nuestras oraciones, porque estamos conscientes de su fidelidad e inmutabilidad, otro de sus atributos que producen en los hijos de Dios la fe y la convicción de poseer una nueva filiación y porque su ley y su perfecta justicia forma parte de nuestro proyecto de vida. Depositar nuestra plena confianza al llamado amoroso de Dios es reconocer que es el mismo Dios quien siempre toma la iniciativa de motivar con su Espíritu a entablar este diálogo de amor.
4- Humildad: Pedimos también a Dios que nos ayude a ser cada día más humildes y mansos, y reconocer formalmente que sin El no podemos hacer nada. Que renueve nuestras fuerzas y nos transforme en la persona que Él desea. Sabemos que hemos pecado voluntaria o involuntariamente y necesitamos de su perdón, de su gracia y su misericordia, por eso pasamos a confesarle todos nuestros errores y la falta de humildad en algunas áreas de nuestro ser interior, en nuestro carácter todavía nos resistimos a entregarle el control total de nuestras emociones al Espíritu divino. Le pedimos con sinceridad y devoción que el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros nos ayude a vencer las flaquezas y debilidades propias de nuestra naturaleza caída.
5- Pautas y modelos bíblicos de oración: Mientras oramos llega un momento en que es necesario comenzar a leer nuestras Biblias buscando un pasaje que se ajuste a nuestras necesidades espirituales del momento. La mejor oración es la que se realiza sobre la base de la Palabra de Dios. Orar con la Biblia es orar conforme a la voluntad divina y nos ayuda a enfocarnos y encauzar nuestras acciones de gracias y peticiones. Preferiblemente el libro de los Salmos es muy adecuado porque sus oraciones expresan las emociones más hondas del alma humana en su trato con Dios, oraciones que se convierten en pautas y modelos una vez que son reinterpretadas desde la ley y el espíritu del nuevo pacto y que nos guían certeramente en la oración a desarrollar una profunda intimidad y desenvolvimiento de gracia y de verdad en aquel que es centro de nuestra espiritualidad: Jesucristo.
6- Orar con la Palabra: el así hacerlo también ordena y clarifica nuestros pensamientos en la intimidad con Dios, porque la mente ha de estar clara, ya que no solamente vamos a entablar un diálogo con Dios, sino que vamos a entrar en su presencia pidiéndole una unión espiritual, una unión de afecto, una unión de mente con Su mente, y sobre todo una unión de propósito: asimilarnos como adoradores a semejanza del objeto de nuestra adoración: Dios mediante Jesucristo, en el poder del Espíritu. Siempre debemos cuidar de que nuestras peticiones y acciones de gracias sean sinceras y que el Espíritu de Dios limpie de nuestros corazones cualquier pensamiento negativo u hostil ya que el Consolador intercede por nosotros. También le pedimos a Dios que ponga en nuestro espíritu el deseo de perseverar en la oración y no descuidarla, porque a veces sucede.
7- Momento de intercesión: Los primeros agradecimientos, peticiones e intercesiones no deben estar dirigidas a nuestros intereses particulares, sino que debemos agradecer y pedir por nuestra familia, por la iglesia, por las necesidades espirituales de los hermanos de nuestra congregación, su salud, su fidelidad y su crecimiento, es una manera efectiva de que nuestra oración sea verdadera y agradable a Dios, porque estaremos orando en el Espíritu y no guiados por intereses puramente personales. Por ese motivo en este día de oración es recomendable escribir en una hoja una lista de peticiones de la familia, de nuestros hermanos de la fe, que son los motivos de oración que se recogen en la iglesia cada domingo. Es voluntad de Dios que oremos los unos por los otros, este sentir no puede estar ausente en la oración cristiana. Igualmente debemos velar y ser celosos en cuanto que las peticiones y la de nuestros hermanos y familiares no tengan un carácter egoísta, en este caso el filtro que nos permite decantar lo que no es voluntad de Dios son la vida y las enseñanzas de Jesucristo, nuestro único Maestro.
8-Conforme a su voluntad: Sabemos que hay poder en la oración, tenemos la convicción de que muchas cosas van a cambiar después de este primer tiempo de oración, no a causa nuestra, sino que ese poder se genera en la confianza de que los ojos de Dios están sobre nosotros y que El escucha atentamente todo lo que le estamos diciendo, pero que no se limita solo a vernos y escucharnos sino que también responde nuestras oraciones. Ante los problemas y dificultades siempre debemos pedir a Dios, no porque cambie nuestra posición, sino que cambie la situación a la cual estamos enfrentando y nos fortalezca para enfrentarla o aceptarla con dignidad y confianza en la providencia divina, pero que finalmente todo lo que El decida hacer con nuestras vidas lo haga conforme a Su voluntad, y no la nuestra.
9- La oración familiar: Meditar y orar en familia. Es imprescindible en nuestro día de oración incluir el devocional familiar. Abrimos este tiempo de oración pidiéndole invariablemente a nuestro Padre que nos mantenga unidos, tal como El nos escogió y conformó, que nos fortalezca cada día más como núcleo familiar de una familia más grande: la familia de la fe, que nos haga crecer en la gracia y el conocimiento de Dios para poder ser, como familia unida por Dios, un testimonio vivo y agradable a nuestros hermanos en el desempeño de la obra. Nuestras familias constituyen por su naturaleza una pequeña iglesia, si no funcionamos como iglesia nuclear, adorando, dando gracias a Dios, alabándolo, pidiéndole por nuestras necesidades y por las de nuestros hermanos y amigos, entonces el trabajo pastoral en la gran iglesia del Señor no marchará sobre terreno firme, el terreno de Dios.
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