En la Biblia aparecen varias doctrinas sobre diferentes tipos de bautismos (Heb 6.2) “de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” Aquí nos referimos únicamente al bautismo para arrepentimiento y preparación para el perdón por medio del sacrificio de Cristo.
¿Fue un bautismo para perdón de pecados? Dejemos que la Biblia se interprete a sí misma.
No. En ningún momento la Escritura enseña que el bautismo de Juan era para perdón de pecados, sino como preparación para el perdón. Entonces no hubiese sido necesario Jesucristo, el único con la facultad de perdonar pecados. El propósito del bautismo de Juan era llamar al arrepentimiento a una nación específica. Pero es necesario recurrir al contexto donde ocurre este bautismo.
Contexto histórico: ¿A quién Juan llamaba al bautismo de arrepentimiento? Hech 13.24 “Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel”. Únicamente al pueblo de Israel, este bautismo solo fue valido al pueblo judío bajo la ley de Moisés. Desde el momento en que Cristo asciende al cielo y se derrama el Espíritu Santo en Pentecostés este bautismo no es válido a la iglesia cristiana (Hech 1.22) “comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”.
¿Por qué no es válido? (Hech 19.4) “Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” Fue una preparación o sombra del bautismo[1] que sería predicado por los apóstoles donde el mandamiento del bautismo sustituye la circuncisión y forma parte indisoluble de la predicación del evangelio de Cristo simbolizando la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo: (1 Ped 3.21) “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. El bautismo por sí mismo no salva a nadie, sino que corresponde a las condiciones de salvación en el Nuevo Testamento (juntamente con la fe, el arrepentimiento y la confesión de Jesús como único Salvador) según la predicación del evangelio[2]. Esta situación la confrontó el predicador Apolo quien incluía en la enseñanza el bautismo de Juan y no el que Cristo había instituido (Hech 18.25) “Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”
¿Qué pasó con aquellos que fueron bautizados por Juan? Los judíos bautizados por Juan lo hicieron para arrepentimiento (cambio de actitud) y para prepararles para la llegada del Mesías, es indudable que creyeron, pues la fe produce el arrepentimiento, pero no recibieron ni el perdón de pecados ni el don del Espíritu Santo, ya que Cristo aún no había muerto en la cruz ni había derramado su sangre, por tanto estos judíos no podían iniciar una nueva vida en Cristo (nuevo nacimiento, nueva criatura) si aún no era posible la presencia del Consolador, del “Paracletos”.
El bautismo como mandamiento de Cristo. (Mat 28.19) “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. En Pentecostés 3,000 hombres y mujeres preguntaron “que debemos hacer” la enseñanza del apóstol Pedro es clara y precisa: (Hech 2.38) “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hech 2.41) “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” es la sana doctrina inspirada por el Espíritu Santo mediante la cual el creyente es añadido a la iglesia, que es estar “en Cristo”, ser posesión de Cristo, estar “revestido de Cristo”. “Para perdón de los pecados” en griego: “eis áfesin ton jamartión” la construcción gramatical de la frase es literal e indica claramente el propósito primero del bautismo: perdón de pecados y a continuación recibir el regalo del Espíritu Santo mediante el cual por gracia mediante la fe renacemos en la familia de Dios, somos adoptados como sus hijos
El bautismo es incluido por los apóstoles y evangelistas en la predicación del Evangelio a raíz del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés y es un patrón invariable en todos los ejemplos de conversiones citados en el Nuevo testamento (Hech 8.12) “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hech 18.8) “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. El mismo Cristo conecta el mandamiento del bautismo a la economía o plan de salvación (Mr. 16.16) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” Esto no es doctrina de hombres, es la Palabra de Dios para su iglesia. Es la sana doctrina que enseña el Nuevo Testamento: El samaritano Hch.8:12; Simón Hch.8:13; el etíope Hch.8:35-38; el carcelero de Filipos Hch.16:30:34; los corintios Hch.18:8; los gálatas Gá.3:26-27, a Pablo “levántate y bautízate…” Hch.22:16
Significado del bautismo instituido por Cristo: (Ro. 6.3) “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
Contexto lingüístico. El bautismo “en el nombre del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo”. En el griego del Nuevo Testamento “eis to onma” “en el nombre” se traduce “en la posesión de”. La preposición griega “eis” indica acción progresiva hacia un objeto ya sea real o implicado, en su contexto gramatical “en el nombre”, significa mucho más que la autoridad del Dios tri-uno el hecho de ir a la entrada de una estrecha comunión con la plenitud de la Deidad. El bautismo como mandamiento y requisito indispensable dentro del evangelio está vigente hasta el fin de los tiempos, aplica a todas las criaturas, naciones y culturas, no es doctrina de hombre (1 Ped.1.25) “Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (Gál.1.11) “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre” (1 Ts 1.5) “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. El mensaje no puede ser cambiado (Gál 1.8) “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”
[1] Hch.10.37 “… sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan”
[2] Pasajes homólogos: Col. 2.12; Ro. 6.4
jueves, 7 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
La Palabra Canon
La palabra CANON: originalmente una palabra del idioma sumerio asumida por el babilónico y que pasa al hebreo y al griego.
Significa de forma literal una vara recta, listón, o regla de medir que utilizaban los albañiles y carpinteros en sus labores.
Con el tiempo el término adquiere otra connotación y expresa la idea de: NORMA o PATRÓN.
En el siglo II se usa en la iglesia para referirse a una NORMA REVELADA, o sea, “lo verdadero, lo que es principio de fe”. En el siglo IV fue utilizada para designar una especie de catálogo o lista de libros autorizados por la iglesia para edificación e instrucción porque se consideraban normativos y autoritativos para la fe cristiana por su fidelidad a la enseñanza apostólica.
¿Qué se fin se perseguía con el establecimiento de un CANON o PATRON?
Con el canon se persigue el objetivo de –conservar, -preservar, y –observar de manera precisa la pureza e inspiración de los textos en circulación, el canon básicamente determina los límites de la revelación de Dios definiendo lo que es, o no es, inspirado por Dios, y de esta forma guardar la integridad de la Escritura.
Esta Escritura Sagrada, tanto los libros del Antiguo Testamento como del Nuevo, es reconocida por la iglesia:
1) Como textos escritos por inspiración del Espíritu Santo
2) Dios es su legítimo autor
3) La Biblia en su totalidad ha sido confiada por Dios a su iglesia para el anuncio del Evangelio y la instrucción del pueblo de Dios.
En el desarrollo del canon para que un libro fuera reconocido como inspirado el criterio normativo era la consideración o valoración de que estos textos correspondieran a la doctrina enseñada por los apóstoles en caso contrario eran rechazados. La iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, supo discernir cuando un libro era inspirado o no.
LIBROS CANONICOS.
En estas listas o cánones se marcaba una diferencia entre los libros CANONICOS, los cuales podían ser leídos por su probada autoridad (inspirados por el Espíritu Santo), y los libros APOCRIFOS que podían leerse con carácter instructivo, pero nunca como normas o reglas de fe para las iglesias de cristo. La palabra CANON con el tiempo vino a ser usada comúnmente con un sentido dual como prueba o norma de medida, y como algo aplicado a lo que se mide
DESARROLLO DEL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO.
Antes de morir, Moisés escribió un libro de la ley, y mandó a los levitas a que lo pusieran al lado del Arca (Dt.31:26). En este libro de la ley se ordenaba que todo rey “cuando se sentare sobre el trono de su reino, que ha de escribir para si en un libro un traslado de esa ley el original de delante de los sacerdotes levitas, y los tendrá consigo y leerá en el todos los días de su vida” (Dt.17:18-19). Más tarde Josué estableció un pacto con el pueblo y escribió estas palabras en el libro de la ley de Dios (Jos.24:26), posteriormente el profeta Samuel escribió un libro, el cual guardó delante de Jehová (I S.10:25). Durante las reformas aplicadas por Josafat el pueblo fue enseñado con el libro de la ley (II Cr.17:9). Un hecho significativo en la formación del canon veterotestamentario fue el descubrimiento por parte de Hilcias, sumo sacerdote, del libro de la ley en el templo (II R.22:8-10), acto seguido el rey Josías convocó al pueblo y el libro fue leído, y todo el pueblo confirmó el pacto II R.23:2-3.
Este evento es definitorio en la historia del canon según el testimonio bíblico, ya que en un acto público el libro de la ley fue aceptado por el rey y el pueblo como un documento que expresaba la autoridad divina. En el siglo V antes de Cristo se destacan dos eventos integradores del canon, el primero fue la lectura de la ley mosaica públicamente y el consiguiente pacto que fue sellado por príncipes, levitas y sacerdotes. Durante este mismo siglo los samaritanos adoptaron la ley de Moisés con el objetivo de probar su descendencia del antiguo Israel, de esta forma fue constituido el Pentateuco Samaritano. Estos eventos prueban que la Ley fue aceptada como canónica desde el año 440 a. de C.
La segunda división del canon fue la colección de Profetas que se aprobó en el mismo siglo que marcó el canon de la Ley, esto explica por qué Esdras y Nehemías no están recogidos en esta colección.
La tercera división Las Escrituras y Los Salmos ocurre por el año 130 a. C. y finalizó alrededor del año 100 a. C. Finalmente fue en el Concilio de Jamnia en el 90 d.C. se aprobaron todos los libros que hoy en día conocemos como el Antiguo Testamento y se rechazaron los que no se encontraron aprobados. El testimonio mas importante de la canonicidad del Viejo Pacto fue ratificado por nuestro Señor Jesús y sus discípulos como el oráculo infalible de Dios para el pueblo judío.
DESARROLLO DEL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO.
La agencia del Espíritu Santo y la memoria colectiva e individual de los apóstoles.
Después de la ascensión de Jesús a la diestra del Padre los apóstoles quedaron comisionados para el liderazgo e instrucción de la naciente iglesia. Durante un periodo de alrededor de tres años ellos, en su condición de discípulos, fueron instruidos por Jesús y a la vez habían tenido el inmenso privilegio de ser testigos de su vida ejemplar, su crucifixión, sepultura, resurrección y ascensión de entre los muertos por el poder de Dios. Las enseñanzas de Cristo quedaron en la memoria individual y colectiva de los apóstoles y de aquellos que lo seguían (Jn.17:8-18). Ellos recibieron, según la promesa, una capacidad especial (inspiración) proveniente de la agencia del Espíritu Santo.
Mediante el Consolador, Jesús les seguiría enseñando, y aún más, les recordaría todas las enseñanzas e instrucciones que Él les había dado durante el tiempo en que había ejercido su ministerio terrenal junto con ellos, para que la transmitieran de forma íntegra y correctamente de una vez y para siempre (Jn.14:25-26, 16:12-13).
• La transmisión oral y las epístolas circulares
Para Jesús y sus seguidores, la Torá, los Profetas y los Hagiográficos del judaísmo eran las ¨Santas Escrituras¨ y los rollos de la ley se conservaban solamente en las sinagogas y el templo. Durante mucho tiempo esta transmisión de las enseñanzas de Jesús se realizó de forma oral, y es en una fecha muy tardía, (alrededor de 60-70 años o más), después de la resurrección de Cristo, que por parte de las comunidades cristianas se comienzan a recopilar, conservar, copiar y circular los evangelios y algunos escritos apostólicos (epístolas) entre las iglesias establecidas que posteriormente con el paso del tiempo conformarían los textos sagrados del Nuevo Testamento. A su vez Pablo requiere en Col.4:16 que su epístola también fuera leída en la iglesia de Laodicea y la que poseía Laodicea fuera a su vez leída por los de Colosas. En II P.3:16 el apóstol habla de cartas paulinas en las cuales, según su criterio, algunas cosas eran «difíciles de entender».
Hay suficiente evidencia escritural para afirmar que existían epístolas que fueron escritas en forma de cartas circulares, por este motivo las iglesias primitivas preservaron y copiaron las epístolas que recibían de los apóstoles y de esta manera se facilitó el que se fueran completando las primeras colecciones que hoy conforman nuestras Biblias, fue así como principió la canonicidad del Nuevo Testamento.
Primeros intentos de formar el canon neotestamentario
Al fallecimiento de los apóstoles y de sus evangelistas se produce un vacío de autoridad en cuanto a la autenticidad de la doctrina cristiana, de lo que era enseñanza apostólica y lo que no. La legitimidad del evangelio era conservada en la predicación oral y en los primeros textos sagrados que salían a la luz, fundamentalmente las cartas paulinas y los evangelios. En esta periodo de tiempo no existía ninguna recopilación de textos cristianos como los que ahora conocemos como el Nuevo Testamento.
Los primeros movimientos apostatas reclamaron para si esta autoridad apostólica y la primera mención de un canon neotestamentario es alrededor del año 140 d.C. elaborado por el hereje Marción , el cual centró todos sus esfuerzos por establecer un canon definido y para ello primero se dio a la tarea de elaborar un Nuevo Testamento que justificara su errado sistema teológico. Sin embargo el canon Muratorio en el 200 d.C. es de mayor relevancia y se considera la lista más antigua de textos del Nuevo Testamento
En el Sínodo de Cartago en el año 397 o 419 d.C. se ratificó oficialmente el canon del Nuevo Testamento, tal como lo conocemos hoy. Fue Atanasio (293?-373) teólogo y obispo de la iglesia de Alejandría, envió en el año 367 a las iglesias que se hallaban bajo su jurisdicción una carta pastoral, donde establecía los límites del canon del Nuevo Testamento. La norma que se aplicaba para determinar cuál texto era canónico o no era su apostolicidad, o sea, tenía que haber sido escrito por el apóstol o dictado a su amanuense.
[NOTA: Los textos eran exhaustivamente analizados hasta comprobar que eran portadores de la enseñanza apostólica, por este motivo algunos libros que estaban en circulación como el Pastor de Hermas y la Epístola de Bernabé, por citar algunos casos, fueron descartados porque en su contenido didáctico no reflejaban la enseñanza de los apóstoles y en algunos casos la contradecían]
LOS APOCRIFOS.
El término apócrifo significa simplemente el como se denomina a aquellos escritos que no pertenecen al canon, y se consideran que no son inspirados por el Espíritu Santo. Habiéndose completado ya el canon del Antiguo Testamento se continuaron escribiéndose algunos libros de edificación que fueron usados ampliamente por los judíos, pero a su vez no eran considerados en el mismo plano de las Escrituras canónicas, este fenómeno se manifestó en Palestina, sin embargo los judíos en Alejandría adoptaron un canon diferente y llegaron a incluir como divinamente inspirados los libros que eran considerados apócrifos.
El protestantismo rechazó los libros apócrifos, entendiendo como inspirados los 66 libros que conforman ambos testamentos como dados por inspiración divina los cuales revelan infaliblemente la voluntad de Dios en referencia a todo lo necesario para la salvación del hombre. Lo que se conoce comúnmente como los Apócrifos del Nuevo Testamento es una colección de escritos espurios que nunca fueron publicados conjuntamente con las textos canónicos, y nunca fueron reconocidos como inspirados.
miércoles, 16 de marzo de 2011
EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN
Hay un factor común en todos los sistemas de creencias que estructuran las religiones que conocemos en nuestros días: el admitir que todo lo visible e invisible que nos rodea, incluyéndonos como parte culminante de la creación, es obra de una divinidad, a la cual estamos sujetos tanto en el acto de obedecerle, servirle y adorarle.
Para facilitar la cuestión metodológica de este tratado quisiera tomar como referencia la conceptualización de “religiones abrahámicas” que algunos expertos en el tema utilizan para referirse al judaísmo, el cristianismo y el islamismo por el hecho de ser religiones monoteístas que tienen como tronco común a Abraham como padre de todas las naciones, afirmación avalada por la Escritura. Reduciendo aún más el campo de elementos teológicos comunes es en las religiones judía y cristiana donde se enfatiza de manera muy singular que la relación con este Único y Verdadero Dios es de carácter personal.
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento ponen de relieve que Dios Creador y Padre no se restringe a su trascendencia, sino que es un Dios comprometido hasta la medula con su creación, es también un Dios inmanente, ha escogido a su pueblo primogénito y camina con su pueblo, habla con su pueblo y se manifiesta en medio de el por medio de sus profetas y la ley, esta verdad es algo que compartimos judíos y cristianos.
En la fe cristiana y el conjunto de doctrinas neotestamentarias sobre la naturaleza del Dios Único en el Nuevo Testamento se registra un evento que distingue definitivamente al cristianismo de todas las religiones monoteístas y politeístas hasta el momento conocidas, incluyendo la Judía: Jesucristo el Verbo encarnado por obra y gracia del Espíritu Santo, el único camino para llegar a Dios, Dios mismo hecho hombre pleno en la persona de Jesús de Nazaret, es Dios encarnado en nuestra débil y nada digna humanidad. Entonces podemos afirmar que es el misterio de la encarnación el sello sublime que identifica y distingue la fe cristiana y consecuentemente la forma de relacionarnos con el Dios Creador y Padre en el poder de su Espíritu.
El Dios de los cristianos, el Dios que describe la Biblia no es un Dios de “balcón” cuyo papel se reduce a ser un simple espectador, de ninguna manera es un Dios que le ha dado cuerda a nuestro planeta como si fuera un reloj y se ha alejado en el infinito para observar impasible desde la inalcanzable altura de los cielos la marcha de la historia humana.
Muchas religiones, sobre todo las llamadas “religiones orientalistas” como el yoga, budismo, etc. tienen una visión diferente del Dios que nos muestra la Biblia, para sus creyentes no existe la idea de un Dios personal que dialoga e interactúa con sus adoradores. Estas religiones comparten en su gran mayoría un credo fundamental que está situado en el otro extremo de la fe cristiana, para estos creyentes su percepción es que Dios es un ser inaccesible, divorciado de la tragedia humana, por tanto el éxtasis y las experiencias extra corporales constituyen el camino a la felicidad y tienen como objetivo primario aislar al creyente del sufrimiento sumergiéndolo en una total indiferencia a la realidad que lo rodea.
A partir de este presupuesto trascendente, de una divinidad inaccesible entonces la búsqueda de comunión con Dios como vinculo y fuente de bendiciones, paz y perfeccionamiento de los creyentes en estas religiones deja de centrarse en la búsqueda de una apasionada, estrecha e íntima relación personal y es sustituida por un aparente trance o grado de éxtasis escapista que aparentemente transporta más allá del bien y el mal a tales practicantes, un estado en busca de la felicidad que posibilita el no sentir preocupaciones, debilidades o temores, pasión o exaltación que constituyen sentimientos inherentes a la naturaleza humana.
Cuando hablamos de misterio es necesario puntualizar que desde la enseñanza bíblica el significado del término “misterio” no implica “algo” o “alguien” totalmente desconocido, sino que se hace referencia a una verdad oculta desde el principio de los tiempos que es imposible desentrañar por medio del intelecto humano, sino que es dada a conocer por gracia a los que profesan la fe en el Dios de la Biblia, este medio o verdad donde es revelado el misterio de Dios no es otro que Cristo (Col.1:26) “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos”
Si revisamos algunos relatos que describen las relaciones de algunas deidades con sus creyentes podemos apreciar, para citar un ejemplo al mitológico Dios Zeus que no puede descender desde el monte Olimpo y mezclarse con los humanos, el Dios de los cristianos, el Dios “que creó todas las cosas” desciende y se convierte en uno de nosotros, en un mortal de carne y hueso en la persona de Jesús (1 Tim.3.16) “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria”.
Es sumamente importante detenernos en la connotación de la frase bíblica “manifestado en carne”, y podemos apreciar que en el evangelio según Juan la idea es aún más directa y explicita “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…lleno de gracia y verdad” (Jn.1:14), por tanto en el contexto de estas afirmaciones el “hacerse carne” en el sentido bíblico significa asumir un cuerpo humano, el Hijo de Dios asumió no solamente un cuerpo humano sino toda la contingencia propia de nuestra naturaleza humana. La Biblia nos enseña sin dejar ningún resquicio, que el plan de salvación inexorablemente incluía la encarnación. Pero el nudo del problema teológico que nos plantea el evento de la encarnación y que ha generado muchas herejías y conflictos para aquellos que no aceptan la doctrina del Dios Trino es el ¿Cómo? de la encarnación en referencia a la divinidad y la humanidad del Redentor. ¿Cómo las dos naturalezas, la divina y la humana subsistieron en la persona de Jesús de Nazaret, el Cristo?
Ante estos cuestionamientos a lo largo de la historia del cristianismo encontramos diferentes interpretaciones erróneas sobre la divinidad/humanidad de Jesús.
Desde el mismo comienzo del cristianismo surgieron en el seno de la iglesia falsas doctrinas como la gnóstica, que encontraba intolerable la encarnación y enunciaba que la humanidad de Jesús no era más que una apariencia, otra variante que pretendía dilucidar el misterio era el adopcionismo, que predicaba que Jesús aunque concebido milagrosamente, no era más que un hombre común hasta su bautismo, cuando el Espíritu Santo le hizo Hijo de Dios “por adopción” y no reconocían ninguna relación divina entre el Padre y el Hijo, la doctrina de los patripasianos: ellos creían en la divinidad de Cristo, pero consideraban la Trinidad como las tres “manifestaciones”, o “modos” (modalismo) de un único ser divino, proclamaban que el Padre había venido a la Tierra y había sufrido y muerto bajo la “apariencia” del Hijo, y el arrianismo que rechazaba la divinidad de Jesús y lo concebían como una criatura más, esta última corriente es la que más fuertemente está presente en la teología racionalista o liberal de nuestros días que nos deja solamente al Jesús humano, al Cristo histórico.
Las circunstancias y posibilidades.
Ahora bien, tenemos el punto sobre la inmutabilidad de Dios, un Dios cuya existencia es eterna, este atributo de la Deidad pudiera parecer contrario al misterio de la encarnación, pero no podemos obviar que también existen otros atributos o características de Dios que en la Biblia nos orientan y clarifican sobre el tema: Dios es todopoderoso, para El no hay nada imposible, por tanto para Dios no existió ninguna limitante en el momento en que, por su soberana voluntad, decidió asumir la humanidad en Jesús, un hombre concreto a pesar de haber sido concebido milagrosamente por obra y gracia del Espíritu Santo, sin por eso dejar de ser Dios. Aquí ya hemos aclarado la posibilidad de Dios, pero también la Biblia anuncia el motivo de Dios: el intenso amor hacia su creación, el apóstol Juan declara: “Dios es amor”
El motivo.
La Biblia nos enseña otra de las características esenciales de la Deidad, y es que Dios como Espíritu, es Amor. El Amor de Dios padre y Creador es un amor que no conoce fronteras, El ama apasionadamente a toda la humanidad y movido por este intenso Amor es que decide hacerse hombre y habitar entre su pueblo escogido.
La imagen de Dios en el hombre.
El autor del Salmo 8 hace una declaración impresionante: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies:Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo (Sal.8:4-7). El salmista vincula la indiscutible autoridad de Dios sobre su creación, es por tanto el Señor de la historia humana e incluye en el marco de la creación la gloria humana.
Esta declaración del Salmo 8 nos lleva a la inevitable pregunta ¿y cuál es la gloria del hombre como culminación de la creación divina?
La gloria y la honra del hombre es que lleva en si la imagen y semejanza de su Creador. Si el hombre no hubiera sido dotado con la imagen y semejanza de Dios no pudiera enseñorearse sobre todas las obras de Dios y dominar mediante la ciencia y la técnica el entorno que lo rodea en su beneficio.
Hay un factor común en todos los sistemas de creencias que estructuran las religiones que conocemos en nuestros días: el admitir que todo lo visible e invisible que nos rodea, incluyéndonos como parte culminante de la creación, es obra de una divinidad, a la cual estamos sujetos tanto en el acto de obedecerle, servirle y adorarle.
Para facilitar la cuestión metodológica de este tratado quisiera tomar como referencia la conceptualización de “religiones abrahámicas” que algunos expertos en el tema utilizan para referirse al judaísmo, el cristianismo y el islamismo por el hecho de ser religiones monoteístas que tienen como tronco común a Abraham como padre de todas las naciones, afirmación avalada por la Escritura. Reduciendo aún más el campo de elementos teológicos comunes es en las religiones judía y cristiana donde se enfatiza de manera muy singular que la relación con este Único y Verdadero Dios es de carácter personal.
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento ponen de relieve que Dios Creador y Padre no se restringe a su trascendencia, sino que es un Dios comprometido hasta la medula con su creación, es también un Dios inmanente, ha escogido a su pueblo primogénito y camina con su pueblo, habla con su pueblo y se manifiesta en medio de el por medio de sus profetas y la ley, esta verdad es algo que compartimos judíos y cristianos.
En la fe cristiana y el conjunto de doctrinas neotestamentarias sobre la naturaleza del Dios Único en el Nuevo Testamento se registra un evento que distingue definitivamente al cristianismo de todas las religiones monoteístas y politeístas hasta el momento conocidas, incluyendo la Judía: Jesucristo el Verbo encarnado por obra y gracia del Espíritu Santo, el único camino para llegar a Dios, Dios mismo hecho hombre pleno en la persona de Jesús de Nazaret, es Dios encarnado en nuestra débil y nada digna humanidad. Entonces podemos afirmar que es el misterio de la encarnación el sello sublime que identifica y distingue la fe cristiana y consecuentemente la forma de relacionarnos con el Dios Creador y Padre en el poder de su Espíritu.
El Dios de los cristianos, el Dios que describe la Biblia no es un Dios de “balcón” cuyo papel se reduce a ser un simple espectador, de ninguna manera es un Dios que le ha dado cuerda a nuestro planeta como si fuera un reloj y se ha alejado en el infinito para observar impasible desde la inalcanzable altura de los cielos la marcha de la historia humana.
Muchas religiones, sobre todo las llamadas “religiones orientalistas” como el yoga, budismo, etc. tienen una visión diferente del Dios que nos muestra la Biblia, para sus creyentes no existe la idea de un Dios personal que dialoga e interactúa con sus adoradores. Estas religiones comparten en su gran mayoría un credo fundamental que está situado en el otro extremo de la fe cristiana, para estos creyentes su percepción es que Dios es un ser inaccesible, divorciado de la tragedia humana, por tanto el éxtasis y las experiencias extra corporales constituyen el camino a la felicidad y tienen como objetivo primario aislar al creyente del sufrimiento sumergiéndolo en una total indiferencia a la realidad que lo rodea.
A partir de este presupuesto trascendente, de una divinidad inaccesible entonces la búsqueda de comunión con Dios como vinculo y fuente de bendiciones, paz y perfeccionamiento de los creyentes en estas religiones deja de centrarse en la búsqueda de una apasionada, estrecha e íntima relación personal y es sustituida por un aparente trance o grado de éxtasis escapista que aparentemente transporta más allá del bien y el mal a tales practicantes, un estado en busca de la felicidad que posibilita el no sentir preocupaciones, debilidades o temores, pasión o exaltación que constituyen sentimientos inherentes a la naturaleza humana.
Cuando hablamos de misterio es necesario puntualizar que desde la enseñanza bíblica el significado del término “misterio” no implica “algo” o “alguien” totalmente desconocido, sino que se hace referencia a una verdad oculta desde el principio de los tiempos que es imposible desentrañar por medio del intelecto humano, sino que es dada a conocer por gracia a los que profesan la fe en el Dios de la Biblia, este medio o verdad donde es revelado el misterio de Dios no es otro que Cristo (Col.1:26) “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos”
Si revisamos algunos relatos que describen las relaciones de algunas deidades con sus creyentes podemos apreciar, para citar un ejemplo al mitológico Dios Zeus que no puede descender desde el monte Olimpo y mezclarse con los humanos, el Dios de los cristianos, el Dios “que creó todas las cosas” desciende y se convierte en uno de nosotros, en un mortal de carne y hueso en la persona de Jesús (1 Tim.3.16) “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria”.
Es sumamente importante detenernos en la connotación de la frase bíblica “manifestado en carne”, y podemos apreciar que en el evangelio según Juan la idea es aún más directa y explicita “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…lleno de gracia y verdad” (Jn.1:14), por tanto en el contexto de estas afirmaciones el “hacerse carne” en el sentido bíblico significa asumir un cuerpo humano, el Hijo de Dios asumió no solamente un cuerpo humano sino toda la contingencia propia de nuestra naturaleza humana. La Biblia nos enseña sin dejar ningún resquicio, que el plan de salvación inexorablemente incluía la encarnación. Pero el nudo del problema teológico que nos plantea el evento de la encarnación y que ha generado muchas herejías y conflictos para aquellos que no aceptan la doctrina del Dios Trino es el ¿Cómo? de la encarnación en referencia a la divinidad y la humanidad del Redentor. ¿Cómo las dos naturalezas, la divina y la humana subsistieron en la persona de Jesús de Nazaret, el Cristo?
Ante estos cuestionamientos a lo largo de la historia del cristianismo encontramos diferentes interpretaciones erróneas sobre la divinidad/humanidad de Jesús.
Desde el mismo comienzo del cristianismo surgieron en el seno de la iglesia falsas doctrinas como la gnóstica, que encontraba intolerable la encarnación y enunciaba que la humanidad de Jesús no era más que una apariencia, otra variante que pretendía dilucidar el misterio era el adopcionismo, que predicaba que Jesús aunque concebido milagrosamente, no era más que un hombre común hasta su bautismo, cuando el Espíritu Santo le hizo Hijo de Dios “por adopción” y no reconocían ninguna relación divina entre el Padre y el Hijo, la doctrina de los patripasianos: ellos creían en la divinidad de Cristo, pero consideraban la Trinidad como las tres “manifestaciones”, o “modos” (modalismo) de un único ser divino, proclamaban que el Padre había venido a la Tierra y había sufrido y muerto bajo la “apariencia” del Hijo, y el arrianismo que rechazaba la divinidad de Jesús y lo concebían como una criatura más, esta última corriente es la que más fuertemente está presente en la teología racionalista o liberal de nuestros días que nos deja solamente al Jesús humano, al Cristo histórico.
Las circunstancias y posibilidades.
Ahora bien, tenemos el punto sobre la inmutabilidad de Dios, un Dios cuya existencia es eterna, este atributo de la Deidad pudiera parecer contrario al misterio de la encarnación, pero no podemos obviar que también existen otros atributos o características de Dios que en la Biblia nos orientan y clarifican sobre el tema: Dios es todopoderoso, para El no hay nada imposible, por tanto para Dios no existió ninguna limitante en el momento en que, por su soberana voluntad, decidió asumir la humanidad en Jesús, un hombre concreto a pesar de haber sido concebido milagrosamente por obra y gracia del Espíritu Santo, sin por eso dejar de ser Dios. Aquí ya hemos aclarado la posibilidad de Dios, pero también la Biblia anuncia el motivo de Dios: el intenso amor hacia su creación, el apóstol Juan declara: “Dios es amor”
El motivo.
La Biblia nos enseña otra de las características esenciales de la Deidad, y es que Dios como Espíritu, es Amor. El Amor de Dios padre y Creador es un amor que no conoce fronteras, El ama apasionadamente a toda la humanidad y movido por este intenso Amor es que decide hacerse hombre y habitar entre su pueblo escogido.
La imagen de Dios en el hombre.
El autor del Salmo 8 hace una declaración impresionante: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies:Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo (Sal.8:4-7). El salmista vincula la indiscutible autoridad de Dios sobre su creación, es por tanto el Señor de la historia humana e incluye en el marco de la creación la gloria humana.
Esta declaración del Salmo 8 nos lleva a la inevitable pregunta ¿y cuál es la gloria del hombre como culminación de la creación divina?
La gloria y la honra del hombre es que lleva en si la imagen y semejanza de su Creador. Si el hombre no hubiera sido dotado con la imagen y semejanza de Dios no pudiera enseñorearse sobre todas las obras de Dios y dominar mediante la ciencia y la técnica el entorno que lo rodea en su beneficio.
lunes, 20 de septiembre de 2010
RAZONES PARA EL ESTUDIO DE LOS FUNDAMENTOS DOCTRINALES DE NUESTRA FE.
Todo libro humano es finito en contenido. Puede ser leído, estudiado, aprendido de memoria, hasta que un día llega a ser dominado y no se le necesita más. Pero la Escritura es la Palabra de Dios y cuanto más la sondeamos más se ensanchan sus dimensiones divinas y se imponen ellas mismas.
Hans Urs
PRIMERA RAZÓN: El contenido de nuestras creencias y su consecuente práctica perfilan nuestra condición moral ante el mundo.
A medida que perseveremos en el estudio constante de la Palabra de Dios se van a consolidar y fortalecer nuestras convicciones y prácticas, que no solo determinan nuestro destino a la eternidad, sino que también nos hacen responsables por el destino de los que nos rodean. Las convicciones y experiencias del seguidor de Cristo perfilan su condición moral en todas las áreas de su existencia, dichas creencias y practicas se auto-proyectan y a la vez se retro-alimentan en sus relaciones e influencias dadas en el entorno social que le toque vivir y predicar el evangelio. Este principio, que es básico en la directriz pastoral del predicador fue el que motivó las siguientes palabras del apóstol Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Tim.2:15)
SEGUNDA RAZÓN. Estamos destinados a ser portavoces de la Palabra de Dios en la realidad concreta de este mundo.
Nuestra misión es predicar a Cristo e instruir al pueblo de Dios, consecuentemente nuestras palabras deben ser las del Maestro de esta manera queda garantizada la integridad de la doctrina y la autenticidad de nuestro testimonio que constituirán nuestras credenciales ante el mundo. “Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mismo y a los que te oyeren” (I Tim.4:15-16). La enseñanza de Pablo es bien clara: le aconseja a Timoteo, que primero conserve y legitime su identidad como cristiano para que pueda salvarse y a la vez salvar al mundo, la salvación depende de la responsabilidad individual pero es imposible ignorar que posee también una dinámica colectiva a partir del anuncio de las Buenas Nuevas de salvación. La doctrina y la práctica religiosa del cristianismo deben estar despojadas de la autosuficiencia esotérica. El auténtico cristiano en ningún momento vive su fe de espaldas a la sociedad humana “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn.17:14-15). Cada cristiano se constituye en “sal de la tierra”, porque la simiente que es la Palabra de Dios, debe ser proclamada con cada gesto y palabra, con cada acto de nuestras vidas cotidianas en este mundo perdido y sin esperanzas hasta el regreso de nuestro Redentor.
TERCERA RAZÓN. No basta con nuestra sinceridad, ni podemos confiarnos de nuestra limitada percepción de la realidad. A pesar de poseer una conciencia que nos permite sentir e interpretar la realidad no siempre comprendemos o sabemos, nuestro sistema cognoscitivo es imperfecto porque nuestro corazón está enfermo, nuestro entendimiento es limitado por el pecado, esta limitación puede ser vencida solamente por una autentica conversión y seguimiento de Cristo, educando nuestra conciencia en los valores y las enseñanzas bíblicas, sin añadir u omitir de la Escritura.
Al ser nuestra mente imperfecta y no percibir la realidad correctamente, es necesario perseverar sin desmayo en el estudio de la Biblia para contrarrestar nuestras certezas puramente humanas al querer apropiarnos de la verdad de espaldas a la voluntad de Dios. Es muy frecuente encontrar personas que le conceden más importancia a la sinceridad de sus creencias que al contenido de las mismas. Obviamente ser sincero es una cualidad necesaria ante cualquier sistema de pensamiento y un atributo encomiable en cada persona. Pero La Biblia nos enseña que nuestro sistema sensorial jamás debe desplazar el conocimiento de la verdad que solo está en Cristo Jesús, porque “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9).
No importa el grado de convicción si depositamos nuestra fe en una falsedad, en una idea o practica que no esté correctamente fundamentada en la Biblia, las convicciones sin el fundamento del juicio divino siempre ha traído inevitablemente resultados terribles a través de la historia del cristianismo y de la humanidad: la apostasía, la división de la iglesia del Señor, la ejecución de los herejes, la inquisición, las cruzadas, las actuales guerras religiosas, la manipulación de la fe para el enriquecimiento personal, etc.
“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar mas de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. (I Co.4:6). Para ser un verdadero cristiano no basta con querer a Dios de corazón. El significado bíblico de corazón determina el alma, el espíritu y la mente humana. El corazón es un concepto figurativo para describir el centro de nuestros pensamientos, de nuestra percepción, de nuestras emociones. El corazón es un lugar especial donde se encuentran interactuando los atributos de nuestra personalidad, este es un regalo de Dios que sitúa al ser humano por encima del resto de los seres vivientes. Poseemos la singular capacidad de pensar y sentir, lo que nos ubica como corona de toda la creación. Con los sentidos percibimos determinada realidad e inmediatamente nuestra mente, el cerebro, se encarga de integrar la información sensorial en todo un sistema de clasificación de objetos y cualidades que son a su vez traducidos en símbolos o representaciones que constituyen nuestra visión del mundo, pero no podemos confiar en nuestros sentidos porque la mayoría de las veces en nuestras decisiones y juicios dejamos fuera a Dios y su voluntad.
CUARTA RAZÓN. Dios en su inmenso amor se ha revelado al hombre mediante Jesucristo y dicha revelación solo es posible por el Espíritu de Dios.
Es posible y necesario para el hombre acceder al entendimiento de la Escritura y asimilar las verdades divinas, sobre todo en aquellos pasajes en los cuales Dios ha querido indicarnos claramente el camino a la salvación eterna. Igualmente hay un deseo humano natural de conocer a Dios y la razón nos ayuda en el camino hacia el encuentro con nuestro Creador. Algunos creyentes, líderes y movimientos religiosos pretenden justificar la ausencia de un estudio sistemático de la Biblia basándose en la cita de II P.3:15-16 donde el apóstol expresa “casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Una lectura honesta de este versículo indica que no toda la Escritura es oscura e impenetrable para el creyente, sino que hay “algunas porciones difíciles” de las cuales solo los “indoctos e inconstantes” se aprovechan para adulterar su significado original ya sea por ignorancia o en provecho propio, o motivados por ambas cosas.
El mismo Pablo cuestiona en I Co.2:16, “¿porque quien conoció la mente del Señor?, ¿quien le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, es ciertamente una pregunta provocativa o retórica. Obviamente es imposible conocer la mente divina por nuestros propios medios, ya que solo Dios la ha revelado por medio del Espíritu Santo, los pensamientos de Dios han sido expuestos al alcance del hombre en la Escritura por medio de Jesucristo y sus enseñanzas (la mente de Cristo), las cuales fueron predicadas y escritas por sus apóstoles como legado imperecedero a su iglesia en el Nuevo Testamento. Dios eligió el medio más eficiente de transmitirnos una representación de su mente: la Biblia, garantizada su inerrancia por la agencia del Espíritu Santo. “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (I Co.2:11). Según la Escritura cuando Dios Padre envió a su Verbo, igualmente envía su Espíritu. Cristo se manifiesta como la imagen visible de Dios invisible, pero es el ministerio del Espíritu Santo quien lo revela, aunque el Espíritu nunca se revela a sí mismo.
Hans Urs
PRIMERA RAZÓN: El contenido de nuestras creencias y su consecuente práctica perfilan nuestra condición moral ante el mundo.
A medida que perseveremos en el estudio constante de la Palabra de Dios se van a consolidar y fortalecer nuestras convicciones y prácticas, que no solo determinan nuestro destino a la eternidad, sino que también nos hacen responsables por el destino de los que nos rodean. Las convicciones y experiencias del seguidor de Cristo perfilan su condición moral en todas las áreas de su existencia, dichas creencias y practicas se auto-proyectan y a la vez se retro-alimentan en sus relaciones e influencias dadas en el entorno social que le toque vivir y predicar el evangelio. Este principio, que es básico en la directriz pastoral del predicador fue el que motivó las siguientes palabras del apóstol Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Tim.2:15)
SEGUNDA RAZÓN. Estamos destinados a ser portavoces de la Palabra de Dios en la realidad concreta de este mundo.
Nuestra misión es predicar a Cristo e instruir al pueblo de Dios, consecuentemente nuestras palabras deben ser las del Maestro de esta manera queda garantizada la integridad de la doctrina y la autenticidad de nuestro testimonio que constituirán nuestras credenciales ante el mundo. “Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mismo y a los que te oyeren” (I Tim.4:15-16). La enseñanza de Pablo es bien clara: le aconseja a Timoteo, que primero conserve y legitime su identidad como cristiano para que pueda salvarse y a la vez salvar al mundo, la salvación depende de la responsabilidad individual pero es imposible ignorar que posee también una dinámica colectiva a partir del anuncio de las Buenas Nuevas de salvación. La doctrina y la práctica religiosa del cristianismo deben estar despojadas de la autosuficiencia esotérica. El auténtico cristiano en ningún momento vive su fe de espaldas a la sociedad humana “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn.17:14-15). Cada cristiano se constituye en “sal de la tierra”, porque la simiente que es la Palabra de Dios, debe ser proclamada con cada gesto y palabra, con cada acto de nuestras vidas cotidianas en este mundo perdido y sin esperanzas hasta el regreso de nuestro Redentor.
TERCERA RAZÓN. No basta con nuestra sinceridad, ni podemos confiarnos de nuestra limitada percepción de la realidad. A pesar de poseer una conciencia que nos permite sentir e interpretar la realidad no siempre comprendemos o sabemos, nuestro sistema cognoscitivo es imperfecto porque nuestro corazón está enfermo, nuestro entendimiento es limitado por el pecado, esta limitación puede ser vencida solamente por una autentica conversión y seguimiento de Cristo, educando nuestra conciencia en los valores y las enseñanzas bíblicas, sin añadir u omitir de la Escritura.
Al ser nuestra mente imperfecta y no percibir la realidad correctamente, es necesario perseverar sin desmayo en el estudio de la Biblia para contrarrestar nuestras certezas puramente humanas al querer apropiarnos de la verdad de espaldas a la voluntad de Dios. Es muy frecuente encontrar personas que le conceden más importancia a la sinceridad de sus creencias que al contenido de las mismas. Obviamente ser sincero es una cualidad necesaria ante cualquier sistema de pensamiento y un atributo encomiable en cada persona. Pero La Biblia nos enseña que nuestro sistema sensorial jamás debe desplazar el conocimiento de la verdad que solo está en Cristo Jesús, porque “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9).
No importa el grado de convicción si depositamos nuestra fe en una falsedad, en una idea o practica que no esté correctamente fundamentada en la Biblia, las convicciones sin el fundamento del juicio divino siempre ha traído inevitablemente resultados terribles a través de la historia del cristianismo y de la humanidad: la apostasía, la división de la iglesia del Señor, la ejecución de los herejes, la inquisición, las cruzadas, las actuales guerras religiosas, la manipulación de la fe para el enriquecimiento personal, etc.
“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar mas de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. (I Co.4:6). Para ser un verdadero cristiano no basta con querer a Dios de corazón. El significado bíblico de corazón determina el alma, el espíritu y la mente humana. El corazón es un concepto figurativo para describir el centro de nuestros pensamientos, de nuestra percepción, de nuestras emociones. El corazón es un lugar especial donde se encuentran interactuando los atributos de nuestra personalidad, este es un regalo de Dios que sitúa al ser humano por encima del resto de los seres vivientes. Poseemos la singular capacidad de pensar y sentir, lo que nos ubica como corona de toda la creación. Con los sentidos percibimos determinada realidad e inmediatamente nuestra mente, el cerebro, se encarga de integrar la información sensorial en todo un sistema de clasificación de objetos y cualidades que son a su vez traducidos en símbolos o representaciones que constituyen nuestra visión del mundo, pero no podemos confiar en nuestros sentidos porque la mayoría de las veces en nuestras decisiones y juicios dejamos fuera a Dios y su voluntad.
CUARTA RAZÓN. Dios en su inmenso amor se ha revelado al hombre mediante Jesucristo y dicha revelación solo es posible por el Espíritu de Dios.
Es posible y necesario para el hombre acceder al entendimiento de la Escritura y asimilar las verdades divinas, sobre todo en aquellos pasajes en los cuales Dios ha querido indicarnos claramente el camino a la salvación eterna. Igualmente hay un deseo humano natural de conocer a Dios y la razón nos ayuda en el camino hacia el encuentro con nuestro Creador. Algunos creyentes, líderes y movimientos religiosos pretenden justificar la ausencia de un estudio sistemático de la Biblia basándose en la cita de II P.3:15-16 donde el apóstol expresa “casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Una lectura honesta de este versículo indica que no toda la Escritura es oscura e impenetrable para el creyente, sino que hay “algunas porciones difíciles” de las cuales solo los “indoctos e inconstantes” se aprovechan para adulterar su significado original ya sea por ignorancia o en provecho propio, o motivados por ambas cosas.
El mismo Pablo cuestiona en I Co.2:16, “¿porque quien conoció la mente del Señor?, ¿quien le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, es ciertamente una pregunta provocativa o retórica. Obviamente es imposible conocer la mente divina por nuestros propios medios, ya que solo Dios la ha revelado por medio del Espíritu Santo, los pensamientos de Dios han sido expuestos al alcance del hombre en la Escritura por medio de Jesucristo y sus enseñanzas (la mente de Cristo), las cuales fueron predicadas y escritas por sus apóstoles como legado imperecedero a su iglesia en el Nuevo Testamento. Dios eligió el medio más eficiente de transmitirnos una representación de su mente: la Biblia, garantizada su inerrancia por la agencia del Espíritu Santo. “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (I Co.2:11). Según la Escritura cuando Dios Padre envió a su Verbo, igualmente envía su Espíritu. Cristo se manifiesta como la imagen visible de Dios invisible, pero es el ministerio del Espíritu Santo quien lo revela, aunque el Espíritu nunca se revela a sí mismo.
LA EXISTENCIA Y NATURALEZA DE DIOS
LA EXISTENCIA Y NATURALEZA DE DIOS
Solamente le basta al hombre observar a su alrededor la magnificencia de los cielos, la belleza de la tierra y la increíble variedad e inteligencia en el diseño de la naturaleza para llegar a la conclusión de que todas estas cosas no surgieron de la nada. El universo tiene un Creador. Aún desde la antigüedad todas las naciones han creído, desde sus particulares cosmovisiones, lo que el salmista declaró “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal-19:1).
En cada época de la humanidad la creencia en Dios ha venido a ser el fundamento sobre el que se basa toda religión. Desde los tiempos de la antigua Grecia hasta civilizaciones como los aztecas, mayas y los incas del Perú, los hombres han erigido altares y efectuado sacrificios rindiendo homenaje de forma natural a la Deidad que ha creado y sustenta el universo que conocemos: Desconocido, Invisible, Sin forma, la Causa de las causas. ¿Cómo explicar esta creencia universal? ¿Qué podemos saber con respecto a la Divinidad? Solamente Dios puede revelarse al hombre, ya sea por medio de la naturaleza (Sal.19:1), en la constitución del hombre ; y a través de una revelación culminante y perfecta: el Verbo encarnado , nuestro Señor Jesucristo y su Palabra escrita: la Biblia, inspirada por el Espíritu Santo que glorifica a Cristo.
LA IDEA DE DIOS ES INTUITIVA.
El ser humano es un individuo religioso por naturaleza. El hombre es convidado al dialogo con su Creador desde su mismo nacimiento, ya que el debe su existencia al amor divino y por este mismo es sustentada y preservada su vida y no llega a la plenitud de su existencia hasta que reconoce libre y conscientemente a su Creador y se entrega a El por medio de su Hijo unigénito. “…y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos (Hch.17:26-28). En estos textos encontramos que hay tres factores importantes en el conocimiento de Dios:
1) La razón intuitiva, o la facultad de comprensión inmediata en el hombre que lo capacita para conocer a Dios
2) La revelación natural, o presentación de la verdad a la razón intuitiva que es la ley natural de Dios en todos los seres humanos como luz que alumbra a todo hombre en este mundo Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio (Ro.2:14-16).
3) Y la unión de los dos factores antes mencionados en la idea de un Dios universal.
EL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS.
Es de gran significado que la Revelación Escrita comience con las Palabras: “En el principio creó Dios”. Su existencia se asume sin hacer ningún intento de probarla. Las Escrituras aseguran que hay en la naturaleza humana una consciencia de un Ser Supremo y en consecuencia apela a la ley divina escrita en sus corazones. La Palabra declara que “es en Dios en El que vivimos y nos movemos y que formamos parte de su linaje” (Hch.17:27-28). La revelación es tan intuitiva y natural en el ser humano que el apóstol Pablo declara que la humanidad se encuentra sin excusa delante de Dios Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (Ro 1.20-21).
El único ateísmo reconocido por la Escritura es el ateísmo práctico generado desde una mente réproba y una voluntad terca “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables” (Sal 14.1). El ateo es aquel insensato que ha dicho en su corazón: ¡para mí no hay Dios!, o más específicamente: ¡yo no creo en el Dios de la Biblia! “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro 1.28).
La existencia de Dios es una verdad natural/intuitiva (Ro.2:14-15) y es revelada por medio de las Escrituras. Es imposible querer ignorar el hecho de que algunas verdades son intuitivas en parte y en parte se adquieren por medio de vivencias o por pura lógica. Tal es el caso de la existencia de Dios y los argumentos que lo confirman. Por tanto la existencia de lo divino es un dato inmediato en la conciencia moral y religiosa del hombre (Heb.10:2), incluso como ya hemos visto la Biblia por sí misma no argumenta sobre si existe o no Dios, ella es un producto de la mente de Dios, por tanto Dios es una Verdad que puede y debe ser demostrado con la razón (I P.3:15, II Tim.2:15).
La filosofía. Las pruebas que aporta la filosofía como ciencia no forman parte de la doctrina bíblica, pero no se deben desechar a un o soslayarse de forma absoluta. La filosofía es muy maltratada por la mayoría de los maestros en las congregaciones. Alfonso Ropero en su libro Filosofía y cristianismo declara al respecto:
La filosofía no nace en competencia con la revelación, sino paralela a ella y coincidente en muchos puntos como se observa en un estudio comparado del desarrollo del pensamiento hebreo y griego
Esta actitud no es totalmente injustificada pues en muchas ocasiones la teología se ha convertido en un instrumento de la filosofía contribuyendo de manera decisiva en la apostasía y el error hermenéutico. Por otra parte muchos predicadores y maestros justifican su fobia hacia la filosofía basados en las palabras del apóstol Pablo en su epístola a los colosenses en una lectura descontextualizada “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col 2.8)
EL CONTEXTO. La iglesia en Colosas enfrentaba varias crisis doctrinales bajo la influencia de maestros judaizantes, pero significativamente se veía afectada por los elementos de ocultismos de las religiones locales, sobre todo de aquellos elementos gnósticos en los siglos II y III. En este texto Pablo está alertando sobre el engaño por medio de vanas “filosofías y huecas sutilezas”, la palabra “filosofía” que emplea Pablo, tiene en este contexto la connotación o sentido de religión, ya que en la cultura y las formas religiosas existentes en la antigua Grecia expresaban sus creencias como filosofías. Sobre todo teniendo en cuenta que la región de Colosas estaba fuertemente influenciada por el movimiento filosófico de la época y era tan fuerte la interacción entre filosofía y las creencias religiosas que el mundo griego concebía cualquier sistema filosófico como un culto de misterio, o filosofía ocultista.
Tanto la teología como la filosofía deben mantener su autonomía, porque la filosofía se fundamente en la razón mientras que la teología cristiana se fundamenta en la fe, lo cual no impide que ambas disciplinas puedan interactuar. Muchas veces en la Biblia se utilizaron categorías filosóficas, como por ejemplo el Logos, en gr. λόγος significa: palabra, razón, causa, motivo, es un concepto tomado de la filosofía helenística, mas específicamente de la filosofía platónica. Este término es utilizado por los traductores de la Septuaginta referirse a la Palabra creadora de Dios: Jesucristo y en este sentido es asumida por la doctrina bíblica. Es la teología quien enriquece a la filosofía en referencia a aspectos de la existencia humana como lo son la pérdida del sentido último de la vida y de valores humanos, lo cual genera la desesperanza, el mal y el dolor, producto de los avances de una sociedad que pone toda su confianza en los avances tecnológicos. A continuación examinaremos tres aspectos que inciden en la necesidad de una argumentación sobre la existencia de Dios:
1.La frecuente declaración por parte de algunos predicadores y maestros de que la existencia de Dios no necesita en absoluto de argumentos es en muchas ocasiones mal interpretada y tiende a afirmar actitudes de incredulidad y escepticismo, tanto en los creyentes como en los no creyentes y esto puede afectar en parte la predicación del evangelio.
2.La Palabra de Dios nos enseña que la incredulidad pueda ser identificada claramente como insensatez y pecado.
3.Porque indudablemente hay categorías que aporta una filosofía que son coherentes con la intuición y el sentido común del que nos habla la Biblia como el camino por el cual nuestro intelecto transita en el razonamiento de la Revelación de Dios en Jesucristo.
Solamente le basta al hombre observar a su alrededor la magnificencia de los cielos, la belleza de la tierra y la increíble variedad e inteligencia en el diseño de la naturaleza para llegar a la conclusión de que todas estas cosas no surgieron de la nada. El universo tiene un Creador. Aún desde la antigüedad todas las naciones han creído, desde sus particulares cosmovisiones, lo que el salmista declaró “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal-19:1).
En cada época de la humanidad la creencia en Dios ha venido a ser el fundamento sobre el que se basa toda religión. Desde los tiempos de la antigua Grecia hasta civilizaciones como los aztecas, mayas y los incas del Perú, los hombres han erigido altares y efectuado sacrificios rindiendo homenaje de forma natural a la Deidad que ha creado y sustenta el universo que conocemos: Desconocido, Invisible, Sin forma, la Causa de las causas. ¿Cómo explicar esta creencia universal? ¿Qué podemos saber con respecto a la Divinidad? Solamente Dios puede revelarse al hombre, ya sea por medio de la naturaleza (Sal.19:1), en la constitución del hombre ; y a través de una revelación culminante y perfecta: el Verbo encarnado , nuestro Señor Jesucristo y su Palabra escrita: la Biblia, inspirada por el Espíritu Santo que glorifica a Cristo.
LA IDEA DE DIOS ES INTUITIVA.
El ser humano es un individuo religioso por naturaleza. El hombre es convidado al dialogo con su Creador desde su mismo nacimiento, ya que el debe su existencia al amor divino y por este mismo es sustentada y preservada su vida y no llega a la plenitud de su existencia hasta que reconoce libre y conscientemente a su Creador y se entrega a El por medio de su Hijo unigénito. “…y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos (Hch.17:26-28). En estos textos encontramos que hay tres factores importantes en el conocimiento de Dios:
1) La razón intuitiva, o la facultad de comprensión inmediata en el hombre que lo capacita para conocer a Dios
2) La revelación natural, o presentación de la verdad a la razón intuitiva que es la ley natural de Dios en todos los seres humanos como luz que alumbra a todo hombre en este mundo Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio (Ro.2:14-16).
3) Y la unión de los dos factores antes mencionados en la idea de un Dios universal.
EL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS.
Es de gran significado que la Revelación Escrita comience con las Palabras: “En el principio creó Dios”. Su existencia se asume sin hacer ningún intento de probarla. Las Escrituras aseguran que hay en la naturaleza humana una consciencia de un Ser Supremo y en consecuencia apela a la ley divina escrita en sus corazones. La Palabra declara que “es en Dios en El que vivimos y nos movemos y que formamos parte de su linaje” (Hch.17:27-28). La revelación es tan intuitiva y natural en el ser humano que el apóstol Pablo declara que la humanidad se encuentra sin excusa delante de Dios Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (Ro 1.20-21).
El único ateísmo reconocido por la Escritura es el ateísmo práctico generado desde una mente réproba y una voluntad terca “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables” (Sal 14.1). El ateo es aquel insensato que ha dicho en su corazón: ¡para mí no hay Dios!, o más específicamente: ¡yo no creo en el Dios de la Biblia! “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro 1.28).
La existencia de Dios es una verdad natural/intuitiva (Ro.2:14-15) y es revelada por medio de las Escrituras. Es imposible querer ignorar el hecho de que algunas verdades son intuitivas en parte y en parte se adquieren por medio de vivencias o por pura lógica. Tal es el caso de la existencia de Dios y los argumentos que lo confirman. Por tanto la existencia de lo divino es un dato inmediato en la conciencia moral y religiosa del hombre (Heb.10:2), incluso como ya hemos visto la Biblia por sí misma no argumenta sobre si existe o no Dios, ella es un producto de la mente de Dios, por tanto Dios es una Verdad que puede y debe ser demostrado con la razón (I P.3:15, II Tim.2:15).
La filosofía. Las pruebas que aporta la filosofía como ciencia no forman parte de la doctrina bíblica, pero no se deben desechar a un o soslayarse de forma absoluta. La filosofía es muy maltratada por la mayoría de los maestros en las congregaciones. Alfonso Ropero en su libro Filosofía y cristianismo declara al respecto:
La filosofía no nace en competencia con la revelación, sino paralela a ella y coincidente en muchos puntos como se observa en un estudio comparado del desarrollo del pensamiento hebreo y griego
Esta actitud no es totalmente injustificada pues en muchas ocasiones la teología se ha convertido en un instrumento de la filosofía contribuyendo de manera decisiva en la apostasía y el error hermenéutico. Por otra parte muchos predicadores y maestros justifican su fobia hacia la filosofía basados en las palabras del apóstol Pablo en su epístola a los colosenses en una lectura descontextualizada “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col 2.8)
EL CONTEXTO. La iglesia en Colosas enfrentaba varias crisis doctrinales bajo la influencia de maestros judaizantes, pero significativamente se veía afectada por los elementos de ocultismos de las religiones locales, sobre todo de aquellos elementos gnósticos en los siglos II y III. En este texto Pablo está alertando sobre el engaño por medio de vanas “filosofías y huecas sutilezas”, la palabra “filosofía” que emplea Pablo, tiene en este contexto la connotación o sentido de religión, ya que en la cultura y las formas religiosas existentes en la antigua Grecia expresaban sus creencias como filosofías. Sobre todo teniendo en cuenta que la región de Colosas estaba fuertemente influenciada por el movimiento filosófico de la época y era tan fuerte la interacción entre filosofía y las creencias religiosas que el mundo griego concebía cualquier sistema filosófico como un culto de misterio, o filosofía ocultista.
Tanto la teología como la filosofía deben mantener su autonomía, porque la filosofía se fundamente en la razón mientras que la teología cristiana se fundamenta en la fe, lo cual no impide que ambas disciplinas puedan interactuar. Muchas veces en la Biblia se utilizaron categorías filosóficas, como por ejemplo el Logos, en gr. λόγος significa: palabra, razón, causa, motivo, es un concepto tomado de la filosofía helenística, mas específicamente de la filosofía platónica. Este término es utilizado por los traductores de la Septuaginta referirse a la Palabra creadora de Dios: Jesucristo y en este sentido es asumida por la doctrina bíblica. Es la teología quien enriquece a la filosofía en referencia a aspectos de la existencia humana como lo son la pérdida del sentido último de la vida y de valores humanos, lo cual genera la desesperanza, el mal y el dolor, producto de los avances de una sociedad que pone toda su confianza en los avances tecnológicos. A continuación examinaremos tres aspectos que inciden en la necesidad de una argumentación sobre la existencia de Dios:
1.La frecuente declaración por parte de algunos predicadores y maestros de que la existencia de Dios no necesita en absoluto de argumentos es en muchas ocasiones mal interpretada y tiende a afirmar actitudes de incredulidad y escepticismo, tanto en los creyentes como en los no creyentes y esto puede afectar en parte la predicación del evangelio.
2.La Palabra de Dios nos enseña que la incredulidad pueda ser identificada claramente como insensatez y pecado.
3.Porque indudablemente hay categorías que aporta una filosofía que son coherentes con la intuición y el sentido común del que nos habla la Biblia como el camino por el cual nuestro intelecto transita en el razonamiento de la Revelación de Dios en Jesucristo.
jueves, 12 de agosto de 2010
RAZONES PARA EL ESTUDIO DE LOS FUNDAMENTOS DOCTRINALES DE NUESTRA FE.
Todo libro humano es finito en contenido. Puede ser leído, estudiado, aprendido de memoria, hasta que un día llega a ser dominado y no se le necesita más. Pero la Escritura es la Palabra de Dios y cuanto más la sondeamos más se ensanchan sus dimensiones divinas y se imponen ellas mismas.
Hans Urs
PRIMERA RAZÓN: El contenido de nuestras creencias y su consecuente práctica perfilan nuestra condición moral ante el mundo.
A medida que perseveremos en el estudio constante de la Palabra de Dios se van a consolidar y fortalecer nuestras convicciones y prácticas, que no solo determinan nuestro destino a la eternidad, sino que también nos hacen responsables por el destino de los que nos rodean. Las convicciones y experiencias del seguidor de Cristo perfilan su condición moral en todas las áreas de su existencia, dichas creencias y practicas se auto-proyectan y a la vez se retro-alimentan en sus relaciones e influencias dadas en el entorno social que le toque vivir y predicar el evangelio. Este principio, que es básico en la directriz pastoral del predicador fue el que motivó las siguientes palabras del apóstol Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Tim.2:15)
SEGUNDA RAZÓN. Estamos destinados a ser portavoces de la Palabra de Dios en la realidad concreta de este mundo.
Nuestra misión es predicar a Cristo e instruir al pueblo de Dios, consecuentemente nuestras palabras deben ser las del Maestro de esta manera queda garantizada la integridad de la doctrina y la autenticidad de nuestro testimonio que constituirán nuestras credenciales ante el mundo. “Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mismo y a los que te oyeren” (I Tim.4:15-16). La enseñanza de Pablo es bien clara: le aconseja a Timoteo, que primero conserve y legitime su identidad como cristiano para que pueda salvarse y a la vez salvar al mundo, la salvación depende de la responsabilidad individual pero es imposible ignorar que posee también una dinámica colectiva a partir del anuncio de las Buenas Nuevas de salvación. La doctrina y la práctica religiosa del cristianismo deben estar despojadas de la autosuficiencia esotérica. El auténtico cristiano en ningún momento vive su fe de espaldas a la sociedad humana “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn.17:14-15). Cada cristiano se constituye en “sal de la tierra”, porque la simiente que es la Palabra de Dios, debe ser proclamada con cada gesto y palabra, con cada acto de nuestras vidas cotidianas en este mundo perdido y sin esperanzas hasta el regreso de nuestro Redentor.
TERCERA RAZÓN. No basta con nuestra sinceridad, ni podemos confiarnos de nuestra limitada percepción de la realidad. A pesar de poseer una conciencia que nos permite sentir e interpretar la realidad no siempre comprendemos o sabemos, nuestro sistema cognoscitivo es imperfecto porque nuestro corazón está enfermo, nuestro entendimiento es limitado por el pecado, esta limitación puede ser vencida solamente por una autentica conversión y seguimiento de Cristo, educando nuestra conciencia en los valores y las enseñanzas bíblicas, sin añadir u omitir de la Escritura.
Al ser nuestra mente imperfecta y no percibir la realidad correctamente, es necesario perseverar sin desmayo en el estudio de la Biblia para contrarrestar nuestras certezas puramente humanas al querer apropiarnos de la verdad de espaldas a la voluntad de Dios. Es muy frecuente encontrar personas que le conceden más importancia a la sinceridad de sus creencias que al contenido de las mismas. Obviamente ser sincero es una cualidad necesaria ante cualquier sistema de pensamiento y un atributo encomiable en cada persona. Pero La Biblia nos enseña que nuestro sistema sensorial jamás debe desplazar el conocimiento de la verdad que solo está en Cristo Jesús, porque “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9).
No importa el grado de convicción si depositamos nuestra fe en una falsedad, en una idea o practica que no esté correctamente fundamentada en la Biblia, las convicciones sin el fundamento del juicio divino siempre ha traído inevitablemente resultados terribles a través de la historia del cristianismo y de la humanidad: la apostasía, la división de la iglesia del Señor, la ejecución de los herejes, la inquisición, las cruzadas, las actuales guerras religiosas, la manipulación de la fe para el enriquecimiento personal, etc.
“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar mas de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. (I Co.4:6). Para ser un verdadero cristiano no basta con querer a Dios de corazón. El significado bíblico de corazón determina el alma, el espíritu y la mente humana. El corazón es un concepto figurativo para describir el centro de nuestros pensamientos, de nuestra percepción, de nuestras emociones. El corazón es un lugar especial donde se encuentran interactuando los atributos de nuestra personalidad, este es un regalo de Dios que sitúa al ser humano por encima del resto de los seres vivientes. Poseemos la singular capacidad de pensar y sentir, lo que nos ubica como corona de toda la creación. Con los sentidos percibimos determinada realidad e inmediatamente nuestra mente, el cerebro, se encarga de integrar la información sensorial en todo un sistema de clasificación de objetos y cualidades que son a su vez traducidos en símbolos o representaciones que constituyen nuestra visión del mundo, pero no podemos confiar en nuestros sentidos porque la mayoría de las veces en nuestras decisiones y juicios dejamos fuera a Dios y su voluntad.
CUARTA RAZÓN. Dios en su inmenso amor se ha revelado al hombre mediante Jesucristo y dicha revelación solo es posible por el Espíritu de Dios.
Es posible y necesario para el hombre acceder al entendimiento de la Escritura y asimilar las verdades divinas, sobre todo en aquellos pasajes en los cuales Dios ha querido indicarnos claramente el camino a la salvación eterna. Igualmente hay un deseo humano natural de conocer a Dios y la razón nos ayuda en el camino hacia el encuentro con nuestro Creador. Algunos creyentes, líderes y movimientos religiosos pretenden justificar la ausencia de un estudio sistemático de la Biblia basándose en la cita de II P.3:15-16 donde el apóstol expresa “casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Una lectura honesta de este versículo indica que no toda la Escritura es oscura e impenetrable para el creyente, sino que hay “algunas porciones difíciles” de las cuales solo los “indoctos e inconstantes” se aprovechan para adulterar su significado original ya sea por ignorancia o en provecho propio, o motivados por ambas cosas.
El mismo Pablo cuestiona en I Co.2:16, “¿porque quien conoció la mente del Señor?, ¿quien le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, es ciertamente una pregunta provocativa o retórica. Obviamente es imposible conocer la mente divina por nuestros propios medios, ya que solo Dios la ha revelado por medio del Espíritu Santo, los pensamientos de Dios han sido expuestos al alcance del hombre en la Escritura por medio de Jesucristo y sus enseñanzas (la mente de Cristo), las cuales fueron predicadas y escritas por sus apóstoles como legado imperecedero a su iglesia en el Nuevo Testamento. Dios eligió el medio más eficiente de transmitirnos una representación de su mente: la Biblia, garantizada su inerrancia por la agencia del Espíritu Santo. “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (I Co.2:11). Según la Escritura cuando Dios Padre envió a su Verbo, igualmente envía su Espíritu. Cristo se manifiesta como la imagen visible de Dios invisible, pero es el ministerio del Espíritu Santo quien lo revela, aunque el Espíritu nunca se revela a sí mismo.
Hans Urs
PRIMERA RAZÓN: El contenido de nuestras creencias y su consecuente práctica perfilan nuestra condición moral ante el mundo.
A medida que perseveremos en el estudio constante de la Palabra de Dios se van a consolidar y fortalecer nuestras convicciones y prácticas, que no solo determinan nuestro destino a la eternidad, sino que también nos hacen responsables por el destino de los que nos rodean. Las convicciones y experiencias del seguidor de Cristo perfilan su condición moral en todas las áreas de su existencia, dichas creencias y practicas se auto-proyectan y a la vez se retro-alimentan en sus relaciones e influencias dadas en el entorno social que le toque vivir y predicar el evangelio. Este principio, que es básico en la directriz pastoral del predicador fue el que motivó las siguientes palabras del apóstol Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Tim.2:15)
SEGUNDA RAZÓN. Estamos destinados a ser portavoces de la Palabra de Dios en la realidad concreta de este mundo.
Nuestra misión es predicar a Cristo e instruir al pueblo de Dios, consecuentemente nuestras palabras deben ser las del Maestro de esta manera queda garantizada la integridad de la doctrina y la autenticidad de nuestro testimonio que constituirán nuestras credenciales ante el mundo. “Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mismo y a los que te oyeren” (I Tim.4:15-16). La enseñanza de Pablo es bien clara: le aconseja a Timoteo, que primero conserve y legitime su identidad como cristiano para que pueda salvarse y a la vez salvar al mundo, la salvación depende de la responsabilidad individual pero es imposible ignorar que posee también una dinámica colectiva a partir del anuncio de las Buenas Nuevas de salvación. La doctrina y la práctica religiosa del cristianismo deben estar despojadas de la autosuficiencia esotérica. El auténtico cristiano en ningún momento vive su fe de espaldas a la sociedad humana “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn.17:14-15). Cada cristiano se constituye en “sal de la tierra”, porque la simiente que es la Palabra de Dios, debe ser proclamada con cada gesto y palabra, con cada acto de nuestras vidas cotidianas en este mundo perdido y sin esperanzas hasta el regreso de nuestro Redentor.
TERCERA RAZÓN. No basta con nuestra sinceridad, ni podemos confiarnos de nuestra limitada percepción de la realidad. A pesar de poseer una conciencia que nos permite sentir e interpretar la realidad no siempre comprendemos o sabemos, nuestro sistema cognoscitivo es imperfecto porque nuestro corazón está enfermo, nuestro entendimiento es limitado por el pecado, esta limitación puede ser vencida solamente por una autentica conversión y seguimiento de Cristo, educando nuestra conciencia en los valores y las enseñanzas bíblicas, sin añadir u omitir de la Escritura.
Al ser nuestra mente imperfecta y no percibir la realidad correctamente, es necesario perseverar sin desmayo en el estudio de la Biblia para contrarrestar nuestras certezas puramente humanas al querer apropiarnos de la verdad de espaldas a la voluntad de Dios. Es muy frecuente encontrar personas que le conceden más importancia a la sinceridad de sus creencias que al contenido de las mismas. Obviamente ser sincero es una cualidad necesaria ante cualquier sistema de pensamiento y un atributo encomiable en cada persona. Pero La Biblia nos enseña que nuestro sistema sensorial jamás debe desplazar el conocimiento de la verdad que solo está en Cristo Jesús, porque “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9).
No importa el grado de convicción si depositamos nuestra fe en una falsedad, en una idea o practica que no esté correctamente fundamentada en la Biblia, las convicciones sin el fundamento del juicio divino siempre ha traído inevitablemente resultados terribles a través de la historia del cristianismo y de la humanidad: la apostasía, la división de la iglesia del Señor, la ejecución de los herejes, la inquisición, las cruzadas, las actuales guerras religiosas, la manipulación de la fe para el enriquecimiento personal, etc.
“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar mas de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. (I Co.4:6). Para ser un verdadero cristiano no basta con querer a Dios de corazón. El significado bíblico de corazón determina el alma, el espíritu y la mente humana. El corazón es un concepto figurativo para describir el centro de nuestros pensamientos, de nuestra percepción, de nuestras emociones. El corazón es un lugar especial donde se encuentran interactuando los atributos de nuestra personalidad, este es un regalo de Dios que sitúa al ser humano por encima del resto de los seres vivientes. Poseemos la singular capacidad de pensar y sentir, lo que nos ubica como corona de toda la creación. Con los sentidos percibimos determinada realidad e inmediatamente nuestra mente, el cerebro, se encarga de integrar la información sensorial en todo un sistema de clasificación de objetos y cualidades que son a su vez traducidos en símbolos o representaciones que constituyen nuestra visión del mundo, pero no podemos confiar en nuestros sentidos porque la mayoría de las veces en nuestras decisiones y juicios dejamos fuera a Dios y su voluntad.
CUARTA RAZÓN. Dios en su inmenso amor se ha revelado al hombre mediante Jesucristo y dicha revelación solo es posible por el Espíritu de Dios.
Es posible y necesario para el hombre acceder al entendimiento de la Escritura y asimilar las verdades divinas, sobre todo en aquellos pasajes en los cuales Dios ha querido indicarnos claramente el camino a la salvación eterna. Igualmente hay un deseo humano natural de conocer a Dios y la razón nos ayuda en el camino hacia el encuentro con nuestro Creador. Algunos creyentes, líderes y movimientos religiosos pretenden justificar la ausencia de un estudio sistemático de la Biblia basándose en la cita de II P.3:15-16 donde el apóstol expresa “casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Una lectura honesta de este versículo indica que no toda la Escritura es oscura e impenetrable para el creyente, sino que hay “algunas porciones difíciles” de las cuales solo los “indoctos e inconstantes” se aprovechan para adulterar su significado original ya sea por ignorancia o en provecho propio, o motivados por ambas cosas.
El mismo Pablo cuestiona en I Co.2:16, “¿porque quien conoció la mente del Señor?, ¿quien le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, es ciertamente una pregunta provocativa o retórica. Obviamente es imposible conocer la mente divina por nuestros propios medios, ya que solo Dios la ha revelado por medio del Espíritu Santo, los pensamientos de Dios han sido expuestos al alcance del hombre en la Escritura por medio de Jesucristo y sus enseñanzas (la mente de Cristo), las cuales fueron predicadas y escritas por sus apóstoles como legado imperecedero a su iglesia en el Nuevo Testamento. Dios eligió el medio más eficiente de transmitirnos una representación de su mente: la Biblia, garantizada su inerrancia por la agencia del Espíritu Santo. “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (I Co.2:11). Según la Escritura cuando Dios Padre envió a su Verbo, igualmente envía su Espíritu. Cristo se manifiesta como la imagen visible de Dios invisible, pero es el ministerio del Espíritu Santo quien lo revela, aunque el Espíritu nunca se revela a sí mismo.
LA EXISTENCIA Y NATURALEZA DE DIOS
Solamente le basta al hombre observar a su alrededor la magnificencia de los cielos, la belleza de la tierra y la increíble variedad e inteligencia en el diseño de la naturaleza para llegar a la conclusión de que todas estas cosas no surgieron de la nada. El universo tiene un Creador. Aún desde la antigüedad todas las naciones han creído, desde sus particulares cosmovisiones, lo que el salmista declaró ▄ “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal-19:1).
En cada época de la humanidad la creencia en Dios ha venido a ser el fundamento sobre el que se basa toda religión. Desde los tiempos de la antigua Grecia hasta civilizaciones como los aztecas, mayas y los incas del Perú, los hombres han erigido altares y efectuado sacrificios rindiendo homenaje de forma natural a la Deidad que ha creado y sustenta el universo que conocemos: Desconocido, Invisible, Sin forma, la Causa de las causas. ¿Cómo explicar esta creencia universal? ¿Qué podemos saber con respecto a la Divinidad? Solamente Dios puede revelarse al hombre, ya sea por medio de la naturaleza (Sal.19:1), en la constitución del hombre1; y a través de una revelación culminante y perfecta: el Verbo encarnado2, nuestro Señor Jesucristo y su Palabra escrita: la Biblia, inspirada por el Espíritu Santo que glorifica a Cristo.
LA IDEA DE DIOS ES INTUITIVA.
El ser humano es un individuo religioso por naturaleza. El hombre es convidado al dialogo con su Creador desde su mismo nacimiento, ya que el debe su existencia al amor divino y por este mismo es sustentada y preservada su vida y no llega a la plenitud de su existencia hasta que reconoce libre y conscientemente a su Creador y se entrega a El por medio de su Hijo unigénito. “…y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos (Hch.17:26-28). En estos textos encontramos que hay tres factores importantes en el conocimiento de Dios:
1 Gn.1:26-27, 9:6; Ro.8:29; I Co.11:7; Col.3:10
2 Jn.1:1 y 14; I Jn.1:1, 5:7; Ap.19:13
1) La razón intuitiva, o la facultad de comprensión inmediata en el hombre que lo capacita para conocer a Dios
2) La revelación natural, o presentación de la verdad a la razón intuitiva que es la ley natural de Dios en todos los seres humanos como luz que alumbra a todo hombre en este mundo ▄ Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio (Ro.2:14-16).
3) Y la unión de los dos factores antes mencionados en la idea de un Dios universal.
EL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS.
Es de gran significado que la Revelación Escrita comience con las Palabras: “En el principio creó Dios”. Su existencia se asume sin hacer ningún intento de probarla. Las Escrituras aseguran que hay en la naturaleza humana una consciencia de un Ser Supremo y en consecuencia apela a la ley divina escrita en sus corazones. La Palabra declara que ▄ “es en Dios en El que vivimos y nos movemos y que formamos parte de su linaje” (Hch.17:27-28). La revelación es tan intuitiva y natural en el ser humano que el apóstol Pablo declara que la humanidad se encuentra sin excusa delante de Dios Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. ▄ “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (Ro 1.20-21).
El único ateísmo reconocido por la Escritura es el ateísmo práctico generado desde una mente réproba y una voluntad terca ▄ “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables” (Sal 14.1). El ateo es aquel insensato que ha dicho en su corazón: ¡para mí no hay Dios!, o más específicamente: ¡yo no creo en el Dios de la Biblia! ▄ “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro 1.28).
La existencia de Dios es una verdad natural/intuitiva (Ro.2:14-15) y es revelada por medio de las Escrituras. Es imposible querer ignorar el hecho de que algunas verdades son intuitivas en parte y en parte se adquieren por medio de vivencias o por pura lógica. Tal es el caso de la existencia de Dios y los argumentos que lo confirman. Por tanto la existencia de lo divino es un dato inmediato en la conciencia moral y religiosa del hombre (Heb.10:2), incluso como ya hemos visto la Biblia por sí misma no argumenta sobre si existe o no Dios, ella es un producto de la mente de Dios, por tanto Dios es una Verdad que puede y debe ser demostrado con la razón (I P.3:15, II Tim.2:15).
La filosofía. Las pruebas que aporta la filosofía como ciencia no forman parte de la doctrina bíblica, pero no se deben desechar a un o soslayarse de forma absoluta. La filosofía es muy maltratada por la mayoría de los maestros en las congregaciones. Alfonso Ropero en su libro Filosofía y cristianismo declara al respecto:
La filosofía no nace en competencia con la revelación, sino paralela a ella y coincidente en muchos puntos como se observa en un estudio comparado del desarrollo del pensamiento hebreo y griego3
Esta actitud no es totalmente injustificada pues en muchas ocasiones la teología se ha convertido en un instrumento de la filosofía contribuyendo de manera decisiva en la apostasía y el error hermenéutico. Por otra parte muchos predicadores y maestros justifican su fobia hacia la filosofía basados en las palabras del apóstol Pablo en su epístola a los colosenses4 en una lectura descontextualizada ▄ “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col 2.8)
EL CONTEXTO. La iglesia en Colosas enfrentaba varias crisis doctrinales bajo la influencia de maestros judaizantes, pero significativamente se veía afectada por los elementos de ocultismos de las religiones locales, sobre todo de aquellos elementos gnósticos en los siglos II y III. En este texto Pablo está alertando sobre el engaño por medio de vanas “filosofías y huecas sutilezas”, la palabra “filosofía” que emplea Pablo, tiene en este contexto la connotación o sentido de religión, ya que en la cultura y las formas religiosas existentes en la antigua Grecia expresaban sus creencias como filosofías. Sobre todo teniendo en cuenta que la región de Colosas estaba
3 Alfonso Ropero, Filosofía y cristianismo, pág. 83
fuertemente influenciada por el movimiento filosófico de la época y era tan fuerte la interacción entre filosofía y las creencias religiosas que el mundo griego concebía cualquier sistema filosófico como un culto de misterio, o filosofía ocultista.
Tanto la teología como la filosofía deben mantener su autonomía, porque la filosofía se fundamente en la razón mientras que la teología cristiana se fundamenta en la fe, lo cual no impide que ambas disciplinas puedan interactuar. Muchas veces en la Biblia se utilizaron categorías filosóficas, como por ejemplo el Logos, en gr. λόγος significa: palabra, razón, causa, motivo, es un concepto tomado de la filosofía helenística, mas específicamente de la filosofía platónica. Este término es utilizado por los traductores de la Septuaginta referirse a la Palabra creadora de Dios: Jesucristo y en este sentido es asumida por la doctrina bíblica. Es la teología quien enriquece a la filosofía en referencia a aspectos de la existencia humana como lo son la pérdida del sentido último de la vida y de valores humanos, lo cual genera la desesperanza, el mal y el dolor, producto de los avances de una sociedad que pone toda su confianza en los avances tecnológicos. A continuación examinaremos tres aspectos que inciden en la necesidad de una argumentación sobre la existencia de Dios:
1. La frecuente declaración por parte de algunos predicadores y maestros de que la existencia de Dios no necesita en absoluto de argumentos es en muchas ocasiones mal interpretada y tiende a afirmar actitudes de incredulidad y escepticismo, tanto en los creyentes como en los no creyentes y esto puede afectar en parte la predicación del evangelio.
2. La Palabra de Dios nos enseña que la incredulidad pueda ser identificada claramente como insensatez y pecado.
3. Porque indudablemente hay categorías que aporta una filosofía que son coherentes con la intuición y el sentido común del que nos habla la Biblia como el camino por el cual nuestro intelecto transita en el razonamiento de la Revelación de Dios en Jesucristo.
En cada época de la humanidad la creencia en Dios ha venido a ser el fundamento sobre el que se basa toda religión. Desde los tiempos de la antigua Grecia hasta civilizaciones como los aztecas, mayas y los incas del Perú, los hombres han erigido altares y efectuado sacrificios rindiendo homenaje de forma natural a la Deidad que ha creado y sustenta el universo que conocemos: Desconocido, Invisible, Sin forma, la Causa de las causas. ¿Cómo explicar esta creencia universal? ¿Qué podemos saber con respecto a la Divinidad? Solamente Dios puede revelarse al hombre, ya sea por medio de la naturaleza (Sal.19:1), en la constitución del hombre1; y a través de una revelación culminante y perfecta: el Verbo encarnado2, nuestro Señor Jesucristo y su Palabra escrita: la Biblia, inspirada por el Espíritu Santo que glorifica a Cristo.
LA IDEA DE DIOS ES INTUITIVA.
El ser humano es un individuo religioso por naturaleza. El hombre es convidado al dialogo con su Creador desde su mismo nacimiento, ya que el debe su existencia al amor divino y por este mismo es sustentada y preservada su vida y no llega a la plenitud de su existencia hasta que reconoce libre y conscientemente a su Creador y se entrega a El por medio de su Hijo unigénito. “…y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos (Hch.17:26-28). En estos textos encontramos que hay tres factores importantes en el conocimiento de Dios:
1 Gn.1:26-27, 9:6; Ro.8:29; I Co.11:7; Col.3:10
2 Jn.1:1 y 14; I Jn.1:1, 5:7; Ap.19:13
1) La razón intuitiva, o la facultad de comprensión inmediata en el hombre que lo capacita para conocer a Dios
2) La revelación natural, o presentación de la verdad a la razón intuitiva que es la ley natural de Dios en todos los seres humanos como luz que alumbra a todo hombre en este mundo ▄ Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio (Ro.2:14-16).
3) Y la unión de los dos factores antes mencionados en la idea de un Dios universal.
EL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS.
Es de gran significado que la Revelación Escrita comience con las Palabras: “En el principio creó Dios”. Su existencia se asume sin hacer ningún intento de probarla. Las Escrituras aseguran que hay en la naturaleza humana una consciencia de un Ser Supremo y en consecuencia apela a la ley divina escrita en sus corazones. La Palabra declara que ▄ “es en Dios en El que vivimos y nos movemos y que formamos parte de su linaje” (Hch.17:27-28). La revelación es tan intuitiva y natural en el ser humano que el apóstol Pablo declara que la humanidad se encuentra sin excusa delante de Dios Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. ▄ “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (Ro 1.20-21).
El único ateísmo reconocido por la Escritura es el ateísmo práctico generado desde una mente réproba y una voluntad terca ▄ “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables” (Sal 14.1). El ateo es aquel insensato que ha dicho en su corazón: ¡para mí no hay Dios!, o más específicamente: ¡yo no creo en el Dios de la Biblia! ▄ “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro 1.28).
La existencia de Dios es una verdad natural/intuitiva (Ro.2:14-15) y es revelada por medio de las Escrituras. Es imposible querer ignorar el hecho de que algunas verdades son intuitivas en parte y en parte se adquieren por medio de vivencias o por pura lógica. Tal es el caso de la existencia de Dios y los argumentos que lo confirman. Por tanto la existencia de lo divino es un dato inmediato en la conciencia moral y religiosa del hombre (Heb.10:2), incluso como ya hemos visto la Biblia por sí misma no argumenta sobre si existe o no Dios, ella es un producto de la mente de Dios, por tanto Dios es una Verdad que puede y debe ser demostrado con la razón (I P.3:15, II Tim.2:15).
La filosofía. Las pruebas que aporta la filosofía como ciencia no forman parte de la doctrina bíblica, pero no se deben desechar a un o soslayarse de forma absoluta. La filosofía es muy maltratada por la mayoría de los maestros en las congregaciones. Alfonso Ropero en su libro Filosofía y cristianismo declara al respecto:
La filosofía no nace en competencia con la revelación, sino paralela a ella y coincidente en muchos puntos como se observa en un estudio comparado del desarrollo del pensamiento hebreo y griego3
Esta actitud no es totalmente injustificada pues en muchas ocasiones la teología se ha convertido en un instrumento de la filosofía contribuyendo de manera decisiva en la apostasía y el error hermenéutico. Por otra parte muchos predicadores y maestros justifican su fobia hacia la filosofía basados en las palabras del apóstol Pablo en su epístola a los colosenses4 en una lectura descontextualizada ▄ “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col 2.8)
EL CONTEXTO. La iglesia en Colosas enfrentaba varias crisis doctrinales bajo la influencia de maestros judaizantes, pero significativamente se veía afectada por los elementos de ocultismos de las religiones locales, sobre todo de aquellos elementos gnósticos en los siglos II y III. En este texto Pablo está alertando sobre el engaño por medio de vanas “filosofías y huecas sutilezas”, la palabra “filosofía” que emplea Pablo, tiene en este contexto la connotación o sentido de religión, ya que en la cultura y las formas religiosas existentes en la antigua Grecia expresaban sus creencias como filosofías. Sobre todo teniendo en cuenta que la región de Colosas estaba
3 Alfonso Ropero, Filosofía y cristianismo, pág. 83
fuertemente influenciada por el movimiento filosófico de la época y era tan fuerte la interacción entre filosofía y las creencias religiosas que el mundo griego concebía cualquier sistema filosófico como un culto de misterio, o filosofía ocultista.
Tanto la teología como la filosofía deben mantener su autonomía, porque la filosofía se fundamente en la razón mientras que la teología cristiana se fundamenta en la fe, lo cual no impide que ambas disciplinas puedan interactuar. Muchas veces en la Biblia se utilizaron categorías filosóficas, como por ejemplo el Logos, en gr. λόγος significa: palabra, razón, causa, motivo, es un concepto tomado de la filosofía helenística, mas específicamente de la filosofía platónica. Este término es utilizado por los traductores de la Septuaginta referirse a la Palabra creadora de Dios: Jesucristo y en este sentido es asumida por la doctrina bíblica. Es la teología quien enriquece a la filosofía en referencia a aspectos de la existencia humana como lo son la pérdida del sentido último de la vida y de valores humanos, lo cual genera la desesperanza, el mal y el dolor, producto de los avances de una sociedad que pone toda su confianza en los avances tecnológicos. A continuación examinaremos tres aspectos que inciden en la necesidad de una argumentación sobre la existencia de Dios:
1. La frecuente declaración por parte de algunos predicadores y maestros de que la existencia de Dios no necesita en absoluto de argumentos es en muchas ocasiones mal interpretada y tiende a afirmar actitudes de incredulidad y escepticismo, tanto en los creyentes como en los no creyentes y esto puede afectar en parte la predicación del evangelio.
2. La Palabra de Dios nos enseña que la incredulidad pueda ser identificada claramente como insensatez y pecado.
3. Porque indudablemente hay categorías que aporta una filosofía que son coherentes con la intuición y el sentido común del que nos habla la Biblia como el camino por el cual nuestro intelecto transita en el razonamiento de la Revelación de Dios en Jesucristo.
sábado, 5 de junio de 2010
Epístola a los Filipenses
Cuales parecen ser los propósitos principales del autor al escribir esta carta.
1- Exhortarlos a mantener la unanimidad y la firmeza en defender la fe, lo que se infiere que la penetración de falsas enseñanzas haya colocado a la iglesia al borde de divisiones por parte de algunos que intimidando se “oponen” al verdadero evangelio y principios básicos de la fe cristiana enseñados por el apóstol, y pueden llevarlos a la “perdición” (1:28-30)
2- Alertar a los filipenses contra errores que se van propagando en la iglesia por los que califica como “malos obreros”, en este caso judaizantes que enseñan que los gentiles deben practicar el rito de la circuncisión para pretender un “perfeccionismo”. Rectitud y perfeccionamiento cristiano no dependen de la ley, sino de la fe y obediencia en Cristo, porque somos justificados por la fe y por los requisitos de Dios, no por esfuerzos personales (3:2-6)
3- Confirmar que ha recibido el donativo de la iglesia en Filipos mediante Epafrodito y agradecerles por su incondicional ayuda. (2:5; 4:10).
4- Animarlos a que sigan el camino de perfección cristiana que Dios comenzó en ellos y que solo acabará el “día de Jesucristo”, este camino de perfección lleva implícito el crecimiento en la fe y la mediación de la obra del Espíritu Santo y la madurez de su fruto: el “amor”, la “comunión en el evangelio” y las consiguientes obras de justicia por medio de Jesucristo. (1:3-11)
5- Enseñarles que la justicia no es por la ley y que el cristiano solo es justificado por la fe de Cristo, es la única justicia verdadera, dada al cristiano como un don de Dios, no se basa en nuestros propios meritos o esfuerzos, la justicia en Cristo es por la gracia de Dios. (3:9)
6- Enseñarles que la “unidad/unanimidad” en el amor es el único factor que propicia un sano crecimiento espiritual en la iglesia, sentir y pensar como comunidad destierra todo deseo de “vanaglorias” y “contiendas” siendo un elemento decisivo la “humildad” de corazón, y esto para Pablo es lo único que puede completar su gozo. (2:1-4)
7- Exponerles a los filipenses paso a paso el ejemplo de humillación y exaltación de Jesucristo que debe imitar la iglesia para lograr que la comunidad obtenga la victoria hasta el final por medio de la abnegación y el seguimiento a Cristo, dejando a un lado la rivalidad, el orgullo y la soberbia en el servicio a obra del Señor. (2:5-11)
8- El gozo: es un tema que Pablo repite una y otra vez en esta epístola y hace énfasis en su mensaje a los filipenses “regocijaos”. Es un interés constante mostrarles que él se goza aun en las duras condiciones de la prisión. Se goza cuando todo marcha bien y adelante en la obra del Señor, se regocija en el gozo de sus hermanos y en su perfeccionamiento y completamiento en el seguimiento a Cristo, en su fidelidad, en el amor y la comunión y recomienda que se concentren en pensar “todo lo que es de buen nombre”. (1:5; 3:1; 4:1–9; 4:4)
9- Argumenta a los filipenses que la muerte ya no es una pena o castigo para el cristiano, es sobre todas las cosas una bendición porque por ella se pasa a estar en la eterna presencia de Jesucristo y de Dios Padre. (1:23)
Palabras o frases claves que aparecen tres veces o más en la carta.
● “en el Señor/en Cristo” (1:1; 1:13; 2:1; 2:5; 2:24; 2:29; 3:1; 4:1; 4:2; 4:4; 4:10; 4:13; 4:19; 4:21)
● “perfección/perfecto/perfeccionará” (1:6; 3:12; 3:15)
● “gozo/gozaos/gocéis/gozaré/regocijo/regocijaos” (1:4; 1:18; 1:25; 2:2; 2:17; 2:18; 2:28; 2:29; 3:1; 4:1; 4:4; 4:10)
● “justicia” (1:11; 3:6; 3:9)
● “ley” (3:5; 3:6; 3:9)
● “evangelio” (1:5; 1:7; 1:12; 1:17; 1:27; 2:22; 4:3; 4:15; )
● “fe” (1:25; 1:27; 2:17; 3:9; 2:17; 3:9)
● “gracia/acción de gracias” (1:2; 1:3; 4:6; 4:23)
● “oración” (1:4; 1:9; 1:19; 4:6)
BOSQUEJO
I. Introducción (1:1-26)
a) Acción de gracias (1:1-11)
b) Pablo desde Roma (1:12-26)
II. Exhortaciones (1:27-2:18)
a) A la firmeza y unidad de la iglesia (1:27-2:4)
b) Al seguimiento de Cristo (2:5-11)
c) Cuidar la salvación (2:12-18)
III. Planes y alertas (2:19-3:21)
a) Futuras visitas (2:19-30)
b) Alertas contra los malos obreros (3:1-21)
IV. Despedida
a) Exhortaciones (4:1-23)
b) El amor práctico de los filipenses a Pablo (4:10-23)
1- Exhortarlos a mantener la unanimidad y la firmeza en defender la fe, lo que se infiere que la penetración de falsas enseñanzas haya colocado a la iglesia al borde de divisiones por parte de algunos que intimidando se “oponen” al verdadero evangelio y principios básicos de la fe cristiana enseñados por el apóstol, y pueden llevarlos a la “perdición” (1:28-30)
2- Alertar a los filipenses contra errores que se van propagando en la iglesia por los que califica como “malos obreros”, en este caso judaizantes que enseñan que los gentiles deben practicar el rito de la circuncisión para pretender un “perfeccionismo”. Rectitud y perfeccionamiento cristiano no dependen de la ley, sino de la fe y obediencia en Cristo, porque somos justificados por la fe y por los requisitos de Dios, no por esfuerzos personales (3:2-6)
3- Confirmar que ha recibido el donativo de la iglesia en Filipos mediante Epafrodito y agradecerles por su incondicional ayuda. (2:5; 4:10).
4- Animarlos a que sigan el camino de perfección cristiana que Dios comenzó en ellos y que solo acabará el “día de Jesucristo”, este camino de perfección lleva implícito el crecimiento en la fe y la mediación de la obra del Espíritu Santo y la madurez de su fruto: el “amor”, la “comunión en el evangelio” y las consiguientes obras de justicia por medio de Jesucristo. (1:3-11)
5- Enseñarles que la justicia no es por la ley y que el cristiano solo es justificado por la fe de Cristo, es la única justicia verdadera, dada al cristiano como un don de Dios, no se basa en nuestros propios meritos o esfuerzos, la justicia en Cristo es por la gracia de Dios. (3:9)
6- Enseñarles que la “unidad/unanimidad” en el amor es el único factor que propicia un sano crecimiento espiritual en la iglesia, sentir y pensar como comunidad destierra todo deseo de “vanaglorias” y “contiendas” siendo un elemento decisivo la “humildad” de corazón, y esto para Pablo es lo único que puede completar su gozo. (2:1-4)
7- Exponerles a los filipenses paso a paso el ejemplo de humillación y exaltación de Jesucristo que debe imitar la iglesia para lograr que la comunidad obtenga la victoria hasta el final por medio de la abnegación y el seguimiento a Cristo, dejando a un lado la rivalidad, el orgullo y la soberbia en el servicio a obra del Señor. (2:5-11)
8- El gozo: es un tema que Pablo repite una y otra vez en esta epístola y hace énfasis en su mensaje a los filipenses “regocijaos”. Es un interés constante mostrarles que él se goza aun en las duras condiciones de la prisión. Se goza cuando todo marcha bien y adelante en la obra del Señor, se regocija en el gozo de sus hermanos y en su perfeccionamiento y completamiento en el seguimiento a Cristo, en su fidelidad, en el amor y la comunión y recomienda que se concentren en pensar “todo lo que es de buen nombre”. (1:5; 3:1; 4:1–9; 4:4)
9- Argumenta a los filipenses que la muerte ya no es una pena o castigo para el cristiano, es sobre todas las cosas una bendición porque por ella se pasa a estar en la eterna presencia de Jesucristo y de Dios Padre. (1:23)
Palabras o frases claves que aparecen tres veces o más en la carta.
● “en el Señor/en Cristo” (1:1; 1:13; 2:1; 2:5; 2:24; 2:29; 3:1; 4:1; 4:2; 4:4; 4:10; 4:13; 4:19; 4:21)
● “perfección/perfecto/perfeccionará” (1:6; 3:12; 3:15)
● “gozo/gozaos/gocéis/gozaré/regocijo/regocijaos” (1:4; 1:18; 1:25; 2:2; 2:17; 2:18; 2:28; 2:29; 3:1; 4:1; 4:4; 4:10)
● “justicia” (1:11; 3:6; 3:9)
● “ley” (3:5; 3:6; 3:9)
● “evangelio” (1:5; 1:7; 1:12; 1:17; 1:27; 2:22; 4:3; 4:15; )
● “fe” (1:25; 1:27; 2:17; 3:9; 2:17; 3:9)
● “gracia/acción de gracias” (1:2; 1:3; 4:6; 4:23)
● “oración” (1:4; 1:9; 1:19; 4:6)
BOSQUEJO
I. Introducción (1:1-26)
a) Acción de gracias (1:1-11)
b) Pablo desde Roma (1:12-26)
II. Exhortaciones (1:27-2:18)
a) A la firmeza y unidad de la iglesia (1:27-2:4)
b) Al seguimiento de Cristo (2:5-11)
c) Cuidar la salvación (2:12-18)
III. Planes y alertas (2:19-3:21)
a) Futuras visitas (2:19-30)
b) Alertas contra los malos obreros (3:1-21)
IV. Despedida
a) Exhortaciones (4:1-23)
b) El amor práctico de los filipenses a Pablo (4:10-23)
Epístola a los Efesios
Cuales parecen ser los propósitos principales del autor al escribir esta carta.
1-Exponer la argumentación de que salvación es por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesucristo. (2:8-9)
2-Describir la iglesia, como Cuerpo de Cristo, según el plan divino antes de la fundación del mundo. (1:22-23)
3- Mostrar el designio de Dios Creador arraigado en el misterio de las tres personas divinas: Dios el Padre de gloria, nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo. (1:2; 4:30)
4- Afirmar que en Cristo Dios nos eligió, somos rescatados por su sangre, re-creados para buenas obras, sellados por su Espíritu. (1:4; 1:7; 1:13; 2:9)
5- Es intención del apóstol que los efesios comprendan cual es la esperanza de la vida cristiana la cual es sustentada por el Cristo resucitado y glorificado como primicia de todo lo presente en la vida cristiana y lo por venir. (1:17-20)
6- Citar categóricamente que de una vez y por todas ya no hay judíos ni gentiles, sino que todos los redimidos conforman la iglesia diseñada y cumplida en Cristo por Dios como templo espiritual, este es el “misterio” develado. (2:11-18)
7- Enseñar que Cristo es la Cabeza de la iglesia, es constituido por Dios como la única autoridad de la iglesia con poderes absolutos, en la tierra y en los cielos (1:22-23; 4:15)
8- Desafiar a cada cristiano ser coherentes con sus creencias en una nueva manera de vivir que de testimonio de lo sublime de su llamamiento (4:1-2; 4:17-32; 4:22; 5:1-20)
9- Exponer la necesidad de que se preserve la unidad del Espíritu. Todos en un mismo Espíritu, solo el permite que cada cristiano se realice en comunión con los demás en una misma esperanza. (4:3-6)
10- Argumentar que la unidad de la iglesia no implica uniformidad, el Espíritu concede a cada cual lo singular y necesario para servir al bien común: hay diversidad de dones y de ministerios, esta unidad en la diversidad del servicio contribuye a la correcta coordinación y el armónico crecimiento de todos los miembros del Cuerpo de Cristo. (4:7-12; 4:15-16)
11- Presentar elementos básicos de la doctrina de que en Cristo somos vivificados, re-creados, renacidos, regenerados para buenas obras y para formar parte de la gran familia de la fe que es su única iglesia. (2:1; 2:4-5; 2:10; 2:15-19; 4:24)
12- Demostrarle a los efesios que el amor de Cristo que supera todo entendimiento, no se llega a el por estudios, o disciplinas, sino que es dado gratuitamente por iniciativa de Dios. (3:14-21)
13- Exponer como el “hombre viejo” y el “hombre nuevo” son dos maneras opuestas de vivir y la necesidad de renovarse en el espíritu de su mente para vivir una vida santa. (4:17-32)
14- El hombre según Dios: las exigencias morales de una vida en Cristo (5:1-20)
15- Exponer una doctrina básica de santidad práctica donde incluye requerimientos de ética bíblica tanto para el matrimonio, las relaciones entre padres e hijos, entre siervos y sus amos. (5:21-33; 6:1-9)
16- Quiere demostrar que nuestra lucha es espiritual por tanto la “armadura de Dios” es nuestra fortaleza siempre sustentada en el poder de Dios (6:10-18)
17- El apóstol también tiene como propósito hacer una presentación bien precisa y sistemática a los efesios de la doctrina bíblica sobre el Espíritu Santo y menciona sus obras, características y naturaleza (1:13-14; 1:17-19; 3:16-21; 4:3-4; 5:18)
Palabras o frases claves que aparezcan tres veces o más en la carta
● “santos”. (1:1; 1:4; 1:15; 1:18; 2:19; 3:5; 3:8; 3:18; 5:3; 6:18)
● “Dios y Padre de Jesucristo”. (1:2; 1:3; 1:17; 3:14; 4:6; 6:23)
● “lugares celestiales”/ “regiones celestes”. (1:3; 1:20; 2:6; 3:10; 6:12)
● “en Cristo”/en él/en el Señor”. (1:1; 1:3; 1:4; 1:6; 1:10; 1:12; 1:13; 1:15; 1:20; 2:7; 2:10; 2:13; 2:21; 3:6; 3:11; 3:21; 4:17; 4:32; 5:8; 6:1)
● “alabanza de la gloria”. (1:6; 1:12; 1:14; 5:19)
● “gracia”. (1:7; 2:4; 2:7; 2:8; 3:2; 3:7; 3:8; 6:24)
● “sabiduría e inteligencia”/ “sabiduría y revelación”. (1:8; 1:17; 3:3)
● “misterio”. (1:9; 3:3; 3:4; 3:5; 3:9)
● “Espíritu”/“Espíritu Santo” (1:13; 2:22; 3:5; 3:16; 4:3; 4:4; 4:30; 5:18; 6:17; 6:18)
● “en los cielos”/ “en la tierra” (1:10; 3:10; 3:15; 6:9)
● “verdad” (1:13; 4:15; 4:24; 5:9; 6:14)
● “operación/operó/opera” (1:19; 1:20; 2:2; 3:7)
● “poder” (1:16; 1:19; 1:21; 3:7)
● “luz/tinieblas” (5:8; 5:11; 5:13; 6:12)
● “su, un, el cuerpo”/“cuerpo de Cristo” (1:23; 2:16; 3:6; 4:4; 4:12; 4:16; 5:23; 5:30)
● “edificados/edificio/edificación/edificándose” (2:20; 2:21; 2:22; 4:12; 4:16; 4:29)
● “paz” (1:2; 2:14; 2:15; 2:17; 4:3; 6:15)
● “principado/autoridad/potestades” (1:21; 3:10; 6:12)
● “todas las cosas/todo lo llena/llenarlo todo” (1:11; 1:22; 1:23; 4:10)
● “herencia” (1:11; 1:14, 1:18)
C. Haga su propio bosquejo de la carta (una página).
BOSQUEJO
I. Saludo 1:1-2
II. Revelación de Cristo en la iglesia. (1:3-23)
a. Redimidos por Cristo. (1:3-14)
b. Acción de gracias por la iglesia en Cristo. (1:15-23)
III. La nueva comunidad en Cristo (2:1-22)
a. Salvados por gracia y reconciliados con Dios (2:1-10, 2:11-22)
IV. El ministerio de Pablo. (3:1-21)
a. Evangelización de los gentiles. (3:2-13)
b. Fortalecimiento del hombre interior por el Espíritu, 3:14-19
c. Glorificando el poder de Dios. 3:20-21
V. La práctica de la santidad. (4:1-6:20)
a. La iglesia: cuerpo de Cristo, (4:1-5:5)
b. Preservando la unidad del Espíritu. (4:1-16)
c. El nuevo hombre en Cristo, novedad de vida (4:17-5:5)
VI. Andando como hijos de luz. (5:6-6:9)
a. Camino de verdad, justicia y bondad. (5:6-21)
b. Principios cristianos en el matrimonio, entre padres/hijos y amos/siervos. (5:22-6:9)
c. La armadura de poder para el día malo (6:10-20)
1-Exponer la argumentación de que salvación es por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesucristo. (2:8-9)
2-Describir la iglesia, como Cuerpo de Cristo, según el plan divino antes de la fundación del mundo. (1:22-23)
3- Mostrar el designio de Dios Creador arraigado en el misterio de las tres personas divinas: Dios el Padre de gloria, nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo. (1:2; 4:30)
4- Afirmar que en Cristo Dios nos eligió, somos rescatados por su sangre, re-creados para buenas obras, sellados por su Espíritu. (1:4; 1:7; 1:13; 2:9)
5- Es intención del apóstol que los efesios comprendan cual es la esperanza de la vida cristiana la cual es sustentada por el Cristo resucitado y glorificado como primicia de todo lo presente en la vida cristiana y lo por venir. (1:17-20)
6- Citar categóricamente que de una vez y por todas ya no hay judíos ni gentiles, sino que todos los redimidos conforman la iglesia diseñada y cumplida en Cristo por Dios como templo espiritual, este es el “misterio” develado. (2:11-18)
7- Enseñar que Cristo es la Cabeza de la iglesia, es constituido por Dios como la única autoridad de la iglesia con poderes absolutos, en la tierra y en los cielos (1:22-23; 4:15)
8- Desafiar a cada cristiano ser coherentes con sus creencias en una nueva manera de vivir que de testimonio de lo sublime de su llamamiento (4:1-2; 4:17-32; 4:22; 5:1-20)
9- Exponer la necesidad de que se preserve la unidad del Espíritu. Todos en un mismo Espíritu, solo el permite que cada cristiano se realice en comunión con los demás en una misma esperanza. (4:3-6)
10- Argumentar que la unidad de la iglesia no implica uniformidad, el Espíritu concede a cada cual lo singular y necesario para servir al bien común: hay diversidad de dones y de ministerios, esta unidad en la diversidad del servicio contribuye a la correcta coordinación y el armónico crecimiento de todos los miembros del Cuerpo de Cristo. (4:7-12; 4:15-16)
11- Presentar elementos básicos de la doctrina de que en Cristo somos vivificados, re-creados, renacidos, regenerados para buenas obras y para formar parte de la gran familia de la fe que es su única iglesia. (2:1; 2:4-5; 2:10; 2:15-19; 4:24)
12- Demostrarle a los efesios que el amor de Cristo que supera todo entendimiento, no se llega a el por estudios, o disciplinas, sino que es dado gratuitamente por iniciativa de Dios. (3:14-21)
13- Exponer como el “hombre viejo” y el “hombre nuevo” son dos maneras opuestas de vivir y la necesidad de renovarse en el espíritu de su mente para vivir una vida santa. (4:17-32)
14- El hombre según Dios: las exigencias morales de una vida en Cristo (5:1-20)
15- Exponer una doctrina básica de santidad práctica donde incluye requerimientos de ética bíblica tanto para el matrimonio, las relaciones entre padres e hijos, entre siervos y sus amos. (5:21-33; 6:1-9)
16- Quiere demostrar que nuestra lucha es espiritual por tanto la “armadura de Dios” es nuestra fortaleza siempre sustentada en el poder de Dios (6:10-18)
17- El apóstol también tiene como propósito hacer una presentación bien precisa y sistemática a los efesios de la doctrina bíblica sobre el Espíritu Santo y menciona sus obras, características y naturaleza (1:13-14; 1:17-19; 3:16-21; 4:3-4; 5:18)
Palabras o frases claves que aparezcan tres veces o más en la carta
● “santos”. (1:1; 1:4; 1:15; 1:18; 2:19; 3:5; 3:8; 3:18; 5:3; 6:18)
● “Dios y Padre de Jesucristo”. (1:2; 1:3; 1:17; 3:14; 4:6; 6:23)
● “lugares celestiales”/ “regiones celestes”. (1:3; 1:20; 2:6; 3:10; 6:12)
● “en Cristo”/en él/en el Señor”. (1:1; 1:3; 1:4; 1:6; 1:10; 1:12; 1:13; 1:15; 1:20; 2:7; 2:10; 2:13; 2:21; 3:6; 3:11; 3:21; 4:17; 4:32; 5:8; 6:1)
● “alabanza de la gloria”. (1:6; 1:12; 1:14; 5:19)
● “gracia”. (1:7; 2:4; 2:7; 2:8; 3:2; 3:7; 3:8; 6:24)
● “sabiduría e inteligencia”/ “sabiduría y revelación”. (1:8; 1:17; 3:3)
● “misterio”. (1:9; 3:3; 3:4; 3:5; 3:9)
● “Espíritu”/“Espíritu Santo” (1:13; 2:22; 3:5; 3:16; 4:3; 4:4; 4:30; 5:18; 6:17; 6:18)
● “en los cielos”/ “en la tierra” (1:10; 3:10; 3:15; 6:9)
● “verdad” (1:13; 4:15; 4:24; 5:9; 6:14)
● “operación/operó/opera” (1:19; 1:20; 2:2; 3:7)
● “poder” (1:16; 1:19; 1:21; 3:7)
● “luz/tinieblas” (5:8; 5:11; 5:13; 6:12)
● “su, un, el cuerpo”/“cuerpo de Cristo” (1:23; 2:16; 3:6; 4:4; 4:12; 4:16; 5:23; 5:30)
● “edificados/edificio/edificación/edificándose” (2:20; 2:21; 2:22; 4:12; 4:16; 4:29)
● “paz” (1:2; 2:14; 2:15; 2:17; 4:3; 6:15)
● “principado/autoridad/potestades” (1:21; 3:10; 6:12)
● “todas las cosas/todo lo llena/llenarlo todo” (1:11; 1:22; 1:23; 4:10)
● “herencia” (1:11; 1:14, 1:18)
C. Haga su propio bosquejo de la carta (una página).
BOSQUEJO
I. Saludo 1:1-2
II. Revelación de Cristo en la iglesia. (1:3-23)
a. Redimidos por Cristo. (1:3-14)
b. Acción de gracias por la iglesia en Cristo. (1:15-23)
III. La nueva comunidad en Cristo (2:1-22)
a. Salvados por gracia y reconciliados con Dios (2:1-10, 2:11-22)
IV. El ministerio de Pablo. (3:1-21)
a. Evangelización de los gentiles. (3:2-13)
b. Fortalecimiento del hombre interior por el Espíritu, 3:14-19
c. Glorificando el poder de Dios. 3:20-21
V. La práctica de la santidad. (4:1-6:20)
a. La iglesia: cuerpo de Cristo, (4:1-5:5)
b. Preservando la unidad del Espíritu. (4:1-16)
c. El nuevo hombre en Cristo, novedad de vida (4:17-5:5)
VI. Andando como hijos de luz. (5:6-6:9)
a. Camino de verdad, justicia y bondad. (5:6-21)
b. Principios cristianos en el matrimonio, entre padres/hijos y amos/siervos. (5:22-6:9)
c. La armadura de poder para el día malo (6:10-20)
jueves, 20 de mayo de 2010
CRISTO COMO EL UNICO Y SUFICIENTE SALVADOR
CRISTO COMO EL UNICO Y SUFICIENTE SALVADOR (Hechos 4:12)
En primer lugar creo en lo que la Biblia nos dice sobre el bautismo: el acto del bautismo forma parte del evangelio de Cristo y así lo enseñamos, predicamos y practicamos en nuestra comunidad. El bautismo de infantes que practica el catolicismo cae por su propio peso al no tener fundamento bíblico, los niños recién nacidos no tienen pecado, ni conciencia de pecado.
Si algo he aprendido a lo largo de mi servicio es cuidarme de presentar una afirmación absoluta desde un solo versículo si no cuento primero con todos los pasajes análogos que confirman un asunto doctrinal y no aislarlo de su contexto. Estoy plenamente de acuerdo en la necesidad del bautismo como un paso establecido por la Biblia para alcanzar la salvación provista únicamente por Jesucristo, eso es una verdad bíblica incuestionable y todos los patrones de conversiones que encontramos en el Nuevo Testamento culminan con el acto del bautismo como mandamiento de Cristo y parte de la predicación del verdadero evangelio por los apóstoles y evangelistas.
En la Biblia solo se habla de un único y suficiente Salvador nuestro Señor Jesucristo, no se habla nunca de dos salvadores. Ese es el problema teológico de afirmar desde un solo pasaje una doctrina bíblica. El bautismo por sí mismo no salva, en ningún lugar del Nuevo Testamento se afirma que existe otra razón de nuestra Salvación que no sea la persona divina de Jesucristo, es un problema no de contenido sino de presentación correcta del plan de salvación.
Somos salvos por gracia mediante la fe en Jesucristo, no hay otra fórmula, Dios no es hombre para cambiar ni para contradecirse en algo tan vital como la salvación, esa es la santidad de su naturaleza moral, esa es la gran gloria de nuestra fe. Los hombres del Antiguo Testamento se salvaban por pura gracia mediante la fe, tenemos a mano la Biblia para confirmar esto. En el Nuevo Testamento los hombres y mujeres del Nuevo Pacto en la sangre de Cristo se siguen salvando por este principio invariable, esta vez mediante la fe en Jesucristo y según los pasos establecidos en el Nuevo Testamento y los ejemplos aprobados que encontramos en las conversiones narradas donde el bautismo es uno de los requisitos donde por gracia mediante la fe en el Redentor recibimos el perdón de nuestros pecados y el don del Espíritu Santo.
El gran error de las iglesias protestantes y evangélicas no está en enseñar que debemos aceptar a Jesucristo pues esto es la base de nuestra fe, el error de las iglesias evangélicas es en no admitir que el bautismo forma parte del plan de salvación y que en ese acto se recibe el perdón de pecados y el Espíritu Santo, tal como lo afirma la Escritura.
En 1 Pedro 3:21estas nueve palabras no pueden ser sacadas del contexto para afirmar categóricamente que hay una obra que nos salva. Analicemos este texto correctamente "el bautismo que corresponde a esto ahora nos salva", y ¿Qué es esto a lo cual corresponde el bautismo ahora? El bautismo no salva ni nunca va a salvar a nadie si no está insertado en el plan de salvación, el bautismo corresponde a la economía salvífica establecido en el Nuevo Testamento, corresponde al Evangelio de Jesucristo, corresponde a la obra redentora efectuada única y suficientemente por Jesús en la cruz del Calvario, por que Cristo es el único que salva, Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. El contexto de 1 Pedro 3:21 no puede ser aislado, Pedro recalca bien el significado simbólico de este acto: ni la inmersión, ni el agua poseen un don de salvación ni mucho menos de purificación, en este acto se destaca la obediencia al plan divino de todo aquel que al arrepentirse desea fervientemente “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios”, ante su poder manifestado “por la resurrección de Jesucristo”
La única autoridad digna de dar respuesta a esto es la Biblia y ella nos enseña que estamos comisionados como iglesia del Señor para anunciar al mundo pecador las Buenas Nuevas de Salvación: 1- que Dios se ha manifestado en carne en la persona de Jesús dando cumplimiento a las promesas de Dios para nuestra salvación, 2- que nuestro Señor reveló definitivamente el amor y la voluntad de nuestro Padre celestial en sus enseñanzas del Reino, 3- que este JESUS fue crucificado, muerto por nuestros pecados, sepultado y resucitado por el poder de Dios, y ascendió al cielo y sigue intercediendo por todos los cristianos fieles, todo esto lo podemos apreciar en el primer sermón de Pedro en el libro de los Hechos donde acto seguido se culminó el anuncio del evangelio con el bautismo de los que oyeron, creyeron, invocaron el nombre de Cristo y se arrepintieron.
A partir de este momento después de la predicación del evangelio en Pentecostés el bautismo está conectado con la conversión como requisito indispensable del plan de salvación (Hch.2:38, 2:41), es el sello final de la unión por la fe con Cristo y recibimos el don del Espíritu Santo:
(2 Timoteo 2:19) “pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”
(Efesios 1:13) “en el también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en el, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”
Es señal del nuevo pacto de gracia por la muerte sacrificial, la resurrección y el perdón de pecados por parte de Cristo
(Heb.9.15) “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna”
(Heb.13.20) “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno”
(Rom.11.27) “Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados”
En el momento del bautismo por la gracia de Dios y mediante nuestra fe recibimos el Espíritu Santo después de ser justificados y somos adoptados como nuevas criaturas en la familia de Dios, coherederos junto con Cristo de la herencia del nuevo pacto.
Pero el bautismo nunca tiene “en sí mismo” el poder de salvación que únicamente aplica al Redentor, esto es lo que conclusivamente enseña la Palabra de Dios.
La enseñanza general de la doctrina bíblica de la salvación no se puede presentar de otra manera: somos salvos por gracia mediante la fe en Jesucristo. No hay verdades proclamadas por iglesias “evangélicas”, solamente hay verdades bíblicas y si así están en la Biblia hay que ser humildes y reverentes. Efesios. 2:8-10 “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
Por supuesto que la fe debe ir acompañada de las obras, sino seria una fe falsa y así lo enseña el apóstol Santiago, pero las buenas obras que Dios preparó de antemano no son más que los frutos de la fe y que naturalmente deben seguir a nuestra conversión. De forma general la Biblia nos enseña que las obras nunca podrán sustituir a la fe en Cristo, ni el amor de Dios derramado en nuestros corazones “para que nadie se gloríe”, las buenas obras no pueden quitar nuestros pecados ni resisten el juicio divino si no tenemos el fruto del Espíritu. Definitivamente somos salvos por gracia, un don que nunca será de nosotros, y por la fe en Jesucristo y la Palabra de Dios.
(1 Co 13.1-3) “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”
En primer lugar creo en lo que la Biblia nos dice sobre el bautismo: el acto del bautismo forma parte del evangelio de Cristo y así lo enseñamos, predicamos y practicamos en nuestra comunidad. El bautismo de infantes que practica el catolicismo cae por su propio peso al no tener fundamento bíblico, los niños recién nacidos no tienen pecado, ni conciencia de pecado.
Si algo he aprendido a lo largo de mi servicio es cuidarme de presentar una afirmación absoluta desde un solo versículo si no cuento primero con todos los pasajes análogos que confirman un asunto doctrinal y no aislarlo de su contexto. Estoy plenamente de acuerdo en la necesidad del bautismo como un paso establecido por la Biblia para alcanzar la salvación provista únicamente por Jesucristo, eso es una verdad bíblica incuestionable y todos los patrones de conversiones que encontramos en el Nuevo Testamento culminan con el acto del bautismo como mandamiento de Cristo y parte de la predicación del verdadero evangelio por los apóstoles y evangelistas.
En la Biblia solo se habla de un único y suficiente Salvador nuestro Señor Jesucristo, no se habla nunca de dos salvadores. Ese es el problema teológico de afirmar desde un solo pasaje una doctrina bíblica. El bautismo por sí mismo no salva, en ningún lugar del Nuevo Testamento se afirma que existe otra razón de nuestra Salvación que no sea la persona divina de Jesucristo, es un problema no de contenido sino de presentación correcta del plan de salvación.
Somos salvos por gracia mediante la fe en Jesucristo, no hay otra fórmula, Dios no es hombre para cambiar ni para contradecirse en algo tan vital como la salvación, esa es la santidad de su naturaleza moral, esa es la gran gloria de nuestra fe. Los hombres del Antiguo Testamento se salvaban por pura gracia mediante la fe, tenemos a mano la Biblia para confirmar esto. En el Nuevo Testamento los hombres y mujeres del Nuevo Pacto en la sangre de Cristo se siguen salvando por este principio invariable, esta vez mediante la fe en Jesucristo y según los pasos establecidos en el Nuevo Testamento y los ejemplos aprobados que encontramos en las conversiones narradas donde el bautismo es uno de los requisitos donde por gracia mediante la fe en el Redentor recibimos el perdón de nuestros pecados y el don del Espíritu Santo.
El gran error de las iglesias protestantes y evangélicas no está en enseñar que debemos aceptar a Jesucristo pues esto es la base de nuestra fe, el error de las iglesias evangélicas es en no admitir que el bautismo forma parte del plan de salvación y que en ese acto se recibe el perdón de pecados y el Espíritu Santo, tal como lo afirma la Escritura.
En 1 Pedro 3:21estas nueve palabras no pueden ser sacadas del contexto para afirmar categóricamente que hay una obra que nos salva. Analicemos este texto correctamente "el bautismo que corresponde a esto ahora nos salva", y ¿Qué es esto a lo cual corresponde el bautismo ahora? El bautismo no salva ni nunca va a salvar a nadie si no está insertado en el plan de salvación, el bautismo corresponde a la economía salvífica establecido en el Nuevo Testamento, corresponde al Evangelio de Jesucristo, corresponde a la obra redentora efectuada única y suficientemente por Jesús en la cruz del Calvario, por que Cristo es el único que salva, Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. El contexto de 1 Pedro 3:21 no puede ser aislado, Pedro recalca bien el significado simbólico de este acto: ni la inmersión, ni el agua poseen un don de salvación ni mucho menos de purificación, en este acto se destaca la obediencia al plan divino de todo aquel que al arrepentirse desea fervientemente “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios”, ante su poder manifestado “por la resurrección de Jesucristo”
La única autoridad digna de dar respuesta a esto es la Biblia y ella nos enseña que estamos comisionados como iglesia del Señor para anunciar al mundo pecador las Buenas Nuevas de Salvación: 1- que Dios se ha manifestado en carne en la persona de Jesús dando cumplimiento a las promesas de Dios para nuestra salvación, 2- que nuestro Señor reveló definitivamente el amor y la voluntad de nuestro Padre celestial en sus enseñanzas del Reino, 3- que este JESUS fue crucificado, muerto por nuestros pecados, sepultado y resucitado por el poder de Dios, y ascendió al cielo y sigue intercediendo por todos los cristianos fieles, todo esto lo podemos apreciar en el primer sermón de Pedro en el libro de los Hechos donde acto seguido se culminó el anuncio del evangelio con el bautismo de los que oyeron, creyeron, invocaron el nombre de Cristo y se arrepintieron.
A partir de este momento después de la predicación del evangelio en Pentecostés el bautismo está conectado con la conversión como requisito indispensable del plan de salvación (Hch.2:38, 2:41), es el sello final de la unión por la fe con Cristo y recibimos el don del Espíritu Santo:
(2 Timoteo 2:19) “pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”
(Efesios 1:13) “en el también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en el, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”
Es señal del nuevo pacto de gracia por la muerte sacrificial, la resurrección y el perdón de pecados por parte de Cristo
(Heb.9.15) “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna”
(Heb.13.20) “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno”
(Rom.11.27) “Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados”
En el momento del bautismo por la gracia de Dios y mediante nuestra fe recibimos el Espíritu Santo después de ser justificados y somos adoptados como nuevas criaturas en la familia de Dios, coherederos junto con Cristo de la herencia del nuevo pacto.
Pero el bautismo nunca tiene “en sí mismo” el poder de salvación que únicamente aplica al Redentor, esto es lo que conclusivamente enseña la Palabra de Dios.
La enseñanza general de la doctrina bíblica de la salvación no se puede presentar de otra manera: somos salvos por gracia mediante la fe en Jesucristo. No hay verdades proclamadas por iglesias “evangélicas”, solamente hay verdades bíblicas y si así están en la Biblia hay que ser humildes y reverentes. Efesios. 2:8-10 “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
Por supuesto que la fe debe ir acompañada de las obras, sino seria una fe falsa y así lo enseña el apóstol Santiago, pero las buenas obras que Dios preparó de antemano no son más que los frutos de la fe y que naturalmente deben seguir a nuestra conversión. De forma general la Biblia nos enseña que las obras nunca podrán sustituir a la fe en Cristo, ni el amor de Dios derramado en nuestros corazones “para que nadie se gloríe”, las buenas obras no pueden quitar nuestros pecados ni resisten el juicio divino si no tenemos el fruto del Espíritu. Definitivamente somos salvos por gracia, un don que nunca será de nosotros, y por la fe en Jesucristo y la Palabra de Dios.
(1 Co 13.1-3) “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”
viernes, 12 de marzo de 2010
¿Y LOS ANCIANOS…? Primera parte. El Fruto y las Obras.
Aún en estos momentos nos estamos preguntando ¿por qué la elección y aprobación Ancianos motiva tantas tensiones, actitudes agrias y manifestaciones francamente hostiles en algunas regiones? El objetivo de meditar sobre este tema va más allá de hurgar en alguna llaga o acrecentar la conflictividad en cuestión de opiniones (nada más alejado de nuestras prioridades), nuestro propósito, única y exclusivamente, es promover sinceramente a la reflexión serena y adecuada ante la interrogante que encabeza estas líneas.
El planteamiento del problema sería el siguiente: Principalmente en Latinoamérica se puede observar un buen número de las iglesias de Cristo que adolecen de no estar organizadas bíblicamente, no hay Ancianos, Pastores u Obispos, como el Nuevo Testamento denomina a estos hermanos y sus responsabilidades ante la grey, aunque en lo que respecta a la adoración y la predicación del evangelio las iglesias de Cristo establecidas cumplen los principios neo-testamentarios fielmente. ¿Qué sucede entonces?, es posible de que entre los cientos de iglesias del Señor, ¿no hay siquiera un par de hombres que reúnan las cualificaciones que exige la Biblia?, …es difícil de creer…, va contra la lógica, va contra las estadísticas, va contra el sentido común, pero lo que es peor, va contra los mandamientos de Dios para legitimizar el verdadero patrón-bíblico-organizativo establecido en el Nuevo Testamento, ya ni siquiera es un problema de opinión, es un problema doctrinal que atañe a la fidelidad en el cumplimiento de la Palabra de Dios.
Entonces, lejos de crearse cualquier atmosfera hostil y tan alejada del espíritu cristiano que demanda la Palabra divina sobre el amor fraterno, ¿Por qué no se trabaja con más ahínco en aras de solucionar el problema en cada congregación?, ¿acaso no se observan todos los requisitos bíblicos de forma exhaustiva? Entonces, ¿Qué pasa?, en cuanto a la causa o factores que inciden en esta problemática preferimos dejar abierto el cuestionamiento para que usted saque sus propias conclusiones, lo que si pretendemos en estas cortas líneas es proporcionarles algunos elementos válidos y fundamentados bíblicamente para una acertada reflexión acerca de una de las problemáticas más acuciantes y volátiles que enfrentan las iglesias de Cristo:
1-Aquellos hermanos que no sean neófitos, y anhelen ser Ancianos/Obispos/Pastores pueden ser considerados como tales solo, y esto es sumamente importante, si son reconocidos y elegidos por su propia congregación,
1 Ped.5.1 “Ruego a los ancianos que están entre vosotros” Hch.14.23 “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”,
2-Llegamos a la conclusión de que la ancianatura solo es posible organizarse en tanto que es el único ministerio que pasa a ser legitimo funcionalmente hasta que sean constituidos, reconocidos y electos formalmente en su iglesia local (Ef.4:11).
Otras funciones que ya debe estar ejerciendo con efectividad el que anhele ser Anciano son: - la predicación del Evangelio y -la enseñanza doctrinal, estos desempeños son requisitos indispensables por su apreciable valoración testimonial para que la congregación reconozca en el candidato el llamado divino al ministerio pastoral:
1 Tim 5.17 “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”, para que alguien que desee ser anciano sea reconocido como tal por los hermanos de su congregación debe darse a la tarea de trabajar arduamente desde que fue llamado a ser un ministro de la Palabra, y no de comenzar a trabajar con miras a que sea elegido, sino que ya en la práctica sea un vivo testimonio ante su congregación local de que “predica y enseña”, de que en su obrar demuestra su idoneidad con “piedad y contentamiento” para la responsabilidad que desempeñará.
Predicar “ λόγῳ, λόγος” (Hch.8:5; 9:20; 14:7; Ro.10:15; 15:20; 1 Cor.9:18; 2:12) y Enseñar “διδασκαλία” (Ro.12:7; 15:4; 1 Tim.4:13; 6:3; 2 TIM.3:16; Tit.1:9; 2.1-7) según el Nuevo Testamento son términos que no responden a la idea o interpretación ya bastante generalizada que se ha instalado en la iglesia de nuestros tiempos, donde se pretende exclusivamente desde una oficina “salvar almas y alimentar a la grey” y no estamos diciendo que el trabajo burocrático (administrativo) no sea necesario en las iglesias, todo lo contrario. El Anciano /Pastor/ Obispo debe ser capaz de supervisar la vida interna de la iglesia y a la vez ser un digno obrero de la Palabra comunicando el mensaje de salvación a los in-conversos (1 Cor.1:17) e instruyendo doctrinalmente a los miembros de su iglesia y esto solo es posible compartiendo sabia y prudentemente el trabajo administrativo con el trato personal “cara a cara” tanto en la labor evangelística, como en la atención pastoral e instrucción a los miembros de su rebaño.
(1 Tim 3.1) “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea” aquí vemos como lo verdaderamente honorable de esta aspiración se encuentra en que se obre dignamente. La dignidad de lo que hace un obispo no deriva del cargo, sino de las cualidades que se exigen:
Heb.13.17 “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”
Heb.13.7 “Acordaos de vuestros pastores,… considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”
Estos dos elementos nos llevan a ponernos en perspectiva acerca del problema planteado: el reconocimiento de la congregación es decisivo, pueden presentarse para Ancianos aquellos que digan reunir las condiciones exigidas por la Biblia, pero si la grey no puede reconocer estos requisitos en ellos se anula todo el proceso. Es el eterno indicador que Dios ha colocado en su eterna e infalible sabiduría, la cuestión de peso no es tener o no tener los dones, lo que define la autenticidad e idoneidad del candidato es el fruto, es el obrar diario conforme a la fe que profesamos: (Tit.2.2) “Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia”
¡Un momento!, no estamos diciendo que no existan tales hombres al frente de las congregaciones, todo lo contrario…, abundan más los buenos siervos de Dios que son aquellos que inequívocamente son reconocidos por sus buenos frutos entre sus hermanos,… que los que dicen ser ministros y no lo son. Otro factor que pudiéramos descartar o incluir como duda razonable es que alguien espere la aprobación humana en asuntos divinos, realmente no lo sabemos,…ni tampoco nos interesa.
Personalmente encuentro muy positivo y saludable cuando se detectan problemas en el liderazgo por parte de la congregación a la cual se está sirviendo, esto nos pone en alerta espiritual y emocional, y la respuesta… ¡nuestra única respuesta!…, debe ser la de erradicar aquellos errores señalados por nuestros hermanos con la ayuda de Dios, para ser cada día los siervos humildes, reverentes y prudentes que el Señor desea que seamos.
No debemos sentir miedo ante los señalamientos de nuestras deficiencias en el servicio al Señor, porque el que teme no ha sido, ni podrá ser perfeccionado jamás en el amor de Dios.
1 Jn.4:18 “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”
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