domingo, 13 de noviembre de 2011

Fotos de la congregación































ULTIMOS BAUTIZOS 2da PARTE































ULTIMOS BAUTIZOS































El ministerio apostólico y profético: un ministerio singular, fundacional y transicional.

Situación problemica: ¿Pueden existir en nuestros días personas que reciban el ministerio apostólico?
Si la respuesta es positiva, entonces quedaría examinar si es legítimo según la doctrina bíblica el que una persona pueda proclamarse un “apóstol” en vida.

La Biblia declara de forma directa y sencilla que el ministerio apostólico fue un ministerio singular (único, impar), o sea, fue dado una sola vez por Dios en la historia de la salvación por medio de Cristo. Decimos que es un ministerio fundacional (inaugural, institucional) porque fue dado a discípulos escogidos en su momento histórico a los cuales le toco la excepcional tarea de colocar los fundamentos de nuestra fe primero de forma oral y finalmente de forma escrita, que son los textos que hoy conocemos como el Nuevo Testamento. Ellos bajo la inspiración del Espíritu Santo recordaron y transmitieron fielmente cada palabra, cada enseñanza de nuestro Señor Jesucristo. Decimos que es un ministerio transicional porque cubre el periodo necesario desde el nacimiento de la iglesia en Pentecostés, hasta que la iglesia alcanza su mayoría de edad y los escritos y epístolas fueran reconocidos como la única fuente de autoridad para la iglesia. Cualquier otro texto que no fuera portador de las enseñanzas apostólicas o no estuviera en armonía era rechazado por las iglesias como textos espurios o falsos.

El Cristo ascendido dio «apóstoles y profetas» a la iglesia como un ministerio fundamental y transicional hasta que la iglesia alcanzara su mayoría de edad: ▄ “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles,… (I Co.12:28), basado en sus predicaciones y escritos los hijos de Dios serian ▄ “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Ef.4:20). A pesar de estar echando el fundamento del cuerpo doctrinal de la iglesia del Señor cuando aún no se había formado el canon del Nuevo Testamento y ser en función supervisores de la doctrina cristiana nunca reclamaron para si el obispado sobre otras iglesias, todo lo contrario, establecieron las normas para el gobierno local, sus líderes y el carácter autónomo funcional de cada iglesia y su independencia unas de otras y advirtieron sobre el peligro de la apostasía.

1. EL SINGULAR MINISTERIO DEL APOSTOLADO EN LA IGLESIA PRIMITIVA.

■ APOSTOL en gr. Άπόστολος (apostolos) Hch.1:2:26, 2:37,42 y 43; 4:33-37. Significa enviado, mensajero o comisionado. Este ministerio estuvo reservado para aquellos elegidos y comisionados por Cristo en persona. Otro requisito indispensable para el ministerio del apostolado era haber sido testigo del ministerio terrenal de Cristo, su muerte y resurrección.
Nadie en nuestros días puede pretender asumir un ministerio que solo fue dado por Cristo a estos seguidores.

Dios hizo que Jesús se manifestase ▄ “no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos” (Hch.10:41-42). Los apóstoles fueron escogidos para predicar el evangelio y dar testimonio de sus milagros y resurrección, así lo enseña este pasaje cuando llega el momento en que es necesario elegir al sustituto de Judas: ▄ “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles” (Hch.1:21-26).
Los ministerios permanentes serían: los evangelistas, pastores y maestros, como el núcleo del servicio de proclamación y enseñanza. El propósito de todos los ministerios, aunque variados, es el mismo, esto es: ▄ “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef.4:12-13)”. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros (Ef.4:11).
El ministerio cristiano es una vocación o llamamiento divino y no puede ser mirado como una profesión meramente humana. En vista de que es la voluntad de Dios que las iglesias sean formadas, es también su voluntad que sean llamadas personas que reúnan determinados requisitos entre la grey para servir como ministros en la iglesia. Veamos a continuación en detalle el significado y deberes de cada ministerio cristiano.


La Escritura enseña de modo muy claro que solamente a los apóstoles les fue conferido poder de realizar señales y milagros como una ayuda divina para confirmar la predicación del evangelio ▄ “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén” (Mr.16:20). Los profetas transmitían el mensaje de Dios por inspiración divina al igual que los apóstoles, pero solo a estos últimos el Espíritu Santo les otorgó el poder comunicar este don DE HACER Milagros por la imposición de manos a sus evangelistas. ▄ “Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hch.8:17-20).

Los evangelistas, aunque recibían de ellos este don y lo ejercitaban, no podían por si mismos transmitirlo a nadie más, este fue el caso de Felipe en Samaria ▄ “Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad” (Hch.8:6-8) es evidencia más que suficiente el que los apóstoles tuvieran que abandonar Jerusalén y viajar hasta Samaria (donde Felipe proclamaba y confirmaba el evangelio por medio de milagros) para imponer ellos personalmente las manos a los recién convertidos y dotarlos de los dones milagrosos, cosa que Felipe no pudo hacer. Al pasar el tiempo los apóstoles fueron muriendo y también aquellos que habían recibido de ellos los dones milagrosos, por lo que cesaron los actos milagrosos.

2. PROFETA (del gr. προφτης -Mt.2:5). Un profeta es, básicamente, alguien que anuncia un mensaje por mandamiento de Dios, es un portavoz que proclama o declara un mensaje recibido; un vocero, heraldo o anunciador (podemos apreciar en esta arista de su función su semejanza con el oficio de predicador). El Señor habla mediante el profeta (Mt.2:15) ante el pueblo. En el hebreo del Antiguo testamento la palabra que se emplea para designar al profeta es Nabi (Gn.3:15, Is.9:6, I S.3:20) y aparece más de 300 veces en el Antiguo Testamento.

El oficio de profeta no es exclusivo del pueblo de Israel, ni del pueblo cristiano, también existían profetas en otras tierras (Ti.3:5). Otros conceptos de profeta: El profeta según la Escritura es también un vidente, un visionario, uno que ve visiones: Roeh viene del verbo raah, que significa ver y que cuando se aplica a la función profética también contiene una amplia variedad de significados relacionados con el sentido de la vista y el conocimiento tales como: percepción, discernimiento, perspicacia, apreciación y otros conceptos similares. No es extraño que en el Antiguo Testamento se identificara al profeta como un vidente, ya que los profetas frecuentemente recibían mensajes de Dios por medio de visiones. Hay un concepto generalizado de que el profeta es aquel que predice lo que va a acontecer en un futuro, o sea, es una especie de adivino, que augura o vaticina lo que va a suceder, esta faceta es conocida como la práctica de la profecía predictiva (Dt.28:1).

► ¿Qué es lo que realmente identifica a un profeta según las Escrituras? El vocablo hebreo “nabi” (vocero) es la palabra hebrea más usual para designar a un profeta y su oficio de predecir. Los propósitos de las profecías predictivas en los momentos en que son dadas y tal como aparecen en la Escritura son:
1-enseñar,
2-advertir (amonestar, reprender, aconsejar, orientar)
3-instruir
El trabajo del profeta está encaminado -en todas sus facetas- a que el pueblo de Dios disfrute de una vida obediente y fructífera. Como podemos apreciar la profecía es antes que todo enseñanza e instrucción al pueblo de Dios, y así debe ser entendida cuando profundizamos en su significado bíblico, el profeta es básicamente un MAESTRO.

3. EL ROL PROFETICO: DENUNCIAR LO MALO DELANTE DE DIOS. Dentro de sus obligaciones los profetas desempeñaban una tarea sumamente importante corregir cualquier aplicación errónea o desequilibrio que resultara de la observancia de las leyes del Antiguo Testamento. Por ejemplo, es indudable que el antiguo pacto hace énfasis en la solidaridad y responsabilidad colectiva lo cual podía minimizar, en la mente de algunos, la percepción de la responsabilidad personal. Los profetas constantemente recuerdan al pueblo de Israel que nada los exime de eludir el juicio divino por sus pecados, y mucho menos alegando su posición como pueblo elegido del Señor; es más el profeta Amós advierte a sus compatriotas que el ser depositarios de un conocimiento privilegiado de Dios trae obviamente una mayor responsabilidad y un riesgo superior (Am.1:1-3.2).

El profeta Ezequiel, especialmente, encamina todos sus esfuerzos en señalar que ante los ojos de Dios cada ser humano de forma individual es moralmente responsable de sus actos; nadie puede eludir la responsabilidad como individuo de sus culpas y errores y justificar sus acciones en cuanto a su herencia o entorno (Ez.18:20ss). Por demás, el trato especial de Dios para con la nación de Israel había atizado y alimentado en muchos judíos un espíritu ultra-nacionalista muy dañino y aberrante que los indujo a despreciar a los extranjeros y olvidar a su vez que ellos también habían sido extranjeros y habitado en tierras extrañas. Los profetas corregían constantemente esta visión estrecha y de carácter exclusiva insistiendo en que el juicio moral de Dios en cuanto a sus normas éticas se aplica en forma equilibrada. El amor trasciende todas las fronteras humanas, no es un amor exclusivo sino inclusivo, ya sea para etíopes como para los israelitas (Am.9:7).

► “Sobre todo que profeticéis…” (Pablo). En una etapa tan temprana para la iglesia la acción de profetizar para el apóstol Pablo es portadora de otra connotación propia de la nueva vida en Cristo y enmarcada en las realidades del nuevo pacto y su gran comisión.

Profetizar: en gr. προφητεύω, significa hablar la Palabra de Dios para edificación, exhortación y consolación de la iglesia. El mayor don entre todos los dones que posee el cristiano es ser portador y transmisor de la Palabra de Dios, anunciando el evangelio de Cristo a toda criatura, e instruyendo a sus hermanos para su crecimiento espiritual y la perfección de su santidad mediante la fidelidad observada hacia los mandamientos y enseñanzas de Cristo.

En la Biblia abundan las promesas y la profecía, de ahí la persistencia de Pablo en instruir a la iglesia en la práctica profética ▄ “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios;… Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas” (I Co.14:1-5).

Algo sobre la música: Evidencias históricas y bíblicas.

Es un hecho histórico irrebatible que en el culto cristiano solamente se practicaba el canto por medio de la vocalización o música monódica, o sea, a una sola voz (el unísono o la octava). En todas las edades de la humanidad todos los estudiosos y especialista del tema en el marco de la historia de la música atestiguan de la evidencia, no solo bíblica, sino también histórica que el canto vocal o a capela fue la expresión litúrgica utilizada por los primeros cristianos desde el primer siglo de existencia de la iglesia.

Es importante tener en cuenta que a diferencia del uso del canto vocal en el arte cultual cristiano el arte profano desde sus comienzos se expresó casi invariablemente mediante los géneros cromáticos y de índole enharmónica (incluía cuartos de tono) de preferencia en ceremonias y propias de fiestas suntuosas en el palacio imperial donde los instrumentos por excelencia eran los “aulos” (antepasados del oboe o clarinete), cítaras (liras) y sobre todo órganos, estos instrumentos de tubos se habían convertido ya en el siglo VIII en la especialidad en Bizancio.

La música, y estamos hablando de la buena música, eleva el espíritu humano hacia lo trascendente y así enaltece el alma, pero también incita al oído al placer de los sentidos, de hecho esa era la principal motivación de la música profana o popular, tan antigua como la humanidad, propensa al alboroto y el enardecimiento sensual, donde se produce la inevitable reacción en cadena en la psiquis humana: los instrumentos excitan la voz al reforzarla y la deforman al ser excitada, esta es la razón de que de forma espontánea la música popular se una a la danza de forma recurrente.

Al constituirse el cristianismo la religión oficial del imperio este conflicto entre las dos formas de expresión musical, la cristiana y la popular es un problema activamente presente durante los diez siglos en que Roma era el ombligo del mundo conocido. La iglesia siempre guardó celosamente las características sacras propias de la música cristiana como expresión genuina de la fe, testimonio de ello lo da Clemente de Alejandría alrededor del 200

“Sólo necesitamos un instrumento: la voz que acarrea la paz…; para nada necesitamos el antiguo salterio, ni la trompeta, ni el címbalo, ni la flauta…” (Paedag. II)[1]
Dos siglos más tarde Juan Crisóstomo establece la diferencia entre la música sacra cristiana y la popular:
“Aquí no hay necesidad de citar, ni de plectro, no de ningún instrumento…, pero, si quieres puedes convertirte a ti mismo en instrumento crucificando tu carne y tratando de realizar con tu cuerpo una armonía perfecta” (Psalm., XLI, 2)

El canto a capela, (sin acompañamiento de instrumentos musicales)

Durante la historia de la iglesia siempre estuvo presente la necesidad de marcar la diferencia en cuanto a la música de la liturgia cristiana apartándola del uso de instrumentos y las danzas obscenas propias de las culturas paganas. Este problema sigue latente hasta nuestros días y es motivo de conflictos en el interior de la hermandad cristiana.

Del primer al segundo siglo el canto monódico a capella (en la capilla) caracterizaba e identificaba el culto cristiano y el contenido santo de la fe en contraposición de los desafueros de la música popular. Este tipo de canto se practicaba en las casas donde se reunía la iglesia del Señor (Hch12:12) y las iglesias de Antioquia, Efeso, Corinto, Alejandría, Cartago y Roma, manifestándose en los cánticos de Salmos, una herencia no desechable de la tradición judeo-cristiana, el canto de las letanías y el canto del Gloria in excelsis, amén de otros cantos cristianos.

El apóstol Pablo da testimonio de que la música cristiana desde sus inicios fue puramente vocal en el tiempo de los apóstoles, es por ese motivo que se puede observar que en el Nuevo Testamento nunca se menciona la utilización de instrumentos musicales, estos están claramente omitidos pues no eran de uso en el culto cristiano.

El canto vocal vertebraba todo el servicio cristiano y estaba al servicio del texto bíblico y consecuentemente con el mensaje divino para su iglesia: el partimiento del pan o Santa Cena al final del ágape en la iglesia primitiva y en las oraciones. A capela (italiano: a capella, 'como en la capilla’) es un estilo musical que se caracteriza por utilizar únicamente la voz de los cantantes para generar los sonidos de la melodía y la armonía, en lugar de recurrir al uso de instrumentos musicales. Este estilo musical está arraigado por su historicidad aún en la música popular y existen muchos grupos que han popularizado internacionalmente esta genuina expresión artística.

La música a capela es música vocal sin acompañamiento instrumental. El término a capela viene del italiano como en la capilla o al estilo de la capilla. El término es debido a las restricciones (que tomaron forma de disposición oficial) en el uso de instrumentos musicales en iglesias cristianas desde la introducción del canto gregoriano hasta bien entrado en medievo.

Un punto a favor de Gregorio.

El canto (al unísono o a varias voces) era algo común y distintivo entre los cristianos desde los primeros tiempos del establecimiento de la iglesia del Señor en Pentecostés. El primer trabajo serio sobre el ordenamiento y regulación del canto vocal corrió a cargo del Papa Gregorio Magno, quien en el año 600 d. C. ordenó que se recopilaran los escritos de los cánticos o himnos cristianos primitivos (conocidos también como Antífonas, Salmos o Himnos); dichas liturgias de alabanza a Dios eran celebradas en las antiguas catacumbas de Roma ya en el año 52 d. C al margen del gobierno romano que, por supuesto, se dedicaba a celebrar sólo fiestas paganas. En reconocimiento a su labor se denominó al canto vocal Antifonario como “canto gregoriano”, que es un tipo del “canto vocal llano o monódico”. El “Canto Gregoriano” no es inventado por el Papa Gregorio Magno, éste ya existía desde hacía mucho tiempo y desde el mismo origen de la iglesia y, pero el guía católico lo difunde y desarrolla dándole su nombre a este canto ancestral.

Estas antífonas fueron perdidas debido al cisma o diáspora de los ciudadanos romanos por las constantes guerras romano-bárbaras al tratar de catequizarlas (Edicto de Tesalónica). También contribuyeron los cambios de estructura de los cantos por personas que decidieron crear sus obras propias y gustos a la desaparición de estos documentos.

La música cristiana es una oración cantada con devoción.

Desde su nacimiento, la música cristiana fue una oración cantada, que debía realizarse no de manera puramente material, sino con devoción o, como lo decía San Pablo: «Cantando a Dios en vuestro corazón». El texto era pues la razón de ser del canto gregoriano. En realidad el canto del texto se basa en el principio de que, según san Agustín, «El que canta bien, ora dos veces». El canto gregoriano jamás podrá entenderse sin el texto, el cual tiene prelación sobre la melodía y es el que le da sentido a ésta. Por lo tanto, al interpretarlo, los cantores deben haber entendido muy bien el sentido del texto. En consecuencia, se debe evitar cualquier impostación de voz de tipo operístico en que se intente el lucimiento del intérprete. Del canto gregoriano es de donde proceden los modos gregorianos, que dan base a la música occidental. De ellos vienen los modos mayor y menor, y otros cinco menos conocidos.

El canto gregoriano es el ejemplo más claro de música a capela, al igual que la mayoría de la música vocal sagrada del renacimiento. El madrigal, dentro de la música profana fue también una forma de canto a cappella, hasta que a comienzos del barroco se le añadieron diferentes instrumentos. No solamente las iglesias de Cristo se han mantenido fieles a la música utilizada desde el inicio por la iglesia, también los Amish, la mayoría de las congregaciones de la iglesia católica y los cristianos ortodoxos del este (especialmente rusos y otros grupos eslavos) son cuerpos religiosos conocidos por realizar los oficios sin acompañamiento musical. Entre los grupos restauracionistas de EE. UU., Keith Lancaster formó un grupo llamado por antonomasia (a capela).

Textos bíblicos que evidencian que el canto en la iglesia primitiva era sin acompañamiento musical

Stg 5.13 ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.
Apoc 5.9 y cantaban un nuevo cántico…
Apoc 14.3 Y cantaban un cántico nuevo delante del trono,…
Apoc 15.3 Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero,…
Efe 5.19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;
Col 3.16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
Mat 26.30 Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
Mar 14.26 Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
Hech 16.25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Fé y Obras

LA FE SALVADORA NO EXCLUYE A LAS OBRAS, NI LAS OBRAS EXCLUYEN A LA FE EN CRISTO.
LA SALVACIÓN “SOLO POR LA FE” ES ANTIBIBLICA Y NO HAYA NI SIQUIERA UN SOLO FUNDAMENTO ESCRITURAL EN LA LEY DE CRISTO DADA A SU IGLESIA EN EL NUEVO TESTAMENTO, POR TANTO ES UNA DOCTRINA NETAMENTE HUMANA.
LAS OBRAS QUE NO JUSTIFICAN AL HOMBRE SON LAS OBRAS DE LA LEY, DADAS AL PUEBLO DE ISRAEL
Gál 2.16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.
Rom 3.20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.
LOS JUDIOS SE JACTABAN DE SU RELIGIOSIDAD EXTERNA POR CUMPLIR ESCRUPULOSAMENTE LAS OBRAS DE LA LEY DE MOISES
Rom 3.27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.
Rom 3.28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.
OBRAS En el Antiguo Testamento, la Ley de Dios es dada mediante Moisés, específicamente para el pueblo de Israel y se cumplía por medio de las obras y prácticas que se estipulaban en el libro de la Ley o Tora, (también llamado el Pentateuco por ser los cinco primeros libros del antiguo pacto), el apóstol Pablo es bien enfático cuando persistentemente va declarando que son las obras de la ley la que no justifican al hombre, mientras que en el Nuevo Testamento es por la gracia de Dios, que se acepta por fe en Cristo. Este es uno de los temas elementales de la epístola de Pablo a los Romanos “... ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado” Ro. 3:20; “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” Ro. 3:28.
[…] Sin embargo, Santiago nos enseña “que la fe sin obras es muerta” (Stg. 2:20). Aunque la salvación no se consigue por las obras (“... no por obras, para que nadie se gloríe”), somos “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:9–10). De ahí que todo creyente debe estar “dispuesto para toda buena obra” (2 Ti. 2:21; Tit. 3:1). En todo el NT se insiste en las buenas o., pues ellas glorifican “a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16). El máximo ejemplo es nuestro Señor Jesucristo, quien hizo “muchas buenas obras” (Jn. 10:32).
También se usa en el NT la palabra “obra” para referirse al trabajo en el ministerio del evangelio. Así, el Espíritu Santo dijo a los hermanos de Antioquía: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hch. 13:2). Pablo mismo alaba a Timoteo, diciendo: “... él hace la obra del Señor así como yo” (1 Co. 16:10).
Por otra parte, los hombres serán juzgados por sus obras, pues Dios “pagará a cada uno conforme a sus o.” (Ro. 2:5–11), incluyendo a los que sirven al Señor, pues “la obras de cada uno será manifiesta; porque el día la aclarará... y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1 Co. 3:11–15) […] Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (763). Miami: Editorial Unilit.
Hech 26.20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento
Rom 2.6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:
Stg 2.17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Stg 2.18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
Stg 3.13 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.
Rom 15.18 Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,
Efe 2.10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.


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martes, 3 de mayo de 2011

La Disciplina en la iglesia: Amor y Perdón a los que se arrepienten sinceramente.

La Disciplina en la iglesia: Amor y Perdón a los que se arrepienten sinceramente.

La iglesia es el reino de Dios en este mundo y esto ha sido posible mediante Jesucristo, es un lugar donde están permanentemente presentes el amor, la gracia y el perdón para los pecadores, pero esto no significa que dejemos de ser severos y firmes con las manifestaciones del pecado, aunque no dejemos de amar y perdonar al pecador.



Cualquier desorden o indisciplina pueden dañar el Cuerpo de Cristo, por eso la Biblia nos manda reprender al que cause tropiezos en la iglesia:

(Lc. 17: 3) “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”



Si un hermano peca estamos obligados a reprenderle, y si se arrepiente es nuestro deber perdonarle en el orden personal, nunca debemos negarle el perdón a un hermano que se arrepiente sinceramente, pero la Palabra de Dios es bien terminante en lo que se refiere a la actitud del pecador: 1- debe confesar públicamente su pecado, 2- debe arrepentirse sinceramente 3- debe pedir perdón por sus faltas y hacerse el firme propósito de enmendar sus errores. El numero setenta veces siete significa la perfección de Dios, el perdón perfecto de Dios que nos enseña que debemos de ser pacientes y misericordiosos a la hora de reprender a un hermano, pero no significa una licencia para seguir pecando, ni que nos convirtamos en creyentes permisivos ante lo incorrecto, cuando un creyente practica sistemáticamente el pecado deja de ser hijo de Dios y está abusando de la misericordia de nuestro Señor y de sus hermanos.



(Ro 16.17-19) “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos”



La Biblia es especialmente severa con aquellos que con su conducta provocan “divisiones y tropiezos” y no obedecen la doctrina de Cristo, y la doctrina de Cristo abarca todos los mandamientos y deberes de cada creyente, tal y como están registrados en el Nuevo Testamento. Las divisiones son producidas por muchas vías: desde la falta de fe y amor, hasta la introducción de falsas doctrinas, todas las manifestaciones pecaminosas van contra las enseñanzas de Cristo. La Palabra de Dios nos deja bien claro que “tales personas” ya no son siervos de Dios y que en consecuencia debemos actuar con amor, pero con mucha firmeza, y con la lengua pueden provocar más daño entre el resto de la grey aprovechándose de la bondad y la ingenuidad de sus hermanos.



¿Cómo debemos actuar, hasta donde debemos ser severos? Debemos actuar según la Escritura y ser severos con la intensidad y de la forma que la Palabra nos indica, porque de ello depende no solo la unidad y la integridad de la iglesia sino nuestro testimonio ante el mundo:



(1 Co 5.11-13) “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?”



La Palabra de Dios es la que juzga al mundo con justo juicio, si la iglesia tiene como guía de fe y practica la Escritura entonces no podemos permitir que aquellos se llaman “hermanos de la fe” lleven una vida desordenada y sigan dentro del Cuerpo de Cristo sin arrepentirse y cambiar, ¿qué referencia moral respalda la novedad en nuestras vidas si los que están fuera pueden ver tinieblas en nuestro testimonio como iglesia? El apóstol es radical, no tenemos nada en común con aquellos que deshonran continuamente el nombre de Cristo, el Espíritu Santo deja bien claro que no debemos tener comunión con ellos, porque ya ellos primeramente han roto el vínculo perfecto de amor que une a los miembros del Cuerpo y con Cristo mismo. La lista de sus fechorías está en términos muy claros: fornicación, avaricia, idolatría, maledicencia, borracheras, robos.



(2 Tes 3.6-8). “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie”

Aquí hay un mandamiento expreso: “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, bajo la autoridad de Cristo, bajo su potestad como Cabeza de la iglesia debemos apartarnos de estos falsos “hermanos”, tenemos el ejemplo de Cristo, de su vida, tenemos el ejemplo de vida de los apóstoles quienes fueron inspirados por el Espíritu de Dios para dejar por escrito todas las normas de conducta que recibimos de ellos y que como cristianos debemos observar, y si estos que dicen llamarse “hermanos” no ordenan sus vidas conforme a la voluntad de Dios y persisten en pecar intencionalmente, entonces ellos deben ser declarados fuera de comunión por orden expresa de Cristo.



(Ro 2.4-7) “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras”



La benignidad (clemencia, indulgencia) de Dios es la que nos guía al arrepentimiento, el arrepentimiento significa un cambio de mente. Algunos creen que la misericordia divina no tiene un término y que se prolongará de forma indefinida, la Biblia enseña lo contrario: hay un día del juicio final y definitivo y este juicio aún no se ha efectuado para que todos procedan al arrepentimiento. Pero a los que han endurecido sus conciencias y no hay arrepentimiento en sus corazones solo están acumulando ira para el día de la ira.



Pero siempre hay una solución: Cristo. Dios aborrece al pecado pero ama al pecador, si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados encontraremos la plenitud de la gracia divina: (Os 14.4) “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos”

Satanás: El origen y naturaleza del mal absoluto.

Nombre que significa ¨Príncipe de los demonios¨, ¨adversario¨, ¨acusador¨, ¨engañador¨, adjetivos que se aplican al diablo, y también al hombre que se opone a Dios: I Cr.21:1; Mt. 4:10; 12:26; 16:23; Lc.10:18; Jn.13:27; Hch.5:3; 26:18; Ro.16:20; I Co.5:5; Ap.12:9; 20:2,7. Espíritu malo: Mt.4:1-11; 13:39; 25:41; Jn.8:44; 12:31; Heb.2:14; I P.5:8; I Jn.3:8-10; Ap.20:2-3,10. Conocido también como: Beelzebú; Belial (bajo, indigno, abyecto); Demonio; Espíritu impuro, Dragón: Is. 14:29; 27:1.Ap.20:1-2. Diablo: διάβολος (calumniador, chismoso) lo encontramos en 1Ti 3:11; 2Ti 3:3; Tit 2:3.



ANTICRISTO: tanto desde sentido individual como colectivo se denomina el que está contra Cristo, o quiere ocupar su lugar. En las Escrituras, la idea del anticristo tiene relación tanto con una actitud como con una persona. En las epístolas de Juan (1 Jn 2.18, 22; 4.3; 2 Jn 7), escritas en el s. I d.C., se alude a estos dos conceptos: a un personaje «el anticristo viene», y a personas con una disposición antagónica a Cristo «así ahora han surgido muchos anticristos».



La primera pareja fue tentada por un ser espiritual o ángel caído llamado Satanás o el Diablo, por tanto el mal ya existía antes de la creación del hombre. Las Escrituras nos enseñan que el nivel de lo puramente espiritual hubieron ángeles que no conservaron su dignidad y apostataron haciendo uso de su libre albedrío. Así que hubo una caída en el nivel espiritual anterior a la caída del ser humano. Esta apostasía angélica tuvo lugar entre los ángeles debido a que también un tentador los llevó por caminos de pecado: ▄ Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás,..; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él (Ap.12:7-9). Este Satanás, un espíritu creado, fue bueno originalmente, pero cayó de su estado elevado y se convirtió en enemigo de Dios y de toda su creación. Jesús mismo testifico de su expulsión del cielo: ▄ Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo (Lc.10:18). El mal es por tanto personal en su origen.



Satanás como el anticristo.



El apóstol Juan deja bien claro de que Satanás es aquel espíritu del ANTICRISTO que había de venir y ahora está en el mundo ▄ todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo (I Jn.4:3). El antagonismo esencial de este espíritu a Cristo encuentra su expresión en el hecho de que Cristo no vino en carne ▄ muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo (II Jn.7). ► Identificando las doctrinas anticristianas. Para el cristiano estos puntos son esenciales como puntos de referencia a la hora de identificar las falsas doctrinas que, aunque digan llamarse cristianas y bíblicas, son todo lo contrario. Toda teología o enseñanza que niegue la encarnación total de Jesús, es una doctrina anticristiana y solo puede provenir del Maligno. ▄ ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre (I Jn.2:22). Además, el término pecado en el uso neotestamentario se interpreta como la actitud que los hombres toman con respecto a Cristo: ▄ Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo (I Jn.2:18). Fue por medio de Cristo que



Dios creó todas las cosas, pero en contraste con Jesucristo se encuentra Satanás, el anticristo. Satán también se identifica con el término Lucifer. Pablo lo define como:

• «príncipe de la potestad del aire»,

• «espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia» (Ef.2:2),

• «dios de este siglo» (II Co.4:4). El mundo no es inherente malo, sino que se encuentra dominado por la maldad y por tanto es pervertido el verdadero propósito de su existencia.



¿Fue el Diablo derrotado?



Si, al morir Jesús y resucitar según las escrituras el Diablo ha sido derrotado y en esa condición continúa hasta nuestros días. ▄ Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2.14-15).



Pero a pesar de que los cristianos tenemos la ventaja de luchar contra un enemigo ya derrotado ¿porque la Palabra de Dios nos continua alertando sobre sus posibilidades de tentar y llegar a devorar el alma de los hijos de Dios? ▄ Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe (1 P 5.8-9)



¿Entonces conque poder cuenta el diablo?



El Diablo solo cuenta con el lado oscuro de nuestra naturaleza humana, su poder es proporcional a la pérdida de fe en el cristiano, es por eso que Pedro nos conmina: resistid firmes en la fe. El Diablo renace como el ave fénix, se fortalece y llega a destruir al cristiano a medida de que este deje de actuar y de hablar como corresponde a un verdadero hijo de Dios, cuando esto sucede el adversario de Dios obtiene vía libre para operar en los hijos de desobediencia. Cuando un cristiano se ufana en violar sistemáticamente la ley de Dios anteponiendo a la voluntad divina las concupiscencias de su carne es entonces que automáticamente cae de la gracia de su Creador, es reprobado, rechazado y pasa a formar parte del reino de Satanás. La salvación sino se cuida con temor y temblor se pierde, el cristiano que intelectualmente acepta a Cristo pero no lo agrada en su obediencia tiene grandes posibilidades de no pasar la prueba y ser eliminado, el apóstol Pablo lo resume en su ejemplo personal ▄ sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado (1 Co 9.27).

EL BAUTISMO DE JUAN.

EL BAUTISMO DE JUAN.



En la Biblia aparecen varias doctrinas sobre diferentes tipos de bautismos (Heb 6.2) “de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno”.

Aquí nos referimos únicamente al bautismo para arrepentimiento y preparación para el perdón por medio del sacrificio de Cristo.



1. ¿Fue un bautismo para perdón de pecados? Dejemos que la Biblia se interprete a sí misma.



No. En ningún momento la Escritura enseña que el bautismo de Juan era para perdón de pecados, sino como preparación para el perdón. Entonces no hubiese sido necesario Jesucristo, el único con la facultad de perdonar pecados. El propósito del bautismo de Juan era llamar al arrepentimiento a una nación específica. Pero es necesario recurrir al contexto donde ocurre este tipo de bautismo de naturaleza muy singular.



Contexto histórico:



¿A quién Juan llamaba al bautismo de arrepentimiento? Hech 13.24 “Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel”. Únicamente al pueblo de Israel, este bautismo solo fue valido al pueblo judío bajo la ley de Moisés. Desde el momento en que Cristo asciende al cielo y se derrama el Espíritu Santo en Pentecostés este bautismo no es válido a la iglesia cristiana (Hech 1.22) “comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”. Juan el bautista, profeta puente entre el A.T. y N.T, su misión: preparar el camino al Señor, es un bautismo precursor del bautismo cristiano.



¿Por qué no es válido?



(Hech 19.4) “Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo”

Fue una preparación o sombra del bautismo que sería predicado por los apóstoles donde el mandamiento del bautismo sustituye la circuncisión y forma parte indisoluble de la predicación del evangelio de Cristo simbolizando espiritualmente la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo: (1 Ped 3.21) “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. El bautismo por sí mismo no salva a nadie, sino que corresponde a las condiciones de salvación en el Nuevo Testamento (juntamente con: la fe, el arrepentimiento y la confesión de Jesús como único Señor y Salvador) según la predicación del evangelio . Esta situación la confrontó el predicador Apolo quien incluía en la enseñanza el bautismo de Juan y no el que Cristo había instituido (Hech 18.25) “Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”



¿Qué pasó con aquellos que fueron bautizados por Juan?



Los judíos bautizados por Juan lo hicieron para arrepentimiento (cambio de actitud) y para prepararles para la llegada del Mesías, es indudable que creyeron, pues la fe produce el arrepentimiento, pero no recibieron ni el perdón de pecados ni el don del Espíritu Santo, ya que Cristo aún no había muerto en la cruz ni había derramado su sangre, por tanto estos judíos no podían iniciar una nueva vida en Cristo (nuevo nacimiento, nueva criatura) sin el evento sacrificial de la cruz y sin la ascensión de Cristo aún no era posible la presencia del Consolador, del “Paracletos”.



El bautismo como mandamiento directo e imperativo de Cristo. (Mat 28.19)



“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

En Pentecostés 3,000 hombres y mujeres preguntaron “que debemos hacer” para obedecer el evangelio de Cristo y alcanzar la salvación, la enseñanza del apóstol Pedro es clara y precisa: (Hech 2.38) “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hech 2.41) “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”

Esta es la sana doctrina inspirada por el Espíritu Santo mediante la cual el creyente es añadido a la iglesia, que es estar “en Cristo”, (ser posesión de Cristo/introducido, “revestido de Cristo”. La construcción “Para perdón de los pecados” en el griego del N.T.: “eis áfesin ton jamartión” la construcción gramatical de la frase es literal e indica claramente el propósito primero del bautismo: perdón de pecados y a continuación recibir el regalo del Espíritu Santo. Es la obra del Espíritu Santo en el pecador por obedecer este mandamiento que hace posible por gracia y mediante la fe que el creyente sea lavado por la sangre de Jesús y renazca en la familia de Dios. Somos adoptados como sus hijos.



El bautismo en agua para perdón de pecados es parte de la predicación del Evangelio, no es una opción, ni una añadidura.



El bautismo es incluido por los apóstoles y evangelistas en la predicación del Evangelio a raíz del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés y es un patrón invariable en todos los ejemplos de conversiones citados en el Nuevo testamento (Hech 8.12) “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hech 18.8) “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”.



El bautismo forma parte del plan de Salvación, según el Nuevo Testamento.



El mismo Cristo conecta el mandamiento del bautismo a la economía o plan de salvación (Mr. 16.16) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” El samaritano Hch.8:12; Simón Hch.8:13; el etíope Hch.8:35-38; el carcelero de Filipos Hch.16:30:34; los corintios Hch.18:8; los gálatas Gá.3:26-27, a Pablo “levántate y bautízate…” Hch.22:16 1-oir (Palabra de Dios), 2-creer (tener FE), 3-arrepentirse, 4-bautizarse en nombre del Dios trino) son los requerimientos de la doctrina salvífica expuesta por el Nuevo Testamento.



Significado del bautismo instituido por Cristo: (Ro. 6.3-4) “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Pablo compara la idea de ser sumergido y salir del agua en el bautismo, con ser bautizados en muerte y resurrección de Cristo (Ro 6:3–4). Mandamiento de Cristo para salvación que marca el comienzo de la vida cristiana como señal de conversión del creyente.

El bautismo cristiano obtiene su significado con referencia a la acción salvífica de Jesús. La muerte y resurrección de Jesús proveen el trasfondo del mismo. Es un mandato que sigue a la resurrección de Jesús y que se cumple en el desarrollo de la misión de la iglesia en el mundo (Mt. 28.18–20).

Contexto lingüístico.

El bautismo “en el nombre del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo”. En el griego del Nuevo Testamento “eis to onma” “en el nombre” se traduce “en la posesión de”. La preposición griega “eis” indica acción progresiva hacia un objeto ya sea real o implicado, en su contexto gramatical “en el nombre”, significa mucho más que la autoridad del Dios tri-uno el hecho de ir a la entrada de una estrecha comunión con la plenitud de la Deidad.



¿Existe algún problema con la transculturización o inculturización del evangelio?

El bautismo como mandamiento y requisito indispensable dentro del evangelio está vigente hasta el fin de los tiempos, aplica a todas las criaturas, naciones y culturas, porque no es doctrina de hombre (1 Ped.1.25) “Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (Gál.1.11) “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre” (1 Ts 1.5) “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. La proclamación de las Buenas nuevas puede variar y flexibilizarse en la forma de comunicación pero el mensaje del Evangelio ni su contenido nunca pueden ser cambiados no importa el contexto social o cultural donde sea anunciado: (Gál 1.8) “Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”

lunes, 25 de abril de 2011

Cristo, Redentor de la humanidad

Cristo es el Redentor de la humanidad (Hch.4:12), su estudio incluye tanto la persona de Cristo como su obra. Al estudiar lo que nos enseña la Escritura acerca de Jesucristo estamos tratando el centro mismo de nuestra religión, de nuestra fe, de la doctrina de la salvación y de las evidencias sustanciales de la presentación que el Maestro hacia sobre la adoración de la cual era merecedor (Jn.1:14; 10:30). La verdadera Cristología está fundamentada en la experiencia objetiva de Cristo, tal como fue conocida y registrada por los evangelistas y apóstoles en el Nuevo Testamento (Jn.21:24-25).

Eventos en la vida de Jesús, su significado bíblico.

1. Concepción y nacimiento. En los evangelios, según Mateo y Lucas, se menciona el nacimiento virginal de Cristo como el cumplimiento de la profecía. Este evento ha sido impugnado violentamente y los que así lo hacen evitarían mayores dificultades si admitieran la infalibilidad de la Escritura y su inspiración divina. Por esta razón los evangelios afirman que Cristo fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de una virgen (Mt.1:18-20; Lc.1:27-35). Él no podía nacer de una naturaleza netamente humana bajo la maldición del pecado, para morir por nuestros pecados, por tanto El mismo debía estar libre de todo pecado. La «simiente de mujer» se desarrolló normalmente en la matriz de la virgen cuando, como dijo el ángel: ▄ El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios (Lc.1:35).

Las Escrituras afirman que ▄ aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (Jn.1:14) ▄ Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (Heb.2:14).

Su concepción y nacimiento constituyeron la aceptación por parte del Hijo preexistente de la naturaleza humana –con excepción del pecado-. Por esta razón la Escritura habla del «Salvador» que había de nacer ▄ He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel (Is.7:14), implicando que en la misma condición de la naturaleza humana se efectuaría un cambio trascendental a partir de ese momento. La concepción y nacimiento no puede ser interpretada como una excepción individual de la naturaleza humana, sino como la unión de lo divino con lo humano, siendo portador Cristo mismo de un nuevo orden de ser, en la apertura de un nuevo orden de humanidad a partir de Jesús tal como lo enseña la Palabra: ▄ y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Ef.4:24).

2. La circuncisión. El rito de la circuncisión marcaba la introducción oficial de un niño judío a las bendiciones del pacto abrahámico. Una correcta Cristología debe siempre mantener el hecho de que Jesucristo nació, vivió y murió como varón judío bajo la ley de Moisés. Por tanto para Jesús la circuncisión no significó un rito religioso vacío, sino todo lo contrario, adquirió de forma única en Jesús su más alta significación como pacto de gracia en la relación entre Dios y el hombre. Lo importante es que sepamos que el significado de este rito para comprender el alcance de la obra de salvación descansa en la enseñanza de que la justificación y perfección no pueden obtenerse por las obras de la ley judía, sino por medio del reino de la gracia , que es en Jesucristo, Aquel que, según el apóstol Pablo ▄ os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:13-14).



3. El desarrollo normal de Jesús. La Escritura nos afirma que el desarrollo de su naturaleza humana fue normal y pura en su niñez: ▄ Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él (Lc.2:40). Debido a su obediencia y constante comunión con el Espíritu Santo el niño Jesús pasó de la niñez en pureza y sin tacha hasta la edad varonil sin pecado. En El la inocencia inconsciente se transformó en obediencia consciente producto de su obediencia perfecta al Padre por tanto eso hizo posible que la santidad de su naturaleza nunca experimentara la contaminación del pecado, aunque fue tentado en todo. Bajo la dirección del Espíritu Santo y en constante comunión espiritual con su Padre celestial Jesús no evadió ninguna condición de su humanidad como lo enseña el Nuevo Testamento : ▄ Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo (Heb.2:14). Nuestro Señor transitó por la infancia, la niñez, la juventud y la madurez, santificando cada edad, para que en todas las cosas El tuviera toda la gloria y fuera posible preparar el camino a la redención humana.



4. El bautismo. El bautismo de Jesús fue su introducción a su oficio de «Mesías» o «Cristo». Él no fue ungido con aceite, sino con el Espíritu Santo que el aceite tipificaba. En la circuncisión Jesús había sido sometido inconscientemente a la imputación de pecado; en el bautismo por la mano de Juan Jesucristo es consciente de representar a una humanidad pecadora y bajo la condenación de la ley de tal manera que en su Persona se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías: : ▄ fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Is.53:12). Por tanto podemos afirmar que el bautismo marca el principio oficial del oficio de Mesías y por tanto del ministerio redentor de Cristo.

5. La tentación. La Escritura muestra que la tentación fue una necesidad ante su condición de Mediador, y al igual que su bautismo es de importancia universal. NOTA: «Es importante recalcar que el bautismo y las tentaciones en el desierto constituyen el umbral del ministerio mesiánico de Jesucristo». Por ese motivo era necesario que: (1) Jesús venciera personalmente sobre el pecado ejerciendo su libre albedrío, (2) El no solamente debía triunfar ante la tentación, sino sellar la dignidad y fortaleza del verdadero sentido de su reinado para poder ser Autor de vida eterna para los demás. El propósito de la tentación por parte del Maligno fue obligar a Jesús a comportarse como el Mesías tal como lo concebía el ultra-nacionalismo judío: un líder, un guerrero y político excepcional que dispone de su poder para - garantizar el sustento propio y de la nación, -lograr una total fidelidad a su persona y gobierno, - y hacerlo caer en la misma trampa en que cayó Adán de creer conseguir el control, esta vez específicamente de las naciones en una especie de poderío universal. «Este es el sueño dorado de los falsos Mesías y mesianismos»



6. La pasión y muerte de Cristo. La obediencia perfecta de Jesús encuentra su máxima expresión en las consecuencias humillantes de su muerte, y particularmente la muerte en la cruz. Mientras que los sufrimientos de Cristo se distinguen de la manera precisa de su muerte debemos tener en cuenta que la muerte misma no puede ser separada de su crucifixión. Por esta razón la cruz fue para nuestro Sumo Sacerdote la forma terrible que su altar asumió cuando : ▄ llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (I P.2:24). Inmediatamente la Escritura conecta su entrega sacrificial como mediador de un nuevo pacto: ▄ Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo (Heb.9:15-19).



7. El significado de la cruz. Para el cristiano el significado de la cruz debe ser un motivo de exploración constante de nuestra fe, no en balde el apóstol Pablo se propuso predicar a Jesucristo, y a éste crucificado (I Co.2:1-2). La cruz nos obliga a centrar una atención muy especial sobre la «divinidad y la humanidad» de Jesús porque: 1- estos son conceptos donde se concretizan la máxima expresión del amor y la inmanencia del mismo Dios, en este evento sacrificial es la humanidad de Cristo, desde la divinidad, la clave de nuestra redención. 2- Siempre debemos tener en cuenta que en la obediencia de Jesús, en la conducta humana de nuestro Cristo, fue posible que se revelara para todos los hombres la verdadera divinidad. 3- La proclamación de Jesús como Señor (en gr. Κύριος (kyrios) ) -tanto de Israel como del universo- está íntimamente ligado al misterio de la cruz: su señorío se manifiesta en el «servicio» y en el «sacrificio», no con el poder y la gloria que los hombres.

8. La humanidad de Jesús. La enseñanza escritural resume la humanidad del Redentor: en Jesús subsisten, en la unidad de la misma persona divina del Verbo eterno, dos naturalezas distintas, sin confusión, sin mutación, sin división y sin separación. Es imposible hacer una distinción entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, esta distinción no lo hacen ni los evangelios, ni el resto de los textos sagrados del Nuevo Testamento. un marcado desequilibrio en lo relacionado con la persona de Jesucristo: uno de ellos acentuará en Jesús la divinidad y el otro la humanidad , ambas tendencias son de carácter herético y carecen de un fundamento escritural.

Cristo fue al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre; como en su persona estaba integrada en dos naturalezas el Hijo de Dios sufrió pero esto no implica de ninguna manera plantear erróneamente que el «Padre sufrió o que el Padre murió también en la cruz». Es sumamente necesario aclarar que este sufrimiento de Cristo fue el de una persona divina encarnada y no el de una naturaleza divina (toda la Deidad).

Estas debilidades propias de la naturaleza humana no eran una necesidad de su naturaleza, sino por escogimiento libre de Jesucristo por causa de nosotros, participó voluntariamente de la debilidad humana y en todas las cosas fue tentado y probado ▄ hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos (Heb.2:9), ▄ Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos (Heb.2:10).

jueves, 7 de abril de 2011

EL BAUTISMO DE JUAN.

En la Biblia aparecen varias doctrinas sobre diferentes tipos de bautismos (Heb 6.2) “de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” Aquí nos referimos únicamente al bautismo para arrepentimiento y preparación para el perdón por medio del sacrificio de Cristo.

¿Fue un bautismo para perdón de pecados? Dejemos que la Biblia se interprete a sí misma.
No. En ningún momento la Escritura enseña que el bautismo de Juan era para perdón de pecados, sino como preparación para el perdón. Entonces no hubiese sido necesario Jesucristo, el único con la facultad de perdonar pecados. El propósito del bautismo de Juan era llamar al arrepentimiento a una nación específica. Pero es necesario recurrir al contexto donde ocurre este bautismo.

Contexto histórico: ¿A quién Juan llamaba al bautismo de arrepentimiento? Hech 13.24 “Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel”. Únicamente al pueblo de Israel, este bautismo solo fue valido al pueblo judío bajo la ley de Moisés. Desde el momento en que Cristo asciende al cielo y se derrama el Espíritu Santo en Pentecostés este bautismo no es válido a la iglesia cristiana (Hech 1.22) “comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”.

¿Por qué no es válido? (Hech 19.4) “Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” Fue una preparación o sombra del bautismo[1] que sería predicado por los apóstoles donde el mandamiento del bautismo sustituye la circuncisión y forma parte indisoluble de la predicación del evangelio de Cristo simbolizando la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo: (1 Ped 3.21) “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. El bautismo por sí mismo no salva a nadie, sino que corresponde a las condiciones de salvación en el Nuevo Testamento (juntamente con la fe, el arrepentimiento y la confesión de Jesús como único Salvador) según la predicación del evangelio[2]. Esta situación la confrontó el predicador Apolo quien incluía en la enseñanza el bautismo de Juan y no el que Cristo había instituido (Hech 18.25) “Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”

¿Qué pasó con aquellos que fueron bautizados por Juan? Los judíos bautizados por Juan lo hicieron para arrepentimiento (cambio de actitud) y para prepararles para la llegada del Mesías, es indudable que creyeron, pues la fe produce el arrepentimiento, pero no recibieron ni el perdón de pecados ni el don del Espíritu Santo, ya que Cristo aún no había muerto en la cruz ni había derramado su sangre, por tanto estos judíos no podían iniciar una nueva vida en Cristo (nuevo nacimiento, nueva criatura) si aún no era posible la presencia del Consolador, del “Paracletos”.

El bautismo como mandamiento de Cristo. (Mat 28.19) “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. En Pentecostés 3,000 hombres y mujeres preguntaron “que debemos hacer” la enseñanza del apóstol Pedro es clara y precisa: (Hech 2.38) “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hech 2.41) “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” es la sana doctrina inspirada por el Espíritu Santo mediante la cual el creyente es añadido a la iglesia, que es estar “en Cristo”, ser posesión de Cristo, estar “revestido de Cristo”. “Para perdón de los pecados” en griego: “eis áfesin ton jamartión” la construcción gramatical de la frase es literal e indica claramente el propósito primero del bautismo: perdón de pecados y a continuación recibir el regalo del Espíritu Santo mediante el cual por gracia mediante la fe renacemos en la familia de Dios, somos adoptados como sus hijos

El bautismo es incluido por los apóstoles y evangelistas en la predicación del Evangelio a raíz del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés y es un patrón invariable en todos los ejemplos de conversiones citados en el Nuevo testamento (Hech 8.12) “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hech 18.8) “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. El mismo Cristo conecta el mandamiento del bautismo a la economía o plan de salvación (Mr. 16.16) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” Esto no es doctrina de hombres, es la Palabra de Dios para su iglesia. Es la sana doctrina que enseña el Nuevo Testamento: El samaritano Hch.8:12; Simón Hch.8:13; el etíope Hch.8:35-38; el carcelero de Filipos Hch.16:30:34; los corintios Hch.18:8; los gálatas Gá.3:26-27, a Pablo “levántate y bautízate…” Hch.22:16

Significado del bautismo instituido por Cristo: (Ro. 6.3) “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Contexto lingüístico. El bautismo “en el nombre del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo”. En el griego del Nuevo Testamento “eis to onma” “en el nombre” se traduce “en la posesión de”. La preposición griega “eis” indica acción progresiva hacia un objeto ya sea real o implicado, en su contexto gramatical “en el nombre”, significa mucho más que la autoridad del Dios tri-uno el hecho de ir a la entrada de una estrecha comunión con la plenitud de la Deidad. El bautismo como mandamiento y requisito indispensable dentro del evangelio está vigente hasta el fin de los tiempos, aplica a todas las criaturas, naciones y culturas, no es doctrina de hombre (1 Ped.1.25) “Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (Gál.1.11) “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre” (1 Ts 1.5) “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. El mensaje no puede ser cambiado (Gál 1.8) “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”




[1] Hch.10.37 “… sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan”

[2] Pasajes homólogos: Col. 2.12; Ro. 6.4

viernes, 18 de marzo de 2011

La Palabra Canon


La palabra CANON: originalmente una palabra del idioma sumerio asumida por el babilónico y que pasa al hebreo y al griego.
Significa de forma literal una vara recta, listón, o regla de medir que utilizaban los albañiles y carpinteros en sus labores.
Con el tiempo el término adquiere otra connotación y expresa la idea de: NORMA o PATRÓN.
En el siglo II se usa en la iglesia para referirse a una NORMA REVELADA, o sea, “lo verdadero, lo que es principio de fe”. En el siglo IV fue utilizada para designar una especie de catálogo o lista de libros autorizados por la iglesia para edificación e instrucción porque se consideraban normativos y autoritativos para la fe cristiana por su fidelidad a la enseñanza apostólica.

¿Qué se fin se perseguía con el establecimiento de un CANON o PATRON?
Con el canon se persigue el objetivo de –conservar, -preservar, y –observar de manera precisa la pureza e inspiración de los textos en circulación, el canon básicamente determina los límites de la revelación de Dios definiendo lo que es, o no es, inspirado por Dios, y de esta forma guardar la integridad de la Escritura.

Esta Escritura Sagrada, tanto los libros del Antiguo Testamento como del Nuevo, es reconocida por la iglesia:
1) Como textos escritos por inspiración del Espíritu Santo
2) Dios es su legítimo autor
3) La Biblia en su totalidad ha sido confiada por Dios a su iglesia para el anuncio del Evangelio y la instrucción del pueblo de Dios.

En el desarrollo del canon para que un libro fuera reconocido como inspirado el criterio normativo era la consideración o valoración de que estos textos correspondieran a la doctrina enseñada por los apóstoles en caso contrario eran rechazados. La iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, supo discernir cuando un libro era inspirado o no.

LIBROS CANONICOS.
En estas listas o cánones se marcaba una diferencia entre los libros CANONICOS, los cuales podían ser leídos por su probada autoridad (inspirados por el Espíritu Santo), y los libros APOCRIFOS que podían leerse con carácter instructivo, pero nunca como normas o reglas de fe para las iglesias de cristo. La palabra CANON con el tiempo vino a ser usada comúnmente con un sentido dual como prueba o norma de medida, y como algo aplicado a lo que se mide

DESARROLLO DEL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

Antes de morir, Moisés escribió un libro de la ley, y mandó a los levitas a que lo pusieran al lado del Arca (Dt.31:26). En este libro de la ley se ordenaba que todo rey “cuando se sentare sobre el trono de su reino, que ha de escribir para si en un libro un traslado de esa ley el original de delante de los sacerdotes levitas, y los tendrá consigo y leerá en el todos los días de su vida” (Dt.17:18-19). Más tarde Josué estableció un pacto con el pueblo y escribió estas palabras en el libro de la ley de Dios (Jos.24:26), posteriormente el profeta Samuel escribió un libro, el cual guardó delante de Jehová (I S.10:25). Durante las reformas aplicadas por Josafat el pueblo fue enseñado con el libro de la ley (II Cr.17:9). Un hecho significativo en la formación del canon veterotestamentario fue el descubrimiento por parte de Hilcias, sumo sacerdote, del libro de la ley en el templo (II R.22:8-10), acto seguido el rey Josías convocó al pueblo y el libro fue leído, y todo el pueblo confirmó el pacto II R.23:2-3.
Este evento es definitorio en la historia del canon según el testimonio bíblico, ya que en un acto público el libro de la ley fue aceptado por el rey y el pueblo como un documento que expresaba la autoridad divina. En el siglo V antes de Cristo se destacan dos eventos integradores del canon, el primero fue la lectura de la ley mosaica públicamente y el consiguiente pacto que fue sellado por príncipes, levitas y sacerdotes. Durante este mismo siglo los samaritanos adoptaron la ley de Moisés con el objetivo de probar su descendencia del antiguo Israel, de esta forma fue constituido el Pentateuco Samaritano. Estos eventos prueban que la Ley fue aceptada como canónica desde el año 440 a. de C.
La segunda división del canon fue la colección de Profetas que se aprobó en el mismo siglo que marcó el canon de la Ley, esto explica por qué Esdras y Nehemías no están recogidos en esta colección.
La tercera división Las Escrituras y Los Salmos ocurre por el año 130 a. C. y finalizó alrededor del año 100 a. C. Finalmente fue en el Concilio de Jamnia en el 90 d.C. se aprobaron todos los libros que hoy en día conocemos como el Antiguo Testamento y se rechazaron los que no se encontraron aprobados. El testimonio mas importante de la canonicidad del Viejo Pacto fue ratificado por nuestro Señor Jesús y sus discípulos como el oráculo infalible de Dios para el pueblo judío.



DESARROLLO DEL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO.
La agencia del Espíritu Santo y la memoria colectiva e individual de los apóstoles.
Después de la ascensión de Jesús a la diestra del Padre los apóstoles quedaron comisionados para el liderazgo e instrucción de la naciente iglesia. Durante un periodo de alrededor de tres años ellos, en su condición de discípulos, fueron instruidos por Jesús y a la vez habían tenido el inmenso privilegio de ser testigos de su vida ejemplar, su crucifixión, sepultura, resurrección y ascensión de entre los muertos por el poder de Dios. Las enseñanzas de Cristo quedaron en la memoria individual y colectiva de los apóstoles y de aquellos que lo seguían (Jn.17:8-18). Ellos recibieron, según la promesa, una capacidad especial (inspiración) proveniente de la agencia del Espíritu Santo.
Mediante el Consolador, Jesús les seguiría enseñando, y aún más, les recordaría todas las enseñanzas e instrucciones que Él les había dado durante el tiempo en que había ejercido su ministerio terrenal junto con ellos, para que la transmitieran de forma íntegra y correctamente de una vez y para siempre (Jn.14:25-26, 16:12-13).

• La transmisión oral y las epístolas circulares
Para Jesús y sus seguidores, la Torá, los Profetas y los Hagiográficos del judaísmo eran las ¨Santas Escrituras¨ y los rollos de la ley se conservaban solamente en las sinagogas y el templo. Durante mucho tiempo esta transmisión de las enseñanzas de Jesús se realizó de forma oral, y es en una fecha muy tardía, (alrededor de 60-70 años o más), después de la resurrección de Cristo, que por parte de las comunidades cristianas se comienzan a recopilar, conservar, copiar y circular los evangelios y algunos escritos apostólicos (epístolas) entre las iglesias establecidas que posteriormente con el paso del tiempo conformarían los textos sagrados del Nuevo Testamento. A su vez Pablo requiere en Col.4:16 que su epístola también fuera leída en la iglesia de Laodicea y la que poseía Laodicea fuera a su vez leída por los de Colosas. En II P.3:16 el apóstol habla de cartas paulinas en las cuales, según su criterio, algunas cosas eran «difíciles de entender».

Hay suficiente evidencia escritural para afirmar que existían epístolas que fueron escritas en forma de cartas circulares, por este motivo las iglesias primitivas preservaron y copiaron las epístolas que recibían de los apóstoles y de esta manera se facilitó el que se fueran completando las primeras colecciones que hoy conforman nuestras Biblias, fue así como principió la canonicidad del Nuevo Testamento.

Primeros intentos de formar el canon neotestamentario

Al fallecimiento de los apóstoles y de sus evangelistas se produce un vacío de autoridad en cuanto a la autenticidad de la doctrina cristiana, de lo que era enseñanza apostólica y lo que no. La legitimidad del evangelio era conservada en la predicación oral y en los primeros textos sagrados que salían a la luz, fundamentalmente las cartas paulinas y los evangelios. En esta periodo de tiempo no existía ninguna recopilación de textos cristianos como los que ahora conocemos como el Nuevo Testamento.
Los primeros movimientos apostatas reclamaron para si esta autoridad apostólica y la primera mención de un canon neotestamentario es alrededor del año 140 d.C. elaborado por el hereje Marción , el cual centró todos sus esfuerzos por establecer un canon definido y para ello primero se dio a la tarea de elaborar un Nuevo Testamento que justificara su errado sistema teológico. Sin embargo el canon Muratorio en el 200 d.C. es de mayor relevancia y se considera la lista más antigua de textos del Nuevo Testamento

En el Sínodo de Cartago en el año 397 o 419 d.C. se ratificó oficialmente el canon del Nuevo Testamento, tal como lo conocemos hoy. Fue Atanasio (293?-373) teólogo y obispo de la iglesia de Alejandría, envió en el año 367 a las iglesias que se hallaban bajo su jurisdicción una carta pastoral, donde establecía los límites del canon del Nuevo Testamento. La norma que se aplicaba para determinar cuál texto era canónico o no era su apostolicidad, o sea, tenía que haber sido escrito por el apóstol o dictado a su amanuense.
[NOTA: Los textos eran exhaustivamente analizados hasta comprobar que eran portadores de la enseñanza apostólica, por este motivo algunos libros que estaban en circulación como el Pastor de Hermas y la Epístola de Bernabé, por citar algunos casos, fueron descartados porque en su contenido didáctico no reflejaban la enseñanza de los apóstoles y en algunos casos la contradecían]

LOS APOCRIFOS.
El término apócrifo significa simplemente el como se denomina a aquellos escritos que no pertenecen al canon, y se consideran que no son inspirados por el Espíritu Santo. Habiéndose completado ya el canon del Antiguo Testamento se continuaron escribiéndose algunos libros de edificación que fueron usados ampliamente por los judíos, pero a su vez no eran considerados en el mismo plano de las Escrituras canónicas, este fenómeno se manifestó en Palestina, sin embargo los judíos en Alejandría adoptaron un canon diferente y llegaron a incluir como divinamente inspirados los libros que eran considerados apócrifos.
El protestantismo rechazó los libros apócrifos, entendiendo como inspirados los 66 libros que conforman ambos testamentos como dados por inspiración divina los cuales revelan infaliblemente la voluntad de Dios en referencia a todo lo necesario para la salvación del hombre. Lo que se conoce comúnmente como los Apócrifos del Nuevo Testamento es una colección de escritos espurios que nunca fueron publicados conjuntamente con las textos canónicos, y nunca fueron reconocidos como inspirados.