martes, 3 de mayo de 2011

La Disciplina en la iglesia: Amor y Perdón a los que se arrepienten sinceramente.

La Disciplina en la iglesia: Amor y Perdón a los que se arrepienten sinceramente.

La iglesia es el reino de Dios en este mundo y esto ha sido posible mediante Jesucristo, es un lugar donde están permanentemente presentes el amor, la gracia y el perdón para los pecadores, pero esto no significa que dejemos de ser severos y firmes con las manifestaciones del pecado, aunque no dejemos de amar y perdonar al pecador.



Cualquier desorden o indisciplina pueden dañar el Cuerpo de Cristo, por eso la Biblia nos manda reprender al que cause tropiezos en la iglesia:

(Lc. 17: 3) “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”



Si un hermano peca estamos obligados a reprenderle, y si se arrepiente es nuestro deber perdonarle en el orden personal, nunca debemos negarle el perdón a un hermano que se arrepiente sinceramente, pero la Palabra de Dios es bien terminante en lo que se refiere a la actitud del pecador: 1- debe confesar públicamente su pecado, 2- debe arrepentirse sinceramente 3- debe pedir perdón por sus faltas y hacerse el firme propósito de enmendar sus errores. El numero setenta veces siete significa la perfección de Dios, el perdón perfecto de Dios que nos enseña que debemos de ser pacientes y misericordiosos a la hora de reprender a un hermano, pero no significa una licencia para seguir pecando, ni que nos convirtamos en creyentes permisivos ante lo incorrecto, cuando un creyente practica sistemáticamente el pecado deja de ser hijo de Dios y está abusando de la misericordia de nuestro Señor y de sus hermanos.



(Ro 16.17-19) “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos”



La Biblia es especialmente severa con aquellos que con su conducta provocan “divisiones y tropiezos” y no obedecen la doctrina de Cristo, y la doctrina de Cristo abarca todos los mandamientos y deberes de cada creyente, tal y como están registrados en el Nuevo Testamento. Las divisiones son producidas por muchas vías: desde la falta de fe y amor, hasta la introducción de falsas doctrinas, todas las manifestaciones pecaminosas van contra las enseñanzas de Cristo. La Palabra de Dios nos deja bien claro que “tales personas” ya no son siervos de Dios y que en consecuencia debemos actuar con amor, pero con mucha firmeza, y con la lengua pueden provocar más daño entre el resto de la grey aprovechándose de la bondad y la ingenuidad de sus hermanos.



¿Cómo debemos actuar, hasta donde debemos ser severos? Debemos actuar según la Escritura y ser severos con la intensidad y de la forma que la Palabra nos indica, porque de ello depende no solo la unidad y la integridad de la iglesia sino nuestro testimonio ante el mundo:



(1 Co 5.11-13) “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?”



La Palabra de Dios es la que juzga al mundo con justo juicio, si la iglesia tiene como guía de fe y practica la Escritura entonces no podemos permitir que aquellos se llaman “hermanos de la fe” lleven una vida desordenada y sigan dentro del Cuerpo de Cristo sin arrepentirse y cambiar, ¿qué referencia moral respalda la novedad en nuestras vidas si los que están fuera pueden ver tinieblas en nuestro testimonio como iglesia? El apóstol es radical, no tenemos nada en común con aquellos que deshonran continuamente el nombre de Cristo, el Espíritu Santo deja bien claro que no debemos tener comunión con ellos, porque ya ellos primeramente han roto el vínculo perfecto de amor que une a los miembros del Cuerpo y con Cristo mismo. La lista de sus fechorías está en términos muy claros: fornicación, avaricia, idolatría, maledicencia, borracheras, robos.



(2 Tes 3.6-8). “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie”

Aquí hay un mandamiento expreso: “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, bajo la autoridad de Cristo, bajo su potestad como Cabeza de la iglesia debemos apartarnos de estos falsos “hermanos”, tenemos el ejemplo de Cristo, de su vida, tenemos el ejemplo de vida de los apóstoles quienes fueron inspirados por el Espíritu de Dios para dejar por escrito todas las normas de conducta que recibimos de ellos y que como cristianos debemos observar, y si estos que dicen llamarse “hermanos” no ordenan sus vidas conforme a la voluntad de Dios y persisten en pecar intencionalmente, entonces ellos deben ser declarados fuera de comunión por orden expresa de Cristo.



(Ro 2.4-7) “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras”



La benignidad (clemencia, indulgencia) de Dios es la que nos guía al arrepentimiento, el arrepentimiento significa un cambio de mente. Algunos creen que la misericordia divina no tiene un término y que se prolongará de forma indefinida, la Biblia enseña lo contrario: hay un día del juicio final y definitivo y este juicio aún no se ha efectuado para que todos procedan al arrepentimiento. Pero a los que han endurecido sus conciencias y no hay arrepentimiento en sus corazones solo están acumulando ira para el día de la ira.



Pero siempre hay una solución: Cristo. Dios aborrece al pecado pero ama al pecador, si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados encontraremos la plenitud de la gracia divina: (Os 14.4) “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos”

Satanás: El origen y naturaleza del mal absoluto.

Nombre que significa ¨Príncipe de los demonios¨, ¨adversario¨, ¨acusador¨, ¨engañador¨, adjetivos que se aplican al diablo, y también al hombre que se opone a Dios: I Cr.21:1; Mt. 4:10; 12:26; 16:23; Lc.10:18; Jn.13:27; Hch.5:3; 26:18; Ro.16:20; I Co.5:5; Ap.12:9; 20:2,7. Espíritu malo: Mt.4:1-11; 13:39; 25:41; Jn.8:44; 12:31; Heb.2:14; I P.5:8; I Jn.3:8-10; Ap.20:2-3,10. Conocido también como: Beelzebú; Belial (bajo, indigno, abyecto); Demonio; Espíritu impuro, Dragón: Is. 14:29; 27:1.Ap.20:1-2. Diablo: διάβολος (calumniador, chismoso) lo encontramos en 1Ti 3:11; 2Ti 3:3; Tit 2:3.



ANTICRISTO: tanto desde sentido individual como colectivo se denomina el que está contra Cristo, o quiere ocupar su lugar. En las Escrituras, la idea del anticristo tiene relación tanto con una actitud como con una persona. En las epístolas de Juan (1 Jn 2.18, 22; 4.3; 2 Jn 7), escritas en el s. I d.C., se alude a estos dos conceptos: a un personaje «el anticristo viene», y a personas con una disposición antagónica a Cristo «así ahora han surgido muchos anticristos».



La primera pareja fue tentada por un ser espiritual o ángel caído llamado Satanás o el Diablo, por tanto el mal ya existía antes de la creación del hombre. Las Escrituras nos enseñan que el nivel de lo puramente espiritual hubieron ángeles que no conservaron su dignidad y apostataron haciendo uso de su libre albedrío. Así que hubo una caída en el nivel espiritual anterior a la caída del ser humano. Esta apostasía angélica tuvo lugar entre los ángeles debido a que también un tentador los llevó por caminos de pecado: ▄ Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás,..; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él (Ap.12:7-9). Este Satanás, un espíritu creado, fue bueno originalmente, pero cayó de su estado elevado y se convirtió en enemigo de Dios y de toda su creación. Jesús mismo testifico de su expulsión del cielo: ▄ Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo (Lc.10:18). El mal es por tanto personal en su origen.



Satanás como el anticristo.



El apóstol Juan deja bien claro de que Satanás es aquel espíritu del ANTICRISTO que había de venir y ahora está en el mundo ▄ todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo (I Jn.4:3). El antagonismo esencial de este espíritu a Cristo encuentra su expresión en el hecho de que Cristo no vino en carne ▄ muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo (II Jn.7). ► Identificando las doctrinas anticristianas. Para el cristiano estos puntos son esenciales como puntos de referencia a la hora de identificar las falsas doctrinas que, aunque digan llamarse cristianas y bíblicas, son todo lo contrario. Toda teología o enseñanza que niegue la encarnación total de Jesús, es una doctrina anticristiana y solo puede provenir del Maligno. ▄ ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre (I Jn.2:22). Además, el término pecado en el uso neotestamentario se interpreta como la actitud que los hombres toman con respecto a Cristo: ▄ Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo (I Jn.2:18). Fue por medio de Cristo que



Dios creó todas las cosas, pero en contraste con Jesucristo se encuentra Satanás, el anticristo. Satán también se identifica con el término Lucifer. Pablo lo define como:

• «príncipe de la potestad del aire»,

• «espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia» (Ef.2:2),

• «dios de este siglo» (II Co.4:4). El mundo no es inherente malo, sino que se encuentra dominado por la maldad y por tanto es pervertido el verdadero propósito de su existencia.



¿Fue el Diablo derrotado?



Si, al morir Jesús y resucitar según las escrituras el Diablo ha sido derrotado y en esa condición continúa hasta nuestros días. ▄ Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2.14-15).



Pero a pesar de que los cristianos tenemos la ventaja de luchar contra un enemigo ya derrotado ¿porque la Palabra de Dios nos continua alertando sobre sus posibilidades de tentar y llegar a devorar el alma de los hijos de Dios? ▄ Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe (1 P 5.8-9)



¿Entonces conque poder cuenta el diablo?



El Diablo solo cuenta con el lado oscuro de nuestra naturaleza humana, su poder es proporcional a la pérdida de fe en el cristiano, es por eso que Pedro nos conmina: resistid firmes en la fe. El Diablo renace como el ave fénix, se fortalece y llega a destruir al cristiano a medida de que este deje de actuar y de hablar como corresponde a un verdadero hijo de Dios, cuando esto sucede el adversario de Dios obtiene vía libre para operar en los hijos de desobediencia. Cuando un cristiano se ufana en violar sistemáticamente la ley de Dios anteponiendo a la voluntad divina las concupiscencias de su carne es entonces que automáticamente cae de la gracia de su Creador, es reprobado, rechazado y pasa a formar parte del reino de Satanás. La salvación sino se cuida con temor y temblor se pierde, el cristiano que intelectualmente acepta a Cristo pero no lo agrada en su obediencia tiene grandes posibilidades de no pasar la prueba y ser eliminado, el apóstol Pablo lo resume en su ejemplo personal ▄ sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado (1 Co 9.27).

EL BAUTISMO DE JUAN.

EL BAUTISMO DE JUAN.



En la Biblia aparecen varias doctrinas sobre diferentes tipos de bautismos (Heb 6.2) “de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno”.

Aquí nos referimos únicamente al bautismo para arrepentimiento y preparación para el perdón por medio del sacrificio de Cristo.



1. ¿Fue un bautismo para perdón de pecados? Dejemos que la Biblia se interprete a sí misma.



No. En ningún momento la Escritura enseña que el bautismo de Juan era para perdón de pecados, sino como preparación para el perdón. Entonces no hubiese sido necesario Jesucristo, el único con la facultad de perdonar pecados. El propósito del bautismo de Juan era llamar al arrepentimiento a una nación específica. Pero es necesario recurrir al contexto donde ocurre este tipo de bautismo de naturaleza muy singular.



Contexto histórico:



¿A quién Juan llamaba al bautismo de arrepentimiento? Hech 13.24 “Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel”. Únicamente al pueblo de Israel, este bautismo solo fue valido al pueblo judío bajo la ley de Moisés. Desde el momento en que Cristo asciende al cielo y se derrama el Espíritu Santo en Pentecostés este bautismo no es válido a la iglesia cristiana (Hech 1.22) “comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”. Juan el bautista, profeta puente entre el A.T. y N.T, su misión: preparar el camino al Señor, es un bautismo precursor del bautismo cristiano.



¿Por qué no es válido?



(Hech 19.4) “Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo”

Fue una preparación o sombra del bautismo que sería predicado por los apóstoles donde el mandamiento del bautismo sustituye la circuncisión y forma parte indisoluble de la predicación del evangelio de Cristo simbolizando espiritualmente la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo: (1 Ped 3.21) “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. El bautismo por sí mismo no salva a nadie, sino que corresponde a las condiciones de salvación en el Nuevo Testamento (juntamente con: la fe, el arrepentimiento y la confesión de Jesús como único Señor y Salvador) según la predicación del evangelio . Esta situación la confrontó el predicador Apolo quien incluía en la enseñanza el bautismo de Juan y no el que Cristo había instituido (Hech 18.25) “Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”



¿Qué pasó con aquellos que fueron bautizados por Juan?



Los judíos bautizados por Juan lo hicieron para arrepentimiento (cambio de actitud) y para prepararles para la llegada del Mesías, es indudable que creyeron, pues la fe produce el arrepentimiento, pero no recibieron ni el perdón de pecados ni el don del Espíritu Santo, ya que Cristo aún no había muerto en la cruz ni había derramado su sangre, por tanto estos judíos no podían iniciar una nueva vida en Cristo (nuevo nacimiento, nueva criatura) sin el evento sacrificial de la cruz y sin la ascensión de Cristo aún no era posible la presencia del Consolador, del “Paracletos”.



El bautismo como mandamiento directo e imperativo de Cristo. (Mat 28.19)



“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

En Pentecostés 3,000 hombres y mujeres preguntaron “que debemos hacer” para obedecer el evangelio de Cristo y alcanzar la salvación, la enseñanza del apóstol Pedro es clara y precisa: (Hech 2.38) “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hech 2.41) “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”

Esta es la sana doctrina inspirada por el Espíritu Santo mediante la cual el creyente es añadido a la iglesia, que es estar “en Cristo”, (ser posesión de Cristo/introducido, “revestido de Cristo”. La construcción “Para perdón de los pecados” en el griego del N.T.: “eis áfesin ton jamartión” la construcción gramatical de la frase es literal e indica claramente el propósito primero del bautismo: perdón de pecados y a continuación recibir el regalo del Espíritu Santo. Es la obra del Espíritu Santo en el pecador por obedecer este mandamiento que hace posible por gracia y mediante la fe que el creyente sea lavado por la sangre de Jesús y renazca en la familia de Dios. Somos adoptados como sus hijos.



El bautismo en agua para perdón de pecados es parte de la predicación del Evangelio, no es una opción, ni una añadidura.



El bautismo es incluido por los apóstoles y evangelistas en la predicación del Evangelio a raíz del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés y es un patrón invariable en todos los ejemplos de conversiones citados en el Nuevo testamento (Hech 8.12) “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hech 18.8) “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”.



El bautismo forma parte del plan de Salvación, según el Nuevo Testamento.



El mismo Cristo conecta el mandamiento del bautismo a la economía o plan de salvación (Mr. 16.16) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” El samaritano Hch.8:12; Simón Hch.8:13; el etíope Hch.8:35-38; el carcelero de Filipos Hch.16:30:34; los corintios Hch.18:8; los gálatas Gá.3:26-27, a Pablo “levántate y bautízate…” Hch.22:16 1-oir (Palabra de Dios), 2-creer (tener FE), 3-arrepentirse, 4-bautizarse en nombre del Dios trino) son los requerimientos de la doctrina salvífica expuesta por el Nuevo Testamento.



Significado del bautismo instituido por Cristo: (Ro. 6.3-4) “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Pablo compara la idea de ser sumergido y salir del agua en el bautismo, con ser bautizados en muerte y resurrección de Cristo (Ro 6:3–4). Mandamiento de Cristo para salvación que marca el comienzo de la vida cristiana como señal de conversión del creyente.

El bautismo cristiano obtiene su significado con referencia a la acción salvífica de Jesús. La muerte y resurrección de Jesús proveen el trasfondo del mismo. Es un mandato que sigue a la resurrección de Jesús y que se cumple en el desarrollo de la misión de la iglesia en el mundo (Mt. 28.18–20).

Contexto lingüístico.

El bautismo “en el nombre del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo”. En el griego del Nuevo Testamento “eis to onma” “en el nombre” se traduce “en la posesión de”. La preposición griega “eis” indica acción progresiva hacia un objeto ya sea real o implicado, en su contexto gramatical “en el nombre”, significa mucho más que la autoridad del Dios tri-uno el hecho de ir a la entrada de una estrecha comunión con la plenitud de la Deidad.



¿Existe algún problema con la transculturización o inculturización del evangelio?

El bautismo como mandamiento y requisito indispensable dentro del evangelio está vigente hasta el fin de los tiempos, aplica a todas las criaturas, naciones y culturas, porque no es doctrina de hombre (1 Ped.1.25) “Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (Gál.1.11) “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre” (1 Ts 1.5) “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. La proclamación de las Buenas nuevas puede variar y flexibilizarse en la forma de comunicación pero el mensaje del Evangelio ni su contenido nunca pueden ser cambiados no importa el contexto social o cultural donde sea anunciado: (Gál 1.8) “Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”

lunes, 25 de abril de 2011

Cristo, Redentor de la humanidad

Cristo es el Redentor de la humanidad (Hch.4:12), su estudio incluye tanto la persona de Cristo como su obra. Al estudiar lo que nos enseña la Escritura acerca de Jesucristo estamos tratando el centro mismo de nuestra religión, de nuestra fe, de la doctrina de la salvación y de las evidencias sustanciales de la presentación que el Maestro hacia sobre la adoración de la cual era merecedor (Jn.1:14; 10:30). La verdadera Cristología está fundamentada en la experiencia objetiva de Cristo, tal como fue conocida y registrada por los evangelistas y apóstoles en el Nuevo Testamento (Jn.21:24-25).

Eventos en la vida de Jesús, su significado bíblico.

1. Concepción y nacimiento. En los evangelios, según Mateo y Lucas, se menciona el nacimiento virginal de Cristo como el cumplimiento de la profecía. Este evento ha sido impugnado violentamente y los que así lo hacen evitarían mayores dificultades si admitieran la infalibilidad de la Escritura y su inspiración divina. Por esta razón los evangelios afirman que Cristo fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de una virgen (Mt.1:18-20; Lc.1:27-35). Él no podía nacer de una naturaleza netamente humana bajo la maldición del pecado, para morir por nuestros pecados, por tanto El mismo debía estar libre de todo pecado. La «simiente de mujer» se desarrolló normalmente en la matriz de la virgen cuando, como dijo el ángel: ▄ El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios (Lc.1:35).

Las Escrituras afirman que ▄ aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (Jn.1:14) ▄ Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (Heb.2:14).

Su concepción y nacimiento constituyeron la aceptación por parte del Hijo preexistente de la naturaleza humana –con excepción del pecado-. Por esta razón la Escritura habla del «Salvador» que había de nacer ▄ He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel (Is.7:14), implicando que en la misma condición de la naturaleza humana se efectuaría un cambio trascendental a partir de ese momento. La concepción y nacimiento no puede ser interpretada como una excepción individual de la naturaleza humana, sino como la unión de lo divino con lo humano, siendo portador Cristo mismo de un nuevo orden de ser, en la apertura de un nuevo orden de humanidad a partir de Jesús tal como lo enseña la Palabra: ▄ y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Ef.4:24).

2. La circuncisión. El rito de la circuncisión marcaba la introducción oficial de un niño judío a las bendiciones del pacto abrahámico. Una correcta Cristología debe siempre mantener el hecho de que Jesucristo nació, vivió y murió como varón judío bajo la ley de Moisés. Por tanto para Jesús la circuncisión no significó un rito religioso vacío, sino todo lo contrario, adquirió de forma única en Jesús su más alta significación como pacto de gracia en la relación entre Dios y el hombre. Lo importante es que sepamos que el significado de este rito para comprender el alcance de la obra de salvación descansa en la enseñanza de que la justificación y perfección no pueden obtenerse por las obras de la ley judía, sino por medio del reino de la gracia , que es en Jesucristo, Aquel que, según el apóstol Pablo ▄ os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:13-14).



3. El desarrollo normal de Jesús. La Escritura nos afirma que el desarrollo de su naturaleza humana fue normal y pura en su niñez: ▄ Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él (Lc.2:40). Debido a su obediencia y constante comunión con el Espíritu Santo el niño Jesús pasó de la niñez en pureza y sin tacha hasta la edad varonil sin pecado. En El la inocencia inconsciente se transformó en obediencia consciente producto de su obediencia perfecta al Padre por tanto eso hizo posible que la santidad de su naturaleza nunca experimentara la contaminación del pecado, aunque fue tentado en todo. Bajo la dirección del Espíritu Santo y en constante comunión espiritual con su Padre celestial Jesús no evadió ninguna condición de su humanidad como lo enseña el Nuevo Testamento : ▄ Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo (Heb.2:14). Nuestro Señor transitó por la infancia, la niñez, la juventud y la madurez, santificando cada edad, para que en todas las cosas El tuviera toda la gloria y fuera posible preparar el camino a la redención humana.



4. El bautismo. El bautismo de Jesús fue su introducción a su oficio de «Mesías» o «Cristo». Él no fue ungido con aceite, sino con el Espíritu Santo que el aceite tipificaba. En la circuncisión Jesús había sido sometido inconscientemente a la imputación de pecado; en el bautismo por la mano de Juan Jesucristo es consciente de representar a una humanidad pecadora y bajo la condenación de la ley de tal manera que en su Persona se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías: : ▄ fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Is.53:12). Por tanto podemos afirmar que el bautismo marca el principio oficial del oficio de Mesías y por tanto del ministerio redentor de Cristo.

5. La tentación. La Escritura muestra que la tentación fue una necesidad ante su condición de Mediador, y al igual que su bautismo es de importancia universal. NOTA: «Es importante recalcar que el bautismo y las tentaciones en el desierto constituyen el umbral del ministerio mesiánico de Jesucristo». Por ese motivo era necesario que: (1) Jesús venciera personalmente sobre el pecado ejerciendo su libre albedrío, (2) El no solamente debía triunfar ante la tentación, sino sellar la dignidad y fortaleza del verdadero sentido de su reinado para poder ser Autor de vida eterna para los demás. El propósito de la tentación por parte del Maligno fue obligar a Jesús a comportarse como el Mesías tal como lo concebía el ultra-nacionalismo judío: un líder, un guerrero y político excepcional que dispone de su poder para - garantizar el sustento propio y de la nación, -lograr una total fidelidad a su persona y gobierno, - y hacerlo caer en la misma trampa en que cayó Adán de creer conseguir el control, esta vez específicamente de las naciones en una especie de poderío universal. «Este es el sueño dorado de los falsos Mesías y mesianismos»



6. La pasión y muerte de Cristo. La obediencia perfecta de Jesús encuentra su máxima expresión en las consecuencias humillantes de su muerte, y particularmente la muerte en la cruz. Mientras que los sufrimientos de Cristo se distinguen de la manera precisa de su muerte debemos tener en cuenta que la muerte misma no puede ser separada de su crucifixión. Por esta razón la cruz fue para nuestro Sumo Sacerdote la forma terrible que su altar asumió cuando : ▄ llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (I P.2:24). Inmediatamente la Escritura conecta su entrega sacrificial como mediador de un nuevo pacto: ▄ Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo (Heb.9:15-19).



7. El significado de la cruz. Para el cristiano el significado de la cruz debe ser un motivo de exploración constante de nuestra fe, no en balde el apóstol Pablo se propuso predicar a Jesucristo, y a éste crucificado (I Co.2:1-2). La cruz nos obliga a centrar una atención muy especial sobre la «divinidad y la humanidad» de Jesús porque: 1- estos son conceptos donde se concretizan la máxima expresión del amor y la inmanencia del mismo Dios, en este evento sacrificial es la humanidad de Cristo, desde la divinidad, la clave de nuestra redención. 2- Siempre debemos tener en cuenta que en la obediencia de Jesús, en la conducta humana de nuestro Cristo, fue posible que se revelara para todos los hombres la verdadera divinidad. 3- La proclamación de Jesús como Señor (en gr. Κύριος (kyrios) ) -tanto de Israel como del universo- está íntimamente ligado al misterio de la cruz: su señorío se manifiesta en el «servicio» y en el «sacrificio», no con el poder y la gloria que los hombres.

8. La humanidad de Jesús. La enseñanza escritural resume la humanidad del Redentor: en Jesús subsisten, en la unidad de la misma persona divina del Verbo eterno, dos naturalezas distintas, sin confusión, sin mutación, sin división y sin separación. Es imposible hacer una distinción entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, esta distinción no lo hacen ni los evangelios, ni el resto de los textos sagrados del Nuevo Testamento. un marcado desequilibrio en lo relacionado con la persona de Jesucristo: uno de ellos acentuará en Jesús la divinidad y el otro la humanidad , ambas tendencias son de carácter herético y carecen de un fundamento escritural.

Cristo fue al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre; como en su persona estaba integrada en dos naturalezas el Hijo de Dios sufrió pero esto no implica de ninguna manera plantear erróneamente que el «Padre sufrió o que el Padre murió también en la cruz». Es sumamente necesario aclarar que este sufrimiento de Cristo fue el de una persona divina encarnada y no el de una naturaleza divina (toda la Deidad).

Estas debilidades propias de la naturaleza humana no eran una necesidad de su naturaleza, sino por escogimiento libre de Jesucristo por causa de nosotros, participó voluntariamente de la debilidad humana y en todas las cosas fue tentado y probado ▄ hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos (Heb.2:9), ▄ Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos (Heb.2:10).

jueves, 7 de abril de 2011

EL BAUTISMO DE JUAN.

En la Biblia aparecen varias doctrinas sobre diferentes tipos de bautismos (Heb 6.2) “de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” Aquí nos referimos únicamente al bautismo para arrepentimiento y preparación para el perdón por medio del sacrificio de Cristo.

¿Fue un bautismo para perdón de pecados? Dejemos que la Biblia se interprete a sí misma.
No. En ningún momento la Escritura enseña que el bautismo de Juan era para perdón de pecados, sino como preparación para el perdón. Entonces no hubiese sido necesario Jesucristo, el único con la facultad de perdonar pecados. El propósito del bautismo de Juan era llamar al arrepentimiento a una nación específica. Pero es necesario recurrir al contexto donde ocurre este bautismo.

Contexto histórico: ¿A quién Juan llamaba al bautismo de arrepentimiento? Hech 13.24 “Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel”. Únicamente al pueblo de Israel, este bautismo solo fue valido al pueblo judío bajo la ley de Moisés. Desde el momento en que Cristo asciende al cielo y se derrama el Espíritu Santo en Pentecostés este bautismo no es válido a la iglesia cristiana (Hech 1.22) “comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”.

¿Por qué no es válido? (Hech 19.4) “Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” Fue una preparación o sombra del bautismo[1] que sería predicado por los apóstoles donde el mandamiento del bautismo sustituye la circuncisión y forma parte indisoluble de la predicación del evangelio de Cristo simbolizando la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo: (1 Ped 3.21) “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. El bautismo por sí mismo no salva a nadie, sino que corresponde a las condiciones de salvación en el Nuevo Testamento (juntamente con la fe, el arrepentimiento y la confesión de Jesús como único Salvador) según la predicación del evangelio[2]. Esta situación la confrontó el predicador Apolo quien incluía en la enseñanza el bautismo de Juan y no el que Cristo había instituido (Hech 18.25) “Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”

¿Qué pasó con aquellos que fueron bautizados por Juan? Los judíos bautizados por Juan lo hicieron para arrepentimiento (cambio de actitud) y para prepararles para la llegada del Mesías, es indudable que creyeron, pues la fe produce el arrepentimiento, pero no recibieron ni el perdón de pecados ni el don del Espíritu Santo, ya que Cristo aún no había muerto en la cruz ni había derramado su sangre, por tanto estos judíos no podían iniciar una nueva vida en Cristo (nuevo nacimiento, nueva criatura) si aún no era posible la presencia del Consolador, del “Paracletos”.

El bautismo como mandamiento de Cristo. (Mat 28.19) “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. En Pentecostés 3,000 hombres y mujeres preguntaron “que debemos hacer” la enseñanza del apóstol Pedro es clara y precisa: (Hech 2.38) “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hech 2.41) “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” es la sana doctrina inspirada por el Espíritu Santo mediante la cual el creyente es añadido a la iglesia, que es estar “en Cristo”, ser posesión de Cristo, estar “revestido de Cristo”. “Para perdón de los pecados” en griego: “eis áfesin ton jamartión” la construcción gramatical de la frase es literal e indica claramente el propósito primero del bautismo: perdón de pecados y a continuación recibir el regalo del Espíritu Santo mediante el cual por gracia mediante la fe renacemos en la familia de Dios, somos adoptados como sus hijos

El bautismo es incluido por los apóstoles y evangelistas en la predicación del Evangelio a raíz del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés y es un patrón invariable en todos los ejemplos de conversiones citados en el Nuevo testamento (Hech 8.12) “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hech 18.8) “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. El mismo Cristo conecta el mandamiento del bautismo a la economía o plan de salvación (Mr. 16.16) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” Esto no es doctrina de hombres, es la Palabra de Dios para su iglesia. Es la sana doctrina que enseña el Nuevo Testamento: El samaritano Hch.8:12; Simón Hch.8:13; el etíope Hch.8:35-38; el carcelero de Filipos Hch.16:30:34; los corintios Hch.18:8; los gálatas Gá.3:26-27, a Pablo “levántate y bautízate…” Hch.22:16

Significado del bautismo instituido por Cristo: (Ro. 6.3) “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Contexto lingüístico. El bautismo “en el nombre del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo”. En el griego del Nuevo Testamento “eis to onma” “en el nombre” se traduce “en la posesión de”. La preposición griega “eis” indica acción progresiva hacia un objeto ya sea real o implicado, en su contexto gramatical “en el nombre”, significa mucho más que la autoridad del Dios tri-uno el hecho de ir a la entrada de una estrecha comunión con la plenitud de la Deidad. El bautismo como mandamiento y requisito indispensable dentro del evangelio está vigente hasta el fin de los tiempos, aplica a todas las criaturas, naciones y culturas, no es doctrina de hombre (1 Ped.1.25) “Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (Gál.1.11) “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre” (1 Ts 1.5) “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. El mensaje no puede ser cambiado (Gál 1.8) “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”




[1] Hch.10.37 “… sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan”

[2] Pasajes homólogos: Col. 2.12; Ro. 6.4

viernes, 18 de marzo de 2011

La Palabra Canon


La palabra CANON: originalmente una palabra del idioma sumerio asumida por el babilónico y que pasa al hebreo y al griego.
Significa de forma literal una vara recta, listón, o regla de medir que utilizaban los albañiles y carpinteros en sus labores.
Con el tiempo el término adquiere otra connotación y expresa la idea de: NORMA o PATRÓN.
En el siglo II se usa en la iglesia para referirse a una NORMA REVELADA, o sea, “lo verdadero, lo que es principio de fe”. En el siglo IV fue utilizada para designar una especie de catálogo o lista de libros autorizados por la iglesia para edificación e instrucción porque se consideraban normativos y autoritativos para la fe cristiana por su fidelidad a la enseñanza apostólica.

¿Qué se fin se perseguía con el establecimiento de un CANON o PATRON?
Con el canon se persigue el objetivo de –conservar, -preservar, y –observar de manera precisa la pureza e inspiración de los textos en circulación, el canon básicamente determina los límites de la revelación de Dios definiendo lo que es, o no es, inspirado por Dios, y de esta forma guardar la integridad de la Escritura.

Esta Escritura Sagrada, tanto los libros del Antiguo Testamento como del Nuevo, es reconocida por la iglesia:
1) Como textos escritos por inspiración del Espíritu Santo
2) Dios es su legítimo autor
3) La Biblia en su totalidad ha sido confiada por Dios a su iglesia para el anuncio del Evangelio y la instrucción del pueblo de Dios.

En el desarrollo del canon para que un libro fuera reconocido como inspirado el criterio normativo era la consideración o valoración de que estos textos correspondieran a la doctrina enseñada por los apóstoles en caso contrario eran rechazados. La iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, supo discernir cuando un libro era inspirado o no.

LIBROS CANONICOS.
En estas listas o cánones se marcaba una diferencia entre los libros CANONICOS, los cuales podían ser leídos por su probada autoridad (inspirados por el Espíritu Santo), y los libros APOCRIFOS que podían leerse con carácter instructivo, pero nunca como normas o reglas de fe para las iglesias de cristo. La palabra CANON con el tiempo vino a ser usada comúnmente con un sentido dual como prueba o norma de medida, y como algo aplicado a lo que se mide

DESARROLLO DEL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

Antes de morir, Moisés escribió un libro de la ley, y mandó a los levitas a que lo pusieran al lado del Arca (Dt.31:26). En este libro de la ley se ordenaba que todo rey “cuando se sentare sobre el trono de su reino, que ha de escribir para si en un libro un traslado de esa ley el original de delante de los sacerdotes levitas, y los tendrá consigo y leerá en el todos los días de su vida” (Dt.17:18-19). Más tarde Josué estableció un pacto con el pueblo y escribió estas palabras en el libro de la ley de Dios (Jos.24:26), posteriormente el profeta Samuel escribió un libro, el cual guardó delante de Jehová (I S.10:25). Durante las reformas aplicadas por Josafat el pueblo fue enseñado con el libro de la ley (II Cr.17:9). Un hecho significativo en la formación del canon veterotestamentario fue el descubrimiento por parte de Hilcias, sumo sacerdote, del libro de la ley en el templo (II R.22:8-10), acto seguido el rey Josías convocó al pueblo y el libro fue leído, y todo el pueblo confirmó el pacto II R.23:2-3.
Este evento es definitorio en la historia del canon según el testimonio bíblico, ya que en un acto público el libro de la ley fue aceptado por el rey y el pueblo como un documento que expresaba la autoridad divina. En el siglo V antes de Cristo se destacan dos eventos integradores del canon, el primero fue la lectura de la ley mosaica públicamente y el consiguiente pacto que fue sellado por príncipes, levitas y sacerdotes. Durante este mismo siglo los samaritanos adoptaron la ley de Moisés con el objetivo de probar su descendencia del antiguo Israel, de esta forma fue constituido el Pentateuco Samaritano. Estos eventos prueban que la Ley fue aceptada como canónica desde el año 440 a. de C.
La segunda división del canon fue la colección de Profetas que se aprobó en el mismo siglo que marcó el canon de la Ley, esto explica por qué Esdras y Nehemías no están recogidos en esta colección.
La tercera división Las Escrituras y Los Salmos ocurre por el año 130 a. C. y finalizó alrededor del año 100 a. C. Finalmente fue en el Concilio de Jamnia en el 90 d.C. se aprobaron todos los libros que hoy en día conocemos como el Antiguo Testamento y se rechazaron los que no se encontraron aprobados. El testimonio mas importante de la canonicidad del Viejo Pacto fue ratificado por nuestro Señor Jesús y sus discípulos como el oráculo infalible de Dios para el pueblo judío.



DESARROLLO DEL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO.
La agencia del Espíritu Santo y la memoria colectiva e individual de los apóstoles.
Después de la ascensión de Jesús a la diestra del Padre los apóstoles quedaron comisionados para el liderazgo e instrucción de la naciente iglesia. Durante un periodo de alrededor de tres años ellos, en su condición de discípulos, fueron instruidos por Jesús y a la vez habían tenido el inmenso privilegio de ser testigos de su vida ejemplar, su crucifixión, sepultura, resurrección y ascensión de entre los muertos por el poder de Dios. Las enseñanzas de Cristo quedaron en la memoria individual y colectiva de los apóstoles y de aquellos que lo seguían (Jn.17:8-18). Ellos recibieron, según la promesa, una capacidad especial (inspiración) proveniente de la agencia del Espíritu Santo.
Mediante el Consolador, Jesús les seguiría enseñando, y aún más, les recordaría todas las enseñanzas e instrucciones que Él les había dado durante el tiempo en que había ejercido su ministerio terrenal junto con ellos, para que la transmitieran de forma íntegra y correctamente de una vez y para siempre (Jn.14:25-26, 16:12-13).

• La transmisión oral y las epístolas circulares
Para Jesús y sus seguidores, la Torá, los Profetas y los Hagiográficos del judaísmo eran las ¨Santas Escrituras¨ y los rollos de la ley se conservaban solamente en las sinagogas y el templo. Durante mucho tiempo esta transmisión de las enseñanzas de Jesús se realizó de forma oral, y es en una fecha muy tardía, (alrededor de 60-70 años o más), después de la resurrección de Cristo, que por parte de las comunidades cristianas se comienzan a recopilar, conservar, copiar y circular los evangelios y algunos escritos apostólicos (epístolas) entre las iglesias establecidas que posteriormente con el paso del tiempo conformarían los textos sagrados del Nuevo Testamento. A su vez Pablo requiere en Col.4:16 que su epístola también fuera leída en la iglesia de Laodicea y la que poseía Laodicea fuera a su vez leída por los de Colosas. En II P.3:16 el apóstol habla de cartas paulinas en las cuales, según su criterio, algunas cosas eran «difíciles de entender».

Hay suficiente evidencia escritural para afirmar que existían epístolas que fueron escritas en forma de cartas circulares, por este motivo las iglesias primitivas preservaron y copiaron las epístolas que recibían de los apóstoles y de esta manera se facilitó el que se fueran completando las primeras colecciones que hoy conforman nuestras Biblias, fue así como principió la canonicidad del Nuevo Testamento.

Primeros intentos de formar el canon neotestamentario

Al fallecimiento de los apóstoles y de sus evangelistas se produce un vacío de autoridad en cuanto a la autenticidad de la doctrina cristiana, de lo que era enseñanza apostólica y lo que no. La legitimidad del evangelio era conservada en la predicación oral y en los primeros textos sagrados que salían a la luz, fundamentalmente las cartas paulinas y los evangelios. En esta periodo de tiempo no existía ninguna recopilación de textos cristianos como los que ahora conocemos como el Nuevo Testamento.
Los primeros movimientos apostatas reclamaron para si esta autoridad apostólica y la primera mención de un canon neotestamentario es alrededor del año 140 d.C. elaborado por el hereje Marción , el cual centró todos sus esfuerzos por establecer un canon definido y para ello primero se dio a la tarea de elaborar un Nuevo Testamento que justificara su errado sistema teológico. Sin embargo el canon Muratorio en el 200 d.C. es de mayor relevancia y se considera la lista más antigua de textos del Nuevo Testamento

En el Sínodo de Cartago en el año 397 o 419 d.C. se ratificó oficialmente el canon del Nuevo Testamento, tal como lo conocemos hoy. Fue Atanasio (293?-373) teólogo y obispo de la iglesia de Alejandría, envió en el año 367 a las iglesias que se hallaban bajo su jurisdicción una carta pastoral, donde establecía los límites del canon del Nuevo Testamento. La norma que se aplicaba para determinar cuál texto era canónico o no era su apostolicidad, o sea, tenía que haber sido escrito por el apóstol o dictado a su amanuense.
[NOTA: Los textos eran exhaustivamente analizados hasta comprobar que eran portadores de la enseñanza apostólica, por este motivo algunos libros que estaban en circulación como el Pastor de Hermas y la Epístola de Bernabé, por citar algunos casos, fueron descartados porque en su contenido didáctico no reflejaban la enseñanza de los apóstoles y en algunos casos la contradecían]

LOS APOCRIFOS.
El término apócrifo significa simplemente el como se denomina a aquellos escritos que no pertenecen al canon, y se consideran que no son inspirados por el Espíritu Santo. Habiéndose completado ya el canon del Antiguo Testamento se continuaron escribiéndose algunos libros de edificación que fueron usados ampliamente por los judíos, pero a su vez no eran considerados en el mismo plano de las Escrituras canónicas, este fenómeno se manifestó en Palestina, sin embargo los judíos en Alejandría adoptaron un canon diferente y llegaron a incluir como divinamente inspirados los libros que eran considerados apócrifos.
El protestantismo rechazó los libros apócrifos, entendiendo como inspirados los 66 libros que conforman ambos testamentos como dados por inspiración divina los cuales revelan infaliblemente la voluntad de Dios en referencia a todo lo necesario para la salvación del hombre. Lo que se conoce comúnmente como los Apócrifos del Nuevo Testamento es una colección de escritos espurios que nunca fueron publicados conjuntamente con las textos canónicos, y nunca fueron reconocidos como inspirados.

Bautizos



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Bautizos





miércoles, 16 de marzo de 2011

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN


Hay un factor común en todos los sistemas de creencias que estructuran las religiones que conocemos en nuestros días: el admitir que todo lo visible e invisible que nos rodea, incluyéndonos como parte culminante de la creación, es obra de una divinidad, a la cual estamos sujetos tanto en el acto de obedecerle, servirle y adorarle.

Para facilitar la cuestión metodológica de este tratado quisiera tomar como referencia la conceptualización de “religiones abrahámicas” que algunos expertos en el tema utilizan para referirse al judaísmo, el cristianismo y el islamismo por el hecho de ser religiones monoteístas que tienen como tronco común a Abraham como padre de todas las naciones, afirmación avalada por la Escritura. Reduciendo aún más el campo de elementos teológicos comunes es en las religiones judía y cristiana donde se enfatiza de manera muy singular que la relación con este Único y Verdadero Dios es de carácter personal.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento ponen de relieve que Dios Creador y Padre no se restringe a su trascendencia, sino que es un Dios comprometido hasta la medula con su creación, es también un Dios inmanente, ha escogido a su pueblo primogénito y camina con su pueblo, habla con su pueblo y se manifiesta en medio de el por medio de sus profetas y la ley, esta verdad es algo que compartimos judíos y cristianos.


En la fe cristiana y el conjunto de doctrinas neotestamentarias sobre la naturaleza del Dios Único en el Nuevo Testamento se registra un evento que distingue definitivamente al cristianismo de todas las religiones monoteístas y politeístas hasta el momento conocidas, incluyendo la Judía: Jesucristo el Verbo encarnado por obra y gracia del Espíritu Santo, el único camino para llegar a Dios, Dios mismo hecho hombre pleno en la persona de Jesús de Nazaret, es Dios encarnado en nuestra débil y nada digna humanidad. Entonces podemos afirmar que es el misterio de la encarnación el sello sublime que identifica y distingue la fe cristiana y consecuentemente la forma de relacionarnos con el Dios Creador y Padre en el poder de su Espíritu.


El Dios de los cristianos, el Dios que describe la Biblia no es un Dios de “balcón” cuyo papel se reduce a ser un simple espectador, de ninguna manera es un Dios que le ha dado cuerda a nuestro planeta como si fuera un reloj y se ha alejado en el infinito para observar impasible desde la inalcanzable altura de los cielos la marcha de la historia humana.

Muchas religiones, sobre todo las llamadas “religiones orientalistas” como el yoga, budismo, etc. tienen una visión diferente del Dios que nos muestra la Biblia, para sus creyentes no existe la idea de un Dios personal que dialoga e interactúa con sus adoradores. Estas religiones comparten en su gran mayoría un credo fundamental que está situado en el otro extremo de la fe cristiana, para estos creyentes su percepción es que Dios es un ser inaccesible, divorciado de la tragedia humana, por tanto el éxtasis y las experiencias extra corporales constituyen el camino a la felicidad y tienen como objetivo primario aislar al creyente del sufrimiento sumergiéndolo en una total indiferencia a la realidad que lo rodea.

A partir de este presupuesto trascendente, de una divinidad inaccesible entonces la búsqueda de comunión con Dios como vinculo y fuente de bendiciones, paz y perfeccionamiento de los creyentes en estas religiones deja de centrarse en la búsqueda de una apasionada, estrecha e íntima relación personal y es sustituida por un aparente trance o grado de éxtasis escapista que aparentemente transporta más allá del bien y el mal a tales practicantes, un estado en busca de la felicidad que posibilita el no sentir preocupaciones, debilidades o temores, pasión o exaltación que constituyen sentimientos inherentes a la naturaleza humana.

Cuando hablamos de misterio es necesario puntualizar que desde la enseñanza bíblica el significado del término “misterio” no implica “algo” o “alguien” totalmente desconocido, sino que se hace referencia a una verdad oculta desde el principio de los tiempos que es imposible desentrañar por medio del intelecto humano, sino que es dada a conocer por gracia a los que profesan la fe en el Dios de la Biblia, este medio o verdad donde es revelado el misterio de Dios no es otro que Cristo (Col.1:26) “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos”



Si revisamos algunos relatos que describen las relaciones de algunas deidades con sus creyentes podemos apreciar, para citar un ejemplo al mitológico Dios Zeus que no puede descender desde el monte Olimpo y mezclarse con los humanos, el Dios de los cristianos, el Dios “que creó todas las cosas” desciende y se convierte en uno de nosotros, en un mortal de carne y hueso en la persona de Jesús (1 Tim.3.16) “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria”.



Es sumamente importante detenernos en la connotación de la frase bíblica “manifestado en carne”, y podemos apreciar que en el evangelio según Juan la idea es aún más directa y explicita “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…lleno de gracia y verdad” (Jn.1:14), por tanto en el contexto de estas afirmaciones el “hacerse carne” en el sentido bíblico significa asumir un cuerpo humano, el Hijo de Dios asumió no solamente un cuerpo humano sino toda la contingencia propia de nuestra naturaleza humana. La Biblia nos enseña sin dejar ningún resquicio, que el plan de salvación inexorablemente incluía la encarnación. Pero el nudo del problema teológico que nos plantea el evento de la encarnación y que ha generado muchas herejías y conflictos para aquellos que no aceptan la doctrina del Dios Trino es el ¿Cómo? de la encarnación en referencia a la divinidad y la humanidad del Redentor. ¿Cómo las dos naturalezas, la divina y la humana subsistieron en la persona de Jesús de Nazaret, el Cristo?

Ante estos cuestionamientos a lo largo de la historia del cristianismo encontramos diferentes interpretaciones erróneas sobre la divinidad/humanidad de Jesús.

Desde el mismo comienzo del cristianismo surgieron en el seno de la iglesia falsas doctrinas como la gnóstica, que encontraba intolerable la encarnación y enunciaba que la humanidad de Jesús no era más que una apariencia, otra variante que pretendía dilucidar el misterio era el adopcionismo, que predicaba que Jesús aunque concebido milagrosamente, no era más que un hombre común hasta su bautismo, cuando el Espíritu Santo le hizo Hijo de Dios “por adopción” y no reconocían ninguna relación divina entre el Padre y el Hijo, la doctrina de los patripasianos: ellos creían en la divinidad de Cristo, pero consideraban la Trinidad como las tres “manifestaciones”, o “modos” (modalismo) de un único ser divino, proclamaban que el Padre había venido a la Tierra y había sufrido y muerto bajo la “apariencia” del Hijo, y el arrianismo que rechazaba la divinidad de Jesús y lo concebían como una criatura más, esta última corriente es la que más fuertemente está presente en la teología racionalista o liberal de nuestros días que nos deja solamente al Jesús humano, al Cristo histórico.

Las circunstancias y posibilidades.

Ahora bien, tenemos el punto sobre la inmutabilidad de Dios, un Dios cuya existencia es eterna, este atributo de la Deidad pudiera parecer contrario al misterio de la encarnación, pero no podemos obviar que también existen otros atributos o características de Dios que en la Biblia nos orientan y clarifican sobre el tema: Dios es todopoderoso, para El no hay nada imposible, por tanto para Dios no existió ninguna limitante en el momento en que, por su soberana voluntad, decidió asumir la humanidad en Jesús, un hombre concreto a pesar de haber sido concebido milagrosamente por obra y gracia del Espíritu Santo, sin por eso dejar de ser Dios. Aquí ya hemos aclarado la posibilidad de Dios, pero también la Biblia anuncia el motivo de Dios: el intenso amor hacia su creación, el apóstol Juan declara: “Dios es amor”

El motivo.


La Biblia nos enseña otra de las características esenciales de la Deidad, y es que Dios como Espíritu, es Amor. El Amor de Dios padre y Creador es un amor que no conoce fronteras, El ama apasionadamente a toda la humanidad y movido por este intenso Amor es que decide hacerse hombre y habitar entre su pueblo escogido.

La imagen de Dios en el hombre.

El autor del Salmo 8 hace una declaración impresionante: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies:Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo (Sal.8:4-7). El salmista vincula la indiscutible autoridad de Dios sobre su creación, es por tanto el Señor de la historia humana e incluye en el marco de la creación la gloria humana.

Esta declaración del Salmo 8 nos lleva a la inevitable pregunta ¿y cuál es la gloria del hombre como culminación de la creación divina?


La gloria y la honra del hombre es que lleva en si la imagen y semejanza de su Creador. Si el hombre no hubiera sido dotado con la imagen y semejanza de Dios no pudiera enseñorearse sobre todas las obras de Dios y dominar mediante la ciencia y la técnica el entorno que lo rodea en su beneficio.

lunes, 20 de septiembre de 2010

RAZONES PARA EL ESTUDIO DE LOS FUNDAMENTOS DOCTRINALES DE NUESTRA FE.

Todo libro humano es finito en contenido. Puede ser leído, estudiado, aprendido de memoria, hasta que un día llega a ser dominado y no se le necesita más. Pero la Escritura es la Palabra de Dios y cuanto más la sondeamos más se ensanchan sus dimensiones divinas y se imponen ellas mismas.
Hans Urs

PRIMERA RAZÓN: El contenido de nuestras creencias y su consecuente práctica perfilan nuestra condición moral ante el mundo.

A medida que perseveremos en el estudio constante de la Palabra de Dios se van a consolidar y fortalecer nuestras convicciones y prácticas, que no solo determinan nuestro destino a la eternidad, sino que también nos hacen responsables por el destino de los que nos rodean. Las convicciones y experiencias del seguidor de Cristo perfilan su condición moral en todas las áreas de su existencia, dichas creencias y practicas se auto-proyectan y a la vez se retro-alimentan en sus relaciones e influencias dadas en el entorno social que le toque vivir y predicar el evangelio. Este principio, que es básico en la directriz pastoral del predicador fue el que motivó las siguientes palabras del apóstol Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Tim.2:15)

SEGUNDA RAZÓN. Estamos destinados a ser portavoces de la Palabra de Dios en la realidad concreta de este mundo.

Nuestra misión es predicar a Cristo e instruir al pueblo de Dios, consecuentemente nuestras palabras deben ser las del Maestro de esta manera queda garantizada la integridad de la doctrina y la autenticidad de nuestro testimonio que constituirán nuestras credenciales ante el mundo. “Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mismo y a los que te oyeren” (I Tim.4:15-16). La enseñanza de Pablo es bien clara: le aconseja a Timoteo, que primero conserve y legitime su identidad como cristiano para que pueda salvarse y a la vez salvar al mundo, la salvación depende de la responsabilidad individual pero es imposible ignorar que posee también una dinámica colectiva a partir del anuncio de las Buenas Nuevas de salvación. La doctrina y la práctica religiosa del cristianismo deben estar despojadas de la autosuficiencia esotérica. El auténtico cristiano en ningún momento vive su fe de espaldas a la sociedad humana “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn.17:14-15). Cada cristiano se constituye en “sal de la tierra”, porque la simiente que es la Palabra de Dios, debe ser proclamada con cada gesto y palabra, con cada acto de nuestras vidas cotidianas en este mundo perdido y sin esperanzas hasta el regreso de nuestro Redentor.

TERCERA RAZÓN. No basta con nuestra sinceridad, ni podemos confiarnos de nuestra limitada percepción de la realidad. A pesar de poseer una conciencia que nos permite sentir e interpretar la realidad no siempre comprendemos o sabemos, nuestro sistema cognoscitivo es imperfecto porque nuestro corazón está enfermo, nuestro entendimiento es limitado por el pecado, esta limitación puede ser vencida solamente por una autentica conversión y seguimiento de Cristo, educando nuestra conciencia en los valores y las enseñanzas bíblicas, sin añadir u omitir de la Escritura.

Al ser nuestra mente imperfecta y no percibir la realidad correctamente, es necesario perseverar sin desmayo en el estudio de la Biblia para contrarrestar nuestras certezas puramente humanas al querer apropiarnos de la verdad de espaldas a la voluntad de Dios. Es muy frecuente encontrar personas que le conceden más importancia a la sinceridad de sus creencias que al contenido de las mismas. Obviamente ser sincero es una cualidad necesaria ante cualquier sistema de pensamiento y un atributo encomiable en cada persona. Pero La Biblia nos enseña que nuestro sistema sensorial jamás debe desplazar el conocimiento de la verdad que solo está en Cristo Jesús, porque “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9).

No importa el grado de convicción si depositamos nuestra fe en una falsedad, en una idea o practica que no esté correctamente fundamentada en la Biblia, las convicciones sin el fundamento del juicio divino siempre ha traído inevitablemente resultados terribles a través de la historia del cristianismo y de la humanidad: la apostasía, la división de la iglesia del Señor, la ejecución de los herejes, la inquisición, las cruzadas, las actuales guerras religiosas, la manipulación de la fe para el enriquecimiento personal, etc.

“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar mas de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. (I Co.4:6). Para ser un verdadero cristiano no basta con querer a Dios de corazón. El significado bíblico de corazón determina el alma, el espíritu y la mente humana. El corazón es un concepto figurativo para describir el centro de nuestros pensamientos, de nuestra percepción, de nuestras emociones. El corazón es un lugar especial donde se encuentran interactuando los atributos de nuestra personalidad, este es un regalo de Dios que sitúa al ser humano por encima del resto de los seres vivientes. Poseemos la singular capacidad de pensar y sentir, lo que nos ubica como corona de toda la creación. Con los sentidos percibimos determinada realidad e inmediatamente nuestra mente, el cerebro, se encarga de integrar la información sensorial en todo un sistema de clasificación de objetos y cualidades que son a su vez traducidos en símbolos o representaciones que constituyen nuestra visión del mundo, pero no podemos confiar en nuestros sentidos porque la mayoría de las veces en nuestras decisiones y juicios dejamos fuera a Dios y su voluntad.

CUARTA RAZÓN. Dios en su inmenso amor se ha revelado al hombre mediante Jesucristo y dicha revelación solo es posible por el Espíritu de Dios.

Es posible y necesario para el hombre acceder al entendimiento de la Escritura y asimilar las verdades divinas, sobre todo en aquellos pasajes en los cuales Dios ha querido indicarnos claramente el camino a la salvación eterna. Igualmente hay un deseo humano natural de conocer a Dios y la razón nos ayuda en el camino hacia el encuentro con nuestro Creador. Algunos creyentes, líderes y movimientos religiosos pretenden justificar la ausencia de un estudio sistemático de la Biblia basándose en la cita de II P.3:15-16 donde el apóstol expresa “casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Una lectura honesta de este versículo indica que no toda la Escritura es oscura e impenetrable para el creyente, sino que hay “algunas porciones difíciles” de las cuales solo los “indoctos e inconstantes” se aprovechan para adulterar su significado original ya sea por ignorancia o en provecho propio, o motivados por ambas cosas.

El mismo Pablo cuestiona en I Co.2:16, “¿porque quien conoció la mente del Señor?, ¿quien le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, es ciertamente una pregunta provocativa o retórica. Obviamente es imposible conocer la mente divina por nuestros propios medios, ya que solo Dios la ha revelado por medio del Espíritu Santo, los pensamientos de Dios han sido expuestos al alcance del hombre en la Escritura por medio de Jesucristo y sus enseñanzas (la mente de Cristo), las cuales fueron predicadas y escritas por sus apóstoles como legado imperecedero a su iglesia en el Nuevo Testamento. Dios eligió el medio más eficiente de transmitirnos una representación de su mente: la Biblia, garantizada su inerrancia por la agencia del Espíritu Santo. “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (I Co.2:11). Según la Escritura cuando Dios Padre envió a su Verbo, igualmente envía su Espíritu. Cristo se manifiesta como la imagen visible de Dios invisible, pero es el ministerio del Espíritu Santo quien lo revela, aunque el Espíritu nunca se revela a sí mismo.

LA EXISTENCIA Y NATURALEZA DE DIOS

LA EXISTENCIA Y NATURALEZA DE DIOS


Solamente le basta al hombre observar a su alrededor la magnificencia de los cielos, la belleza de la tierra y la increíble variedad e inteligencia en el diseño de la naturaleza para llegar a la conclusión de que todas estas cosas no surgieron de la nada. El universo tiene un Creador. Aún desde la antigüedad todas las naciones han creído, desde sus particulares cosmovisiones, lo que el salmista declaró “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal-19:1).

En cada época de la humanidad la creencia en Dios ha venido a ser el fundamento sobre el que se basa toda religión. Desde los tiempos de la antigua Grecia hasta civilizaciones como los aztecas, mayas y los incas del Perú, los hombres han erigido altares y efectuado sacrificios rindiendo homenaje de forma natural a la Deidad que ha creado y sustenta el universo que conocemos: Desconocido, Invisible, Sin forma, la Causa de las causas. ¿Cómo explicar esta creencia universal? ¿Qué podemos saber con respecto a la Divinidad? Solamente Dios puede revelarse al hombre, ya sea por medio de la naturaleza (Sal.19:1), en la constitución del hombre ; y a través de una revelación culminante y perfecta: el Verbo encarnado , nuestro Señor Jesucristo y su Palabra escrita: la Biblia, inspirada por el Espíritu Santo que glorifica a Cristo.

LA IDEA DE DIOS ES INTUITIVA.

El ser humano es un individuo religioso por naturaleza. El hombre es convidado al dialogo con su Creador desde su mismo nacimiento, ya que el debe su existencia al amor divino y por este mismo es sustentada y preservada su vida y no llega a la plenitud de su existencia hasta que reconoce libre y conscientemente a su Creador y se entrega a El por medio de su Hijo unigénito. “…y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos (Hch.17:26-28). En estos textos encontramos que hay tres factores importantes en el conocimiento de Dios:
1) La razón intuitiva, o la facultad de comprensión inmediata en el hombre que lo capacita para conocer a Dios

2) La revelación natural, o presentación de la verdad a la razón intuitiva que es la ley natural de Dios en todos los seres humanos como luz que alumbra a todo hombre en este mundo Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio (Ro.2:14-16).

3) Y la unión de los dos factores antes mencionados en la idea de un Dios universal.

EL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS.

Es de gran significado que la Revelación Escrita comience con las Palabras: “En el principio creó Dios”. Su existencia se asume sin hacer ningún intento de probarla. Las Escrituras aseguran que hay en la naturaleza humana una consciencia de un Ser Supremo y en consecuencia apela a la ley divina escrita en sus corazones. La Palabra declara que “es en Dios en El que vivimos y nos movemos y que formamos parte de su linaje” (Hch.17:27-28). La revelación es tan intuitiva y natural en el ser humano que el apóstol Pablo declara que la humanidad se encuentra sin excusa delante de Dios Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido (Ro 1.20-21).

El único ateísmo reconocido por la Escritura es el ateísmo práctico generado desde una mente réproba y una voluntad terca “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables” (Sal 14.1). El ateo es aquel insensato que ha dicho en su corazón: ¡para mí no hay Dios!, o más específicamente: ¡yo no creo en el Dios de la Biblia! “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro 1.28).

La existencia de Dios es una verdad natural/intuitiva (Ro.2:14-15) y es revelada por medio de las Escrituras. Es imposible querer ignorar el hecho de que algunas verdades son intuitivas en parte y en parte se adquieren por medio de vivencias o por pura lógica. Tal es el caso de la existencia de Dios y los argumentos que lo confirman. Por tanto la existencia de lo divino es un dato inmediato en la conciencia moral y religiosa del hombre (Heb.10:2), incluso como ya hemos visto la Biblia por sí misma no argumenta sobre si existe o no Dios, ella es un producto de la mente de Dios, por tanto Dios es una Verdad que puede y debe ser demostrado con la razón (I P.3:15, II Tim.2:15).

La filosofía. Las pruebas que aporta la filosofía como ciencia no forman parte de la doctrina bíblica, pero no se deben desechar a un o soslayarse de forma absoluta. La filosofía es muy maltratada por la mayoría de los maestros en las congregaciones. Alfonso Ropero en su libro Filosofía y cristianismo declara al respecto:
La filosofía no nace en competencia con la revelación, sino paralela a ella y coincidente en muchos puntos como se observa en un estudio comparado del desarrollo del pensamiento hebreo y griego

Esta actitud no es totalmente injustificada pues en muchas ocasiones la teología se ha convertido en un instrumento de la filosofía contribuyendo de manera decisiva en la apostasía y el error hermenéutico. Por otra parte muchos predicadores y maestros justifican su fobia hacia la filosofía basados en las palabras del apóstol Pablo en su epístola a los colosenses en una lectura descontextualizada “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col 2.8)

EL CONTEXTO. La iglesia en Colosas enfrentaba varias crisis doctrinales bajo la influencia de maestros judaizantes, pero significativamente se veía afectada por los elementos de ocultismos de las religiones locales, sobre todo de aquellos elementos gnósticos en los siglos II y III. En este texto Pablo está alertando sobre el engaño por medio de vanas “filosofías y huecas sutilezas”, la palabra “filosofía” que emplea Pablo, tiene en este contexto la connotación o sentido de religión, ya que en la cultura y las formas religiosas existentes en la antigua Grecia expresaban sus creencias como filosofías. Sobre todo teniendo en cuenta que la región de Colosas estaba fuertemente influenciada por el movimiento filosófico de la época y era tan fuerte la interacción entre filosofía y las creencias religiosas que el mundo griego concebía cualquier sistema filosófico como un culto de misterio, o filosofía ocultista.

Tanto la teología como la filosofía deben mantener su autonomía, porque la filosofía se fundamente en la razón mientras que la teología cristiana se fundamenta en la fe, lo cual no impide que ambas disciplinas puedan interactuar. Muchas veces en la Biblia se utilizaron categorías filosóficas, como por ejemplo el Logos, en gr. λόγος significa: palabra, razón, causa, motivo, es un concepto tomado de la filosofía helenística, mas específicamente de la filosofía platónica. Este término es utilizado por los traductores de la Septuaginta referirse a la Palabra creadora de Dios: Jesucristo y en este sentido es asumida por la doctrina bíblica. Es la teología quien enriquece a la filosofía en referencia a aspectos de la existencia humana como lo son la pérdida del sentido último de la vida y de valores humanos, lo cual genera la desesperanza, el mal y el dolor, producto de los avances de una sociedad que pone toda su confianza en los avances tecnológicos. A continuación examinaremos tres aspectos que inciden en la necesidad de una argumentación sobre la existencia de Dios:

1.La frecuente declaración por parte de algunos predicadores y maestros de que la existencia de Dios no necesita en absoluto de argumentos es en muchas ocasiones mal interpretada y tiende a afirmar actitudes de incredulidad y escepticismo, tanto en los creyentes como en los no creyentes y esto puede afectar en parte la predicación del evangelio.

2.La Palabra de Dios nos enseña que la incredulidad pueda ser identificada claramente como insensatez y pecado.

3.Porque indudablemente hay categorías que aporta una filosofía que son coherentes con la intuición y el sentido común del que nos habla la Biblia como el camino por el cual nuestro intelecto transita en el razonamiento de la Revelación de Dios en Jesucristo.

jueves, 12 de agosto de 2010

RAZONES PARA EL ESTUDIO DE LOS FUNDAMENTOS DOCTRINALES DE NUESTRA FE.

Todo libro humano es finito en contenido. Puede ser leído, estudiado, aprendido de memoria, hasta que un día llega a ser dominado y no se le necesita más. Pero la Escritura es la Palabra de Dios y cuanto más la sondeamos más se ensanchan sus dimensiones divinas y se imponen ellas mismas.
Hans Urs

PRIMERA RAZÓN: El contenido de nuestras creencias y su consecuente práctica perfilan nuestra condición moral ante el mundo.

A medida que perseveremos en el estudio constante de la Palabra de Dios se van a consolidar y fortalecer nuestras convicciones y prácticas, que no solo determinan nuestro destino a la eternidad, sino que también nos hacen responsables por el destino de los que nos rodean. Las convicciones y experiencias del seguidor de Cristo perfilan su condición moral en todas las áreas de su existencia, dichas creencias y practicas se auto-proyectan y a la vez se retro-alimentan en sus relaciones e influencias dadas en el entorno social que le toque vivir y predicar el evangelio. Este principio, que es básico en la directriz pastoral del predicador fue el que motivó las siguientes palabras del apóstol Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Tim.2:15)

SEGUNDA RAZÓN. Estamos destinados a ser portavoces de la Palabra de Dios en la realidad concreta de este mundo.

Nuestra misión es predicar a Cristo e instruir al pueblo de Dios, consecuentemente nuestras palabras deben ser las del Maestro de esta manera queda garantizada la integridad de la doctrina y la autenticidad de nuestro testimonio que constituirán nuestras credenciales ante el mundo. “Ocúpate en estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mismo y a los que te oyeren” (I Tim.4:15-16). La enseñanza de Pablo es bien clara: le aconseja a Timoteo, que primero conserve y legitime su identidad como cristiano para que pueda salvarse y a la vez salvar al mundo, la salvación depende de la responsabilidad individual pero es imposible ignorar que posee también una dinámica colectiva a partir del anuncio de las Buenas Nuevas de salvación. La doctrina y la práctica religiosa del cristianismo deben estar despojadas de la autosuficiencia esotérica. El auténtico cristiano en ningún momento vive su fe de espaldas a la sociedad humana “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn.17:14-15). Cada cristiano se constituye en “sal de la tierra”, porque la simiente que es la Palabra de Dios, debe ser proclamada con cada gesto y palabra, con cada acto de nuestras vidas cotidianas en este mundo perdido y sin esperanzas hasta el regreso de nuestro Redentor.

TERCERA RAZÓN. No basta con nuestra sinceridad, ni podemos confiarnos de nuestra limitada percepción de la realidad. A pesar de poseer una conciencia que nos permite sentir e interpretar la realidad no siempre comprendemos o sabemos, nuestro sistema cognoscitivo es imperfecto porque nuestro corazón está enfermo, nuestro entendimiento es limitado por el pecado, esta limitación puede ser vencida solamente por una autentica conversión y seguimiento de Cristo, educando nuestra conciencia en los valores y las enseñanzas bíblicas, sin añadir u omitir de la Escritura.

Al ser nuestra mente imperfecta y no percibir la realidad correctamente, es necesario perseverar sin desmayo en el estudio de la Biblia para contrarrestar nuestras certezas puramente humanas al querer apropiarnos de la verdad de espaldas a la voluntad de Dios. Es muy frecuente encontrar personas que le conceden más importancia a la sinceridad de sus creencias que al contenido de las mismas. Obviamente ser sincero es una cualidad necesaria ante cualquier sistema de pensamiento y un atributo encomiable en cada persona. Pero La Biblia nos enseña que nuestro sistema sensorial jamás debe desplazar el conocimiento de la verdad que solo está en Cristo Jesús, porque “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9).

No importa el grado de convicción si depositamos nuestra fe en una falsedad, en una idea o practica que no esté correctamente fundamentada en la Biblia, las convicciones sin el fundamento del juicio divino siempre ha traído inevitablemente resultados terribles a través de la historia del cristianismo y de la humanidad: la apostasía, la división de la iglesia del Señor, la ejecución de los herejes, la inquisición, las cruzadas, las actuales guerras religiosas, la manipulación de la fe para el enriquecimiento personal, etc.

“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar mas de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. (I Co.4:6). Para ser un verdadero cristiano no basta con querer a Dios de corazón. El significado bíblico de corazón determina el alma, el espíritu y la mente humana. El corazón es un concepto figurativo para describir el centro de nuestros pensamientos, de nuestra percepción, de nuestras emociones. El corazón es un lugar especial donde se encuentran interactuando los atributos de nuestra personalidad, este es un regalo de Dios que sitúa al ser humano por encima del resto de los seres vivientes. Poseemos la singular capacidad de pensar y sentir, lo que nos ubica como corona de toda la creación. Con los sentidos percibimos determinada realidad e inmediatamente nuestra mente, el cerebro, se encarga de integrar la información sensorial en todo un sistema de clasificación de objetos y cualidades que son a su vez traducidos en símbolos o representaciones que constituyen nuestra visión del mundo, pero no podemos confiar en nuestros sentidos porque la mayoría de las veces en nuestras decisiones y juicios dejamos fuera a Dios y su voluntad.

CUARTA RAZÓN. Dios en su inmenso amor se ha revelado al hombre mediante Jesucristo y dicha revelación solo es posible por el Espíritu de Dios.

Es posible y necesario para el hombre acceder al entendimiento de la Escritura y asimilar las verdades divinas, sobre todo en aquellos pasajes en los cuales Dios ha querido indicarnos claramente el camino a la salvación eterna. Igualmente hay un deseo humano natural de conocer a Dios y la razón nos ayuda en el camino hacia el encuentro con nuestro Creador. Algunos creyentes, líderes y movimientos religiosos pretenden justificar la ausencia de un estudio sistemático de la Biblia basándose en la cita de II P.3:15-16 donde el apóstol expresa “casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Una lectura honesta de este versículo indica que no toda la Escritura es oscura e impenetrable para el creyente, sino que hay “algunas porciones difíciles” de las cuales solo los “indoctos e inconstantes” se aprovechan para adulterar su significado original ya sea por ignorancia o en provecho propio, o motivados por ambas cosas.

El mismo Pablo cuestiona en I Co.2:16, “¿porque quien conoció la mente del Señor?, ¿quien le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, es ciertamente una pregunta provocativa o retórica. Obviamente es imposible conocer la mente divina por nuestros propios medios, ya que solo Dios la ha revelado por medio del Espíritu Santo, los pensamientos de Dios han sido expuestos al alcance del hombre en la Escritura por medio de Jesucristo y sus enseñanzas (la mente de Cristo), las cuales fueron predicadas y escritas por sus apóstoles como legado imperecedero a su iglesia en el Nuevo Testamento. Dios eligió el medio más eficiente de transmitirnos una representación de su mente: la Biblia, garantizada su inerrancia por la agencia del Espíritu Santo. “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (I Co.2:11). Según la Escritura cuando Dios Padre envió a su Verbo, igualmente envía su Espíritu. Cristo se manifiesta como la imagen visible de Dios invisible, pero es el ministerio del Espíritu Santo quien lo revela, aunque el Espíritu nunca se revela a sí mismo.